Archivo de la categoría: Carreras

VI 10 km solidarios de Seseña

Nunca había participado en esta carrera y me ha gustado bastante. El único problema ha sido el aire, pero eso no es culpa de los organizadores, ya que el Club de Atletismo Seseña lo ha hecho bastante bien.

Nos acercamos tres pradolongueros hasta Seseña, localidad medio toledana, medio madrileña a 34 km de mi casa. Llegamos con casi una hora de antelación y pudimos aparcar sin ningún problema en el aparcamiento situado justo al lado del polideportivo El Quiñón donde estaba instalada la meta y muy cerca de la salida.

La recogida del dorsal fue inmediata. Luego buscamos un servicio y después el guardarropa que no encontramos por ningún sitio. Al final tuvimos que dejar la ropa en el coche. Bueno, esto es un punto negativo para los organizadores, deberían de pensar en ponerlo en años venideros.

Dejamos la ropa en el coche y nos pusimos a calentar esperando que llegaran las diez de la mañana cuando comenzaba la carrera. Nos dio tiempo a hacernos una bonita foto los tres pradolongueros.

Prestos y dispuestos a participar en la carrera de Seseña

Poco antes de la salida me encontré con Marina, atleta local que me confesó iba a tratar de ganar la carrera en categoría femenina y que iría a un ritmo entre 4:00 y 4:10, cosa que me pareció demasiado para mí. La comenté que mi objetivo era ir sobre 4:15. Y no lo decía gratuitamente, ya que de la carrera de la semana pasada había obtenido una predicción que me decía exactamente eso.

Predicción para 10 km utilizando VDOT

A las diez en punto dieron la salida y enseguida vi que Marina y sus acompañantes ponían un ritmo vivo, que me pareció excesivo para mí. Iba viendo que poco a poco se iban alejando. Yo miraba el reloj y veía en ese kilómetro unos ritmos de 4:06 que me parecían mucho. Antes del primer kilómetro me adelantó una chica que debía llamarse Sofía porque era el nombre que podía leerse en su camiseta. Traté de ponerme a su ritmo, pero vi que iba también muy rápido y pensé que a lo mejor acababa fastidiando la “fiesta” a las atletas locales.

La carrera consta de varias rectas para llegar al pueblo viejo de Seseña y las mismas rectas para volver. En el pueblo cambia un poco la decoración porque hay más curvas y alguna subida y bajada. Yendo para allá vi que el crono iba un poco por debajo de 4:15, que era el ritmo objetivo, pero iba pensando que esos segundillos que iba rebajando podrían venirme bien al final.

El kilómetro cinco está en el pueblo antiguo, en una subida no muy pendiente, pero subida al fin y al cabo. En esa subidita me adelantaron seis o siete corredores, fue el tramo donde más gente me adelantó. Está claro que debo entrenar más las subidas porque flojeo bastante cuando el terreno se empina aunque sea sólo un poco.

Llegado al punto donde se junta la ida con la vuelta, en esa larga recta por donde habíamos venido me di cuenta que faltaba lo peor, ya que teníamos por delante una recta de casi 3 km y el aire soplaba en contra con bastante violencia. Costaba trabajo avanzar con ese vendaval en contra.

Luchando contra el viento iban cayendo segundos por encima de 4:15 y me alegré al pensar en ese colchón que había conseguido en la primera parte. En ese tramo íbamos adelantándonos un tipo con traje de triatlón y yo. Trataba de ponerme a su chepa cuando me adelantaba, pero no sé si es que no le hacía mucha gracia ir cortándome el viento o es que el huracán le frenaba, el caso es que aflojaba el ritmo y tenía que volver a ponerme por delante.

Faltando kilómetro y medio se gira noventa grados a la izquierda y el aire sigue en contra, pero al poco hay edificios y se nota menos los soplidos de Eolo. Cuando llegué al penúltimo kilómetro miré el crono y vi que marcaba 38:30 por lo que pensé que bajar de 43 minutos era factible, sólo había que no desfallecer.

Tenía algo de fuerzas todavía y ese último kilómetro lo hice a buen ritmo, parando el crono en 42:25 que era justo lo que decía la predicción; sin embargo, el GPS no llegaba a los diez kilómetros por lo que sospecho la distancia de la prueba era algo menor de lo que debía.

