Tenía muchas ganas de participar en esta carrera porque el año pasado en plena prueba sufrí una crisis epiléptica y quería desquitarme. Aquello fue debido a que la dosis de medicación era insuficiente. Me subieron la dosis y desde entonces no he vuelto a sufrir ninguna crisis.
Justo el mismo día tuve una comida de quintos y quintas en mi pueblo, por lo que llegué a Tielmes algo nervioso por todo lo que me había acontecido por la mañana y con no muchas ganas de correr, pero era importante para mí correr esta carrera por lo sufrido el año anterior.
Salimos sobre las siete y media de Madrid cuatro compañeros del Club Atletismo Zofío y desde otro punto había salido una compañera que llegó antes que nosotros, por eso hablé con ella para ver si podía recoger los dorsales y la bolsa del corredor y ella, muy diligente, lo hizo. Fuimos a un parking donde dejamos el coche el año pasado y aunque estaba casi lleno, la conductora lo aparcó de aquellas maneras junto a la puerta dejando un poco justa la salida. Me estaba vistiendo de corredor cuando llegó la compañera con los dorsales y las bolsas. Me puse el dorsal y fui rápidamente a soltar lastre. Hice mis necesidades y nos pusimos a calentar por allí, yendo y viniendo y haciendo técnica de carrera y poco antes de comenzar a correr nos hicimos una bonita foto los cinco compañeros que nos habíamos desplazado hasta allí.
El Club de Atletismo Zofío bien representado en la Legua de Tielmes
Pocos minutos antes de las nueve nos colocamos en el pelotón de salida, no muy lejos de los primeros y con alguna que otra rémora delante de nosotros. Siendo las nueve el calor se dejaba notar y sabíamos que la humedad iba a hacer de las suyas ya que corríamos al lado del Tajuña casi todo el rato. Después de unas palabras del concejal dieron la salida y mi compañera salió como un cohete y aunque traté de que no me sacara mucha distancia vi que iba algo forzado en ese primer kilómetro que pasé en 3:59, demasiado deprisa, y mi compañera más deprisa todavía. Delante de mi compañera iba una chica de la Agrupación Deportiva Marathon y sabía que la compañera no iba a cejar en su empeño hasta que la cogiese y la dejase atrás. Confiaba en que una vez la sobrepasara calmara un poco el ritmo, pero fue todo lo contrario, aceleró el paso y ya la perdí definitivamente, aunque la hubiese perdido sí o sí ocurriese lo que ocurriese.
Yo no iba muy católico porque después de pasar el primer kilómetro por debajo de cuatro, según avanzaba la carrera los registros iban empeorando: 4:12, 4:19, 4:16, 4:27 y los últimos novecientos metros a 4:27 también. Al menos no fui más lento de 4:30 que eso me hubiese dolido más. De todos modos, según estaba mi cabeza, bien está, ya que hice 5.950 metros (una legua un poco larga) en 25:25 a un ritmo de 4:16 unos 30 segundos más lento que la compañera, que fue cuarta de las chicas y segunda de su categoría. Otra de las compañeras llegó más tarde, pero fue la primera de Veteranas C. ¡Vaya par de campeonas hay en el equipo! La tercera componente, la más novata, estaba muy contenta porque hizo un tiempo de 32:46 cuando el año pasado hizo 43:02 ¡una mejora de más de diez minutos! Se notan los entrenamientos de la escuela de atletismo. El compañero estaba contento con sus 30:09 ya que el año anterior hizo 30:48 y tampoco tenía la cabeza muy centrada entre unas cosas y otras. Y yo también estaba contento porque había acabado la carrera sin novedad.
Fuimos a por las cosas al coche y estuvimos esperando las clasificaciones, que tardaron un mundo en sacarlas porque además por internet fui incapaz de verlas. Por fin, después de mucho tiempo, pusieron las clasificaciones en papel y ahí pude ver que las clasificaciones de las dos compañeras habían sido de podium. Eso provocó que tuvimos que esperar otro rato a que subieran al cajón y luego esperamos otro rato a que se hiciera el sorteo, que fue de tres jamones cuando pensábamos que iban a sortear más cosas. De todos modos, no es mal sorteo, todo lo contrario. Ya por fin con los trofeos en la mano, bastante bonitos, fuimos a la piscina a darnos un baño y nos dijeron que ya estaba cerrada, así que nos quedamos un tanto frustrados, al igual que con la sandía, que la devoraron sin que nosotros la probáramos, es lo que tiene ir con unas campeonas que suben al cajón, que toca esperar. De todos modos, eran más de las diez, tampoco se puede pedir más. Así que cogimos el coche y ruta para Madrid que las dos campeonas que subieron al cajón tenían que enfrentarse al día siguiente con las terribles cuestas de la Carrera del Rayismo y con menos de doce horas de descanso, pero seguro que lo hacen bien.
El día anterior me acerqué a recoger los dorsales de los compañeros del Club Atletismo Zofío y el mío para no tener que estar el día de la prueba pendiente y además para hacer un favor a la organización porque cuantos menos dorsales tengan que repartir el día de la carrera, mejor.
Esto de las carreras nocturnas no sabe muy bien uno qué hacer. El caso es que comí como un día normal y me luego me eché un poco de siesta. Una de las compañera, la más joven, corría a las ocho y cuarto, pero como en el correo que enviaron decían que había que estar tres cuartos de hora antes, ella y otra compañera a las siete y media ya estaban por allí calentando dentro del polideportivo de Orcasitas, detrás del campo de fútbol. Decir que es en la pista de atletismo del polideportivo de Orcasitas donde está situada la línea de salida y la meta de esta milla de Usera. Entré al poli y estuve un rato con ellas. Antes de que comenzaran las prueba nos hicimos una bonita foto.
El Club Atletismo Zofío en la milla nocturna de Usera
A las ocho y cuarto comenzó la más joven y decía que se conformaba con no ser la última, pero lo hizo bastante bien y llegaron muchísimas más detrás de ella ya que entró como la novena o cosa así, siendo además quinta de su categoría, la senior. Estaba muy contenta porque había corrido por debajo de cinco minutos cuando le parecía imposible.
La otra compañera tenía que salir a las 20:45, pero salieron las de su categoría, las máster 40, casi un cuarto de hora antes. De hecho una chica de Villaverde, llegó cuando ya habían comenzado las de su categoría y luego corrió con los chicos. La compañera hizo un carrerón, entrando en cuarta posición en el polideportivo y adelantando en los últimos metros a la chica que la precedía, subiendo al cajón por lo tanto.
Yo tenía que salir a las nueve y salí casi diez minutos antes, tenían ganas de acabar el evento pronto. No sabía cómo me iba a encontrar y me vi bien, mejor de lo que esperaba. También esprinté en los últimos metros, como atestigua la imagen, para alcanzar a uno de Villaverde, llegando muy fuerte y mejor de la garganta que el año anterior y eso que hice mejor tiempo y, por lo tanto, fui a más ritmo en esa milla que un año más mide 1.800 metros.
En los últimos metros adelantando al que me precedía
Estuve hablando con el ganador del año pasado y me dijo que esta vez fue segundo por tres milésimas. No sé cómo lo medirían porque foto finish no había, imagino que lo que dijera el chip, pero en este caso no es el chip el que manda porque se supone que gana el que mete el pecho primero y el chip no va exactamente en el pecho, suele ir más abajo, pero bueno, en una carrera de barrio, tampoco se puede pedir más.
