V Carrera Popular de La Mata

Por primera vez he participado en esta carrera popular celebrada en la toledana localidad de La Mata. Viví en este pueblo hace ya mucho tiempo durante un periodo de seis años y desde entonces sólo había vuelto cuatro o cinco veces y aunque sabía de la existencia de esta carrera nunca se me había pasado por la cabeza participar… Hasta este año, que por algún extraño motivo algo me impulsó a participar. Así que convencí a una amiga y ambos nos apuntamos prácticamente el último día.

Poco antes de las diez y media estábamos en el pueblo y recogimos el dorsal rápidamente porque no había nadie en esos momentos. Nos comentaron que habría unos ochenta inscritos, pero la verdad es que mucha gente no se veía. Dejamos la ropa y nos pusimos a calentar un rato. Mientras nosotros trotábamos de un lado para otro, veíamos a David de la Cruz que calentaba a sprint como si en ello le fuese la vida. Llegué a pensar que se iba a cansar antes de empezar, pero nada más lejos de la realidad porque ganó la carrera con holgura y con un magnífico tiempo.

El Club Atletismo Zofío presentes en la carrera de La Mata

Dieron la salida y como aún sigo con molestias en el tendón salí muy despacio junto a mi amiga, pero pronto me di cuenta que el ir a su lado suponía un lastre para ella y aceleré el paso antes de terminar el primer kilómetro.

Como había salido muy atrás, fui durante toda la carrera adelantado a gente, lo cual me motivaba bastante, pero por mucha motivación, ir por debajo de 4:30 me costaba horrores. Iba pensando que no hace mucho había hecho medias maratones por debajo de 4:15 tan tranquilo y hoy yendo más despacio iba con el corazón desbocado. Todo gracias a mi mal estado de forma. Ya me dijo una vez un corredor que para que un corredor veterano mejorase lo único que importaba era no lesionarse, pero yo estoy casi más tiempo lesionado que sano.

Pasé por la línea de meta, al finalizar la primera vuelta, y vi que el reloj marcaba poco más de tres kilómetros, por lo que me di cuenta que no íbamos a correr los siete previstos, lo cual me alegró porque antes acabaría el sufrimiento. Bueno, que no se me malinterprete, sufrimiento gustoso, que cada uno se toma la carrera como quiere, no es obligatorio ir a muerte.

En esa segunda vuelta idéntica a la primera pude adelantar también a alguno, aunque un joven al que adelanté hizo lo propio en la línea de meta, relegándome a la 36ª posición a la que llegué con un tiempo oficial de 27:52 que coincide con el registrado por mi cronómetro. Lo mejor es que la lesión aunque sigue ahí, no me molestó más por ir más deprisa. A ver si de una vez consigo desembarazarme de estas molestias, aunque si sigo corriendo no lo voy a lograr, me parece.

Mi amiga tuvo mejor suerte ya que quedó primera de su categoría y quinta de la general por lo que consiguió una bonita copa y una caja de cortadillos de los que doy fe que están buenísimos. Muchas gracias a los patrocinadores por el detalle de los dulces.

Mi compañera de club posando con su trofeo y su regalo

Como curiosidad decir que a principios de los ochenta, cuando viví en este pueblo, había fácil una veintena de fábricas de dulces, de las que ya no quedan más que dos o tres, así que más agradecido aún a esos pocos fabricantes que aún quedan y tienen ese bonito detalle.

XIV Carrera Popular Villa de Torrijos

Hoy se celebró la XIV edición de la Carrera Popular Villa de Torrijos y fue mi decimosegunda participación, una lástima no haber podido llegar al pleno, pero tampoco se acaba el mundo por eso :-). Me perdí la de 2013 por lesión y la del año pasado porque coincidió con la de la Elipa y opté por la más cercana.

En la carrera de Gerindote, dos semanas antes, acabé lesionado por lo que estuve sin correr hasta el viernes, que me probé después de haber pasado por las manos de Josefa. La prueba no fue satisfactoria y pensé que lo más seguro es que me tuviese que retirar, pero aún así decidí ir a Torrijos para acompañar a una amiga del Club Atletismo Zofío.

Este año habían adelantado la hora de salida a las 9:30 lo que obligó a darnos un buen madrugón para llegar a Torrijos, localidad distante a unos 75 kilómetros de mi casa, va a ser verdad ese que dicen que sarna con gusto no pica. Aún así llegamos a las ocho y cuarto y nos dio tiempo a recoger el dorsal sin agobios, a dejar las cosas en el coche, trotar un poco y hablar con algún que otro conocido. Se celebraba el IV Campeonato Regional de Castilla-La Mancha por clubes absoluto y master y se veía por allí gente muy «tirillas» y con pinta de correr mucho. Allí nos encontramos con una amiga que venía desde Cuenca con su equipo Run Faster intentando hacer una buena clasificación en clubes de chicos y chicas.

En el trote previo noté que me molestaba un poco el tendón, curiosamente en una zona más abajo de lo que me molestaba estas semanas anteriores, por lo que me atreví a salir, aunque con la idea de abandonar si la cosa iba a mayores. Es por ello que salí muy tranquilo, tanto que en el primer giro de 180°, donde está situado el edificio de la Cruz Roja, miré hacia atrás y vi que había muy poca gente detrás de mí y que si seguía a ese ritmo me iba a doblar alguno porque había gente de mucho nivel, de hecho Ángel Ronco Bargueño, el ganador de la carrera, hizo un magnífico tiempo de 30:00 batiendo el récord del circuito.

