XVI Media maratón del Camino

Me apunté a ciegas, sin conocer nada de la carrera, sólo con la idea de hacer turismo por La Rioja y cuando empecé a ver el recorrido y el perfil, me asusté un poco, ya que vi una cuesta bastante importante, pero pensé que el circuito sería más o menos llano hasta esa cuesta y luego después de subir, relativamente favorable. No podía estar más equivocado, lo que me encontré después fue mucho peor, ya que el circuito es un continuo subir y bajar con muy poco llano.

El día anterior fuimos a Nájera, lugar donde comienza la carrera y estuve buscando la salida, así pude ver que empezaba cuesta arriba, pero no quise recorrer mucho para no asustarme demasiado. Estaba un poco mosqueado porque el viernes había llovido bastante y el sábado también llovía y pensaba que estaría todo embarrado, aunque confiaba que no lo estuviera demasiado. Desde allí fuimos al lugar donde iba a estar situada la meta, en Santo Domingo de la Calzada, allí recogí el dorsal junto a una bonita camiseta de manga larga y unos bonitos calcetines. También me dieron un vale para que al día siguiente pudiera beber un par de vinos y tomarme un pan «preñao».

El domingo llegamos a Nájera cuarenta minutos antes de las once, la hora de salida. Me dio tiempo a tomar un café y soltar lastre. Llegué bien abrigado a la salida y hasta diez minutos antes no me quité el abrigo porque hacía un frío de mil demonios. Hice un par de trotes para acá y para allá para no quedarme helado y al poco me coloqué en una posición intermedia en el pelotón, no quise salir en posiciones demasiado delanteras porque la semana anterior, en la media de Latina, me puse en cuarta o quinta fila y me estuvieron adelantando toda la carrera. Esta vez la estrategia era la contraria, salir atrás, tranquilo y tratar de adelantar lo que pudiera.

A las once en punto dieron la salida y el comienzo es toda una declaración de intenciones, ya que los primeros 900 metros son todos cuesta arriba. Me puse en marcha con zancada corta, agaché la cabeza y a sufrir. Ya se me hizo largo ese primer tramo. Metros después, cuando llegué al primer kilómetro no quise ni mirar el cronómetro, no merecía la pena pensar en el tiempo.

La carrera empieza subiendo, ni verlo quería

Nada más coronar ese primer repecho comienza una bajada y en ese subir y bajar se van pasando los kilómetros. Siempre he pensado que el tiempo que pierdes subiendo no lo recuperas bajando y no nadie que me pueda convencer de lo contrario, sobre todo porque bajo fatal. Como salí muy atrás, fui constantemente adelantando gente y eso me iba animando. Además, como había salido despacio, podía aprovechar las zonas llanas para aumentar el ritmo porque ni subiendo ni bajando iba cómodo.

Sobre el kilómetro cinco y medio, aproximadamente, se llega a Azofra, donde estaba situado el primer avituallamiento. Cogí una botella, bebí un poco y me acordé que en la salida habían dicho por megafonía que a la salida de este pueblo había un barrizal, así que iba alerta ya que el asfalto se iba a acabar y pensaba que ahí estaría el barro, pero entré en el camino y estaba bien; sin embargo un par de kilómetros más tarde, cuando el camino se acerca a la autopista, en una curva, llegó el barrizal, unos doscientos metros de patinaje sobre barro que hacía difícil mantener el equilibrio.

Después de sortear ese obstáculo viene un tramo ligeramente ascendente, pero bastante llevadero. Por allí iba a buen ritmo, adelantando a gente como si no hubiese un mañana y bien de fuerzas. Iba viendo a lo lejos un tramo muy empinado y rezaba porque la carrera no fuese por allí. Como no veo bien de lejos, no veía a nadie en dicha cuesta, pero según me iba acercando vi que sí, que esa debía ser la cuesta que había visto en el perfil días antes. Pensé que si las otras cuestas del circuito, que casi no se apreciaban en el perfil, me habían parecido duras, esta iba a ser la bomba. Y vaya si lo era, me costó y creo que a todos, un mundo subir, iba cada vez más despacio y cada vez más despacio y la puñetera cuesta no se acababa. Fue el momento más delicado sin lugar a dudas. Luego mirando los tiempos vi que uno de los kilómetros de subida se me fue a 6:17, casi dos minutos más lento de lo que podría ir en llano. Cuando acabó la subida había un tipo muy majete que me hizo esta bonita foto.

Volando hacia meta después de la subida más dura y más larga

Si antes de comenzar la carrera pensaba que después de esta cuesta la cosa iba a ser coser y cantar, ya me imaginaba según había visto los kilómetros anteriores, que no iba a ser así y efectivamente no me equivoqué porque después de esta cuesta larga, pero dura (parafraseando al gran Perico Delgado), vinieron otras cuantas subidas y bajadas, aunque el paso por Ciriñuela fue por una zona asfaltada y más o menos llana. Allí estaba instalada un arco que pensé sería donde dio comienzo la prueba de 10 kilómetros, aunque no lo sé seguro. También había allí un avituallamiento por lo que cogí la botella, vertí gran parte del contenido en el suelo y eché un par de tragos. Tampoco hacía falta beber mucho porque el día era frío y gris.

Pasando este pueblo se vuelve a coger el camino de tierra y de nuevo vuelven los repechos y aunque ya llevábamos algo más de dos tercios y unas cuantas subidas, me veía bien. Vi que iban delante de mí dos chicas a las que iba comiendo terreno poco a poco y en una de las subidas las adelanté. En la posterior bajada me superaron porque sobre todo una de ellas, bajaba a una velocidad extraordinaria. En la siguiente subida las volví a pasar y en el pequeño llano antes de la próxima bajada aceleré todo lo que pude para tener un pequeño «colchón» de segundos antes de la bajada. Efectivamente, en la bajada se me acercó una de ellas, la que mejor bajaba, pero no me adelantó. La otra le dijo que no se preocupara, que tirara para adelante, que se veían en meta.

Iba viendo delante un grupo de corredores vestidos de azul y otro vestido de gris que se iba descolgando. Intenté acercarme a ese grupo echando toda la carne en el asador. En ese momento pasé por el kilómetro 18 y como me veía bien pensé «qué bien así tengo más tiempo para adelantarlos».

Entre que venía de una bajada y que el final es llano, fueron esos últimos kilómetros los más rápidos, luego vi que hice 4:14, 4:13, 4:29 y 4:13 y sin embargo, no fui capaz de alcanzar a ese grupo de «azules», a los que iba recortando pero no alcancé ya que llegué a la meta antes de cogerlos. Luego vi que en ese grupo iba la que fue ganadora de la carrera.

Entrando en San Domingo de la Calzada, a punto ya de comenzar el último tramo asfaltado, como a dos kilómetros de meta, me hicieron esta bonita foto donde no tengo mala cara y es que no acabé demasiado mal.

Entrando en Santo Domingo de la Calzada, cerca de meta ya

Llegué a meta, según la organización me da un tiempo neto de 1:40:45 un segundo menos de lo que marcaba mi cronómetro y quizás con algún metro menos de una media reglamentaria, por más que dijeran que estaba bien medida, pero si mi GPS marcaba menos de 21 kilómetros, es que la distancia no es media maratón ni de broma.

Para terminar os pongo el perfil de la media, para que no se piense nadie que estoy exagerando. Como comentaba a los compañeros, la media de Latina, que me pareció dura una semana antes, parece llana comparada con ésta.

Perfil de la Media maratón del Camino

XVI Media maratón de Latina

Cuatro años después he vuelto a participar en esta media maratón que forma parte de la Unión de Carreras de Barrio de Madrid (UCMB). Con la idea de coger puntos para el segundo circuito de la Unión, traté de animar a algunos compañeros del Club Atletismo Zofío para que se apuntaran y para ser una media no estuvo mal, ya que fuimos cinco compañeros a la carrera.

Como el dorsal había que recogerlo días antes, nos pasamos el viernes por el centro comercial de Aluche donde recogí mi dorsal y el de unos cuantos compañeros, esto hizo que el domingo no tuviéramos que venir demasiado pronto, aunque quedamos en el punto de encuentro una hora antes, a las ocho y media. Allí nos juntamos cuatro corredores, un «conductor» y ¡tres coches! Dejamos uno aparcado y con dos vehículos fuimos a Aluche donde aparcamos en un periquete en el aparcamiento del centro comercial.

Íbamos con la idea de dejar la ropa en el guardarropa, que otros años ha estado situado en el plaza de ese centro comercial, pero esta vez había que ir hasta la pista de atletismo donde acaba la carrera y allí dejarlo. Estuvimos un rato charlando, haciendo tiempo y cuando faltaban veinte minutos dejamos la ropa. Faltando diez, a la fémina del grupo le dio por ir al servicio y yo aproveché para ir también porque notaba el vientre algo molesto. Nos tocó entrar por la ventana de un cuarto donde guardan las colchonetas de la pértiga y buscar por allí el servicio. Menos mal que fui, pero eso provocó que llegáramos a la línea de salida con el tiempo justo.

Hice en la media de Murcia, tres semanas antes, una hora y treinta y seis minutos y tenía muy claro que esta me iba a costar más porque mientras aquella era plana total, la de hoy tiene un montón de repechos. Pensé que si hacía 1h37 podía darme con un canto en los dientes. Dieron la salida y enseguida el grupo del Club Atletismo Zofío se disgregó. Juan Carlos salió como un cohete, yo me quedé con Ninfa un poco detrás, Miguel y Guille detrás de nosotros y Emilio, más tranquilo, salió a su ritmo. Los dos kilómetros y medio, que se callejea por la Águilas es el terreno más llano de la carrera. Vi que hicimos el primer kilómetro en 4:24 y pensé que era demasiado rápido, por lo que aflojé un poco el ritmo y Ninfa se fue yendo poco a poco. El siguiente fue más lento, incluso más de lo que me hubiese gustado, por lo que aumenté un poco el ritmo, tenía que ir ajustando para no pasarme. Luego, antes de salir de las Águilas comienza un terreno favorable hasta un poco más allá del avituallamiento del kilómetro cinco. Fue ese tramo donde iba más rápido, cosa lógica.

