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Lo han vuelto a llenar

Hoy pasamos por Pradolongo y vimos que el estanque ya estaba lleno de agua o casi lleno, así que se acabaron las tonterías. Y bien que se acabaron porque Miguel había programado su reloj para hacer series. Todos nos preguntamos, ¿series en esta época con el calor que hace?

Pues sí, el tío había programado su reloj para hacer 1 minuto fuerte + 1 minuto de descanso + 2 minutos fuerte + 1 minuto de descanso + 3 minutos fuerte + 1 minuto de descanso y luego otros tres minutos fuerte pero descansando minuto y medio y ya bajando. Yo me quedé en los segundos tres minutos porque tenía que volver pronto a casa, así que me libré de parte del entrenamiento, aunque tengo la sensación de que lo más duro lo hice.

Es curioso lo lento que pueden llegar a pasar tres minutos cuando estás deseando que se acaben. Y lo rápido que pasa el minuto de descanso cuando quieres que no se acabe. Sorprendente lo de la subjetividad.

Entre que puse el cronómetro en marcha tarde y que me tuve que ir antes de la cuenta, el GPS sólo marcó 7,4 km aunque haría unos ocho. Mirando los tiempos por kilómetro, no parece que fuésemos excesivamente deprisa porque se ven tres kilómetros en 4:47, 4:48 y 4:41, pero puedo dar fe de que en algunos momentos que miré el cronómetro íbamos por debajo de 4:15.

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Buenas condiciones para correr

Desde que empezó el mes de junio, poco más o menos, estamos saliendo a entrenar con temperaturas por encima de los treinta grados y bajo un sol de justicia; sin embargo hoy hacía un día fenomenal para correr ya que el cielo estaba nublado y la temperatura rondaba los veinte grados.

Había quedado con mi tocayo a las nueve de la mañana y cuando bajé ya estaba esperando con camiseta de tirantes y en chanclas. Me sorprendió que llevase este curioso calzado para correr, aunque no sería el primero seguramente. Cuando llegué donde estaba me dijo que las chanclas no eran para correr, sino que tenía un fuerte dolor de espalda y no podía ni ponerse los calcentines, así que me tocaría correr solo. Sólo queda esperar a que se recupere pronto.

Nos despedimos, puse en marcha mi cronómetro y partí rumbo al Parque Lineal atravesando Pradolongo. Aunque llevaba el GPS en la muñeca no se me ocurrió mirarlo en ningún momento, ya que iba sólo por sensaciones. Y me encontré francamente bien porque notaba que iba a un ritmo majo y no me costaba apenas esfuerzo.

Me vi tan bien que no me sorprendió demasiado cuando al acabar el entrenamiento y mirar el cronómetro observé que hice 12 km en un tiempo de 1:00:46 a un ritmo de 5:03 min/km. No es que sea el mejor entrenamiento de mi vida, pero acabé bastante contento y es que cuando la temperatura baja, mis ganas de correr aumentan.

Lo que menos me gustó fue el peso. Había conseguido mantenerme en mis “números” durante las vacaciones, pero hoy me llevé una desagradable sorpresa porque había aumentado de peso. Me dijo la báscula que tengo que adelgazar, que 70,2 kg son muchísimos.

Ya puestos a hacer el canelo

El martes atravesamos el estanque de Pradolongo aprovechando que estaba vacío y como hoy seguía sin agua, hemos vuelto a meternos y esta vez no nos hemos conformado sólo con pasarlo corriendo, sino que nos hemos puesto a hacer el canelo, colocándonos unos detrás de otros como si fuésemos en una barca de remos. Lo explico porque alguien puede ver la foto y pensar otras cosas más turbias.


Haciendo el canelo en el estanque de Pradolongo con la Iglesia Rota al fondo

Después de una primera vuelta tranquila, aprovechando para hacer el bobo en el estanque, hemos apretado un poco en la segunda, pero tampoco como para tirar cohetes, pero apretando de lo lindo en algunos tramos, como en la cuesta del ANDE o en los últimos 700 metros para quitar un poco la carbonilla de las piernas acostumbradas a trotar más que a correr.

Totalicé 9,7 km en un tiempo de 51:58 @ 5:20 min/km.

Como Dios

Dice la biblia que Jesús anduvo sobre las aguas del mar de Galilea. Hoy los componentes pradolongueros que nos hemos dado cita en el punto de encuentro hemos podido no andar, sino correr sobre el estanque del Parque de Pradolongo, como puede dar fe el track del GPS.


Ruta atravesando el estanque de Pradolongo

Pero lo nuestro tiene truco porque el estanque había sido vaciado para limpiarlo. Aunque dicen que lo de Jesús también tuvo truco porque algunos científicos dicen que posiblemente anduvo por un trozo congelado del mar de Galilea. Un extraño fenómeno que se hiele ese mar, pero que pudo suceder.