Después de la carrera vi que había una pequeña carpa con dos camillas y un fisio. Había una persona tumbada en la camilla y dos esperando, así que me puse a la cola porque he estado estos últimos días con problemas en la corva y pensé que no me vendría mal que me viese un profesional de este negocio. Después de esperar un poco me estuvo explorando y dijo que podía ser una sobrecarga en el gemelo externo, que fuese a un fisio a que me tratase.

Después de la visita al fisio nos pasamos los tres pradolongueros por la pantalla donde los chicos de Evedeport ponen los tiempos. De los tres que vinimos, la chica se encontró con un segundo puesto y los chicos tuvimos que conformarnos con un cuarto. Curiosamente, en la recogida de premios, que fue tardísimo, a la compañera pradolonguera la dieron como primera en vez de segunda. No sé si debido a que la primera fuera local y pasara a esa clasificación o que hubiese algún error y lo hubiesen subsanado. Fuera lo que fuese, nuestra amiga acabó muy contenta.

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XVIII Carrera Cívico-Militar contra la droga

Por tercera vez he participado en esta bonita carrera que se celebra en la Casa de Campo en la zona del lago. Y no he ido yo solo, no, sino que nos hemos juntado un montón de pradolongueros y “asociados”, lo cual es una gran noticia, ya que no hay muchas carreras en las que nos juntemos tantos compañeros.

Como es una carrera de no mucho kilometraje, decidimos salir unos cuantos pradolongueros corriendo desde el punto de encuentro habitual en el parque Pradolongo. Como la carrera comenzaba a las diez de la mañana, habíamos quedado a las nueve y media en el Urogallo con el resto de compañeros y por ello habíamos calculado que saliendo a las 8:45 del punto de encuentro llegaríamos a las 9:30.

Salimos un par de minutos tarde y de camino recogimos a Joaquín, que ya estaba algo nervioso porque no llegábamos. De este modo llegamos cinco a Madrid Río y avanzamos a buen ritmo por la vera del Manzanares hacia la Casa de Campo. Cerca del Calderón apareció Mariano que había ido en coche y volvía para encontrarnos y calentar un poco.

Llegamos al Urogallo prácticamente a la hora convenida y estuvimos saludando al personal y esperando que llegara Pepe, que era la persona que se había encargado de realizar las inscripciones y traer los dorsales. No tardó en llegar y se puso a pasar lista de manera marcial, para no desentonar con la ocasión, para repartir los dorsales. Recogimos los dorsales, posamos para la foto e incluso nos dio tiempo a calentar un poco.


Un montón de pradolongueros antes del comienzo de la carrera

Estando por allí, después de la foto, apareció Fran, compañero maratidiano al que hacía tiempo que no veía. Me dio gran alegría verlo. Estuvimos charlando un rato de los viejos y nuevos tiempos. Un gran tipo Fran.

En la línea de salida me junté con Joaquín, pero no vimos al resto de contendientes pradolongueros con los que supuestamente íbamos a ir a un ritmo similar. Esperando justo debajo del arco de salida pusieron por megafonía Paranoid de Black Sabbath y eso me animó sobremanera.

Dieron la salida y salimos a toda pastilla. Enseguida nos pasó Jovita como un obús con su nueva equipación de la Unión Atlética Coslada y segundos después Miguel. Formamos un terceto que duró escasos segundos porque Joaquín empezó a marcharse en la cuesta abajo. Y el dueto tampoco es que durase mucho porque Miguel salió en su búsqueda. Yo me quedé rezagado sabiendo que mi estado de forma es peor y que si me esforzaba demasiado luego lo iba a pagar.

Pasé el primer kilómetro en 4:08 no muy distanciado de los otros dos. Iba viendo como Miguel iba tratando de alcanzar a Joaquín, que se había instalado en un grupo, mientras que yo iba solo porque no encontraba nadie que fuese a mi ritmo. El segundo kilómetro también lo hice en 4:08 lo cual me pareció bastante razonable ya que ese segundo kilómetro pica para arriba. Miguel ya había alcanzado a Joaquín y circulaban cómodamente en un grupeto.

Empecé a pensar que Mariano debería de alcanzarme en breve ya que suponía que había salido por detrás de nosotros, pero me extrañaba que no me hubiese adelantado ya. Al paso por el tercer kilómetro, que hice en 4:17, calculé que me sacaban unos veinte segundos y que lo iba a tener muy complicado para cogerlos porque poco después empieza el terreno más favorable y ahí me iba a resultar imposible alcanzarlos.