Nos quedamos esperando a que subiera la compañera al cajón. Subió y le dieron como tercera clasificada una medalla de plástico, pero bueno, lo importante para ella es que subió al cajón, el trofeo es lo de menos.
Había puesto el despertador a las seis y cuarto, pero poco antes de las cinco y media me desperté y aunque traté de dormirme no hubo manera. Desayuné dos tostadas de pan con mantequilla de cacahuete y mermelada abundante y una taza de leche con bastante café soluble. Solté lastre, preparé las cosas y a las siete y cuarto estaba abajo. Me extrañó que no hubiese llegado aún mi compañero, pero no tardó mucho en hacerlo. Nos pusimos en marcha rumbo al metro y enseguida nos encontramos con la otra compañera del Club Atletismo Zofío. Fuimos andando hasta la boca de metro de Plaza Elíptica y allí nos encontramos con algunos amigos prodolongueros que nos iban a acompañar para luego animarnos en diversos puntos del recorrido.
Fuimos hasta Príncipe Pío por la línea 6 y allí cogimos la línea 10 hasta Alonso Martínez. Bajamos andando por Génova hasta Colón y un poco más arriba estaban todas las carpas del ropero, que eran bastantes ya que cada una admitía 500 bolsas. Por allí me encontré con Josetxu, al que estuve saludando y que fue el único de MaraTI+D al que vi. Nos hicieron unas fotos, nos vestimos de corredor, dejamos la bolsa en el ropero y fuimos andando hasta nuestro corral, que era el 4. Al dejar la ropa perdimos de vista al compañero al que ya no volvimos a ver. Con el tiempo ya un poco justo llegamos al corral señalizado con el número 4 y nos dijo la señora que todos los que había por allí eran del 5, lo que me pareció muy extraño, pero como ya era muy tarde nos metimos por esa puerta y tratamos de avanzar todo lo que pudimos, que no fue mucho. Al final en vez de salir a las nueve y cinco como correspondía al cajón 4 salimos a las nueve y cuarto, la hora del cajón 5.
Los tres compañeros de equipo más un añadido
Por fin dieron la salida y costó llegar al arco de salida porque había mucha gente por delante. Nos pusimos en marcha y enseguida dije a mi compañera que iba a hacer Galloway corriendo dos kilómetros y andando 45 segundos y que si ella quería no hacerlo, que no hacía falta que me esperara, me respondió que no sabía si iba a aguantar tantas paradas y arrancadas. Subimos a Plaza Castilla a ritmo suave, que salir subiendo tiene su historia si te dejas llevar por la euforia. Si habíamos subido tranquilos, en la bajada por Bravo Murillo tenía que ir frenando a mi compañera porque se embalaba poniéndose a 4:45 cuando mi ritmo objetivo era medio minuto más. Llegamos a Cuatro Caminos y allí me encontré por primera vez con Juan Ignacio, que estaba esperando a Rafael. Le pregunté por él y me dijo que venía algo detrás. Cruzamos el puente sobre las Castellana y allí vimos a los pradolongueros que habían venido con nosotros en el metro. Poco después nos metimos por el primer túnel, por debajo de la plaza de la República Argentina.
No fue el único túnel, pasamos por debajo de Avenida de América y por debajo de Manuel Becerra. Subimos por O’Donnell y allí, sobre el kilómetro diez, me comí mi trozo de guayaba y noté que no me cayó bien al estómago. Quince minutos antes de salir me tomé un gel de 32 gramos y no sé quejó mi estómago, pero no le gustó la guayaba o no le gustó por el hecho comerla al ir corriendo. Llegamos hasta el Retiro y luego estuvimos callejeando por el barrio de Salamanca, cosa que no me gustó mucho, sobre todo el tramo de Príncipe de Vergara hasta la plaza del Marqués de Salamanca, que es un bonito repecho, que luego baja por la misma calle hasta Goya. Mucho callejeo y muchas cuestas, hasta ese momento casi todo era subir y bajar y así fue todo el recorrido. Cruzamos la Castellana, llegamos a Rubén Darío y bajamos hasta Alonso Martínez por Almagro. En ese tramo, más o menos llano, quizás favorable, mientras íbamos andando nos adelantaron Sonia y David, pero cuando nos pusimos a correr nos pusimos a su altura, cruzamos cuatro palabras y los dejamos atrás pensando que nos adelantarían a no mucho tardar, pero no los volvimos a ver.
Transitando por Carranza iba mirando por si veía a mi hermana, lo que me causó una gran tristeza. Pasada la glorieta de San Bernardo, kilómetro 18, en plena cuesta abajo tocó ponerse a andar y aproveché para meterme la tercera carga, consistente en un gel de tamaño normal, todo consensuado con ChatGPT. Si la guayaba me cayó mal, el gel me cayó peor y empecé a notar el estómago mal y como un pinchazo en la tripa, entonces comprendí que lo de tomar geles o comer algo en carrera no me viene nada bien, quizás haya que entrenarlo o quizás lo mejor sea no tomar nada. Llegamos a Gran Vía y allí nos encontramos que ya iba gente andando subiendo ese duro repecho y no creo que fuese debido a que iban haciendo un Galloway. En Callao estaban los pradolongueros, que nos volvieron a animar, aunque alguno no se dio ni cuenta que pasamos. Por fin en Sol nos separamos de los de la media, ya que ellos giraban hacia la izquierda y nosotros hacia la derecha embocando la calle Mayor con su correspondiente repecho.
Por Callao, kilómetro 19, aún con la sonrisa en la boca.
Llegamos a Bailén, Palacio Real y en el carril que va hacia Plaza España estaba la media maratón, que pasamos en 1h52 y pico, lo que me hizo pensar que podríamos hacer 3h45 si la cosa marchaba bien, pero ya el calor apretaba de lo lindo y eso era un hándicap muy grande para tratar de hacer una segunda media mejor o igual que la primera.
Subimos por Plaza España y luego seguimos subiendo por la calle Princesay yendo por la plaza de los cubos un corredor que iba delante se cayó al suelo, un tipo que estaba por allí viendo a los corredores le ayudó a levantarse, algo más delante le preguntamos qué tal estaba y dijo que bien. Seguimos subiendo hasta Marqués de Urquijo y comenzamos a bajar esa cuesta de buena pendiente. Me acordé que en 2023 allí decidí retirarme porque empezó a dolerme toda la pierna. En aquella edición seguí corriendo hasta el Puente del Rey donde me retiré. Esta vez no tuve la menor molestia y seguimos a lo nuestro. Poco después me dijo la compañera que ya sólo quedaban tres kilómetros para ver a una amiga que nos esperaba a la entrada de la Casa de Campo y me alegró porque eso quería decir que ya íbamos por el 23 y en mi cabeza me parecía que llevábamos menos. Bajamos hasta el Puente de los Franceses, seguimos por la Avenida de Valladolid y llegamos a la Casa de Campo. Allí vi a la amiga, que se puso a correr con nosotros, y lo curioso es que junto a ella había otros conocidos que no los vi, lo que se llama visión tubular.