En esos primeros kilómetros iba acoplado a un grupeto donde iba una chica muy alta del club La Gavia, que luego subió al cajón, pero pronto me quedé atrás en cuanto doblamos a la derecha y nos enfrentamos al primer repecho. Ahí me di cuenta que muy fino no iba porque me adelantaban a diestro y siniestro. Después de ese primer repecho, bastante duro, viene una bajada y luego un repecho más corto y una bajada más pronunciada. Se me dio muy mal ese trozo, no iba nada fino, me costaba un mundo la subida y en la bajada no recuperaba lo que perdía en la subida; sin embargo, al pasar el séptimo kilómetro vi que llevaba 31 minutos y pensé que no iba mal del todo porque en Murcia pasé con 32 minutos, pero claro, la diferencia es que en esta carrera ese primer tercio es el más favorable.

Esa bajada acaba en la calle Sepúlveda que ya es de tendencia ascendente, de nuevo iba sufriendo y nada cómodo, pero esa suave pendiente se convierte en un repecho bastante duro para llegar hasta casi la carretera de Extremadura, que se pasa por debajo en una rampa muy empinada y de nuevo otro repechón para subir hacia el metro de Batán, otro repecho duro y donde pasé las de Caín. Allí empieza un terreno favorable que pasa por la puerta del Parque de Atracciones donde está situado el kilómetro diez y un puesto de avituallamiento. Entre el terreno favorable y el trago de agua, recuperé un poco el ritmo de un poco por debajo de 4:30 hasta el lago de la Casa de Campo, al que hay que rodear y donde comienza la parte más dura de la carrera porque desde ahí hasta meta es casi todo cuesta arriba con alguna bajada. Son ocho kilómetros y medio de aúpa.

El lago no se rodea por completo, sino que se coge un camino que lleva hacia las pistas de tenis ya cuesta arriba. Allí me esperaba una buena amiga que me acompañó hasta casi la meta con su bicicleta, animándome cuando me veía flojear. Me hizo una bonita foto con la catedral de la Almudena al fondo.

Esa subida hasta más allá de las pistas de tenis se las trae, menos mal que no hay que seguir hasta el teleférico y un poco antes giramos a la izquierda para bajar al Paseo de los Plátanos donde comienza una subida tendida, pero muy larga. Por allí andaba el kilómetro 14 por lo que ya 2/3 partes de la carrera estaban liquidadas. Miré el crono y vi que llevaba 1h04, por lo que ese segundo tercio había sido bastante más lento que el primero, cosa lógica. Allí me dijo mi amiga que ánimo, que ya quedaba poco.

Como comentaba, es una subida tendida que llega hasta casi el 16, aunque los últimos metros por la Carretera de Rodajos, se empinan un poco más. Por allí puedes ver los que ya están bajando y pude ver a Juan Carlos muy bien acoplado al grupo que iba con la banderola de 1h35 y un poco después también vi a Ninfa, que me sacaba un buen trecho, pero no tanto como había pensado por lo mal que lo había pasado. Cuando se hace el giro de 180º comienza un terreno descendente, corto, que lleva a un cruce hacia el zoo, que es uno de los pocos llanos de esa segunda parte de la carrera; sin embargo ese llano es corto porque se empieza a rodear el zoo por una carretera en curva que también agarra y que empalma con la cuesta Aísa, que es un tramo muy empinado y que la organización cronometra para dar un premio al que lo suba más rápido. Ni me planteé esforzarme 🙂 demasiado tenía con no arrastrarme en esa subida.

Al término de esa cuesta, había un montón de gente animando, más que en ningún otro tramo de la carrera. Al llegar arriba, casi en el 18, hay una cuesta abajo para pasar por debajo de la carretera de Extremadura, luego otra subida para subir eso que se ha bajado y más tarde una bonita cuesta abajo por la calle los Yébenes que desemboca en la calle Valmojado y de nuevo todo para arriba dejando a la derecha el parque de Aluche, justo por donde habíamos bajado en los primeros kilómetros. Se hace larga esa subida aunque sea tendida. Estaba deseando llegar al metro de Aluche porque me sonaba que por allí andaba el kilómetro 20 y, por lo tanto, se olía la meta.

Pasando el veinte aceleré lo que pude ayudado porque el terreno ya es más llano y conseguí adelantar a algunos que iban ya muy atufados. Entré en la pista de atletismo y noté que algo de fuerza me quedaba porque en la media vuelta que se da por la pista me pareció ir volando. Bueno, eso pensé, porque seguro que daba pena verme. Allí, a falta de cincuenta metros, mi tocayo me hizo una foto y parezco un corredor y todo.

Paré el crono marcando 1:38:12 aunque la Organización generosamente me quita dos segundos siendo, por tanto, mi tiempo oficial neto de 1:38:10, un poco más de dos minutos que la anterior de Murcia. Satisfecho porque la dureza de esa carrera es mucho mayor que la otra y yo ya voy notando que en las cuestas arriba sufro un montón.

Una pena que Miguel tuviera que retirarse, pero creo que hizo lo más sensato porque estaba tocado del gemelo y una carrera con tanta cuesta le hubiese agravado la lesión. Afortunadamente hemos conseguido llegar cuatro del equipo lo que supone conseguir puntos para el circuito de la UCBM. Juan Carlos llegó con 1h34 justos, Ninfa lo hizo en 1:37:03 siendo tercera de su categoria y Emilio, que se lo tomó con calma, llegó… algo más tarde. Ahora ya a pensar en la carrera del PAU de Vallecas, que es la próxima del calendario de la UCBM.

Media maratón de Murcia

Tenía pensado correr la media de Latina porque es una de las carreras incluidas en el circuito de la Unión de Carreras de Barrio y por ello había hecho desde principio de año un par de tiradas largas de 15 kilómetros y otro par de 16, pero sin prisa porque hasta el último domingo de febrero aún quedaba mucho. Casualmente el lunes 24 de enero al salir a entrenar me encontré con Antonio, que me contó que iba a correr la maratón de Murcia ya que algunos de sus compañeros de entrenamiento la iban a hacer y otros tantos la media. La verdad es que lo único que pensé es ¡qué loco está este hombre para hacer ahora una maratón! Ese día bajé al Parque Lineal e hice una tirada larga de 15 kilómetros con el ánimo de acumular kilómetros para la media de Latina; sin embargo, algo se me debió quedar en la cabeza porque cuatro días después pensé que no sería mala idea ir a la media de Murcia y aprovechar para hacer turismo por esta ciudad y sus alrededores. Ya con la idea en la cabeza, el sábado 29 salí a entrenar con Miguel y nos metimos 17 kilómetros entre pecho y espalda y pensé, si puedo hacer 17 ¿por qué no voy a poder hacer 21?

Al día siguiente me inscribí en la prueba y busqué un apartamento en airbnb para pasar unos días. El viernes salimos para allá, pero antes de llegar a la ciudad de Murcia pasamos por el monté Arabí, un sitio bastante bonito, cerca de Yecla. La cueva de la Horadada es una maravilla.

Cueva de la Horadada

Después estuvimos visitando el desierto de Abanilla que según decía el artículo que leí, existe cierta similitud con el Rif marroquí. No sé si es verdad o no porque no conozco ese desierto. Supuestamente este desierto era el fondo de un mar existente hace 10 millones de años y aunque ya no quede agua lo que sí se puede apreciar es la arena y la sal.

Desierto de Abanilla

El sábado fui a recoger el dorsal y entre que era pronto y que no había muchos inscritos, lo recogí en cuestión de segundos. Aprovechamos para visitar las minas abandonadas de La Unión, cerca de Cartagena, y resulta curioso contemplar cómo el hombre es capaz de modificar el paisaje, en este caso excavando y horadando la tierra en busca de metales preciosos.

Mina a cielo abierto abandonada

Otro de los sitios que había leído que eran muy bonitos era la Puntas de Calnegre, perteneciente a Lorca y efectivamente entre un mar de plástico de los invernaderos se llega a este pequeño pueblo donde se alza un pequeño monte realmente bonito.

Puntas de Calnegre

Visitamos también el pueblo de Aledo, del que había leído maravillas, pero fue lo que más me decepcionó. En octubre había estado en Erice, en Sicilia, y eso sí es un pueblo medieval. Aledo tiene una torre del homenaje y restos de una muralla. Lo que más me gustó del pueblo fue algunos graffitis en diversas paredes de algunas casa. Y cuando hablo de graffiti me refiero a un dibujo hecho con arte, no como alguna gente que dibuja cuatro letras mierdosas y ya se consideran «artistas».

Graffiti en Aledo

Estando en Murcia no podía dejar de probar el pastel de carne, uno de los platos más típicos de la región, así que por la noche cené un pastel de carne, un trozo de empanada y me fui a la cama pensando que a las 6:30 había que estar arriba. Antes de acostarme estuve tratando de quedar con Antonio para vernos al día siguiente, pero como no nos poníamos de acuerdo quedé con él en vernos en el segundo cajón desde donde ambos teníamos que salir.

Me levanté a la hora prevista, desayuné un suizo y un vaso de leche con café, hice mis necesidades y estuve un rato tranquilo haciendo tiempo. No dormí bien, pensando en la carrera, como si esta carrera tuviese la menor importancia. A las ocho y diez salí de casa y fui andando hasta la salida, pudiendo ver las calles mojadas, que el sol estaba escondido detrás de las nubes y que hacía una temperatura fresca. Un día inmejorable para correr sin lugar a dudas.

Después de dejar la ropa en el ropero y pasar por el servicio estuve buscando a los conocidos y faltando diez minutos los pude encontrar y nos hicieron esta bonita foto. Por cierto, me acabo de dar cuenta que los tres llevamos medias altas, no sé si es que están de moda.