Pasé el primer kilómetro en 5:32 y decidí apretar un poco ya que aunque me molestaba el tendón, la cosa no llegaba a dolor, era soportable, bastante mejor que en Gerindote dos semanas atrás. Por el hecho de aumentar un poco el ritmo empecé a adelantar a alguno que otro, aunque no demasiados porque todo el mundo corría a toda pastilla. Al pasar por el arco de meta en la primera vuelta vi que llevaba 25:45 lo cual me pareció un tiempo razonable para cómo me encontraba.

Acabando la primera vuelta, muy tranquilo. Foto cortesía de Juan Iniesto.

Parecía que la molestia había remitido un tanto, por lo que me planteé como objetivo tratar de alcanzar a la compañera de club, así que tuve que hacer un par de kilómetros rápidos y pasada la gasolinera, sobre el kilómetro siete y medio ya la pude ver más cerca. Fue un ese momento cuando alcancé a un corredor llamado Adolfo, que era muy animado por la afición local, imagino que por ser de allí. Estuve con él hasta casi el final de la carrera cuando se adelantó unos metros.

Aunque el día era muy agradable para correr, ya que hacía fresquito, por la zona de la gasolinera, quizás por ser más expuesta, hacía bastante aire, frenando el ímpetu de los corredores ya que al menos por la parte del pelotón por donde circulaba yo, iba casi todo el mundo de uno en uno o de dos en dos, con pocas posibilidades de esconderse en un pelotón. Menos mal que la mayor parte de la carrera es por calles más estrechas y se nota menos el aire.

Poco antes del noveno kilómetro alcancé a mi compañera y juntos fuimos hasta la línea de meta donde llegamos con un tiempo oficial de 50:06 para ella y un segundo más para mí. Diez segundos más que el tiempo neto que marcó nuestro cronómetro que pusimos en marcha al cruzar la línea de salida.

Muy cerca de la meta. Foto cortesía de Muñoz.

En mi caso lo importante no era el tiempo, sino las sensaciones, que no fueron del todo malas, pero tampoco demasiado buenas, porque notaba que la lesión ahí seguía. Para mi compañera tampoco era demasiado importante el tiempo, lo que ella quería era subir al cajón de su categoría y lo consiguió, ya que fue segunda, así que el viaje a Torrijos no fue en balde, ya que se volvió a casa con un bonito trofeo y un chorizo, ambos de tamaño considerable.

En el segundo puesto del cajón

Carrera de San Mateo de Gerindote

Hoy he participado en la localidad toledana de Gerindote en la Carrera de San Mateo, nombre debido al patrón del pueblo. Ya había corrido en este pueblo varias veces y últimamente se habían celebrado el sábado por la noche, pero esta vez cambiaron a domingo por la mañana según nos contaron por petición de los corredores. A mí la verdad es que me gusta más de noche, para salir un poco de la rutina.

Igual que las dos carreras del fin de semana anterior no las debía haber corrido, tampoco tenía que haber participado en ésta, porque el tendón de Aquiles me seguía molestando, pero fui con una compañera del Club Atletismo Zofío, ya que ella es natural de esta población y quería participar ante sus paisanos.

En la Carrera de San Mateo en Gerindote

En anteriores ediciones la carrera se ha celebrado por las calles del pueblo dando varias vueltas, pero esta vez habían cambiado de filosofía y la carrera era transcurría por los caminos de la población, haciendo unos metros por la Cañada Real Segoviana, que por cierto fueron los tramos más desagradables para correr ya que había mucha arena en el camino y había que ir buscando las zonas menos arenosas.

Como ha ocurrido en las dos anteriores carreras, la salida se dio con algo de retraso y yo salí a darlo todo, pensando que cuanto antes llegara a meta, menos tiempo estaría castigando al tendón. Pero no sé si es lo más correcto, creo que no. Fui bastante dolorido hasta pasado el kilómetro cuatro donde me empezó a doler bastante más y tuve un momento de duda de si parar o ponerme a andar o qué hacer. Al final pensando que quedaban menos de dos kilómetros decidí bajar un poco el ritmo y tratar de llegar a meta. Al bajar el ritmo me adelantaron un par de corredores que me hicieron un favor como se verá posteriormente.

En su mayoría la carrera transcurre por caminos excepto la salida y la llegada, es por ello que al entrar en el pueblo por la calle Alfonsa Albo ya se abandona la tierra y comienza el asfalto. Esa calle es cuesta abajo, pero poco después comienza una pequeña subida para llegar a la calle donde está instalada la meta que es llano tirando a favorable. Paré el cronómetro en 27:43 para una distancia oficial de 6,2 km.

Mi compañera llegó algo después y estuvimos esperando a que sacaran las clasificicaciones ya que ella esperaba llevarse algún trofeo y efectivamente consiguió ser segunda de su categoría por lo que preguntamos cuando sería la entrega de trofeos y nos dijeron que después de las carreras de los niños que aún no habían comenzado a correr porque estaban llegando los participantes de la marcha.