Me dio un gel con cafeína que no estaba muy seguro de tomar, me debatía entre más energía para afrontar los últimos kilómetros o estropear más la tripa. Al final lo tomé y fue un grave error porque lo que antes eran molestias en la tripa, ahora eran retortijon. Desde que se entra a la Casa de Campo, poco antes del 27 hasta el kilómetro 30 es todo terreno ascendente. Fue en ese punto kilométrico donde se me ocurrió soltar aquello de que la maratón empezaba allí, recordando las palabra de Martín Fiz que decía que todo lo anterior era para hidratarse y que ahí comenzaba la carrera. Sobrepasamos ese kilómetro 30 y casi inmediatamente hicimos un giro de 180 grados y comenzamos a bajar lo que habíamos subido. En el 32 cogió mi amiga un gel para mí, pero la tripa dijo no y preferí hacer caso a mis entrañas. La salida de la Casa de Campo por la cuesta del metro de Lago se me hizo dura y traté de recuperar esos segundos bajando por la Avenida de Portugal. Subimos al Puente de Segovia donde suponía iba a tener a «mi grupo de fans», pero no estaban, se habían colocado algo más abajo, cerca del kilómetro 35. Nos animaron, pero las piernas ya las notaba que no estaban frescas, tenía los gemelos que parecía que me iban a estallar y me seguían dando retortijones en la tripa. En ese punto me tenía que haber tomado otro gel con cafeína, pero hubiera sido una locura meterme otro gel tal como iba la tripa.
Mi compañera decía, venga, que ya sólo quedan siete kilómetros, pero yo pensaba, ya quedan algo menos de dos para llegar al 37 y ponerme a caminar otra vez. Aquí fue la primera vez que ya empecé a desear que acabaran los dos minutos de correr y comenzaran los de andar. Llegamos hasta el Puente de San Isidro, lo cruzamos, giramos a la izquierda y pasamos por un tramo del Paseo de Melancólicos, lo que me hizo acordarme de unas estrofas del himno del centenario del Atleti: «… Ben Barek y Caminero, Paseo de los melancólicos, Manzanares cuánto te quiero…». Ya estábamos en el 36 y aún iba bien de ritmo… Hasta que llegó la cuesta de la Calle Segovia, ya pasado el 37. Tuve algo de fortuna porque justo al comenzar la subida pitó el reloj indicando que habían pasado los dos kilómetros de correr y tocaba andar esos 45 segundos, que en esa cuesta me supieron a poco, me tuve que poner a correr enseguida. Los siguientes dos kilómetros que incluían lo que me quedaba de la subida a la Calle Segovia, la bajada por Ronda de Segovia, la subida al Paseo Imperial y un falso llano por el Paseo de las Acacias fue lo que más duro me resultó, miraba el reloj y ya desde luego había olvidado los 5:15, ahora no quería llegar a seis de ninguna manera y lo conseguí, ya que esos dos kilómetros me salieron a 5:47 y pensé que lo peor ya había pasado, aunque lo que quedaba no era una perita en dulce, desde luego.
En los últimos kilómetros, ya penando
Por allí andaba Joaquín, que nos hizo unas fotos y me vinieron muy bien sus ánimos. Pensé que ya quedaban poco más de dos kilómetros y que la última caminata, que debería hacer por el kilómetro 41 me la iba a ahorrar, así que apreté los dientes y pensé que cuanto más deprisa fuera más pronto llegaría a meta, pero claro, una cosa es pensarlo y otra cosa es que te hagan caso las piernas, pero no me puedo quejar porque hice lo que me quedaba rondando los 5:30, nada mal. Llegué a meta con las dos compañeras agarrados de la mano marcando mi cronómetro un tiempo de 3:48:18, un poco mejor que un mes antes en Badajoz siendo un circuito más duro, con mucho calor… Y más largo, porque en la capital pacense me salieron casi 700 metros menos. Dar las gracias a las dos compañeras que fueron conmigo porque gracias a sus ánimos no desfallecí en ningún momento.
Tras pasar la línea de meta. Más feliz que una perdiz.
Me dieron el medallón, cogí la bolsa de avituallamiento que contenía tres botellas de agua y me las fui bebiendo una detrás de otra, estaba sediento. Me tumbé un rato en el césped y cuando me fui a levantar casi no podía, me dolían las caderas, cosa que no había notado mientras corría. Después de un rato de descanso nos fuimos hacia Colón, subimos al metro de Alonso Martínez y volvimos a Plaza Elíptica, deshaciendo el camino de ida y desde el metro fuimos andando hasta nuestro bar de confianza donde me tomé dos dobles de cerveza sin, que me sentaron bastante bien, parece que la tripa ya estaba mejor.
Ha sido el segundo maratón siguiendo el método Galloway y creo que me ha ayudado bastante a dosificarme porque hubo multitud de pinchazos debido sobre todo al calor, que es uno de los enemigos más fieros del maratoniano. En Madrid también hay otro enemigo que es la dureza del recorrido que te va machacando las piernas desde la salida, ya que es todo un sube y baja. Así que contento, sesenta años y el 32 a la buchaca. Y posiblemente este año caiga otro y fuera de nuestras fronteras. Veremos. De nuevo Galloway nos estará esperando.
Ni se me pasaba por la cabeza correr una maratón en el mes de marzo, pero las circunstancias así lo quisieron y ha sido una experiencia de lo más emocioante. Todo fue porque estoy preparando la maratón de Madrid. Había corrido en enero la media de Getafe y en febrero la media de Fuencarral y estaba buscando otra media para el mes de marzo. Descarté la media de Madrid porque no me gustan nada las multitudes y me parece que se pasan tres pueblos con los precios, así que tiré de calendario y vi que el 15 de marzo se celebraba una maratón en Badajoz y una media el mismo día. Como Badajoz es una ciudad que no conocía, no me pareció mala idea ir a correr y de paso conocer la ciudad. Propuse a los compañeros del Club Atletismo Zofío la idea por si alguien se animaba, pero sólo una amiga se apuntó. El caso es que entre que lo propuse, que la gente se lo pensó, cuando me fui a apuntar, ya no quedaban dorsales para la media, sólo quedaban para la maratón y dado que el precio de la media era de 10 € y de la entera, 15 €, por esa diferencia de sólo 5 € de nos apuntamos a la maratón con la idea de hacer sólo media o una tirada un poco más larga.
Salí con mi amiga el viernes en dirección a tierras pacenses. Antes de llegar a la capital nos pasamos por Zafra, conocida como la «Sevilla chica» que me pareció un pueblo precioso, con un montón de rincones por los que perderse.
Parador de Zafra, antiguo Alcázar de los Duques de Feria
Después de Zafra nos acercamos a Jerez de los Caballeros, que también nos gustó mucho, aunque a diferencia del primero, que es plana como la palma de mi mano, Jerez de los Caballeros tiene unas cuantas calles empinadas, que conviene no subir mucho para no cansar las piernas, pero ni la pendiente de las cuestas impidió que nos acercáramos a la iglesia de San Bartolomé y la Alcazaba. Como Zafra, es un pueblo que merece mucho la pena visitar.
Iglesia de San Bartolomé en Jerez de los Caballeros
El sábado, antes de recoger el dorsal, nos dimos una vuelta por el casco antiguo de Badajoz y como todo el mundo nos había dicho que no había nada que ver en esta ciudad, las expectativas estaban bajas, pero merece la pena conocer Badajoz. Mucha gente dice que no tiene gran cosa porque lo comparan con Cáceres, pero hay muchas cosas dignas de visitar. Después de una breve visita por el casco antiguo y la alcazaba, fuimos a IFEBA, que es el mismo concepto que el IFEMA de Madrid, pero más modesto, a Dios gracias, porque en Madrid te pierdes con tanto pabellón. En el pabellón donde estaba montado todo el tinglado, había dos colas para los dorsales, la de la media y la de la maratón y mientras que la cola de la media avanzaba a buen paso, la de la maratón iba despacio, despacio. Luego pensé que podría ser porque en la maratón además de una camiseta, como en la media, regalaban un pantalón y eso provocaba que mucha gente mirase diversas tallas. Por fin recogimos el dorsal y fuimos a un comedor, dentro del mismo pabellón, al lado de la recogida de dorsales, donde se podía comer la comida de la pasta. Que alguien haga cuentas y me diga si le parece barato o caro una inscripción por 15 € donde te dan una camiseta, un pantalón y la comida de la pasta, teniendo en cuenta además que el pantalón y la camiseta de 42K, son de buena calidad y una comida que estuvo bastante bien, nada que ver con aquellas comidas de la pasta de la maratón de Madrid que te ponían unos tristes macarrones con tomate, que estaban peor que los que ponen a los niños en el cole. Aquí en Badajoz nos pusieron unos espaguetis a la carbonara, pollo asado, una naranja y bebida. Nada mal.