Minutos antes de la salida con Antonio y Juan Carlos

Esperando a que dieran la salida estuve hablando con Juan Carlos y con Javi, otro conocido y uno dijo que iría más o menos a 4:30 y el otro que no lo sabía porque había estado lesionado. A mí 4:30 me parecía muy deprisa para mi estado de forma, ya que yo había pensado en ir a 4:35 como muy deprisa.

Dieron la salida a las nueve en punto y enseguida vi que se alejaban de mí tanto Juan Carlos como Javi, lo que pensaba en ir como mucho a 4:30. Sólo Antonio, que iba a hacer los 42 kilómetros, salió más tranquilo y estuve con él unos metros charlando un rato y diciéndole que se lo tomara con calma, que no se picara con nosotros, que hiciera su carrera. Hice los dos primeros kilómetros precisamente a 4:30 y los dos colegas se iban alejando cada vez más de mí. Menos mal que no traté de seguirlos.

El recorrido es feo, pero muy llano y con algunas rectas muy largas, por lo que es ideal para hacer una buena marca, pero se hace algo aburrido precisamente por esas largas rectas y la escasa animación. Decir que además de la maratón se correo la media y un diez mil. Mientras que la salida de la la maratón y la media era a las nueve de la mañana, el diez mil era un cuarto de hora más tarde, lo que dio lugar a una graciosa situación y es que el primero que atravesó la línea de meta, en la prueba de diez kilómetros, ¡había salido un cuarto de hora antes! Así pasó, que llegó con un marcón de 27 minutos y pico. Luego fue descalificado, pero el tío se llevó con el pecho la cinta de ganador.

Cuando los de los 10 kilómetros llevan cuatro se juntan con los otros que llevan ya siete y se monta un pequeño guirigay con gente de dorsal rojo (los de la maratón) con gente de dorsal azul (los de la media) y los de dorsal negro (los del diez mil). Y es que cuando ya has cogido tu ritmo y tu sitio en la carrera aparecen los otros con un ritmo más rápido y te trastornan un poco porque casi sin querer modificas tu ritmo.

Poco antes del kilómetro 11 me hicieron esta bonita foto con la torre de la catedral al fondo y nada más hacerme la foto pude ver a uno de mis dos compañeros que ya me sacaba la torta, iba a toda pastilla.

Cerca del kilómetro once aún pletórico de fuerzas

Sobre nuestro kilómetro trece se separan los del diez mil para entrar en meta y de nuevo el pelotón adelgaza. Allí la carrera se interna en la parte céntrica de la ciudad y es algo más entretenida porque vas un edificio, otro distinto, un giro a la izquierda, otro a la derecha, pero sigue siendo escasa la animación. Me di cuenta que había ido durante mucho rato acompañado por un tipo con un chaleco que a veces iba un poco por delante y otras un poco por detrás, pero no nos perdíamos de vista el uno al otro. Aún seguían las calles mojadas y había que tener precaución para no pisar las líneas blancas de los pasos de cebra porque ahí era donde podías resbalarte. Debía ser cerca del kilómetro quince cuando pasamos por una calle peatonal junto al Corte Inglés. Esa calle peatonal en vez de estar asfaltada está adoquinada y resbalaba de lo lindo, así que no me quedó más remedio que acortar la zancada e ir con precaución. En ese momento aprovecharon para adelantarme unos cuantos.

Se toma entonces otra larga recta por la Avenida Juan Carlos I buscando el kilómetro 18. Se hace larga la calle porque vas viendo que los otros vuelven, pero no llega el momento de girar. Me pareció que estábamos subiendo ligeramente y que luego lo íbamos a bajar y eso me animó, aunque ya me iban costando los kilómetros, se me iban haciendo largos. Cuando ya comencé a bajar la avenida, aunque iba cansado, traté de acelerar un poco y pensaba que iba más deprisa, pero no, iba al mismo ritmo más o menos, pero gastando más. Ya iba con la reserva encendida.

En los últimos kilómetros, foto cortesía de la organización

Echaba un vistazo a mi alrededor y veía al tío del chaleco, que al poco se lo quitó, a una chica y a un tipo en sandalias y pensaba, no me pude ganar un tipo en sandalias. Es una bobada, porque no por ir en sandalias va a correr menos o a correr más, pero me servía para motivarme. En el último kilómetro aumenté un poco el ritmo y conseguí alejarme un poco de mis acompañantes, hasta que llegué a la calle que da a la plaza de la catedral, donde estaba situada la meta. Esa calle es también adoquinada y también resbalaba lo suyo por lo que me cortó un poco el ritmo, pero ya no quedaba prácticamente nada. Llegando a meta vi que el cronómetro marcaba una hora, treinta y cinco minutos y cincuenta y tantos segundos y aceleré para que no llegara el minutero a treinta y seis, pero no lo conseguí. Pasé por debajo del reloj de meta cuando marcaba 1:36:08, por lo que descontando el tiempo que tardé en pasar la línea de salida se queda en 1:36:01 que está en la horquilla del tiempo que había pensado entre 1h35 y 1h37, así que no me puedo quejar. Contento.

Por la calle «resbaladiza» llegando a meta

Después de la carrera estuve saludando a los compañeros que habían llegado antes que yo, Juan Carlos había marcado un crono de 1:32:08, una grandísima marca y Javi pinchó un poco y se fue a 1:33:25. De todos modos, una buena marca también.

No me quedé a esperar a Antonio porque me estaba quedando frío y me fui a duchar, pero luego me dijo que hizo 3:24:05 que es un poco más de lo que esperaba, pero que está muy bien.

XXI Media maratón de Getafe

Hoy he participado seis años después, también un 26 de enero, en la media maratón de Getafe. Igual que hace seis años como una prueba para la maratón que está a la vuelta de la esquina.

Como la carrera comenzaba a las 10:30 había quedado con Miguel a las 9:00 en la puerta de su casa para recogerle y cinco minutos después con Quique para recogerle cerca de su casa. Antes de las 9:30 estábamos aparcando cerca del polideportivo Juan de la Cierva donde está ubicado el ropero y termina la carrera y muy cerca de la salida.

Fuimos paseando hasta allí y antes de dejar las cosas en el ropero nos dio tiempo a hacer nuestras necesidades, tomar un café y encontrar a Ana con la que nos hicimos esta bonita foto.

Cuatro pradolongueros en Getafe

Después de la foto dejamos la ropa en el ropero, todo rapidísimo, y salimos a la Avenida don Juan de Borbón donde está instalada la salida para calentar un poco. Ahí me di cuenta que había olvidado la gorra en el bolsa y que hacía sol. Me dio un poco de mal rollo, pero ya no había nada que hacer. Faltando diez minutos nos metimos en nuestros corralitos. Miguel y yo en el sub 1h30 y Quique en el sub 1h24. Estiré un poco mientras esperaba que dieran la salida y un minuto más tarde de las 10:31 comenzó la prueba.

Vistos los tiempos de las carreras anteriores y los entrenos, tenía en la cabeza hacer 1h35, lo que suponía ir a 4:30 cada uno de los kilómetros, por eso cuando completé con Miguel el primer kilómetro y vi que había hecho 4:16 decidí aflojar un poco y dejar que mi tocayo se fuese por delante, de este modo los dos iríamos más cómodos.

Poco después me adelantó Chema, antiguo compañero de MaraTI+D, con el que estuve conversando un ratito. Me preguntó que cuanto pensaba hacer, le dije que 1h35 y él me dijo que por ahí o más. No me creí nada porque le vi muy bien y de hecho se alejó enseguida con insultante facilidad.

El añadido que hicieron para que la carrera sólo diese una vuelta es un poco aburrido y lo recordaba con animación cero, pero este año había alguna que otra persona animando. Iba controlando el reloj y veía que el ritmo era el previsto ya que marcaba sobre 4:27, por lo que teniendo en cuenta el error del GPS era más o menos los 4:30 que tenía en mente. Me cercioré que el ritmo era bueno cuando pasé por el primer tercio (kilómetro 7) y vi que el cronómetro marcaba algo menos de 31:30. Durante esos kilómetros iba viendo un globo que supuse era el de 1h35 y efectivamente cuando llegué a su altura vi que era ese tiempo, pero como no me gustan nada los globos, lo adelanté en cuanto pude, sobre el kilómetro nueve más o menos, pero no me alejé mucho de ellos porque de vez en cuando algún espectador decía algo sobre el globo justo a mi altura, por lo que debía ir sólo unos pocos metros por delante.

Ya saliendo de ese tramo por la zona de Los molinos, pasando por debajo de las vías del tren el administrador de la página forofosdelrunning.com me hizo esta bonita foto. No sólo a mí, sino a todo bicho viviente que pasaba por allí y se ponía a la altura de su cámara.

Cerca del kilómetro 10, foto cortesía de forofosdelrunning.com

Seguí a mi ritmo, pero los del globo debieron apretar porque antes de llegar al kilómetro 13 me pasaron. Miré el reloj y vi que mi ritmo era bueno por lo que no quise darme el calentón para seguirlos y seguí como iba. Pasé el kilómetro 14 y vi que el cronómetro marcó menos de 1h03 que era el tiempo de paso de 4:30. La cosa marchaba, pero las piernas ya iban pesando, de hecho fue el kilómetro 16 el primero que hice por encima de 4:30, pero pensé que los cuatro segundos más se compensaban con otros muchos que había hecho por debajo.

Poco después del kilómetro 17 empieza un tramo que me resulta muy desagradable porque está adoquinado y los pies ya van un poco machacados. Ya había perdido de vista al globo de 1h35 y traté de no alejarme de una pareja de corredores vestidos de negro que en su espalda llevaban el nombre de RAULETE y GÁNDARA. Vi que su ritmo era más o menos el mío y no los quise perder. El 18, el 19 y el 20 también estuvieron por encima de 4:30, pero ya quedaba poca cosa y además favorable, por lo que aguanté como pude hasta que comenzó al cuesta abajo donde está instalada la salida y pude aumentar un poco el ritmo, tampoco mucho. En esa cuesta abajo de nuevo el administrador de forofosdelrunning.com estaba haciendo fotos. Se ve en mi cara que iba ya a tope.