Estuvimos bastante tiempo esperando y como hacía un sol de justicia tratando de buscar una sombra, que no abundaban precisamente. Mientras esperábamos nos comimos unas muy ricas migas cortesía de la organización y estuvimos animando a los chicos y chicas que participaron en las diversas categorías. Siempre es un placer ver correr a los más pequeños, que son el futuro de este deporte.

Llegó el momento de los trofeos, llamaron a mi compañera, subió a por su trofeo y después de hacerla alguna foto nos disponíamos a irnos cuando nos dijo su hermana que iban a hacer un sorteo, así que nos quedamos, sobre todo por ella, que suele tener suerte con estos eventos.

Se suelen hacer los sorteos por el número de dorsal, pero decidieron hacerlo por orden de llegada. Y no pude tener más suerte porque uno de los números fue el 46 que fue la posición en la que llegué. Así que tengo que agradecer a mi maltrecho tendón que me adelantasen esos dos corredores en el último kilómetro. Dicen que no hay mal que por bien no venga. Si ella se llevó una copa y una caja con embutidos ya cortados, yo me llevé en el sorteo un queso, un salchichón, un chorizo y una botella de vino. No estuvo nada mal el regalito.

Tú con tu merecido trofeo y yo con suerte

La carrera estuvo muy bien y además solidaria porque todo lo recaudado (8 € por inscripción) iba a la Asociación Española contra el cáncer. Además de la carrera se celebró una marcha donde también lo recaudado iba destinado a la lucha contra el cáncer (4 €). Una buena iniciativa del Ayuntamiento de Gerindote.

XXXI Carrera de la Melonera

Si ayer no tenía que haber corrido, hoy menos aún, ya que acabé prácticamente cojo la carrera; sin embargo, al levantarme podía andar, me eché crema y para Arganzuela que nos fuimos.

No corría esta carrera desde 1999 cuando al acabar la carrera hicieron una encerrona a los corredores según cuento en esta entrada. Veintitres años después decidí apuntarme a la carrera ya que desde entonces ha cambiado la cosa. En aquel entonces la carrera la organizaba la Agrupación Deportiva Marathon siendo el patrocinador principal el Corte Inglés. De hecho la salida estaba situada junto al centro comercial de Méndez Álvaro. Ahora la organiza el club de triatlón TRIBOOST, organizadores con menos nombre, pero que han dado muestra de una gran profesionalidad.

Fui con una compañera del Club Atletismo Zofío hasta la Casa del Reloj, lugar donde estaba situada la salida y la meta de esta carrera y donde habíamos quedado con un amigo, al que le habíamos recogido el dorsal. Junto al arco de salida y meta nos hicieron una bonita foto a los tres.

Dispuestos a correr por las calles de Arganzuela y Madrid Río

Había dos distancias a elegir a la hora de inscribirse: cinco y diez kilómetros. Los dorsales de fondo amarillo eran para los de cinco, como el mío y el de la compañera y los de fondo verde para los del diez mil, como el tercero de la foto.

A las 8:55 estaba previsto la salida de los del cinco mil y cinco minutos después los del diez mil. Lo repitieron doscientos millones de veces, pues bien, cuando salimos había dorsales verdes entre una miríada de amarillos.

De todos modos, dieron la salida cinco minutos tarde y pronto se fue estirando el pelotón camino de la plaza de Legazpi. Enseguida noté que mi tendón no iba nada bien, por lo que decidí ir a un ritmo tranquilo, disfrutando de la carrera. Se pasa la plaza de Legazpi y por el Paseo del Molino se llega a la calle Embajadores donde se gira casi ciento ochenta grados para volver por esa calle hasta la Plaza de la Beata María Ana de Jesús, para poco después alcanzar el Paseo de la Chopera y el Paseo de Yeserías hasta alcanzar la Glorieta de Pirámides.

Los que corrían diez kilómetros salían más tarde, hacían más kilómetros más allá de Legazpi y luego también volvían por Paseo de Yeserías hasta Pirámides donde ellos seguían aún más allá hacia el Puente de Segovia y los de cinco en Pirámides volvían hacia meta por Madrid Río. En Pirámides había una persona de la organización indicando a los de cinco que fueran por un sitio y a los de diez por otro. Justo a mi lado iban dos tipos con dorsal de fonde verde, que se habían apuntado a la de diez y que salieron con los de cinco y que el voluntario los indicó que siguieran rectos. La Policía Municipal, que no esperaba a los primeros de diez hasta un cuarto de hora más tarde se tuvieron que poner en marcha inmediatamente con un notable mosqueo.

Había hecho esos tres primeros kilómetros a un ritmo cercano a 5:20, pero según iban pasando los kilómetros me iba molestando menos el tendón, quizás un tanto adormecido por la crema, así que aumenté un poco el ritmo, pero con ninguna intención, simplemente para llegar antes a meta, cosa que hice con un tiempo de 25:56 según mi crono para una distancia de algo menos de cinco kilómetros.

La compañera ya había llegado por lo que después de recoger la raja de melón y una botella de agua fuimos a esperar a nuestro amigo participante en los diez kilómetros y animar a todos los participantes que por allí pasaban.