Después de comer, vuelta al hotel, siesta y luego paseito suave a la orilla del Guadiana, por un paseo muy agradable atravesando el Puente de las Palmas, yendo desde el hornabeque hasta la Puerta de las Palmas y vuelta. Quería poner la palabra «hornabeque» porque nunca la había oído y me pareció una muy bonita palabra, de las condenadas a desaparecer porque hacen referencia a una fortificación militar ya en desuso. Unas fotos en la Puerta de las Palmas y vuelta por el mismo camino para no castigar mucho las piernas. Y para tener fuerzas para el día siguiente… Proteínas para el cuerpo.
Una buena ración de jamón extremeño
Llegó el día M y como la carrera comenzaba a las nueve y la salida no estaba muy lejos del hotel, tampoco hubo que darse un madrugón. Me levanté, desayuné alguna cosilla y pinché mi dorsal en la camiseta. Entonces me di cuenta que el número del dorsal que me había tocado, el 237, se componía de tres números primos. Eso era, sin lugar a dudas, una señal de buena suerte. Fuimos en coche hasta allí y no tardamos ni diez minutos en llegar y tener aparcado el vehículo. Como la salida de la maratón era a las nueve y la de la media a las diez y media, sólo estábamos por allí los de la maratón y se podía aparcar con facilidad. Aún era pronto para dejar la ropa porque hacía fresquete, así que estuvimos por allí haciendo tiempo. En estas nos encontramos con Javi, del grupo de Forofos del Running, al que conocía de otras carreras y estuvimos un rato hablando con él. Venía algo desanimado porque tenía algunas molestias físicas. Luego él nos presentó a un chico toledano y, por lo tanto, paisano nuestro, que nos contó que era su 190ª maratón, casi nada, y que en Toledo, en el mes de noviembre, quiere que sea su 200ª. Si no sucede nada extraño allí nos volveremos a encontrar. Nos hicimos una foto en la línea de salida con estos dos monstruos.
Esperando la salida de la maratón de Badajoz
A las nueve en punto dieron la salida siendo los primeros trescientos metros por la pista de atletismo de La Granadilla. Salimos de allí y los primeros kilómetros se van alejando de la ciudad por una zona despoblada y pensé que era mejor así, mejor dejar para el final el tránsito por la zona más habitada para que los ánimos de los espectadores ayudaran en esos momentos de pocas fuerzas (spoiler: aunque había más gente al final, tampoco es que animaran mucho). En el kilómetro dos dejamos de correr y nos pusimos a andar durante un minuto, siguiente a rajatabla el método Galloway que ya habíamos entrenado un par de veces. La gente nos miraba un poco extrañada al vernos andar tan pronto, como preguntándose qué hacían aquí estos dos que tienen que hacer 42 kilómetros y ya se ponen a andar en el segundo. Lo que no sabían es que estábamos poniendo en práctica el método Galloway y que eso nos iba a llevar a terminar la carrera con gasolina todavía… O al menos eso esperábamos.
Enseguida nos adelantó el globo de las 3h45 y no nos preocupó lo más mínimo porque habíamos calculado que corriendo a 5:30 o un pelín más rápido y andando a buen ritmo, podíamos bajar de las cuatro horas sin muchos problemas. Así que seguimos a lo nuestro. No habíamos llegado al décimo kilómetro cuando vimos a Javier, al que habíamos saludado antes de la carrera, que iba andando. Le pregunté y me dijo que le había dado algo en el isquio, por lo que le dije que se viniera con nosotros, siguiendo nuestro plan, pero debía estar realmente roto. ¡Mucho ánimo Javier! Y a recuperarte lo más pronto posible.
Fuimos muchos kilómetros junto a dos chicos de Mérida, que nos adelantaban cuando nosotros andábamos y nos poníamos a su altura cuando corriamos. Se interesaron por nuestro método y le hablamos de Galloway. Estuvimos con ellos casi media carrera, pero acabaron yéndose por delante. Nosotros a lo nuestro, tratando de controlar a mi amiga, que tenía tendencia a acelerarse y yo tenía miedo a que al final pagáramos sus alegrías. Pasamos la media maratón en 1h57 que di por buenos porque seguía pensando que las cuatro horas eran un objetivo factible.
A partir de la media maratón comenzamos a adelantar gente que quizás había salido con demasiadas alegrías. Sobre el kilómetro 25 estuvimos un tiempo junto a un tal David, que debutaba en la distancia de Filípides, y que estaba temeroso del kilómetro treinta. Yo le dije que no tuviera miedo, que es un kilómetro más, con puede ser el veintinueve o el treinta y uno. Le dejamos atrás poco antes de su fatídico kilómetro y no supimos más de él, pero seguro que al final llegó a meta.
Poco después estuvimos unos kilómetros con un tipo con barba de Badajoz que nos estuvo contando un poco lo que nos íbamos a encontrar al llegar al casco antiguo, donde nos esperaban algunas cuestas. Con él llegamos al kilómetro treinta, nos avituallamos y afrontamos una bonita cuesta y luego unos cuantos tramos de subidas, bajadas, giros a derecha, giros a izquierda, fue un tanto laberíntica aquella zona, ya no sabíamos si íbamos o veníamos. Aún con tanta confusión seguíamos corriendo dos kilómetros y andando un minuto, todo con disciplina casi militar.
Seguíamos adelantado, aquello era un no parar, algunos de la media y otros de la maratón, ya era difícil saber quiénes eran unos y quienes eran otros, pero el ir adelantando gente y comprobar que las piernas respondían nos motivaba aún más y la ventaja que tiene este método es que en el treinta no piensas que todavía te quedan doce, sólo piensas que dentro de dos te vas a poner a andar un minutillo. Y cuando llegas al treinta y dos, lo mismo. Creo que psicológicamente eso ayuda mucho a no venirte abajo, porque en muchas maratones he pensado, cuando ya vas algo cascado, en lo que queda y te da un bajón.
Mi amiga iba volando en aquellos últimos kilómetros, de hecho yo iba alucinando porque de haber estado haciendo kilómetros a 5:25 o 5:20 lo más rápido, ahora íbamos por debajo de 5:15 en casi todos los kilómetros y al contrario que casi todo el mundo, cuanto más cerca de la meta estábamos, más deprisa íbamos. Fue un final apoteósico. Cuando entramos en la pista, donde había que desandar los 300 metros que hicimos en la salida, vimos a una chica y animé a mi amiga para poder adelantarla, pero la chica se resistió y no nos hicimos con ella. No era adelantarla sin más, es que había dinero según tu clasificación y un puesto más o un puesto menos podía significar más o menos dinero o subir al cajón o no (por categorías). Entramos en meta con un tiempo de 3h49 según mi cronómetro para una distancia algo inferior (unos 400 metros) a los 42 km y 195 m. En algún sitio se les había ido la mano. Mi amiga siguió trotando hasta que su reloj marcó 42,2 km, todo un ejemplo de querer terminar bien las cosas.