A punto de entrar en el polideportivo, foto cortesía también de forofosdelrunning.com

Ya sólo quedaba entrar en el polideportivo, llegar a la pista de atletismo y completar el último cien. Lo hice a buen ritmo, aunque tampoco estaba para muchos trotes. Llegué a meta con un tiempo de 1:35:04 según mi reloj aunque la organización me da un tiempo oficial de 1:34:58. Justo el tiempo que tenía en mente. Bastante contento porque hice la carrera que quería y encima demuestra que voy mejorando con el entrenamiento porque hice siete minutos que en la anterior media.

Ya me estaban esperando mis compañeros cuando llegué. Miguel llegó con un tiempo de 1:32:47 y Quique hizo 1:23:50. Ellos se quejaban mucho de sus isquios, pero yo llegué muscularmente perfecto, sólo con dolor de pies.

La organización de la carrera me pareció perfecta, aunque no me gustó nada lo de tener que recoger el dorsal días antes. Decir que me costó la inscripción 19,70 € que no es precisamente un regalo.

Media maratón de Colonia

Tengo un amigo que vive en Düsseldorf y mucha veces me ha animado a participar en la media de Colonia, pero le he ido dando largas un año tras otro… hasta éste. Y ahora me arrepiento de haber esperado tanto porque mi amigo ya no puede correr por problemas en sus rodillas, aunque su hijo ha cogido su relevo. Además no he podido elegir peor año porque la lesiones me han fastidiado la preparación y la misma carrera.

Si no tenía suficiente con la fascitis del pie derecho, en estas últimas semanas empecé con dolores en el dedo gordo del otro pie, que me hacía ver las estrellas cada vez que lo plantaba, así que la cosa no pintaba bien, pero como ya tenía pagada la inscripción, el vuelo y el apartamento no podía dejar de acercarme a esta ciudad corriese o no corriese. Volamos a Colonia el miércoles y estuvimos haciendo turismo por esta ciudad y por Bonn, antigua capital del gobierno federal, que está bastante cerca. Ambas ciudades muy interesantes de ver.

En vista de que no andaba muy fino decidí no correr nada esta semana hasta el día D para ver si mejoraba de mis dolencias, pero no sirvió de mucho porque en cuanto di los primeros pasos ya iba dolorido, pero pensé que podría aguantar el dolor durante 21 kilómetros, ¡eso no es nada!

Dormí mal la noche del sábado al domingo y cuando sonó el despertador a las seis de la mañana tenía bastante sueño, pero me levanté como pude, desayuné, me disfracé de corredor, metí en la mochila toda la ropa y salimos a la calle a coger el tranvía en la estación de Gutenbergstraße. Llegamos poco después de que saliera uno y nos tocó esperar veinte minutos al siguiente.

Habíamos quedado al otro lado del Rin a las ocho en punto de la mañana y llegamos por los pelos. Tuvimos suerte de encontrarnos con el amigo con el que había quedado porque había mucha gente por los alrededores de la salida y la cosa no era fácil, nos dio tiempo incluso a hacernos una bonita foto antes de salir.

Antes de la salida de la media de Colonia

Como se puede ver en la imagen, teníamos cada uno el dorsal de un color ya que nos habían colocado en distintos cajones. A mí me tocó el rojo, el primer cajón y cuando estaba buscando la puerta para entrar en mi cajón vi que varios alemanes se saltaban la valla del cajón como cualquier hijo de vecino. En ese momento se me cayó el primer mito respecto a los alemanes, ya que nunca hubiese esperado que esta gente tan recta y tan seria se saltase una valla. Resultaba curioso estar en el primer cajón y ver dorsales de colores variopintos.

Estaba esperando en el cajón mientras el speaker lanzaba sus arengas en perfecto alemán y debía decir cosas interesantes, pero a mí me parecía que estaba hablando en chino ya que no entendía ni jota. Luego me contó mi amigo que los alemanes cuando no entienden nada dicen que parece que me están hablando en español.

Dieron el pistoletazo de salida y salí lanzado, dejándome llevar por los otros corredores y por el terreno que era cuesta abajo, una de las pocas cuestas abajo que había en todo el recorrido. Esa cuesta abajo enseguida se convierte en cuesta arriba para atravesar el Rin por el puente Deutzer y cuando llegué al primer kilómetro miré el cronómetro y vi 4:38 lo que me pareció demasiado rápido para lo que había entrenado. Traté de aflojar, pero como había salido en el primer cajón la gente me llevaba casi sin querer. Miré el cronómetro en el segundo kilómetro y vi que marcaba 4:45 y volví a pensar que iba demasiado rápido, que debía aflojar un pelín y marchar a un ritmo de 4:50 que era lo que tenía en la cabeza. Pues nada, el tercer kilómetro lo hice más rápido aún que los dos primeros y decidí no volver a mirar el reloj, pero sí tratar de llevar un ritmo algo más conservador.

Cuando iba por el kilómetro cinco y pico me crucé con el primer clasificado de la carrera que iría por el ocho y ya marchaba claramente destacado de sus perseguidores. En esos momentos iba por un tramo debajo de un puente donde había su correspondiente bajadita y su pequeña subida, pero todo lo demás había sido muy llano y así lo siguió siendo hasta que volví a pasar por esa misma calle en sentido contrario.

Sobre el kilómetro trece había una animación tremenda porque por esa zona coincidía los que iban con lo que venían, cada unos por una parte de la calle, obviamente. Mientras que los que íbamos por el trece nos quedaba aún más de un tercio de carrera, los que venían de vuelta ya estaban casi en el diecinueve y estaban a punto de terminar. En esa zona el sonido era atronador y es que me di cuenta que los alemanes son más de hacer ruido que de animar de viva voz. Pude ver todo tipo de chismes ruidosos como carracas, cascabeles, panderetas, cencerros y alguna que otra batukada. No sé si clasificar también como «chisme ruidoso» un buen señor que se había bajado su órgano -el musical- a la calle y con ayuda de un micrófono y unos amplificadores estaba amenizando a los corredores y a los vecinos.

Pasado ese tramo vi que las piernas no iban tan ligeras como me hubiera gustado y las plantas de los pies también empezaban a molestarme lo suyo, aparte de la fascitis y el dolor del dedo gordo, que también me estaban martirizando.

En el kilómetro dieciséis pensé aquello de «ya sólo queda una vuelta al parque» pero vi que las piernas ya iban muy cansadas y que me costaba mantener el ritmo que había llevado en anteriores kilómetros. Un kilómetro después miré el cronómetro al que tenía olvidado casi desde el principio y vi que había hecho ese kilómetro casi a cinco minutos. Me pregunté si sería capaz de mantener ese ritmo hasta el final y me respondí a mí mismo que me iba a costar porque me notaba muy cansado.

Sobre el kilómetro diecinueve recibí los ánimos de mi amigo Juan Ignacio y traté de echar el resto ya que me encontraba muy cerca de meta, pero al poco me vino el bajón cuando entré en la zona adoquinada y los pies me dolían a lo bestia, de tal modo que si todos los anteriores kilómetros los había hecho por debajo de cinco, el penúltimo kilómetro que se me fue a 5:33 debido al dolor de pies y el cansancio.

La presencia imponente de la catedral de Colonia me infundió ánimos para llegar a la alfombra roja y acelerar un poco el ritmo con el que completar esos últimos 150 metros. Llegué a meta con un tiempo oficial de 1:42:06 contento porque en estos meses tuve muchos momentos de duda de que pudiese participar en esta carrera.

Estuve esperando a que entrase mi amiga, que había salido en el segundo cajón y después de esperar un rato llegó ella con un tiempo de 1:50:14 también muy contenta y también con los pies muy doloridos. Debe ser que el asfalto de Colonia está más duro que el de Madrid o que las zapatillas no eran las más adecuadas.

Había mucha humedad en Colonia por lo que sudé como una bestia. A eso sumado que en los puestos de avituallamiento no pude beber mucho porque daban vasos en vez de botellas, en la línea de meta estaba sediento y cuando llegamos a los puestos bebí todo lo que pillé: Coca Cola, zumo de manzana, agua con gas, cerveza sin alcohol, cerveza normal, tetrabrik de agua de coco y alguna cosa rara que no conseguí identificar. De comer también me puse fino porque había comida para dar de comer a todo el país y parte del extranjero. Que recuerde me metí para el cuerpo: frutos secos, una especie de morcilla con un trozo de pan, una especie buñuelo dulce, un trozo de pan similar a los típicos bretzels, barritas de cereales, tomate y probablemente alguna cosa más. Había muchas cosas más que no probé porque empecé a pensar que lo iba a acabar echando de tanta mezcla de comidas y bebidas. Desde luego en esto sí que fueron generosos los alemanes porque la camiseta tendrás que comprarla, pero si quieres reventar a comida, lo puedes hacer por los 60 € que me costó la inscripción.

Después de llenar el estómago recogí la mochila en un tiempo récord, ya que lo tenían perfectamente organizado y me dirigí a los camiones donde estaban instaladas las duchas. Fuera del camión, aprovechando que no hacía mal tiempo, dejé todos mis bártulos, me desnudé, me puse las chanclas, cogí la toalla y el bote de gel y me metí en el camión y la verdad es que aluciné. Dentro de camión habría unas veinte duchas todas en perfecto estado de revista con sus dos alcachofas y un grifo termostático que dejaba salir el agua a una temperatura y presión ideales. Fue un momento gozoso después de las penurias sufridas durante 21 kilómetros. Tan bien estaba que alargué un rato el tiempo de estar bajo el chorro porque en esos momentos estaba en la gloria sintiendo el chorro de agua sobre mi cocorota.

Brindando por el futuro con una buena cerveza alemana

Para terminar, diré que la cerveza típica de Colonia es la cerveza tipo Kölsch, que probé abundantemente y me pareció bastante rica; sin embargo, como los de Colonia y los de Düsseldorf andan algo picados, los de Düsseldorf dicen que la cerveza Kölsch se hace dando de beber a un caballo la cerveza de su tierra y embotellando su meada. Tengo la sensación de que los de Colonia opinan lo mismo de la Altbier que es la cerveza de los de al lado.