El cuarto kilómetro, ya favorable lo hice en 4:07, pero ya mis compañeros estaban más lejos, aunque no mucho. El quinto kilómetro fue también a un ritmo similar ya que marcó el crono 4:06, pero se habían alejado mucho más, aunque los tenía todavía a la vista. Ya sólo quedaba algo más de un kilómetro y apreté los dientes de lo lindo ya que había un tipo que me seguía los pasos y tenía intenciones de adelantarme.

Cual fue mi sorpresa cuando llegué al arco de meta, que era el mismo que el de salida, y al parar el crono vi que no había llegado al sexto kilómetro, lo cual me extrañó un poco, porque me sonaba que la carrera era de algo más de seis. Paré el crono cuando pasé por debajo del arco y vi que marcaba un tiempo de 23:24. El GPS decía que los kilómetros recorridos eran 5,68 km por lo que la distancia de la carrera era de poco más de cinco kilómetros y medio. Nada que ver con la de hace dos años que era de unos 6,2 km. Está claro que es una carrera de distancia variable.

Después de la carrera vimos a Mariano que no me había adelantado ¡¡¡porque había salido antes!!! Y no sólo me había ganado a mí, sino que había sido el primero de los chicos pradolongueros con un tiempo de 21:58 o algo similar. Luego nos contó que había salido demasiado deprisa. Tiene la excusa de que todavía es novel en estos temas y no sabe controlarse.

Después una cervecita y a casa, pero en vez de volver corriendo nos fuimos con Emilio que se ofreció amablemente a acercarnos al barrio. Y no sólo eso, sino que pagó también las cañas. Lo tomaremos como una invitación por su cumpleaños que ya está próximo.

II Carrera ProFuturo

Hoy se ha celebrado la segunda edición de la Carrera ProFuturo que se celebra en beneficio de la fundación ProFuturo. Esta fundación nació con la misión de contribuir al desarrollo social y económico de países con niños y niñas en entornos de vulnerabilidad para lograr la igualdad de oportunidades a través de una educación inclusiva y equitativa de calidad en África Subsahariana, América Latina y Sudeste Asiático.

En esta carrera, otrora de buen gran asistencia entre los compañeros maratidianos, hoy sólo nos hemos juntado tres, bueno cuatro, que encontramos a unos de ellos al final de la carrera, pero a la hora de la foto sólo éramos tres. Nos dio tiempo a hacernos una bonita foto antes del comienzo de la carrera.


Posando ante la boca de metro de Ronda de la Comunicación, justo al lado de la salida

En lo que respecta a la carrera, se me dio peor de lo que esperaba y eso que hacía un día ideal para correr. La temperatura era fresquita, los cordones que nos regalaron para lucirlos en la carrera me ajustaban las zapatillas perfectamente, los clavos de los dedos estaban recién eliminados, físicamente no me molestaba nada y lo más importante… Mi dorsal era capicúa. Además en el calentamiento me encontré con un amigo que supuestamente iba a ir a un ritmo parecido al mío.

El caso es que comenzó la carrera y mi amigo salió como un poseso y me adelantó en los primeros metros. No quise apretar mucho al comienzo para no ir luego demasiado forzado, pero aún así le tuve como a cincuenta metros casi toda la carrera. El primer objetivo era no perderle de vista.

El segundo objetivo era tratar de pasar al que portaba la banderola de 45 minutos que también salió deprisa. Eso lo conseguí cuando me acercaba al cuarto kilómetro. La verdad es que me encontraba francamente bien. Iba pensando en el año anterior y lo que iba sufriendo con el teléfono a la cintura y eso me animaba aún más.

Veía a lo lejos otro individuo portando otra banderola. Pensé que llevaría una de 42 ó 43 minutos, aunque me parecía algo extraño esos tiempos. Aproximadamente en el kilómetro seis se llega a una recta cuya longitud es superior al kilómetro. Veía que me iba acercando poco a poco al de la banderola, pero antes de llegar a él, sobre el kilómetro seis y medio me adelantó una chica a toda pastilla. Después llegué al de la banderola y vi que ponía 45 minutos. Me dejó algo perplejo que fuese tan adelantado porque yo iba haciendo kilómetros a un poco más de 4:15 y él debería haberlos hecho a 4:30. Pensé en los pobres corredores que trataron de seguirlo y que andarían por ahí fundidos. Cuando le adelanté, el hombre estaba parado animando al personal. Decía que íbamos a pasar el kilómetro siete en 31 minutos y eso me hizo recordar aquello buenos tiempos en que dividía las medias maratones en tres tramos y pasaba cada uno de ellos en menos de treinta para bajar de la hora y media y hoy yendo a tope iba más despacio.