Llegando a meta más contentos que unas castañuelas. Gracias a TUFOTOENFOCO por la instantánea
Comimos y bebimos algo, que había bastante surtido, y enseguida fui al guardarropa a coger el móvil para ver la clasificación porque estaba casi seguro que mi amiga había pillado algo. Y así fue, fue segunda de su categoría y 18ª de las chicas, por lo que se llevó un bonito trofeo y 45 € que se los abonarán en algún momento. Esperando al podium, una pareja también se interesó por nuestro método y tuvimos que explicarlos en qué consistía.
Recogiendo su trofeo como segunda de su categoría. Gracias a TUFOTOENFOCO una vez más
Un fin de semana inolvidable en Badajoz, por todo lo nuevo que conocimos y por esa maratón que acabó de la mejor manera posible. Habrá que volver. A la vuelta nos pasamos por Medellín, cuna del gran Hernán Cortés. Un pueblo con un bonito castillo y un teatro romano en buen estado, no llega al de Mérida, pero merece la pena visitarlo.
El castillo de Medellín y la iglesia de Santiago, convertida en Centro de Interpretación
¿Tienes algo que hacer el 10 de mayo? Pues lo puedes ir olvidando… Ese día se celebra la XXIII edición de la «Carrera Popular Barrio Zofío – Premio Plaza Río 2» y no te la puedes perder. Es una carrera hecha por corredores para corredores. Una carrera con auténtico sabor popular. Hay carreras para los más mayores de 5 y 10 km y también carreras infantiles. Toda la información en la página web de la carrera:
Como había participado la semana anterior en la Media de Fuencarral no me apetecía meterme otra media entre pecho y espalda, pero tampoco podía permitirme dejar pasar un domingo sin hacer una tirada larga porque la Maratón de Badajoz está cerca y además queríamos puntuar como equipo para la clasificación de la Unión de Carreras de Barrio de Madrid, así que se me ocurrió apuntarme a la versión cinco kilómetros de la Media de Latina y hacer algunos kilómetros antes y otros pocos después. Convencí a una amiga para que no me dejara solo y quedamos en ayudar a otra compañera en la carrera para que hiciese su mejor marca en la distancia de cinco kilómetros.
Me desperté a las ocho menos veinte, me levanté, desayuné algo menos que un día normal, me preparé y a las ocho y media salí con mi amiga corriendo hacia Aluche. El camino hasta allí tiene tela porque son cinco kilómetros y muchos de ellos son en subida. Por el Parque de las Cruces, cuando ya nos quedaba poco para llegar, nos cruzamos con mi antiguo compañero de trabajo Paco, que debía estar calentando también. Llegamos a la explanada del centro comercial y nos encontramos con un par de compañeros, que se estaban cambiando. Hablamos con ellos y dijimos de ir a las nueve y diez a la pista del polideportivo, como habíamos quedado, para hacernos la foto de equipo. Fuimos hacia la pista y allí nos encontramos con el resto del equipo. Yendo para allá vimos que para recoger el dorsal había una cola de espanto, menos mal que nosotros lo habíamos recogido el viernes. Al final no conseguimos reunirnos todos, por lo que la foto no demuestra todo el potencial del Club Atletismo Zofío donde llegamos a juntarnos ocho en las dos distancias.
En la Media de Latina, aunque no todos íbamos a hacer los 21 kilómetros
Dejamos la ropa y fuimos medio trotando, medio andando, hasta la salida. Nos pusimos bastante delante para el ritmo al que pensábamos ir, pero bueno, la compañera quería hacer su MMP y tampoco se podía salir de muy atrás. Salimos los tres y quizás algo deprisa porque hicimos el primer kilómetro en 5:18 cuando yo había dicho de hacerlo en 5:30 y luego ir aumentando el ritmo. El segundo lo hicimos en 5:27, más cerca de lo previsto y el tercero en 5:19. No iba mal el plan. Lo malo es que en el cuarto kilómetro se hundió un poco la compañera que buscaba su MMP y se nos fue a 5:42. Los últimos ochocientos metros fueron los más rápidos ya que los hicimos en 5:09 haciendo la compañera un sprint en los últimos cien metros que me costó trabajo seguir su estela. Llegamos a meta con un tiempo de 25:56 para una distancia aproximada de 4,8 km. Le dije que para hacer su MMP en 5 km tenía que correr doscientos metros más y eso fue lo que hizo, apretó lo que le quedaba para parar el crono en 27:08 @ 5:24, que se convierte en su MMP… De momento.
Esperamos al otro compañero que también había participado en la de cinco kilómetros, nos hicimos unas fotos y nos pusimos a correr de nuevo bajando por donde habíamos venido y dando una vuelta por Parque Sur para totalizar 23 kilómetros, casi nada. Mi amiga parece decidida a hacer la maratón de Badajoz completa, aunque la idea original era hacer sólo media.
Me levanté a las siete, desayuné y junto a un par de compañeras del Club Atletismo Zofío nos fuimos, gracias a Miguel,hasta el barrio de Fuencarral. Aparcamos cerca del polideportivo de Santa Ana, donde ha acabado la carrera algunos años. Subimos andando hasta la calle Nuestra Señora de Valverde, donde estaba situada la salida y la meta, sitio donde estuvo originalmente. Nos hicimos unas fotos con nuestros abrigos y luego con nuestros chándales, el día oficial del estreno de estas prendas.
Con nuestros bonitos chándales del Club Atletismo Zofío
Más tarde dejamos la ropa en el ropero y estuvimos haciendo el calentamiento que nos ha enseñado Marcos, nuestro profesor de atletismo . Faltando cinco minutos nos metimos entre la gente que se agolpaba detrás del arco de salida. Me metí todo lo cerca de la salida que pude y las compañeras se quedaron algo más atrás porque tenían pensado ir algo más despacio que yo. A las diez en punto dieron la salida y salimos lanzados, que el terreno es descendente y había que aprovechar.
Salí sin mirar el reloj porque no quería obsesionarme con el tiempo. Me sorprendió la subida por Montecarmelo porque no la recordaba y ahí noté las piernas que no estaban frescas, así que no debía acelerarme porque el final es duro. Después de esa subida sigue un bajada hasta el comienzo de la subida a la Tapia de El Pardo. Ahí bajé la cabeza y para arriba. Me adelanto Andrés, al que hacía tiempo que no veía, y observé con envidia cómo subía ligero. Llegamos a la Tapia, cogí una botella de agua, di un par de tragos y comencé a bajar la bajada más larga de la carrera.
Mientras bajaba me adelantó la vela de 1h40 y pensé que no sería mala idea no perder su estela, aunque no me gusta seguir a los que marcan un ritmo. Después de esa bajada larga comienza otra subida para alcanzar uno de los cuarteles de El Pardo. Nada más subir se comienza a bajar sin solución de continuidad buscando el casco urbano de esta población, ahora barrio de Madrid. En la única zona llana, alejándose de El Pardo hacia Herrera Oria, unos cuatro kilómetros, traté de aumentar el ritmo tratando de alcanzar a la vela de 1h40, pero ellos también aumentaron en ritmo y pronto me olvidé del tema y me concentré en mi carrera.