XIX Media maratón de Madrid

Después del mal sabor de boca con el que salí de la media de Villarrobledo me apunté a esta media maratón para ver si realmente estaba tan mal o sólo fue un mal día. Por desgracia después de esa media he estado algo tocado del tendón de Aquiles y me presenté a esta carrera con poco entrenamiento, un tanto mosqueado con mi tendón… Y con dudas de si mi dieta de croquetas del día anterior había sido la más adecuada para enfrentarse a una carrera. Y es que el fin se semana se celebraba en el barrio de San Fermín la ruta de croqueta y estuvimos haciendo una ronda por unos cuantos bares probando las deliciosas croquetas que allí servían. Aprovecho para decir que para mí las mejores fueron las del bar Ánfer, que sirvieron una plato con un sugerente nombre: Flor de croquetillas con nueces y queso azul. Realmente deliciosas. Mi voto fue para este plato. Y eso que probé otras que también estaban bastante ricas.

Flor de croquetillas con nueces y queso azul del bar Ánfer. Realmente deliciosas.

No sé si por las croquetas, por las cervezas o por los nervios, el caso es que tardé en dormirme, aún así me levanté a las 6:45, tranquilamente estuve desayunando y preparando las cosas para salir de casa una hora más tarde. Sin prisa me acerqué hasta la parada del autobús seis y sobre las ocho y cuarto estaba bajándome del autobús en Atocha. Subí por el Paseo del Prado y lo primero que hice fue ir al servicio. Sospechaba que los químicos que pone la organización estarían a tope por lo que me metí en uno de esos públicos que hay por diversos lugares de Madrid y que por 10 céntimos puedes hacer uso de ellos. Después de soltar el dinero y entrar me di cuenta ¡que no tenía papel! Menos mal que llevaba un pañuelo de papel. No sabía que estos servicios estaban tan desatendidos.

Con un par de antiguos compañeros y alguno más

Después de aliviarme me encontré con un ex-compañero del trabajo que había quedado con otro ex-compañero, así que esperamos a que apareciera este segundo y estuve con ellos aprovechando para hicernos una bonita foto donde se aprecia al fondo las tiendas de campaña militares que habían habilitado como guardarropa y que se convirtió en blanco de las críticas de casi todos los participantes por la mala gestión a la hora de devolver las bolsas, ya que hacía bastante fresco y más de uno se quedó congelado esperando.

Me puse de corto, dejé la bolsa y calenté un poco, no demasiado porque ya eran las nueve y en un cuarto de hora comenzaba la prueba. Me estiré después del breve calentamiento y me metí en el cajón correspondiente donde estuve esperando pacientemente que dieran la salida. Había pensado en las cuestas arriba ir sobre 4:30 y en las cuestas abajo ir lo más rápido que pudiera. Tampoco es que pudiera ir mucho más rápido porque los entrenamientos a umbral los he estado haciendo a 4:20 y me han costado dios y ayuda. Efectivamente hice el primer kilómetro en 4:32 dentro de lo previsto porque subir hasta la Puerta de Alcalá no es precisamente fácil. El segundo lo hice en 4:23 y de algún modo recuperé esos segundillos del kilómetro anterior.

La primera mitad de la media maratón es cuesta arriba con algún tramo favorable, mientras que la segunda parte es cuesta abajo con algún tramo hacia arriba. Siempre digo que lo que se pierde subiendo no se gana bajando, así que no es una carrera precisamente fácil. El kilómetro seis, subiendo por Santa Engracia, donde estaba ubicado el primer puesto de avituallamiento fue el más lento, donde me fui a 4:43. Siempre se pierde un tiempo entre que coges la botella y echas un trago y si encima es cuesta arriba, te caen segundos sin querer.

Cuando se llega al punto más alto de la carrera, cerca de las Cuatro Torres, se gira 180º y se baja hacia Plaza Castilla. Esta es la mía, pensé, ahora se van a enterar todos aquellos que me han pasado subiendo Bravo Murillo, pero al hacer el giro me di cuenta que había un desagradable viento frontal que no sólo soplaba con fuerza, sino que venía frío, así que contuve mis impulsos, cogí una botella de agua y traté de no perder tiempo mientras bebía.

Por Mateo Inurria, que sí es una buena cuesta abajo me emocioné y estiré la zancada, marcando un parcial bastante rápido, pero se gira a la derecha y se coge la Avenida de Pío XII que es de nuevo cuesta arriba. Otro puñado de segundos que se pierden. Sí es verdad que un kilómetro después empieza el terreno más favorable porque aunque aún quedan repechitos, estos son muy cortos. Fueron, obviamente, los kilómetros más rápidos, como imagino que les ocurrió a todos.

Llegando al Parque del Retiro hay que hacer un giro de casi 180º y ahí vi a mi amigo Juan Carlos, del Club Atletismo Leganés. No sé si es que yo me había ido acercando o bien me había pasado y no le había visto, lo cual es lo más probable… O bien no era él, porque luego vi en la clasificación que bajó de hora y media. Se me pasó por la cabeza tratar de acercarme, pero lo deseché enseguida porque ya iba bastante justo. Luego bajando Menéndez Pelayo llegué a la altura de un calvorota y pensé que podría tratar de que no se me fuese. Era una manera de motivarme en esos últimos kilómetros porque ya se me iba haciendo larga la carrera.

Tampoco pude hacerme con el calvorota por lo que me centré en tratar de mantener el ritmo que llevaba y olvidarme del resto. Estos dos kilómetros bajando Menéndez Pelayo y por el Paseo de la Reina Cristina fueron bastante buenos, ya que los hice en 4:15 y 4:16, de los más rápidos de la carrera. Desde Atocha hasta meta es de nuevo terreno ascendente y ahí se me fueron también algunos segundos… Y eso que apreté los dientes para llegar a meta lo más pronto posible.

Apretando los dientes ante la presencia de la meta

Atravesé el arco de meta justo cuando el crono pasaba de 1h33 a 1h34, marcando un tiempo oficial de 1:33:46 muy contento porque mejoré el tiempo de la media de Villarrobledo y acabé con muchas mejores sensaciones. Queda claro que lo de Villarrobledo fue un mal día.

Lo peor vino después porque fui a recoger la ropa que había dejado en el guardarropa y había una cola de impresión en la tienda del número 6. En un principio en la cola estaba al sol, pero según me iba acercando, la sombra me cubría y empecé a sentir frío. Bueno, no fue mucho lo que estuve porque luego la mochila estaba ahí mismo, pero cuando me iba con mi ropa, vi que la cola para recoger las mochilas era muuuucho más larga que cuando me tocó a mí esperar. Creo que es un punto negro que debe mejorar la organización.

XV Media maratón de Villarrobledo

He vuelto de Villarrobledo un poco triste. Triste por la carrera en sí porque el día ha sido fabuloso con los compañeros. Sabía que no iba bien entrenado, pero pensaba que no lo iba a pasar tan mal como lo he pasado en los últimos kilómetros de la carrera. Menos mal que Joaquín sí ha podido continuar a su ritmo y ha conseguido auparse al primer puesto del cajón en locales de su categoría y segundo contando con los forasteros. Y no le faltó mucho para quedar también primero porque sólo estuvo a 28 segundos. Me consuelo si al menos los catorce kilómetros y medio en los que estuvimos juntos le serví de ayuda.

Aunque la salida de la media era a las diez y media, el día empezó temprano para nosotros ya que habíamos quedado con Emilio a las siete y media para salir de Madrid a Villarrobledo, que está a unos doscientos kilómetros. Llegamos unos minutos tarde al punto de encuentro y ya estaba allí Emilio con un amigo suyo, Rafa, que también se venía con nosotros a tierras albaceteñas. Así que serían las siete y treinta y cinco cuando salimos y dos horas más tarde estábamos aparcando al lado del Polideportivo de los Pintores, lugar donde está situada la línea de salida y la de meta.

Componentes del Club Atletismo Zofío cada uno con la camiseta que le apeteció ponerse. Libertad de expresión lo llaman 🙂

Dentro ya del polideportivo estuvimos esperando a que llegara Joaquín, que lo hizo al poco. Nos entregó los dorsales, los colocamos en el pecho y volvimos al coche a dejar parte de la ropa y otro poco lo dejamos en el guardarropa habilitado dentro del polideportivo. Nos habíamos llevado prendas de repuesto para después ducharnos y estar presentables para la comida posterior.

Entre unas cosas y otras cuando quisimos calentar un poco sólo faltaban diez minutos para el comienzo y poco pudimos calentar, pero al ser una carrera tan larga tampoco hace falta un calentamiento exhaustivo. Hicimos unos trotes suaves y nos colocamos en el pelotón esperando el pistoletazo de salida. Fue en ese momento cuando dijeron por megafonía que la salida se retrasaba unos minutos porque un autobús que venía desde Leganés había sufrido algún percance y llegaba con retraso, que esperábamos al equipo Maratonianos de Leganés que venían en el bus. También dijeron por megafonía que sólo darían premios a los tres primeros de la general y al primero de cada categoría. Así que el segundo y el tercero sólo les quedaría el puesto, nada de premio ni reconocimiento. A mí compañero Joaquín no le hizo mucha gracias e imagino que lo mismo ocurriría con otros tantos, que a pesar de su edad se esfuerzan cada día para tratar de subir al pódium. Me pareció muy mal esta decisión de la organización. De hecho creo que esta va a ser mi última participación en esta carrera.