XXXIII Carrera popular de Navalcarnero

No conocía esta carrera y por intereses varios me apunté y convencí a un compañero y una compañera del Club Atletismo Zofío para que se apuntaran también, así que el sábado por la tarde sobre las seis y cuarto de la tarde estábamos en la bonita plaza de Segovia de esta localidad.

Los tres compañeros del Club Atletismo Zofío

La carrera para los más mayores comenzaba a las 18:45, pero iba llegando la hora y aún estaban los niños corriendo, por lo que la salida se retrasó un cuarto de hora. Estando tras el arco de salido observé a un montón de gente con la camiseta naranja de Run Martínez que sospeché deberían estar relacionados con David Martínez, el hermano de Chema Martínez. Decir que David fue el vencedor de la prueba.

Calentando habíamos visto la salida, en terreno adoquinado por la plaza para girar a la derecha y comenzar una bonita bajada y que no llegamos a bajar del todo, pero nos hicimos la idea de que si bajábamos nos iba a tocar subir, pero no sabíamos nada mas.

Yo llegué tocado del tendón de Aquiles de la pierna derecha y si hubiese sido una persona normal, con dos dedos de frente, no hubiese corrido, pero como soy corredor, pues corrí. Dieron la salida y al ser sólo seis kilómetros me puse a buen ritmo, pero sin exigirme, que no tenía ni idea de mi estado de forma, pero viendo los kilómetros realizados, muy bien no debería estar.

La carrera se me hizo bastante dura porque era todo el rato subir y bajar, así en las dos vueltas y algunas cuestas largas y duras. Viendo que no iba muy fino pensé que si conseguía mantener un ritmo de 4:30 sería todo un logro. Así que traté de aplicarme en las subidas y bajar lo mejor que pudiera, pero el puñetero tendón me molestaba lo suyo, sobre todo subiendo.

Llegué a meta con un tiempo oficial de 28:09 en una distancia aproximada de 6,2 km. Nada más pasar la meta me colgaron del cuello una bonita medalla, todo un detalle de la organización. Unos minutos más tarde llegó la compañera de club y viendo su cara se podía apreciar que se había esforzado de lo lindo. Algo más tarde llegó el otro compañero.

Como la compañera suele subir al podium estuvimos esperando si la llamaban y mientras pudimos comer melón, sandía, plátano y frutos secos, además de beber agua fresquita. Todo un derroche de viandas que nos vinieron genial para recuperarnos del esfuerzo y que hay que agradecer a la organización por el detalle, que en algunas carreras de renombre te dan una botella de agua y poco más. El caso es que la espera tuvo su recompensa porque la compañera quedó tercera en su categoría. Así que subió al podium, la hicimos unas fotos y ya nos íbamos cuando escuché todo asombrado mi nombre por megafonía que me llamaban al podium. ¡Me quedé alucinado! Había quedado segundo de mi categoría, así que subí al cajón aún sin creérmelo.

Con nuestros trofeos

La verdad es que la carrera es dura, pero merece mucho la pena. Además de la medalla, la fruta y la botella de agua en meta, la bolsa del corredor era bastante atractiva ya que contenía una camiseta, un protector de plástico para que no se moje el móvil, unos cascos y una especie de neceser que se puede utilizar para meter las zapatillas. Todo por 7 €. Muy recomendable, pero hay que venir entrenado para no sufrir tanto en las cuestas.

XL Trofeo San Lorenzo

Llevaba unas semanas fastidiado por lesiones varias y con poco entrenamiento por esas mismas lesiones y por el Camino, así que participé en esta prueba sin muchas pretensiones, pero con la motivación de estrenar la camiseta del Club Atletismo Zofío.

Con nuestras espectaculares camisetas

Vinimos una compañera y yo con Emilio, con el que habíamos quedado a las 7:45, por lo que poco antes de las ocho estábamos aparcando cerca de la línea de salida. Nos dio tiempo a ir tranquilamente al servicio y al guardarropa y pudimos calentar sin ninguna prisa. Según iba llegando la hora de salida la calle Argumosa, cerca de Ronda de Atocha se iba llenando de gente, pero nadie hacia intención de ir a la línea de salida. La explicación era sencilla en Argumosa había sombre y la línea de salida estaba al sol y no era cuestión de calentarse antes de tiempo. Faltaban menos de cinco minutos cuando la marabunta se fue moviendo hasta la línea de salida.

Como «no me jugaba nada» salí tranquilo, sobre todo pensando en la cuesta de San Vicente y los escalones con los que nos íbamos a encontrar, novedad en esta edición. Aún así hice los tres primeros kilómetros, más bien favorables, en 4:29, 4:36 y 4:24. Cuando se llevan tres kilómetros y medio se afronta la cuesta de San Vicente y ahí me fueron cayendo los segundos como si fueran de plomo. Este cuarto kilómetro ya se fue a 5:03 y el siguiente, quizás debido a los sesenta escalones y al esfuerzo de la cuesta, también se fue a 5:06. Ese kilómetro pasa por los jardines de Sabatini y delante del Palacio Real y es una de las razones que hacen a esta carrera tan atractiva. El sexto kilómetro no desmerece al anterior, ya que su paso por San Francisco el Grande y la Puerta de Toledo es también muy agradable a la vista, no tanto a las piernas porque el paso por la Puerta de Toledo también es cuesta arriba. Ya recuperado un tanto del esfuerzo del anterior kilómetro éste lo hice en 4:41, acercándome a los ritmos de comienzo. En la calle Toledo, a la altura de la Plaza de la Cebada, me hizo José Luis, un compañero del club, esta bonita foto.