Esta parte del parque debía ser la única que nos quedaba por patear, así que la ocasión era única y, por lo tanto, la aprovechamos y tuvimos suerte de que fuimos inmortalizados en nuestra “hazaña”.


Corriendo por el estanque de Pradolongo con el hospital Doce de octubre a nuestras espaldas

Con la tontería de atravesar el estanque, se nos fue un poco el tiempo, pero lo dimos por bueno porque hacía bastante calor y tampoco era cuestión de darse un buen sofocón. Completé 10 km en un tiempo de 54:55 @ 5:29 min/km.

Pude comprobar que la diferencia más notable en correr en Menorca y correr aquí es la sequedad brutal que hay por estos lares. Das cuatro pasos y ya tienes la boca más seca que la mojama. Menos mal que funcionan las fuentes de Pradolongo y paramos siempre en la segunda vuelta a refrescarnos. Si no fuese así, lo mismo alguno se quedaba por el camino.

Ni en vacaciones se descansa

He estado de vacaciones la primera quincena de julio, pero no por eso he parado. Es cierto que quizás he bajado el ritmo de entrenamiento, pero he seguido erre que erre. Voy a resumir en esta entrada los entrenamientos realizados durante estos días.

* El día 2 de julio salía el avión a Menorca, lugar donde habíamos pensado pasar unos días, pero como el avión salía tarde, no me impidió hacer 12 kilómetros por el parque Lineal. Hice los 12 km en un tiempo de 1:03:41 a un ritmo de 5:18 min/km. Un buen entrenamiento largo… Largo para lo que ando haciendo últimamente, que tampoco fue nada del otro mundo.

* El día 4 de julio ya en Menorca hicimos un entrenamiento por lo que llaman un Camí de Cavalls (camino de caballos) de los que hay muchos en Menorca. Descubrimos por casualidad este camino porque desde el hotel se observaba a gente corriendo, andando o en bici por ese camino y decidimos explorarlo. Prácticamente por la puerta del hotel pasa el Camí de Cavalls número 15, así que hicimos el primer entrenamiento por ese camino. Bueno, el primer entrenamiento y todos los demás que hicimos en la isla, porque el sitio merecía la pena. Ese primer día hicimos 9 km en un tiempo de 53:47 a un ritmo de 5:58 min/km. Puede parecer una birria de ritmo y lo es, pero el camino tiene su parte complicada cuando se aproxima a Santo Tomás con unas subidas y bajadas que hay que tomarse con mucha calma. Además ese primer día íbamos alucinando de la preciosidad del paisaje por la que transcurre ese camí de cavalls, con algunos tramos que pasas al lado del mar con bonitas vistas.


Perfecta señalización del Camí de Cavalls número 15

* El día 6 de julio hicimos nuestra segunda salida por tierras menorquinas. De nuevo utilizamos el Camí de Cavalls número 15 para nuestras correrías. El único problema de ese camino y de algunos otros, es que hay puertas que sirven para delimitar las distintas fincas y hay que pararse a abrir la puerta y luego dejar que se cierre con cuidado para que no de un portazo y acaben estropeándose, que alguna vimos que tuvieron que reparar. Este segundo día fue muy parecido al anterior ya que hicimos los 9 km en un tiempo de 53:09 a un ritmo de 5:54 min/km.


Una de las múltiples puertas del Camí de Cavalls 15

* El 8 de julio repetimos entrenamiento, aunque esta vez apretamos un poco los dientes. Iba con una amiga y me resultaba complicado seguir su ritmo. Creo que a nivel del mar no voy todo lo bien que me gustaría, acostumbrado a entrenar prácticamente todo el año en Madrid. Volvimos a correr 9 km pero esta vez en un tiempo de 51:46 a un ritmo de 5:44 min/km, que sigue siendo un ritmo tranquilo, pero repito que el camino no es precisamente llano. El hecho de que hiciéramos 9 km se debía única y exclusivamente a que a los 4,5 km, en el paseo marítimo de Santo Tomás, hay una ducha donde nos quitábamos un poco el sudor y era ese punto donde dábamos la vuelta. No llegamos al inicio del camino quince aunque estaba muy cerca de esa ducha. Tampoco era cuestión de hacer muchos kilómetros, sólo se trataba de mantener un poco la forma.


Una ducha perfectamente colocada

* El 10 de julio hicimos el cuarto entrenamiento por el mismo sitio. Este tramo del Camí de Cavalls transcurre casi todo el rato por un camino de tierra colorá, con alguna piedra y como una cuarta parte por el paseo marítimo de Santo Tomás. Paseo, todo sea dicho, que es una preciosidad. Entre entrenar por aquí y recorrer unos cuantos caminos más andando, porque esta isla es para andarla, llevábamos las zapatillas que daba pena verlas. Su lamentable estado no impidió que una vez más hiciéramos otros 9 km esta vez en un tiempo de 57:01 a un ritmo de 6:19 min/km. Un ritmo realmente lamentable, pero hay que tener en cuenta que paré en un montón de sitios para hacer fotos de este alucinante lugar de entrenamiento.