Tampoco esperamos demasiado porque tres minutos más tarde dieron la salida. Mi idea era acompañar a Joaquín para que tratase de hacerlo lo mejor posible y pudiera subir al cajón al menos como local porque ya le habían dicho que el primero puesto de su categoría era imposible. Salimos al buen ritmo y el primero kilómetro lo pasamos en 4:14, lo que me pareció muy rápido, pero ese primer kilómetro cuenta con un tramo cuesta abajo donde sin querer se te van las piernas. Yo quería ir sólo unos segundos por debajo de 4:30 para poder llevar un ritmo majo, pero sin pasarnos, que el entrenamiento no había sido todo lo bueno que me hubiese gustado. Poco antes del tercer kilómetro hay un giro de ciento ochenta grados y ahí vimos a dos corredores con la camiseta del club local que Joaquín pensó que eran de su categoría y al verlos por delante le dio un poco de bajón porque pensaba que le iban a ganar.

Hicimos esa primera vuelta haciendo algunos kilómetros por encima de 4:30 y otros por debajo, por lo que me pareció que no íbamos mal; sin embargo, llegando a esa primera mitad noté que llevaba la boca seca, muy seca, lo cual me extrañó un poco porque hacía calor pero tampoco era una cosa exagerada, pero me notaba algo deshidratado por lo que cuando nos dieron agua sobre el kilómetro once, lo agradecí sobremanera, me dio la vida. Eso provocó que acelerara el ritmo casi sin querer, animado además por una chica que nos adelantó y que llevaba un ritmo similar. Unos de los que habíamos visto en el tercer kilómetro que Joaquín presumía iba a ser un rival, lo vimos andando, así que uno menos en la lucha por el cajón.

Por el kilómetro 9 con la boca seca, seca

Si el agua del kilómetro once me dio la vida, la que nos dieron pasado el catorce me dejó seco. Antes de llegar a ese punto ya se me había pasado el efecto de la anterior botella y notaba de nuevo la boca muy seca, estaba deseando volver a beber y el caso es que antes del avituallamiento oficial nos dieron unas botellitas azules y fue echar un trago y perder el ritmo que llevaba y ver que el grupo con el que iba, donde iba bien instalado Joaquín, se marchaba unos pocos metros.

Pensé que podía volver a integrarme al grupo, porque el parón podía deberse a un gesto instintivo al beber agua, pero me di cuenta que no, que no iba bien, que las piernas me pesaban, que seguía con sed incluso después de beber, tanto que tuve que coger otra botella en el siguiente puesto de avituallamiento que no estaba muy lejos del puesto de botellitas azules. Mi único consuelo era ver que Joaquín no perdía ritmo y seguía en el grupo. Sospecho que el haber adelantado a un rival le dio ánimos para continuar a buen ritmo.

Poco a poco el grupo me iba sacando cada vez un poquito más. Me adelantó un grupo de cuatro, luego otro grupo de tres, lo que indicaba que iba realmente mal. Tuve un momento medio bueno cuando iba por la Avenida Presidente Adolfo Suárez porque el terreno era descendente, pero al acabar esa calle y embocar en la Avenida Francisco Tomás y Valiente me di cuenta que iba mal, muy mal. La piernas me pesaban, la boca estaba de nuevo seca y me quedaba casi un kilómetro contra el viento en ese bulevar que se hace largo, largo aunque vayas bien. Así que cuando vas mal…

Después de esa larga recta con viento en contra llega una parte que se hace dura si vas mal porque es ligeramente cuesta arriba y también daba el viento en contra. Me planteé como objetivo no subir de cinco minutos el kilómetro, pero no pude, no iba. Creo que llevaba las piernas peor que en los últimos kilómetros de algunos maratones. Algo tremendo.

Se acaba esa ligera cuestecilla en el kilómetro veinte y quedando sólo un kilómetro traté de acelerar todo lo que pudiera, pero ya estaba para pocos trotes. Llegué a meta con un tiempo oficial de 1:36:15 haciendo el peor tiempo de mis cinco participaciones, cinco minutos más que el año pasado cuando tuvimos que pelear contra un vendaval y ¡diez minutos más tarde de cuando conseguí aquí mi MMP en media maratón! Una carrera para olvidar. Debí llegar en mal estado porque Joaquín lo primero que me dijo fue que me limpiara la boca. Luego cogí dos plátanos, una manzana y dos botellas de agua y me senté en una de las sillas tratando de recuperarme del esfuerzo, totalmente agotado.

Joaquín en el cajón, luciendo orgulloso la camiseta del Club Atletismo Zofío

Fue una buena jornada para el Club Atletismo Zofío porque Joaquín fue segundo en su categoría y primero también en su categoría pero local. Emilio fue también segundo en su categoría y la fémina del grupo fue tercera. Lástima que no pudieran subir al cajón. Un detalle muy feo de la organización por no premiar el esfuerzo de estos atletas veteranos que entrenan con todas sus fuerzas por subir al pódium. Curiosamente Emilio subió al pódium por ser el atleta más veterano y Joaquín por ser el primero local.

Como otras veces, en el polideportivo pusieron unas mesas con comida y bebida para los corredores y acompañantes, pero esta vez sólo vi panchitos y cortezas. La primera vez que vine a Villarrobledo, en el año 2011, en las mesas podías encontrar además de frutos secos, queso, lomo, jamón, vino y no sé cuantas cosas más. La cosa ha ido empeorando año a año visto lo visto. Pero lo peor, lo de las categorías, un detalle muy feo de la organización.

Luego ducha y comida con los compañeros, disfrutando de una muy agradable velada. Lo mejor del día sin lugar a dudas después del fiasco de los 21 kilómetros.

XIV Media maratón de Villarrobledo

La media maratón de Villarrobledo viene celebrándose estos últimos años un sábado por la tarde, lo cual no es muy habitual en el calendario de carreras, que suelen ser los domingos por la mañana, pero es lo que hay y si no te gusta, pues carreras hay muchas. Reconozco que me despista un poco el día y, sobre todo, la hora, pero tampoco lo veo muy problemático. Es por esto que llegamos a Villarrobledo a eso de las doce de la mañana. Lo primero fue buscar un bar o un restaurante donde poder comer algo porque correr sin haber comido nada desde el desayuno de las nueve de la mañana me parecía excesivo. Fue buscando ese sitio para comer donde me di cuenta que no iba a ser una carrera fácil porque el viento que soplaba hacía difícil incluso avanzar.

Comimos un plato combinado y volvimos al hotel comprobando que el tema del viento no había mejorado y que mejor sería olvidarse de las marcas y correr a lo que saliese. Tenía la esperanza de volver a bajar de hora y media, pero lo descarté incluso antes de comenzar.

Fuimos al hotel y nos tumbamos para reposar la comida, pero nos descuidamos y cuando nos quisimos dar cuenta faltaban sólo cuarenta minutos para que empezase la carrera y mi compañero Joaquín estaba nervioso porque no aparecíamos por la salida y nos tenía que dar los dorsales.

Nos vestimos lo más rápido posible y fuimos en el coche hacia el polideportivo, pero como no sabía exactamente donde estaba, me perdí. Tuvimos que llamar de nuevo a Joaquín para que nos diera precisas instrucciones. De este modo, cuando quisimos llegar sólo faltaba un cuarto de hora para comenzar. Nos colocamos el dorsal en el pecho y el chip en la zapatilla y salimos a calentar los diez minutos que faltaba para el comienzo.

Hacía tanto aire que no pusieron arco de salida ni alfombras para recoger los tiempos. Por supuesto, tampoco arco de meta, estableciéndose ésta en la puerta del polideportivo. Era tremendo como soplaba.

Como no había arco de salida ni raya pintada en el suelo establecieron la salida en donde el suelo cambiaba de color, al lado de una furgoneta blanca. Eso sí, la salida se dio a las cuatro y media exactas.

Joaquín salió como alma que lleva el diablo, pero pronto me puse a su altura. El primer kilómetro es favorable y fue el más rápido de toda la carrera. Ya desde el primer metro empecé a observar que la gente recortaba todo lo posible no sé si para guarecerse del viento o simplemente por rebañar metros a la carrera. Yo traté de correr sin subirme a la acera, aunque hubo un par de ellas que no pude evitar.

En estos primeros kilómetros no notaba el viento, no sé si porque daba de espaldas o porque íbamos protegidos por las casas, pero fue en el kilómetro cinco, después de girar a la izquierda en la calle peatonal donde noté que el viento no se había ido, que estaba ahí al acecho. Además fue por esta zona donde empezamos a adelantar a aquellas corredoras que se habían apuntado a la carrera de la mujer y a algún chico que participaba en la prueba de iniciación. Era una zona por el centro del pueblo con calles estrechas y costaba adelantar. Tuve que hacer algún eslalon para adelantar y en una de esas golpeé a unos de los corredores de la media que iba a mi lado. No me pareció buena idea la de mezclar pruebas.

Pasado el kilómetro siete comienza la Avenida del Este. Es un paseo de 800 metros sin ninguna protección contra el viento ni a un lado ni a otro. Ahí el vendaval era notable, avanzar era una tarea de titanes, por lo que había que protegerse del viento de alguna manera; sin embargo, el grupo que nos precedía estaba algo lejos y dado que era Joaquín la estrella de la carrera pensé en hacer yo de parapeto para que él pudiera ir algo más cómodo, así que le ordené que se pusiera a mi espalda. Después de esa larga recta comienza una subida de ligera pendiente de aproximadamente kilómetro y medio donde también el viento daba de cara. En este tramo no sólo la pendiente, sino el viento iban en contra del corredor. Me acordé de ese dicho ciclista que dice que en ciclismo todo da por el culo excepto el aire que siempre da de cara.

Llegamos al polideportivo donde acaba la carrera y comenzaba la segunda vuelta. Joaquín comentó que no se nos había dado mal esa primera vuelta, pero que ahora empezaba la segunda y veríamos. ¿Y qué fue lo que vimos? Que las fuerzas eran más reducidas y que el viento seguía haciendo de las suyas.

Mal del todo no íbamos porque nos adelantaron un par de ellos y nosotros adelantamos a alguno más. Sobre todo el objetivo eran dos corredores del equipo local que pensábamos podían ser de la categoría de Joaquín. Sobrepasamos a éstos sobre el kilómetro 17 y traté de aumentar el ritmo porque sólo nos quedaba un kilómetro sin viento en contra.