Corriendo por la calle de Toledo, foto cortesía de José Luis

No sé qué me pasó porque como no iba muy pendiente del reloj cuando pitó el octavo kilómetro pensé que el GPS se había vuelto loco y que íbamos por el séptimo. Calculaba mentalmente por donde habíamos pasado y seguía convencido de que era el séptimo. Por otro lado, tampoco me cuadraba porque cuando pitó ese kilómetro circulaba por la Carrera de San Jerónimo y sabía que no quedaba mucho para meta. Estuve un rato algo despistado, pero tampoco lo di muchas vueltas porque sabía que era casi todo cuesta abajo. Estos dos últimos kilómetros fueron los más rápidos ya que los hice en 4:16 y en 4:23 también picado con un tipo que tenía una forma extraña de correr y al que conseguí adelantar en Atocha, pero que en la cuesta de Argumosa me adelantó a mí. En el sprint final, aunque lo di todo, tampoco pude evitar que me adelantasen otro par de tipos. Llegué a meta con un tiempo según mi cronómetro de 46:35, aunque tardé en dar al botón de parada, por lo que no es extraño que en la clasificación oficial aparezca con un tiempo de 46:30 que no es nada del otro mundo, pero refleja mi nivel actual y que me lo tomé con calma, ya que en el anterior diez mil que hice, en el PAU de Vallecas, hice dos minutos menos, pero sufrí de lo lindo.

Del club, sólo Ninfa consiguió subir al cajón, siendo segunda de su categoría en una carrera, en la que como todos los años, había gente de mucho nivel.

Esta carrera es sin duda la más bonita de Madrid por los sitios por donde pasa y además es una auténtica carrera popular, se nota en el trato a los corredores, en la cercanía de la gente y que también piensan en los más jóvenes, ya que después de la prueba de 10 kilómetros hubo carreras de niños. Una carrera absolutamente recomendable.

Camino de Santiago. Etapa 13 y última

La decimotercera y última etapa partía de Arzúa para llegar a Santiago de Compostela, de 39 km de longitud y un desnivel de 713 metros. Etapa corta para llegar descansando al punto final del Camino.

A las 7:15 sonó el despertador y una hora después nos poníamos en marcha y para no variar empezamos cuesta arriba y seguimos cuesta abajo repitiendo la misma secuencia unas cuantas veces, pero sin llegar al nivel de la jornada anterior. Lo hicimos todo por caminos y había bastantes peregrinos, ríos y ríos de gente, entre ellos muchos colegios donde iban todos juntos y era complicado adelantar. Esos ríos de gente se convirtieron en una tremenda avalancha cuando estábamos entrando en Santiago. Hubo algunos tramos llanos hasta que llegamos a una buena cuesta, la cuesta del aeropuerto. Luego vino su correspondiente bajada y hubo otra buena subida, la del Monte do Gozo, ya a menos de diez kilómetros de Santiago. Allí paramos para hacernos una foto con Santiago al fondo, nos comimos la barrita correspondiente y nos tiramos por una buena cuesta abajo buscando la entrada de la ciudad. Afortunadamente la bajada la hicimos por la carretera que iba paralela al río de peregrinos.

Llegada a la ciudad de Santiago de Compostela

Entramos en la plaza del Obradoiro por la entrada donde se coloca el gaitero junto a un grupo numeroso de gente con camisetas de color fucsia. La plaza estaba absolutamente abarrotada de gente y las campanas sonaban sin cesar, pero quizás ese exceso de gente desvirtuó un poco la experiencia. No tuve una experiencia mística como pensaba que podría haber tenido, fue todo muy mundano, como ir a dar un paseo por la Puerta de Sol todo lleno de turistas. Después de hacernos las fotos de rigor estuvimos vigilando la bici eléctrica de uno que venía desde Lugo haciendo tres etapas y que además querían que le sellaran y no sé cuántas cosas más, lo mismo también quería la Compostelana. ¿Pero tiene algún mérito hacer el Camino con una eléctrica? Esto del Camino es un puro negocio y los que de verdad «hacen» el Camino deben sentirse mal al ver tanta superficialidad y tanto mercadeo. Lo digo por los peregrinos que lo hacen a pie recorriendo setecientos kilómetros o más, porque nosotros, que fuimos en bici, aunque también nos metimos setecientos entre pecho y espalda, también tenemos ventaja.

En la Plaza del Obradoiro, frente a la Catedral de Santiago

Fuimos a la oficina de atención al peregrino, en la rúa Carretas, a sellar las credenciales y había bastante cola por lo que entró mi amiga y yo me quedé echando un ojo a las bicis. Entonces vi a los de Correos, que están perfectamente situados, embalando una bici y pregunté cuánto costaría mandarla a casa y me respondieron que 47 y pico euros. Me llamó mi amiga cuando estaba a punto de entrar, porque aquello iba por números, como en la carnicería, por lo que me puse la mascarilla y entré. Me sellaron la credencial y me dieron la Compostelana, un documento en latín donde ponen tu nombre también en ese idioma. Me preguntaron si por 3 € quería un justificante de los kilómetros recorridos y dijimos que no.

