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Si no se puede a pie, se va en bici

Pensaba que la lesión que me impidió terminar la maratón no era para tanto, pero llevo un mes que prácticamente no he corrido y aunque me encuentro mejor, todavía tengo bastantes molestias por la pierna izquierda.

Y ya que no puedo o debo correr, he pensado que a lo mejor en bicicleta podía practicar deporte sin problemas, aunque no tenía claro si iba a poder aguantar con la bicicleta, pero he comenzado a dar pedales y no notaba nada, ni siquiera cuando me exigía en una cuesta arriba.

Viendo que la cosa iba bien, he puesto rumbo a San Martín de la Vega, atravesando el Parque de Pradolongo y el Parque Lineal y luego saliendo por un camino para empalmar con el carril bici que va a San Martín de la Vega.

Pensaba que iría peor, pero el viento debía ser favorable porque iba a buen ritmo sin demasiado esfuerzo. Llegué a San Martín y paré donde siempre, en la terraza del San Marcos. Me asombró la cantidad de ciclistas con los que me crucé y pensé que quizás la terraza estaría a rebosar, pero había bastantes mesas libres. Mientras me tomaba un café con leche y una barrita con tomate aproveché para hacer una foto al vehículo que me había traído hasta allí.


Bici aparcada en la terraza del San Marcos

Pensé que la vuelta iba a ser peor que la ida por aquello de que el viento siempre da de cara, pero tampoco iba a mal ritmo, aunque iba notando el cansancio en los kilómetros finales. Lo cual no era nada raro ya que llevaba desde el 1 de octubre de 2017 sin montar en bici, es decir, 217 días. Y ese montón de días se notaba sobre todo en el culo, que me dolía sobremanera.

Entre la ida y la vuelta a San Martín he completado 60 km en un tiempo de 2h26. Bastante mejor de lo que yo pensaba.

Llevaba un tiempo sin pesarme y me temía lo peor; sin embargo la bascula marcaba 70,5 kg que teniendo en cuenta lo poco que he corrido este mes y que comí más de la cuenta en las dos semanas anteriores a la maratón por tener un poco de ansiedad, no está mal.

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Otra sesión de fisioterapia

Había quedado con Josefa para que me diese otra sesión esta última semana. Hoy era el día y antes de ir a visitarla pensé en trotar un poco para ver exactamente donde me dolía. Hice una vuelta al trote a Parque Sur, unos tres kilómetros, y me sorprendió que las molestias en el glúteo eran inexistentes, pero que ahora lo peor eran los dolores por detrás de la rodilla.

Me dijo Josefa que se trataba de problemas en los isquiotibiales, por lo que se enfocó en ellos en la sesión de fisioterapia. Veremos si entre hoy y la semana pasada puedo participar en la maratón.

Curiosamente, hoy soy más optimista que ayer, pero no basta sólo con ser optimista.

Más fuera que dentro

El jueves 12 de abril fui a la fisio porque me seguía doliendo el glúteo y detrás de la rodilla. Se enfocó en el tema del glúteo y me dijo que no parecía una hernia discal, ni que tampoco fuese ciática. Eso es un alivio, pero las molestias siguen ahí.

Salí a probar hoy, nueve días después del último entrenamiento, para ver si las molestias me pudieran permitir participar en la maratón y la experiencia fue poco satisfactoria. Ahora mismo creo que tengo muy pocas posibilidades de poder acabar la carrera y quedan cinco días para la prueba.

Di una vuelta a Pradolongo, tratando de ir a mi ritmo, por lo que pronto me quedé solo. Lo preferí, mejor ir a mi ritmo que no obligado. Según iba corriendo veía que aquello no mejoraba, así que lo dejé poco antes de acabar la vuelta. Mal asunto.

Entrenando con unos cuantos miles

Después de los 30 km del domingo pasado no queda ya más que ir disminuyendo el kilometraje para llegar con las piernas lo más descansadas posibles. La idea era realizar este domingo sólo 25 km.

Como se celebraba la media maratón de Madrid se me ocurrió la idea de hacer la media y luego volver corriendo a casa hasta completar esos 25 km. Así se lo hice saber a los compañeros de entrenamiento y un par de ellos se animaron a venir. Ya de paso probaríamos a llevar el ritmo de maratón para ver las sensaciones.

Quedamos a las ocho en el punto de encuentro, cogimos el autobús y éste nos llevó hasta Atocha. Desde allí subimos andando hasta la Puerta de Alcalá donde habíamos planeado incorporarnos a la carrera, tratando de molestar lo menos posible.

Mi tocayo tenía previsto ensayar el ritmo de 4:40 y mi compañera y yo, menos ambiciosos, llevar un ritmo entre 4:45 y 4:50. No lo tenía yo muy claro porque el dolor que me hizo aflojar el jueves ahí seguía y aunque había hecho estiramientos y había tomado un Diclofenaco, no me veía bien.

Empezó la carrera de las sillas de rueda a las 9:00 y cinco minutos más tarde el resto. Estuvimos esperando a que pasara el globo de 1h30 y poco después nos incorporamos. Enseguida mi tocayo puso pies en polvorosa, mientras nosotros íbamos más tranquilos, yo un tanto perplejo porque miraba el GPS y salían unos ritmos muy lentos, cuando tenía la certeza de que no íbamos tan despacio.