Esta vez el tramo por la Avenida del Este se hizo más dura. De nuevo hice de parapeto, pero esta vez no sólo se aprovechó Joaquín se aprovechó de mi estela, sino que hubo un par de corredores que se pusieron a rebufo, incluso uno de ellos trataba de quitar el puesto a mi compañero que era el más cómodo. Tuvo que tirar de codos para mantenerse a mi espalda. El paso por la calle Camarilla, la Travesía de la loma y su continuación por la calle Blas López, todo cuesta arriba se me hizo tremendamente duro; sin embargo, al coronar la cuesta ya quedaba aproximadamente un kilómetro y tratamos de aumentar el ritmo en lo que pudimos.

Llegamos a meta con un tiempo oficial de 1:31:34 consiguiendo el objetivo previsto: Joaquín fue el primero de su categoría y el primero también de los locales. Todo un éxito. Emilio, otro compañero del Club Atletismo Zofío, también se subió al cajón, haciendo segundo de su categoría. La única chica del club, que llegó con una buena pájara, sólo pudo ser cuarta. Quique fue quinto y el que esto escribe fue el peor de todos, sólo pudo ser octavo.


Llegando a meta con don Joaquín

Esperando a que Joaquín recogiera los dorsales nos llevamos una grata sorpresa ya que llamaron al podium al Club Atletismo Zofío como uno de los equipos con varios representantes. Subimos Emilio y yo a recoger las seis botellas de vino con que la organización nos obsequió.


En el podium representando al Club Atletismo Zofío

XIII Media maratón de Latina

Era mi segunda participación en esta carrera y recordaba que era dura, pero la primera vez me lo tomé con calma y no sabía lo realmente dura que es. Hoy mis piernas son testigo, pero queda compensada con lo atractivo de su recorrido y la excelente organización. No hablo gratuitamente, he aquí el perfil de la carrera obtenido de Strava.


Perfil de la Media de Latina

Habíamos quedado tres pradolongueros en el punto de encuentro a las ocho de la mañana para estar con tiempo y no sufrir agobios ni para aparcar ni para retirar el dorsal. Y así fue, antes de las ocho y cuarto estábamos dejando el coche en el aparcamiento del centro comercial de Aluche, muy cerca de la estación de metro.

Joaquín, que debió levantarse pesimista, no hacía más que protestar, que si hace mucho frío, que si lo voy a hacer fatal, que lo que corría yo cuando era joven, que si aquella vez en Béjar, que si me va a adelantar este o aquel, que si va a haber minutada… Nada, el tío se había levantado con pocas ganas, con poca confianza y muchas dudas.

Recogimos el dorsal en un periquete y yo huí urgente al servicio. Cuando salí aún quedaba mucho tiempo para las nueve y media así que decidimos buscar un bar para tomar un café. Encontramos uno en la Avenida del General Fanjul y allí estuvimos un rato haciendo tiempo y metiendo cafeína para el cuerpo. La idea de ir a tomar café fue más por no oír al speaker que por otra cosa porque lo de este hombre es de traca, se pone a hablar por el micro de forma atronadora y no para ni para coger aire. Algo tremendo.

Cuando faltaban unos veinte minutos nos hicimos una bonita foto los tres pradolongueros que vinimos juntos porque había alguno por allí pero no nos encontramos.


Muy contentos antes del comienzo

Dejamos nuestras pertenencias en el guardarropa y nos pusimos a calentar hasta que faltaron cinco minutos que nos pusimos en el pelotón dispuestos a comenzar una media maratón que tanto a Joaquín como a mí nos resultaba extraña, ya que llevábamos sin correr 21 km desde la de Coslada casi dos años antes.

De los tres que fuimos enseguida Miguel puso pies en polvorosa y Joaquín no le iba a la zaga. Me costó trabajo ponerme a la altura de Joaquín y cuando lo hice vimos que era una temeridad seguir el ritmo de Miguel, por lo que nos acoplamos a uno más llevadero para tratar de llegar a la meta en buenas condiciones.

Mi idea era hacer 1h32 aproximadamente y eso implicaba llevar un ritmo de 4:20 más o menos, por lo que había que ir algo más deprisa de ese ritmo en los tramos más favorables para tratar de compensar los kilómetros cuesta arriba. Y efectivamente, los primeros kilómetros fueron los más rápidos ya que hicimos el primer tercio de carrera en 30:01, por debajo de esos 4:20 fijados. Y eso que en ese primer tercio ya nos obsequiaron con alguna cuestecilla.

Sobre el kilómetro ocho nos adelantó la chica que al final fue tercera y fuimos casi todo el tiempo cerca de ella. En ese punto iba cuarta, pero la tercera estaba ahí mismo. La animamos para que la alcanzara, pero nos dijo su acompañante que no la agobiáramos. La chica subía las cuestas que daba gusto verla, ya que era muy ligera. En cada subida nos sacaba un tanto que luego recuperábamos bajando.

La primera cuesta de verdad está en la calle Carlina cuando ya se llevan recorridos 8,5 km. Es una cuesta no muy larga, pero de una pendiente considerable. Ahí vi que Joaquín no iba fino del todo, que le costaban las subidas. Esa cuesta empalma con la que lleva al metro de Batán y sumando ambas es prácticamente un kilómetro cuesta arriba, que se deja notar en las piernas. Fue allí donde tuve que tirar por primera vez del freno de mano para no dejar atrás a mi compañero.

Una vez dejado atrás el metro de Batán viene un tramo favorable hasta el Lago de la Casa de Campo. Son tres kilómetros favorables donde fuimos de nuevo recortando segundos a ese ritmo de 4:20 fijado. Lo malo es que desde el Lago hasta el final de la carrera es todo hacia arriba aunque con algún tramo corto a favor.

En el Lago, en vez de rodearlo ajustándose al perímetro se coge una cuesta que lleva a las pistas de tenis, es la segunda cuesta interesante de la jornada porque es bastante larga aunque tendida. En las pistas de tenis vimos a Emilio que nos animó fervientemente. ¡Gracias Emilio!

Poco después se baja lo subido para llegar al Paseo de María Teresa y ya en ligera pendiente alcanzar el cruce donde pudimos ver a los que iban más rezagados que nosotros. En ese cruce se llega al Paseo de los Plátanos y la pendiente sigue muy leve pero para arriba. Íbamos sobre el kilómetro 14 ó 15 y el crono ya iba marcando ritmos por encima de 4:30 y notaba las piernas bastante cansadas. Me dio por pensar cómo las llevaría el día de la maratón de Madrid cuando por estos mismos parajes ya llevase en la «mochila» 27 kilómetros. Enseguida traté de pensar en otra cosa porque se me saltaban las lágrimas.

El Paseo de los Plátanos se convierte en la Carretera de Rodajos, la que lleva a la entrada de la Casa de Campo por Prado del Rey. Pasando el desvió del zoo el camino se inclina algo más y fue por ese punto donde nos cruzamos con Miguel que iba a buen ritmo quizás ayudado a que él iba bajando. Lo cierto es que eso nos animó porque pensábamos que nos llevaba más ventaja. Por otro lado, cuando ya hicimos el giro de 180 grados y nosotros bajábamos, vimos a Antonio que subía y no nos extrañó mucho que anduviese cerca aunque nos había dicho en la salida que iba a hacer 1h40… Cosa que nadie creyó porque el tío anda fino, fino.

A la altura del zoo seguíamos detrás de la chica que nos adelantó en el kilómetro ocho. Ahora iba la tercera porque la que iba segunda había pinchado kilómetros antes y había sido adelantada por dos. En el zoo hay una pequeña cuesta en curva que va rodeando el aparcamiento del recinto y allí vimos que de nuevo la chica se nos iba. Joaquín dijo que había que tratar de no perder la estela de ese grupo donde además de la chica iban dos o tres más. Aceleró y me sorprendió que pudiese hacerlo cuesta arriba porque había demostrado debilidad en las otras… Pero fue un espejismo visto lo que sucedió metros más adelante.

Después de esa breve cuesta empieza otra que lleva desde el zoo a la boca de metro Casa de Campo. Esa cuesta ha sido bautizada como Cuesta Aisa en honor de Alberto Aisa Ortiz, que fue organizador de la prueba en sus comienzos. A la organización se le ocurrió la idea de cronometrar los tiempos para entregar un regalo al hombre y mujer más rápidos en subir dicha cuesta. He leído en Twitter que cuando una cuesta tiene nombre propio, malo. Y no le falta razón.


Coronando la Cuesta Aisa. Foto cortesía de Evedeport

Allí mi compañero hizo aguas y la chica se nos fue yendo metro a metro. No me extraña, porque ella subió muy bien, de hecho fue la ganadora en esa prueba cronometrada. Cuando coroné esa cuesta, ya cerca del 18, esperé que llegase Joaquín y nos lanzamos cuesta abajo por la Calle los Yébenes lo más rápido que pudimos, que tampoco fue nada del otro mundo.

Al acabar ese tramo favorable se gira a la derecha y empieza a subir por la calle Valmojado, dejando a mano derecha el Parque de Aluche. Esa subida casi imperceptible se deja notar porque son ya casi veinte kilómetros en las piernas. Vimos que ya era imposible acercarnos a la tercera clasificada porque la distancia era considerable, pero no íbamos mal del todo, algo de fuerzas nos quedaba.

Pasando por debajo de las vías del metro, aproximadamente en el punto kilométrico 20 nos adelantó Antonio, el de la hora cuarenta, y nos animó a que nos pusiéramos a su ritmo, pero eso era harto difícil porque él iba bastante más rápido que nosotros y Joaquín, con buen criterio, dijo que si aumentásemos el ritmo se nos iba a hacer un último kilómetro muy duro.

Poco después de las vías se llega al centro comercial y al pasar éste el terreno ya deja de subir y es prácticamente llano hasta la línea de meta. Tratamos de aumentar un poco el ritmo y juntos y hermanados llegamos a la meta con un tiempo oficial de 1:33:47 bastante contentos con el resultado teniendo en cuenta que llevábamos casi dos años sin correr una media maratón y no sabíamos cómo iban a responder las piernas.