Después de este invento fuimos a Correos a enviar las bicis. Lo primero fue pagar. El precio de 47 € y pico va con un seguro de 300 € y si quería asegurar más, tenía que pagar más, obviamente. Al final aseguré la bici de mi amiga por 1000 € y me costó ambas bicis algo de más de 105 €. Pagué y fuimos a otro local donde había que desmontar parte de la bici: rueda delantera, pedal izquierdo y manillar. Luego el tipo de Correos puso papel de burbuja en algunas partes de la bici, como el freno de disco, ató con bridas otras y metió todo en una caja donde pude echar el casco y metimos una alforja con ropa que no íbamos a utilizar en este día y medio que íbamos a estar en Santiago.

Fuimos a la pensión, que casualmente estaba en la misma calle, en la rúa Carretas. El sitio se llama O Patrón y es un restaurante/pensión. Tomaron nuestros datos, solté 47 € y subimos a la habitación. Luego bajamos al restaurante de la pensión y esperamos un poco hasta que hubo una mesa libre. Mientras esperábamos estuvimos hablando con el camarero que nos contó que una vez hizo el Camino desde Sarria (para hacer más de 100 km que te da derecho a la Compostelana) yendo a albergues y acabó con sarna, así que eso que nos hemos ahorrado. Pedimos un menú del día de 11 € y desde mi punto de vista estuvo regular. Pedí lacón a la gallega y me pusieron algo parecido al jamón york. De segundo pedí lomo con huevos fritos con patatas y el lomo era como fiambre, los huevos no estaban fritos como deberían y las patatas no eran las gallegas de días anteriores. De postre pedí arroz con leche y fue lo mejor. Pedí además una botella de agua grande y me soplaron 2,50 € por lo que todo sumó 24,50 €. Me pareció no muy caro, pero calidad mediocre.

Al día siguiente hicimos un tour guiado por el casco antiguo de Santiago y por la tarde volvimos a Madrid en AVE.

Camino de Santiago. Etapa 12

La duodécima etapa partía de Portomarín para llegar a Arzúa recorriendo 52 kilómetros y salvando 1102 metros de desnivel. No parecía una etapa sencilla y desde luego que no lo fue. La etapa de O Cebreiro tiene sobre todo el puerto que es muy duro, pero el resto no tan complicado; sin embargo, esta etapa nos resultó durísima por las constantes subidas y bajadas.

Me despertaron los otros huéspedes antes de que sonara el despertador, ya que daban portazos y cuando entraban en el servicio sonaba el ruido del extractor como si el chisme estuviese dentro de nuestra habitación. Sobre las seis me desperté y ya no pude dormirme, esperando a que sonase el despertador que había puesto a las 7:15. Nos levantamos, desayunamos y nos fuimos sobre las ocho y cuarto.

El Camino baja hasta el puente por el que se atraviesa el río y desde ahí comienza el festival de subidas y bajadas a cada cual más empinada. Puede sonar lo que voy a decir una exageración, pero no lo es: todo el recorrido es subir y bajar, sin excepción, y algunas subidas son muy pronunciadas, de las que hay que poner el pie a tierra. Y en algunas no puse el pie, pero subí a paso de tortuga, con todo metido. Estábamos hartos de pedalear cuando me preguntó mi amiga que cuánto llevábamos y nos quedamos alucinados cuando vimos que sólo habíamos recorrido ¡seis kilómetros! Después de subir y bajar un montón de cuestas llegamos al kilómetro 30 y dijo mi amiga de parar en una terraza para tomar un refresco y una barrita. Nos lo tomamos, fuimos al servicio y nos volvimos a poner en marcha y, por lo tanto, seguimos subiendo y bajando y con mucho calor. Yo pensaba que en Galicia no hacía tanto calor, pero lo hace y mucho, como si estuviésemos en Madrid, no sé si será algo excepcional.

Antes de llegar a nuestro destino pasamos por Melide porque había visto en Google Maps que había un taller de bicicletas, pero cuando llegamos estaba cerrado. Nos dijo un camarero del bar de al lado que llevaba dos años cerrado, pero que había otra tienda un poco más allá. Fuimos a la otra tienda y allí compré un bidón porque el que tenía se nos había olvidado en la pensión Pérez. Estuvieron mirando el cambio de la bici de mi amiga porque hace ruido cuando se engranan piñones grandes y a veces salta la cadena. Pagué 3,50 € por el bidón y 5 € por el arreglo y nos fuimos de Melide saliendo por una rampa de las que quitan el hipo.