Al poco nos pasó el globo de 1h40 que era el ritmo que habíamos pensado llevar, pero nos pareció que iba algo deprisa. Y vaya si lo iba porque nosotros aumentamos el ritmo por la inercia del globo e hicimos un montón de kilómetros a 4:40 e incluso más deprisa. No tenía ningún sentido que el globo fuera tan deprisa teniendo en cuenta además que la primera mitad de la carrera es cuesta arriba.

Como me dolía el glúteo izquierdo, no podía dar zancadas muy largas, por lo que me concentré en ir dando pasos cortos, pero al ser en subida, me tiraba más. Así, a zancaditas, llegamos a Plaza de Castilla y un poco más arriba, donde la carrera deja de alejarse de la salida y vuelve hacia la meta. En ese punto comenzaba la cuesta abajo y ahí vi que iba aún peor porque sin querer alargaba la zancada y el dolor empezaba a bajar por la parte de atrás del muslo hasta la rodilla.

Cuando el GPS marcaba el kilómetro 13 empezó a molestarme ya seriamente desde detrás de la rodilla hasta el glúteo, muslo incluido y estuve durante tres kilómetros sin saber muy bien qué hacer. Bajé un poco el ritmo, pero aquello no mejoraba, así que en el 16 pensé aquello de perdido al río y aumenté la longitud de la zancada y, por tanto, el ritmo. Tampoco mejoró aquello, pero pensé que al menos llegaría antes.

Fui a buen ritmo hasta llegar más o menos a la mitad de la Avenida de Menéndez Pelayo, que aumenta la pendiente descendiente y con ello el dolor que llevaba. Al llegar a la Plaza de Mariano de Cavia hice lo que debí haber hecho muchos kilómetros antes: parar. Me puse andar por el Paseo de la Reina Cristina y no podía mover bien la pierna izquierda, fui cojo hasta Atocha donde me estaban esperando mis compañeros.

Les comenté lo sucedido y les dije que no podía volver corriendo al barrio, así que se solidarizaron conmigo y los tres nos volvimos en autobús. Fui muy tonto, muy tonto, por haberme metido algo más de 19 km y encima bastante deprisa, ya que salió un ritmo de 4:40. Eso sí, el globo de 1h40 siempre por delante, no sé cuantos minutos bajarían de lo marcado, pero bastantes. ¡Menudos guías!

Lo malo de todo esto es que quedan sólo dos semanas para la maratón, estoy lesionado y no tengo claro que el día 22 esté recuperado del todo 😦

Ensayando el segundo seis mil

Había planeado con Miguel hacer el test de los dos seismiles a falta de diez días para la maratón. Viendo mi estado de forma he pensado que podría bajar de las tres horas y media, por lo que mirando las tablas de este test, he visto que para tratar de bajar de ese tiempo habría que hacer un primer seismil en 28:30, es decir, a un ritmo de 4:45 y un segundo seismil en 25:18 @ 4:13.

Pues bien, después de dar una primera vuelta he pensado en hacer unos cuatro kilómetros a ese ritmo de 4:13 para ver las sensaciones que podría tener llegado el momento de realizar el test. Es por eso que cuando mi reloj ha pitado indicando el kilómetro cinco me he puesto a tope… Y sólo he aguantado dos kilómetros y medio.

El Viernes Santo haciendo abdominales hice el canelo con una rueda y acabé con dolor en la parte lumbar. Pensé que ese dolor me iba a impedir hacer los 30 km programados para el siguiente domingo, pero los hice sin problemas, aunque el dolor seguía ahí, afortunadamente con menor intensidad; sin embargo, cuando he salido hoy me molestaba algo más y cuando he acelerado el dolor se ha incrementado sustancialmente, por lo que he decidido bajar el ritmo cuando llevaba 2,5 km fuertes antes de que la cosa fuese a mayores. Por lo tanto, el ensayo no ha servido para nada, aunque quizás me ha dado un aviso de que no conviene hacer el burro ya tan cerca de la maratón.

Aún así he completado las dos vueltas a Pradolongo totalizando 9,5 km en un tiempo de 49:07 @ 5:09 min/km. He acabado un tanto mosqueado con el dolor en el lumbago, que se me ha extendido por el glúteo izquierdo y parte de la pierna.

Ni puñetera gana

Hoy me ha pasado algo que no me suele ocurrir. Salí desganado, cansado por haber dormido mal y quizás también cansado de los treinta del domingo y los diez de ayer.

Lo habitual, aunque suene paradójico, es comenzar cansado y acabar mejor, pero hoy no. Hoy empecé cansado y veía que la cosa no mejoraba, todo lo contrario. Así que cuando acabé la primera vuelta pensé que lo mejor era dejarlo porque no tenía ni puñetera gana de seguir corriendo.

Por lo tanto, hice solamente 5 km en un tiempo de 27:56 @ 5:34. Muy lento y muy mal, con pésimas sensaciones.

No sé si me he pasado

Hoy he salido a entrenar con la idea de hacer cinco o seis kilómetros para mover un poco las piernas y tener una excusa para estirar, pero nos hemos animado y charlando entre los unos y los otros se han pasado los kilómetros sin darme cuenta. De este modo, he acabado haciendo las dos vueltas de rigor, por lo que he totalizado 9,6 km.

Como suele ocurrir en estos casos, empecé con las piernas cansadas y acabé mejor de cómo empecé, pero no sé si me he pasado haciendo tantos kilómetros, debería haber dado una vuelta sólo… Veremos mañana.

Lo dicho, fueron en total 9,6 km en un tiempo de 52:40 @ 5:26 min/km