Pasado el kilómetro quince comenzó la subida a Herrera Oria y allí ya no había más que hacer que acortar la zancada, bajar la cabeza y sufrir esos kilómetros. Menos mal que la subida no es continua, que tiene algunos falsos llanos y eso ayuda a recuperar el resuello. No había mirado el reloj en toda la carrera y en plena subida lo miré porque veía que el diecinueve no llegaba. Fue mirar el reloj y vi el hito del antepenúltimo kilómetro, lo que me animó mucho.
Afortunadamente llegó el kilómetro veinte y se acabó la cuesta, ya que el último es llano. Llegando a meta vi a lo lejos el cronómetro y me pareció ver 1h40, así que apreté para que no pasara a 41. Y lo conseguí, hice 1h40, el mismo tiempo que hace tres años e incluso ocho segundos menos.
Cogí la bolsa y fui a buscar a las compañeras de club. No iba muy acelerado porque mi amiga decía que iba a tardar dos horas; sin embargo las encontré enseguida, las animé y las vi con buena cara, lo cual me sorprendió porque una de ellas era la primera media de Fuencarral que corría y pensé que a lo mejor lo pasaba mal, pero fue todo lo contrario. Hicieron 1h47, un gran tiempo para su debut. Cogimos la ropa, nos hicimos unas fotos y esperamos para ver si mi amiga había rascado cajón, pero se quedó a las puertas, fue cuarta de su categoría.
Se trataba de mi décima media de Getafe. Ha sido un participación algo intermitente teniendo en cuenta que la primera vez que vine fue en 2007 y de eso hace ya diecinueve años. En los días de carrera tengo la costumbre de levantarme tres horas después para desayunar y tener hecha la digestión, así que me desperté a las siete y media, aunque ya me había despertado varias veces antes. Me levanté y desayuné como un día normal.
Esta vez me tocó ir solo a la carrera. Los otros compañeros y compañeras por unos motivos o por otros no pudieron venir. De todos modos, una amiga me acercó a la localidad de Getafe. Me dejó cerca del Carrefour y dese allí me fui andando tranquilamente hasta el polideportivo donde tenían montado todo el tinglado de la media de Getafe. Aunque había soltado lastre antes de salir de casa cuando entré en la pista del polideportivo noté que tenía que volver a soltar lastre de nuevo, así que me fui al servicio y tuve que esperar una buena cola estando allí más de veinte minutos. Ya eran pasadas las diez cuando dejé la mochila. Salí ya calentando del polideportivo y en un principio pensé seguir en la misma calle donde está situada la salida, pero opté por ir al parque de lado para seguir calentando porque había mucha gente por allí y muchas vallas. Calentando por el parque noté como si tuviera el calcetín arrugado. Me quité la zapatilla y vi que todo estaba bien, pero algo pasaba. Faltando cinco minutos me fui al cajón seis, que era donde se agolpaban todos aquellos que habían indicado que iban hacer una marca sobre 1h40.
Dieron la salida algo más tarde de las diez y media y pasó algo más de un minuto hasta que pasé por el arco de salida, donde puse el cronómetro en marcha. Había tanta gente por delante y algunos tan lentos que el primero kilómetro fue un horror, pero no se me fue mucho de los 4:35 que tenía pensado llevar durante toda la carrera. No sólo el primer kilómetro fue un horror, estos primeros kilómetros, hasta pasado el kilómetro cinco, en el avituallamiento, fueron un tanto desagradables por la cantidad de gente que había. En ese primer avituallamiento, en el que uno coge una botella y otro se pelea por cogerla, parece que se despejó un poco la carretera, pero no las tenía todas conmigo. Hasta ese momento iba detrás de la vela de 1h40 y se iba formando un enorme atasco con toda la gente que seguía al de la vela. Me costó lo suyo pasar a ese grupo de gente. Me di cuenta que lo que en el calentamiento parecía que llevaba el calcetín arrugado, era una ampolla que me estaba molestando por la zona del metatarso y que según avanzaban los kilómetros la notaba más.
Hacía mucho viento y en algunos tramos prefería ponerme detrás de alguien que me hiciera de parapeto aún a costa de perder algún segundo, pero pensaba que podía ahorrar algunas fuerzas que podrían venirme bien en los últimos kilómetros. Esa fue mi táctica durante todos los tramos ventosos aunque algunas veces tenía que ir saltando de parapeto en parapeto porque me parecía que iban demasiado despacio. En el kilómetro seis ya se podía correr mejor y en el siete ya casi con normalidad. Miré el tiempo realizado en ese primer tercio y el reloj marcaba treinta y dos minutos y veintitantos segundos. Si quería hacer 1h36 no podía dormirme. Me encontraba bastante bien en esos kilómetros, incluso me aceleraba más de la cuenta en algunos tramos y trataba de controlarme. Llegando al kilómetro diez, donde está situado el segundo avituallamiento, se pasa por debajo de un puente, dejando atrás el barrios de Los Molinos, que es el tramo que menos me gusta de la carrera. Como tengo memoria de pez, no recordaba que una vez llegados a la plaza de toros, hay que bajar para dar un pequeño rodeo y volver a salir a la glorieta de la plaza, por el contrario, pensaba que se cogía la Avenida de don Juan de Borbón, donde estaba situada la salida. Tampoco recordaba que una vez se comienza la subida a esa avenida hay que hacer un tramo de ida y vuelta por la Avenida de la Rabia. Allí te cruzas con los que van por delante y vi que la vela de 1h35 no me sacaba demasiado. Se vuelve de nuevo a la avenida del padre del emérito y se comienza a subir lo que se bajó en el primer kilómetro. En plena subida se puede ver al otro lado de la calle la entrada al polideportivo donde acaba la carrera. Ese tramo es cuesta arriba y encima el viento soplaba fuerte en contra. Se corona esa ligera subida ventosa poco después del kilómetro trece y pensé que se me había ido un poco el tiempo, pero en ese decimotercer kilómetro anduve incluso mejor de lo previsto porque lo hice en 4:32. Llegando al kilómetro catorce, segundo tercio, volví a mirar el reloj y vi que llevaba una hora y cuatro minutos y pocos segundos. La cosa marchaba, el objetivo de 1h36 parecía factible, aunque me daba un poco de miedo el viento que hacía.
Del catorce al quince fue el más lento el kilómetro más lento de la carrera ya que se me fue a 4:42. Quizás me confíe demasiado y pensaba que el terreno ascendente había acabado, pero no era así, seguía picando un poco para arriba. Luego vino el que para mí fue el tramo más complicado de la carrera, ya que fueron dos kilómetros con el viento de cara bastante fuerte. Ya iba notando que se me iba gastando la pila, pero mantuve la compostura. Había ido toda la carrera adelantando gente, pero en ese tramo, alguno que otro me sobrepasó. Pasado el kilómetro diecisiete se hace un giro de casi trescientos sesenta grados y el viento era ahora a favor, pero por un tramo adoquinado que hacía que la ampolla me molestase aún más. Siempre que paso por esa zona adoquinada pienso que podían llevar la carrera por otro lado, aunque es verdad que es el tramo que atraviesa el centro de Getafe. En el kilómetro dieciocho empecé a notar una molestia parecida al flato, pero más centrada, por lo que deseché que fuese eso, pero daba igual la causa de la molestia, aquello daba por c. de igual manera. Así que entre esta nueva molestia y la vieja de la ampolla iba ya u tanto perjudicado. Aún así conseguí mantener el ritmo tirando de agallas, total, ya estaba casi en meta. Fue por entonces cuando me adelantó una chica que debía llamarse Soaia porque era lo que podía leerse en su camiseta. Esta chica ya me había adelantado sobre el kilómetro diez y luego la dejé atrás, pero no debió quedarse muy lejos. Iba picada con otra chica que vestía de negro y esa pelea entre ellas hizo que se alejaran de mí, aunque trataba que no me sacaran mucho ya que eso me servía de acicate para mantener el ritmo. Mirando la pelea entre ambas llegó el kilómetro veinte y ya sabía que pronto el terreno se volvería favorable. Antes se bajaba un buen tramo por la Avenida de don Juan de Borbón y luego había que subir un poco, pero ahora se entra directamente al polideportivo y en pocos metros se pisa la pista de atletismo para hacer los últimos cien metros, que se hacen largos. Apreté lo que pude para hacer el mejor tiempo posible. Paré el reloj poco después de pasar la línea de meta y cuando guardé el tiempo vi que marcaba 1:36:34 que es exactamente el mismo tiempo que me dijo el crono el año pasado. Curiosa coincidencia. El tiempo oficial me da un segundo menos: 1:36:33. Debo sentirme satisfecho porque hice el mismo tiempo y soy un año más viejo. Y ya cuando llegas a una edad, se nota cada año que pasa.