Para entrar en Arzúa hay que pasar por debajo de la N-547 y subir otro cuestón, por si no hubiésemos tenido bastante. Al coronar ese repecho puse el Google Maps para llegar a nuestro destino y al poco llegamos al albergue/pensión Del Peregrino donde pagué 50 €, dejamos la bici abajo y nos dio la llave de la habitación 42, ¡situada en la cuarta planta de un edificio sin ascensor! Veníamos bastante cansados del pedaleo y nos tocó subir cuatro pisos. La habitación era de tres cuerpos. Uno primero, al entrar, donde había dos camas, desde allí se accedía a otra habitación donde había un armario y un ventanal y desde allí se accedía al cuarto de baño.

Lavé la ropa y la colgué en un tendedero en la planta baja, en la zona del albergue. Y es que el albergue está en la planta baja y la pensión está en otra puerta y en diversas alturas. Buscamos un restaurante donde comer y en la carretera vimos un restaurante que daban menú del día y entramos. Pedí ensaladilla rusa y ternera y mi amiga pidió ensalada de pasta y pollo y aunque pedí ternera me trajeron costillas, pero me las comí igual. De postre esperábamos que nos ofrecieran queso con membrillo, por aquello de que estábamos en Arzúa, sitio famoso por su queso, pero no lo hicieron, así que pedí café solo con hielo y amiga, piña. Pagamos 26 € por los dos menús. Un precio razonable por un menú correcto.

Por la tarde nos dimos una vuelta por Arzúa, pero este pueblo no tiene gran cosa. Una plaza normalucha, una iglesia bastante vulgar donde iban a empezar la misa y una ermita del siglo XIV que habían restaurado y que ahora ya no se dedica al culto y había una exposición de fotografías.

No nos íbamos a ir de este pueblo sin probar el queso, así que fuimos al bar Manolo donde tomamos dos tercios sin y una ración de queso de Arzúa-Ulloa que estaba riquísimo. Sin lugar a dudas lo mejor del pueblo, el queso.

Ración de queso de Arzúa-Ulloa

Antes de volver al albergue/pensión dimos otra vuelta por el pueblo y lo único que nos llamó la atención fue un bar donde tenían la música a todo volumen. No supimos en aquel momento que íbamos a estar con la dichosa música hasta las doce de la noche. Además en la habitación hacía un calor insoportable, algo fuera de lo normal. Así que entre el calor y la música, no había quien durmiera.

Camino de Santiago. Etapa 11

La undécima etapa salía de O Cebreiro y llegaba a Portomarín, de 73 km y 1037 metros de desnivel, pero como salimos del Alto do Poio, nos ahorramos unos cuantos kilómetros y unos cuantos metros de desnivel que ya hicimos el día anterior.

A las siete nos despertaron voces de gente hablando, no sé si eran los «motoristas» u otras personas que había en el bar. El caso es que nos levantamos y bajamos a desayunar. El camarero nos ofreció cruasanes que acababa de hacer, según dijo. Pedimos un café y un cruasán cada uno y nos cobró el tipo 8 € por los dos desayunos, una auténtica pasada, pero es que a una guiri que pidió lo mismo la cobró 4,5 €, así que encima tenemos que estar agradecidos. Alucinante lo de los precios en este sitio. Antes ya había recogido la ropa, que ya estaba seca, así que cuando subimos de desayunar preparamos las cosas y nos fuimos.

Cuando salimos estaba despejado, pero como la salida era cuesta abajo, pasamos algo de frío. En un determinado momento, en plena bajada, vimos un mar de nubes que tapaba todo, formando un preciosa estampa.

Mar de nubes bajando hacia Triacastela

Estos primeros kilómetros pasaron a toda pastilla, cuando nos quisimos dar cuenta ya llevábamos 20 kilómetros. Pasamos por Triacastela y llegamos a Samos, todo por carretera. Paramos en Samos donde vimos una pequeña ermita del siglo IX junto a un ciprés enorme de 500 años. Ambos están situados junto a un riachuelo, todo muy bonito y muy bucólico. Al lado de esta pequeña ermita está el Monasterio de Samos, un impresionante edificio con una portada muy bonita.

Capilla del Salvador del siglo IX y ciprés centenario

Aún por carretera llegamos a Sarria donde nos tocó subir andando por una cuestaza hasta una iglesia junto a una fortaleza bastante ruinosa y unas letras grandes con el nombre del pueblo. Allí paramos a tomar una barrita. Al poco de salir de Sarria nos metimos por el Camino, que comenzaba con una cuesta imposible de subir donde nos encontramos con los de Burgos que habíamos encontrado llegando a Astorga. Estuvimos los cinco rodando juntos unos kilómetros y luego se quedaron ellos por detrás y nosotros seguimos, alternando asfalto y camino.

Pasamos por el hito kilométrico del 100 y no lo vimos, por lo que nos hicimos la foto en el noventa y nueve y pico. Ya empezaban a verse ríos de “peregrinos”, con mayoría de españoles y españolas y es que ya quedando menos de cien kilómetros aparecen los españoles, mucho más vagos que los extranjeros, que sabiendo que haciendo cien kilómetros ya consiguen las indulgencias, ¿para qué hacer más? Es evidente otro concepto entre los nativos y los foráneos.