Una vez traspasada la línea de meta nos obsequiaron con una buena bolsa del corredor con la característica camiseta sin mangas, esta vez de color amarillo. La recogida de la bolsa del guardarropa fue rápida y el rato que estuvimos sobre el césped seco del estadio de atletismo fue muy agradable ya que había aumentado la temperatura y lucía el sol. Allí estuvimos comentando la jugada y fue donde vimos a Quique, pradolonguero de pro, que nos contó que había hecho un tiempo de 1h24 y con el menisco roto. Miguel hizo 1h30 y nosotros 1h33. El otro pradolonguero que también participó hizo 1h38. Así que todos contentos.

XXXVIII Media maratón de Coslada

Hoy he participado por sexta vez en esta media maratón, a la que no acudía desde 2008. Desde entonces, han cambiado el circuito y si ya era duro en aquel entonces, ahora lo es bastante más.

Fui con Joaquín a esta carrera con la idea de hacer una tirada larga de cara a Mapoma. Llegamos sobre las 8:20 a Coslada, por lo que pudimos aparcar sin problemas en la misma calle donde se daba la salida. La primera sorpresa fue comprobar que el lugar de salida/meta de ahora había cambiado con respecto a aquellos tiempos en los que la media de Coslada era una de las pocas que se podían hacer para preparar Mapoma. Si no recuerdo mal, Fuencarral, Universitaria y ésta eran las únicas media además de los 20 km Villa de Madrid, ya extintos, que servían para comprobar el estado de forma de cada cual respecto a Mapoma.

Ahora la meta y toda las logística está instalada en el polideportivo Valleaguado. Allí recogimos el dorsal con chip incorporado y la camiseta conmemorativa y como había mucho tiempo por delante estuvimos dando un paseo por la pista de tartán, donde iba a finalizar la carrera. Luego cruzamos la calle para entrar en un restaurante que estaba abierto y hartándose de servir cafés. Nos tomamos uno, aliviamos nuestros vientres y se me ocurrió mirar el perfil del recorrido porque estaba oyendo a los corredores que la carrera era bastante dura. Y lo que vi nos asustó un poco…

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Perfil de la media de Coslada 2016 obtenido de la web de la organización

Un poco con el miedo en el cuerpo volvimos al polideportivo a hacer un poco de tiempo antes de quitarnos la ropa y dejarla en el guardarropa. Mientras estábamos por allí preguntándonos si iba a llover o si iba a hacer frío o si fue antes el huevo o la gallina nos encontramos con Ambrosio, un clásico veterano de las carreras madrileñas que también se había acercado hasta allí. Estuvimos un rato charlando y un corredor muy amable se prestó a hacernos una bonita foto.

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Junto a dos campeones de los clásicos de Madrid

A falta de media hora dejamos nuestras pertenencias en el guardarropa y nos pusimos a calentar y estirar un poco mientras el reloj se iba acercando a las diez de la mañana, hora en la que comenzaba la carrera.

Dieron la salida con bastante puntualidad y aunque los primeros seiscientos metros son cuesta abajo luego empieza el festival de cuestas arriba. Hasta el kilómetros dos y medio es todo para arriba con algún falso llano y con alguna cuesta que asusta. Luego viene una bajada muy pronunciada y posteriormente todo es bajada o subida con poquísimo llano. Y lo peor es que hacía un aire de espanto.

Como hay que dar dos vueltas al mismo circuito, habíamos pensado hacer una primera vuelta de reconocimiento, algo más tranquilos y luego apretar, si se podía, en la segunda vuelta. El objetivo era hacer un tiempo por debajo de 1h35 lo que implicaba marchar a un ritmo por debajo de 4:30 min/km. Lo cual era harto complicado hacerlo en las cuestas arriba, así que la jugada era apretar lo que se pudiese cuando el terreno fuese favorable.

Y eso es lo que hacíamos, sufrir lo que podíamos cuesta arriba y acelerar todo lo posible cuesta abajo. Hacia arriba se nos iba el tiempo por encima de ese ritmo de crucero de 4:30 o muy cerca y en las bajadas conseguíamos bajar 10, 12 ó 15 segundos ese ritmo. La cosa iba más o menos controlada.

Casi al final de la primera vuelta se nos «pegó» un tipo de camiseta roja y me iba molestando lo suyo, porque el tío se ponía a nuestra chepa en los tramos de aire y encima iba acortando todas las esquinas que podía. La verdad es que su presencia me violentaba, pero el tipo iba más feliz que un ocho.

Fuimos bastante tiempo, en esa primera vuelta, detrás de una chica de la Agrupación Deportiva Marathon que conocía de otras carreras. Iba a un ritmo muy semejante al nuestro porque no la quitábamos ni un metro. Casi a punto de terminar la primera vuelta ella adelantó a la que iba tercera clasificada y un poco después, lo hicimos nosotros.

A la altura del polideportivo donde está la meta comienza la segunda vuelta y la subida de casi dos kilómetros. De repente, la chica de la A. D. Marathon casi se paró y ahí pudimos adelantarla. La animamos para que continuara y nosotros seguimos a nuestro ritmo, marcados muy de cerca por el individuo de camiseta roja.

Acabamos la gran cuesta, bajamos una bajada muy pronunciada y llegando al kilómetro trece empecé a notar una molestia en la zona de la derecha un poco por encima de la cintura. Era el temido flato, que empezaba a notarlo con desagrado. Pensé en aflojar el ritmo, pero no lo hice ya que no era demasiado doloroso, se podía aguantar.

Poco después llegamos a una de las zonas más ventosas. Aceleré un poco el ritmo para acoplarnos a un grupo delantero de cinco corredores. Me puse a la espalda del grupo, pero Joaquín no pensó lo mismo que yo y los adelantó sin despeinarse, así que duró poco mi alegría del resguardo y aceleré otro poco para no perderle. Miraba de reojillo y veía al tipo de la camiseta roja a nuestro lado, un poco atrás. Imposible dejarle.

Sobre el kilómetro 17 comenzaba una bajada interesante y me veía fuerte. Empecé a apretar para tratar de dejar a nuestro acompañante, pero no había manera; sin embargo esto hizo que esos dos kilómetros fueran los más rápidos, ya que los hicimos en 4:07 y 4:09. Cuando vi los tiempos me dio un subidón.

Esos kilómetros transcurrían por una zona fea al lado de un enorme aparcamiento, luego se pasaba por lo alto de un puente y posteriormente se daba un garbeo por el polígono industrial. En la primera vuelta había unos tipos con unos altavoces que escupían música de AC/DC a todo volumen. En esa primera vuelta aceleré sin querer al escuchar esta música celestial y confiaba que en esta segunda vuelta me volviera a suceder. Nada más lejos de la realidad, ahora se escuchaba una música de lo más comercial que no animaba lo más mínimo. Menos mal que no me hizo falta esta inyección de adrenalina porque me veía muy bien. Pensaba en Villaverde y lo mal que lo había pasado en los últimos kilómetros y ahora volaba. Iba genial… Pero el tipo de la camiseta roja no se descolgaba de ninguna manera.

Donde lo pasé peor fue sobre el kilómetro 18, por el polígono industrial. El terreno era ascendente y el aire soplaba de lo lindo en contra. Ahí tuve un momento de bajón, menos mal que el tramo no era muy largo y luego venía un terreno más favorable. En ese terreno dimos caza a la segunda clasificada, que marchaba como un tiro, aunque quizás algo cansada.

Poco antes del kilómetro viente se llegaba a una glorieta que está muy cerca de meta, vamos, que tirando recto parece que se llegaría a meta en un abrir y cerrar de ojos; sin embargo, hay que tirar hacia la izquierda para buscar completar la distancia. Afortunadamente, ya quedaba poco más de un kilómetro y lo único que había que hacer era darlo todo. Apretamos los dientes y al poco llegamos al polideportivo donde había que hacer unos trescientos metros por la pista.

Poco antes de entrar al polideportivo oímos a un tipo que decía a la segunda clasificada, que iba justo detrás de nosotros, algo así como: Vamos Claudia, vas a hacer 1h32 y sin entrenar. Toma ya, nosotros sufriendo como animales y la chica esta sin entrenar iba a llegar con nosotros sin despeinarse.

Una vez en el polideportivo apretamos todo lo que pudimos y aconsejé a Joaquín que se pegara al borde de la pista. Yo me puse en paralelo para que no nos adelantaran por dentro y si alguien nos quería sobrepasar, que lo hiciera por la calle dos. Faltando cien metros vi que el de la camiseta roja esprintaba para adelantarnos. Apremié a Joaquín para que lo diese todo y afortunadamente conseguimos llegar entrar antes que él. Vi que el cronómetro de meta marcaba 1h33 y algunos segundos. Luego en las clasificaciones vimos que el tiempo oficial fue de 1:33:12 aunque tiempo neto de 1:32:58 debido a que nos pusimos quizás algo atrás en la salida.

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Llegando a meta. Foto cortesía de la organización

Además de la camiseta conmemorativa que nos dieron antes de salir, nos obsequiaron con una mochila de cuerdas con dos botellas de agua, botella de bebida isotónica, un bote de bebida para deportistas, un zumo de naranja natural fresquito, un zumo de tetrabrik, una barra de cereales y una mandarina que, por cierto, estaba deliciosas. Todo por 12,6 € que incluía la inscripción y lo gastos de inscripción por hacerlo por internet.

Acabamos muy contentos porque cumplimos el objetivo y debido a la dureza de la carrera utilizar una técnica conservadora, saliendo algo más tranquilos, hizo que fuéramos adelantando gente durante toda la carrera. Lo cual nos supuso una motivación extra. Una muestra de esa carrera en progresión, de menos a más, se ven en los tiempos realizados en los distintos parciales. Hicimos el primer tercio de carrera (7 km) en 30:57, el segundo en 30:43 y el tercero en 29:34.