Me dieron la medalla, una botella de agua, una botella de bebida isotónica y una manzana. Recogí la mochila y rápidamente me puse la chaqueta y el abrigo porque aunque el día era soleado, hacía fresquete y el viento seguía soplando sin piedad. Si el año que viene tengo entre mis planes hacer la maratón de Madrid, seguro que estoy en Getafe otra vez. Es una buena piedra de toque para saber mi estado de forma.
Comenzamos el Año Nuevo desplazándonos a Yuncler, pueblo situado más o menos a mitad de distancia entre Toledo y Madrid, aunque algo más cerca de la capital de Castilla-La Mancha; sin embargo, enseguida se llega. De hecho sumando el tiempo que tardamos en llegar y aparcar el coche, tardamos menos tiempo que la anterior carrera en Vicálvaro.
Salimos a las ocho y media con el coche. Diez minutos más tarde recogimos a un compañero y pusimos rumbo a Yuncler, donde llegamos sobre las nueve. Aparcamos cerca de la zona de salida y meta y fuimos a recoger el dorsal a la placita donde siempre los dan, al lado de la llegada. Me agradó el detalle de que dieran una camiseta de manga larga. Otra que guardaré. Decían días antes que iba a hacer mucho frío e incluso podía nevar, pero aunque hacía frío, tampoco era exagerado, creo que otros años ha hecho más frío. Después de recoger el dorsal nos encontramos con los otro compañeros. Charlamos un rato y luego fuimos al coche a dejar la ropa y calentar un rato.
Estuvimos calentando hasta que faltando cinco minutos nos juntamos los seis para hacernos una foto. La compañera con la que había quedado para hacer la carrera y que solemos correr juntos casi todas, se quejaba de que le dolía mucho la espalda, que se había tenido que tomar un ibuprofeno y que estaba esperando a que le hiciera efecto. A las diez dieron la salida y salimos a toda pastilla ya que esos primeros metros son llanos tirando a favorables hasta llegar a la calle Greco donde se empina el trayecto. La compañera se quedó atrás aunque luego bajé un poco el ritmo y se puso a mi altura en la bajadita por la calle Ronda. Hicimos el primer kilómetro en 4:16 y lo di por bueno porque mi intención era hacer la carrera a un ritmo de 4:15 y ese primer kilómetro tenía una subida que nos había hecho perder un poco el ritmo. Pasamos por contrameta, por la esquina de la calle Ramón y Cajal y Paseo del Prado aún juntos. Subimos a la iglesia, embocamos al Camino Yunclillos y llegó el segundo kilómetro, que hicimos en 4:20. Notaba que a la compañera le costaba seguir el ritmo porque enseguida se quedaba atrás, imaginé que su espalda no la permitía esforzarse en demasía. Pasamos la primera zona de chalets y en Camino Recas llegó el tercer kilómetro, que hicimos en 4:12, recuperando lo perdido en el anterior. El siguiente kilómetro es el más favorable yendo por el Paseo de la Rivera y pasando por primera vez por meta. Ese salió a 4:10 y pensé que estaba en mi mano hacer esa media de 4:15.
En la segunda subida a la calle Greco se quedó la compañera y ya no la esperé, se fue quedando metro a metro. El quinto kilómetro que incluía la subida por la calle Greco y un poco de bajada por la Calle Ronda se fue a 4:25. Poco después pasé de nuevo por contrameta y ya iba un tanto descolgada y entre ella y yo iban un par de chicas, que ya la habían adelantado en esta segunda vuelta. Iban a buen ritmo y pasada la iglesia me adelantaron también a mí. Iban picadas la una con la otra, siendo una de ellas muy joven (categoría senior) y la otra algo más mayor (categoría Veterana B). Esta chica, con una camiseta de un club de Fuenlabrada corría con muy buen estilo. Estuve casi todo el rato a su altura por el Camino Yunclillos, pero pensé que a la compañera no le iba a hacer mucha gracia porque parecía que las estaba echando una mano, así que las dejé pasar.
En el Camino Yunclillos, poco antes del giro a la derecha, estaba el sexto kilómetro, que hice en 4:24 y allí ya vi que se me iba el objetivo previsto, que iba a tener que apretar mucho en el tramo más favorable y aún así iba a estar muy complicado. En la zona de chalets se me fueron escapando poco a poco las dos chicas y aunque no miraba atrás, imaginé que la compañera también iba perdiendo terreno, pero con esta chica nunca se sabe porque tiene una capacidad de sufrimiento a prueba de bombas y tampoco me hubiese extrañado que me hubiese cogido. Hice el séptimo kilómetro en 4:24 y mis pocas esperanzas se esfumaron porque sabía que aunque fuese a tope en los últimos ochocientos metros no iba a recuperar lo perdido. Y así fue, los hice a un ritmo de 4:13 pero no pude conseguir el objetivo de 4:15 en el global de la carrera, que fue de 4:18. En los últimos metros la chica más joven consiguió dejar a la más mayor y de este modo, aunque hubiese dado igual que hubiesen invertido las posiciones, la más joven quedó tercera senior y la más mayor segunda Veterana B. Llegué a meta con un tiempo, según mi cronómetro, de 33:51, haciendo más tiempo que el año pasado que hice 20 segundos menos. Mi compañera llegó nueve segundos más tarde quejándose todavía de la espalda. Aún así se hizo con el segundo puesto de la categoría de Veteranas A. La otra compañera de club fue la tercera del equipo haciendo un tiempo de 38:10 que sólo la sirvió para ser sexta de su categoría. Poco a poco fueron llegando los demás, con especial mención a Emilio «el incombustible» que con sus 80 años subió a lo más alto del cajón como el participante de más edad. Por curiosidad estuve viendo qué hubiese pasado si hubiese nacido mes y medio antes y descubrí que hubiese sido tercero de Veteranos C porque el que fue tercero hizo 34:23. Eso sí, no me hubiese dado para ser segundo porque el segundo hizo 43 segundos menos que yo.
Nos cambiamos de ropa y volvimos a la plaza donde nos comimos unas migas con huevo. Las migas estaban malas, todo hay que decirlo, pero la intención es lo que cuenta. Eso sí, los huevos me gustaron más. Más tarde subió la compañera al cajón donde fue agraciada con un trofeo y un chorizo y un salchichón. De vez en cuando, entre categoría y categoría sorteaban algunas cosas, entre ellas un viaje y algunos embutidos, pero no fuimos agraciados con nada. Emilio subió también a por su trofeo y sus dos embutidos. Acabó el sorteo y fuimos a un bar cercano a tomarnos un café porque estábamos todos fríos todavía. Me gustó el bar porque estaba decorado con portadas de discos de rock como el Made in Japan, In rock, de Deep Purple, alguno de Rainbow como Long live rock and roll y alguno más de Black Sabbath o Dire Straits. Me encantó esa decoración tan rockera.