Desde Sarria todo es subir y bajar por caminos y carreteras, que a veces es mejor que ir por el camino de tanta gente que va. Llegamos a Portomarín entrando por un puente sobre un embalse del río Miño, que con la sequía deja ver algunas construcciones de lo que antes era el pueblo. Puse el Google Maps para ir a la pensión y en bici nos llevaba por unas escaleras y en coche había que hacer un recorrido del copón. Al final hice un mix de ambas alternativas y nos tocó subir algunas escaleras. Llegamos al restaurante Pérez después de 51 kilómetros donde tomaron mis datos y pagué 50 €. Nos acompañó un camarero hasta la Pensión Pérez ya que no estaba en el mismo sitio que el restaurante.

Comimos en restaurante/pensión Pérez donde pedimos dos ensaladas de pasta, bacalao para mi amiga y chuleta de cerdo para mí. De postre tarta de piña y arroz con leche para mí. Todo muy rico. Costó 12 € cada menú, un precio muy razonable. Al ver que venía un montón de gente estuve buscando en internet el sitio y tenía muy buenas reseñas.

Por la tarde estuvimos dando una vuelta por el pueblo y es un sitio interesante a visitar. Muy recomendable.

Camino de Santiago. Etapa 10

Originalmente la décima etapa comenzaba en Ponferrada y acababa en O Cebreiro, de 53 km y 1.200 metros de desnivel; sin embargo no encontramos alojamiento en O Cebreiro y buscando algo cercano acabamos en el Alto do Poio. Antes de salir ya nos habían hablado del puerto de O Cebreiro y nos recomendaron que subiéramos por la carretera porque el puerto es bastante duro.

Salimos a las 8:30 de Ponferrada y ya subimos alguna cuestecilla para salir de allí. Habíamos leído que era un paseo hasta llegar a Las Herrerías, donde comienza el puerto de O Cebreiro, pero para salir de Cacabelos subimos una más que interesante cuesta y al poco de entrar en Villafranca del Bierzo otra cuestaza que nos llevó a la iglesia de Santiago, donde está la Puerta del Perdón, donde pueden recibir sus indulgencias los peregrinos enfermos que no puedan llegar a Santiago. Todo el recorrido, excepto para llegar a esta puerta, fue por asfalto y desde Villafranca sí es verdad que es más fácil, yendo casi todo el rato en el arcén de la N-VI. Paramos en el kilómetro 37 debajo de un puente de la autovía a comer una barrita y al poco llegamos a Las Herrerías, donde comienza la fiesta, un puerto duro del que nos había dicho el de Aluche que había tres kilómetros al 14% sin descanso, pero es que al empezar, mucho antes de llegar allí ya hay rampas muy duras que me obligaron a meter el plato pequeño y el piñón penúltimo dejando uno por si acaso. Estuvo un rato con nosotros un tipo que subía por diversión ese puertaco describiéndonos el puerto y nos dijo lo de los tres kilómetros y que cogiéramos agua en una fuente, que salía un agua muy rica. Paramos a coger agua y en ese momento nos adelantaron una señora que subía como los ángeles y un señor que iba con la lengua fuera.

Como nos contó el individuo, después de un giro brusco a la derecha empezaba lo más duro, lo cual íbamos subiendo cada uno como podía, yo trataba de no poner pie a tierra por aquello de decir que lo había subido dando pedales y mi amiga, sin ningún problema, en cuanto vio que aquello era muy duro se puso a andar. Yo veía a lo lejos al señor que nos había adelantando en la fuente y vi que iba andando, pero yo dando pedales le recortaba muy poco a poco, lo cual no resultaba raro ya que subía a 5 o 6 km/h. Adelanté también a dos que iban en paralelo, muy despacio. Poco más arriba a la señora que nos había adelantado y que estaba esperando a su compañero y que vi que iba con bici eléctrica, ¡así cualquiera! Algo más arriba, cuando suavizó la pendiente me paré a esperar a mi amiga y ya por rampas más suaves llegamos hasta La Laguna donde paramos a tomar una Coca-Cola y un Aquarius. Pensábamos que estaba todo hecho, pero ya nos advirtió uno de Rivas, que adelantamos en el puerto, que hasta O Cebreiro quedaban algunas cuestas y así fue, aún quedaba alguna rampa dura.

Paramos en O Cebreiro a ver los chozos, la iglesia del siglo IX y el busto del párroco. Este hombre, Elías Valiña, es muy reconocido porque fue al que se le ocurrió marcar con flechas amarillas el Camino.

Chozo típico en O Cebreiro

Seguimos hasta el Alto do Poio que también nos costó porque hay una buena cuesta para llegar, alcanzando 1.335 metros de altura. En el alto, a la izquierda, llegamos al hostal o pensión Santa María do Poio por la que pagamos 40 € por una habitación más vieja que yo, que olía a cerrado que echaba para atrás, pero que al menos pudimos airear. Comimos en el mismo hostal por 28 € (ensalada y san jacobo para mí y caldo de judías y churrasco para mi amiga, todo hecho con un aceite más que reutilizado). También cenamos allí porque hay poca cosa por los alrededores y me pareció bastante cara ya que pagamos 23 € por un par de tortillas francesas y una ensalada. Antes se decía que en Galicia se comía bien y barato, pero en este sitio ni bueno ni barato. Lo único bueno es que tenían cuerdas para colgar la ropa y un garaje para guardar las bicis. Andaban también hospedados unos tipos que iban con bicicletas eléctricas.