Zapatillas en perfecto estado de revista

* El último entrenamiento en esta preciosa isla balear fue el 12 de julio. Una vez más repetimos camino, pero esta vez con lágrimas en los ojos pensando que se acababan las vacaciones al día siguiente y eso se hace muy duro. No sé si sería por eso o porque el día anterior nos habíamos metido 19 km andando (desde Es Grau hasta el faro de Favaritx y vuelta), pero desde el comienzo me di cuenta que no iba, que me costaba seguir a mi amiga, aunque pensé que quizás mejoraría con el paso de los kilómetros, no fue así. Tenía las piernas muy cansadas y demasiado que no me sacaba más ventaja. A la vuelta iba peor que a la ida. Cuando llevaba siete kilómetros dije a la compañera de entrenamientos: voy como en el 38 de la maratón y quizás exageré un poco, pero estaba realmente muy cansado. Ella iba como siempre, más o menos, y es por ello que hicimos los 9 km en un tiempo de 53:10 a un ritmo de 5:54 min/km, más o menos al ritmo que habíamos hecho en estos entrenamientos en días anteriores.


Vista del mar desde el camino

* Al día siguiente cogimos el avión para Madrid y el último entrenamiento vacacional fue ya en los lugares habituales. Salimos en bici sobre las once y al ser tan tarde nos cruzamos con bastante gente. Como siempre, nos dio el aire de cara. Fuimos a San Martín de la Vega y me sorprendió cuando llegamos al San Marcos que no hubiese casi ciclistas. Casi todos los clientes eran vecinos de la localidad. Entre la ida y la vuelta hicimos 60 km en un tiempo de 2h41 a una velocidad prácticamente de paseo de 22,4 km/hora.

Y con este entrenamiento se acabaron las vacaciones, al día siguiente tocaba volver al trabajo. Por cierto, la isla de Menorca es una maravilla, absolutamente recomendable. Si te gusta andar puedes encontrar calas preciosas con poquísima gente. Y como muestra un botón.


Cala Binidalí, una de las muchas maravillosas calas menorquinas

Si no se puede a pie, se va en bici

Pensaba que la lesión que me impidió terminar la maratón no era para tanto, pero llevo un mes que prácticamente no he corrido y aunque me encuentro mejor, todavía tengo bastantes molestias por la pierna izquierda.

Y ya que no puedo o debo correr, he pensado que a lo mejor en bicicleta podía practicar deporte sin problemas, aunque no tenía claro si iba a poder aguantar con la bicicleta, pero he comenzado a dar pedales y no notaba nada, ni siquiera cuando me exigía en una cuesta arriba.

Viendo que la cosa iba bien, he puesto rumbo a San Martín de la Vega, atravesando el Parque de Pradolongo y el Parque Lineal y luego saliendo por un camino para empalmar con el carril bici que va a San Martín de la Vega.

Pensaba que iría peor, pero el viento debía ser favorable porque iba a buen ritmo sin demasiado esfuerzo. Llegué a San Martín y paré donde siempre, en la terraza del San Marcos. Me asombró la cantidad de ciclistas con los que me crucé y pensé que quizás la terraza estaría a rebosar, pero había bastantes mesas libres. Mientras me tomaba un café con leche y una barrita con tomate aproveché para hacer una foto al vehículo que me había traído hasta allí.


Bici aparcada en la terraza del San Marcos

Pensé que la vuelta iba a ser peor que la ida por aquello de que el viento siempre da de cara, pero tampoco iba a mal ritmo, aunque iba notando el cansancio en los kilómetros finales. Lo cual no era nada raro ya que llevaba desde el 1 de octubre de 2017 sin montar en bici, es decir, 217 días. Y ese montón de días se notaba sobre todo en el culo, que me dolía sobremanera.

Entre la ida y la vuelta a San Martín he completado 60 km en un tiempo de 2h26. Bastante mejor de lo que yo pensaba.

Llevaba un tiempo sin pesarme y me temía lo peor; sin embargo la bascula marcaba 70,5 kg que teniendo en cuenta lo poco que he corrido este mes y que comí más de la cuenta en las dos semanas anteriores a la maratón por tener un poco de ansiedad, no está mal.

Otra sesión de fisioterapia

Había quedado con Josefa para que me diese otra sesión esta última semana. Hoy era el día y antes de ir a visitarla pensé en trotar un poco para ver exactamente donde me dolía. Hice una vuelta al trote a Parque Sur, unos tres kilómetros, y me sorprendió que las molestias en el glúteo eran inexistentes, pero que ahora lo peor eran los dolores por detrás de la rodilla.

Me dijo Josefa que se trataba de problemas en los isquiotibiales, por lo que se enfocó en ellos en la sesión de fisioterapia. Veremos si entre hoy y la semana pasada puedo participar en la maratón.

Curiosamente, hoy soy más optimista que ayer, pero no basta sólo con ser optimista.