Algunos miembros del Club Atletismo Zofío con sus correspondientes trofeos
Tres días después de correr en Villaverde teníamos cita con la 14ª carrera de la Unión de Carreras de Barrio. Me desperté pasadas las ocho, me levanté y esta vez dije que no iba a llegar tarde al punto de encuentro, así que salí a las diez menos cuarto de casa y cuando llegué al punto de encuentro, cinco minutos después, me sorprendió porque fui el primero. Esto va a pasar a los anales del Club Atletismo Zofío. Al poco fueron llegando los demás y en dos coche partimos. Enseguida llegamos a Vicálvaro, pero dimos vueltas y vueltas y vueltas y no encontrábamos aparcamiento. Lo mismo los ocurría a los del otro coche. Al final nos bajamos una compañera y yo para ir recogiendo los dorsales y los demás siguieron buscando sitio. Nos dimos un bien paseo hasta el polideportivo y al entrar en la zona cubierta vimos que había bastante gente para retirar el dorsal.
Poniendo el dorsal en la camiseta apareció por allí mi sobrino al que saludamos y estuvimos un rato hablando. No sólo para recoger el dorsal, también había una cola enorme para dejar la ropa, menos mal que nos hicieron un hueco los compañeros. Todos comentamos que parecía que este año había mucha mas gente. Salimos del pabellón cubierto ya con la ropa de correr y notamos que hacía fresquito, menos mal que al menos lucía el sol. Aprovechamos para hacernos una foto, que luego utilizamos para felicitar el Año Nuevo.
Salimos a la calle donde está situada la meta y ya se fue cada uno por un lado. Mi compañera habitual y yo bajamos hacia abajo, como todos los años, bajando y subiendo haciendo la técnica de carrera que nos ha enseñado Marcos y los demás debían estar por la zona de arriba haciendo lo mismo. Faltando algo menos de cinco minutos nos metimos en el pelotón, en la décima fila o por ahí y nos encontramos con nuestro vecino corredor al que vemos en muchas carreras y al que ya habíamos saludado. Nos pusimos junto a él y al final hicimos toda la carrera los tres, aunque al final llegó un par de metros antes que nosotros. Por la zona de salida no vimos a nadie más del club, estaban todos en la parte trasera del pelotón. Mala elección.
Dieron la salida y como el primer kilómetro es casi todo cuesta abajo intentamos ir lo más deprisa que podíamos, aunque nos costó porque como siempre ocurre, se puso mucha gente por delante que salía de paseo. Poco antes de hacer el primer giro nos adelantó mi sobrino, al que se le veía francamente bien. Se notó ese atasco inicial, ya que siendo ese kilómetro casi todo cuesta abajo ese primer kilómetro no fue el más rápido, hicimos 4:16 . Luego comienza una larga subida por Villablanca, que se hace larga de narices. Casi terminada esa calle está situada el kilómetro dos donde mi cronómetro marcó 4:32. Se nos fueron segundos, pero no es fácil el tránsito por esa calle. Una vez coronada esa calle se llega a la plaza de la Vicalvarada y parece que la cosa se suaviza, pero tiene sus pequeñas subidas y bajadas hasta llegar a Valdebernado. Antes, cruzamos el Camino Viejo de Vicálvaro donde está situado el kilómetro tres en el que hicimos 4:29 dando muestras que ese tramo aunque parece llano, no lo es en absoluto.
En Valdebernado, bajando por el Bulevar Indalecio Prieto comienza una cuesta abajo donde mi compañera marchaba más deprisa que yo y eso que metros antes la tuve que esperar un poco. En esa bajada, a la altura de la boca de metro de Valdebernardo está situado el kilómetro cuatro, el meridiano de la carrera y allí miré el reloj y vi que habíamos hecho ese kilómetro más favorable en 4:25, tampoco es que la bajada nos ayudara a rebajar segundos. El bulevar que se ha bajado hay que subirlo y allí volví a reunirme con mi compañera. Fuimos un poco así el resto de la carrera, yo remontaba en las subidas lo que ella me sacaba en las bajadas. El quinto kilómetro está situado en la Avenida de la Democracia, donde te cruzas con los más rezagados. En ese kilómetro se paga la salida de Valdebernardo porque fue el más lento de la carrera, ya que lo hicimos en 4:35. Se llega a la glorieta por donde se pasó poco después del tercer kilómetro y comienza una cuesta abajo por la calle Camino Viejo de Vicálvaro donde intentamos ir lo más rápido que nos daban las piernas. Ese kilómetro «cayó» en 4:20 y el siguiente, también favorable, fue el kilómetro más rápido, que hicimos en 4:13. Ya sólo quedaba subir lo que habíamos bajado en el primer kilómetro para entrar en la pista de atletismo del polideportivo. Esa larga recta se hace eterna por varias razones: es muy larga, es cuesta arriba y las piernas ya van fatigadas. Lo único positivo es que se huele ya la meta. Allí también flojeó un poco la compañera pero aún así, gracias a su capacidad de sufrimiento, llegamos juntos a meta justo detrás del otro compañero que nos había acompañando, siempre un par de metros delante, durante toda la prueba. Ese último kilómetro lo hicimos en 4:13 bastante bien para lo duro que era el tramo y lo que llevábamos encima. Conseguimos bajar de 36 minutos que era mi objetivo, marcando mi reloj un tiempo de 35:37 a un ritmo de 4:25. Al final se quedó lejos el ritmo de 4:15 – 4:20 que pensaba en un principio que podíamos llevar, quizás fui muy optimista.
Llegando a meta cogiditos de la mano como buenos compañeros
La siguiente en llegar fue mi amiga, que se fue a 40 y pico aunque yo pensaba que iba a ir más deprisa. Ya fueron llegando el resto de los compañeros. La más joven venía muy contenta porque había clavado un ritmo de seis minutos el kilómetro, nada mal para ser una principiante. Me encontré con mi sobrino y familia y estaba muy contento porque había hecho 32 minutos, nada mal. Recogimos la bolsa y bajamos a los vestuarios de abajo a ducharnos, pero en el de los chicos no había agua y en el de las chicas sólo funcionaba una ducha. Me subí arriba y al sol me vestí. Habían puesto las clasificaciones de los podiums y vi que mi amiga había sido tercera de su categoría Máster B y por desgracia la compañera con la que había hecho toda la carrera no aparecía entre las tres primeras Máster A ya que fue cuarta. Se lo comuniqué y entré en el pabellón no sé a qué y vi a un tipo en una valla custodiando una puerta. Le pregunté si este año no había duchas y me dijo que detrás de esa puerta se podía, así que entré, me quité la ropa que me acababa de poner y me duché con una agua que salía hirviendo. Sólo había un tipo duchándose, seguro que mucha gente se marchó sin ducharse porque abajo no sé podía, porque otros años siempre ha habido bastante gente en las duchas.
Esperamos a que la amiga recogiera su medalla, nos despedimos de mi sobrino y familia y fuimos hacia el coche, que no estaba precisamente al lado. Desde allí fuimos directamente al bar del barrio donde estuvimos celebrando el Año Nuevo. Y así acabó 2025 con un último trimestre repleto de carreras.