Nada más pasar el kilómetro siete hay un pequeña subida. Me costó subir la susodicha y lo peor es que en esos últimos tres kilómetros donde pensaba que me podía acercar al amigo que salió conmigo, ocurrió lo contrario, que se me fue un poco más. El caso es que no me veía mal del todo, pero no podía ir más deprisa.

Llegué a meta con un tiempo oficial de 43:46 aunque neto de 43:26, peor incluso que el último diez mil, aunque me consuela un poco que esta carrera es un poco más dura. Está claro que hay que entrenar más y, sobre todo, perder peso, que me sobran unos cuantos kilos.

X Carrera popular villa de Torrijos

He participado, una vez más, en la carrera popular de Torrijos. Es una carrera que me encanta, no sólo por razones sentimentales, sino porque se trata de una carrera muy bien organizada y generosa con el corredor. Algunos ponen peros, como que haya que dar dos vueltas por el mismo sitio, pero a mí me gusta. Hay gustos para todos.

Llegamos a Torrijos un poco más tarde de los esperado, con sólo cuarenta minutos para realizar todos los trámites, menos mal que todo fue rápido: la recogida del dorsal, prender el dorsal en la camiseta, ponerse el chip, dejar la ropa en el guardarropa y visitar al servicio. Nos sobró algo de tiempo para calentar… Pero no mucho.

Salí con la idea de bajar de 43 minutos, pero ya antes de la carrera no me veía bien, tenía malas sensaciones, sabía que iba a ser un objetivo difícil de cumplir. Además el calor tampoco acompañaba, hay que tener en cuenta que la carrera daba comienzo a las once y el sol apretaba a esas horas.


Con una compañera pradolonguera

En estas últimas carreras había salido algo rápido y luego me costaron los últimos kilómetros, así que decidí salir -o al menos intentarlo- más tranquilo. Traté de buscar un ritmo fuerte, pero sin darlo todo, por lo que me sorprendió cuando pasé por la meta en la primera vuelta y vi que llevaba 21:20. Eso me hizo pensar que a lo mejor bajaba de 43, aunque me iba a costar.

De todos modos, quizás sí iba más deprisa, incluso pensando que no lo iba, porque en la segunda vuelta me costaba seguir el ritmo de la primera. Iba una compañera por delante de mí, a la que había seguido durante toda la primera vuelta a unos cien metros, pero veía que se iba escapando.

Había un tipo que recortaba todas las esquinas, que ya conocía de alguna edición anterior donde ya me había hecho la misma jugada y en esta edición seguía con lo mismo. Habíamos tenido un rato en el que yo le adelantaba y luego en la esquina me adelantaba él; sin embargo en la segunda vuelta empezó a sacarme ventaja. Pensé que podía ser una buena rueda a seguir y traté de que no me sacara mucha distancia.

Al final me ganó el tío por tres segundos, gracias a sus recortes, pero el hecho de ir sin perderle de vista me hizo adelantar a un par de individuos. Acabé con un tiempo oficial de 43:15, algo triste por no haber cumplido el objetivo previsto, pero cuando no se puede, no se puede.

Las chicas del grupo pradolonguero lo hicieron bastante bien. Una de ellas hizo segunda de la general y primera de su categoría y la otra compañera acabó la segunda de su categoría. Ambas se llevaron un trofeo que fue algo distinto de lo habitual porque no fue una copa sino una placa de cristal bastante bonita.


El grupo de pradolongueros que se desplazó hasta Torrijos

XVII Legua popular Agromad

He participado junto a varias compañeras pradlongueras en la XVII edición de la legua popular Agromad, que se ha celebrado en la localidad madrileña de Villarejo de Salvanés.

Era una prueba donde los diez primeros y diez primeras obtenían un premio en metálico. Desde los 200 € al ganador o ganadora hasta los 20 € a los que llegasen en la décima posición. El hecho de que hubiese dinero por medio hizo que hasta allí se acercasen corredores y corredoras de muy buen nivel. Sobre todo me sorprendió la gran cantidad de mujeres que había por allí, más de lo habitual. Obviamente no acudí llamado por los premios en metálico, sino como un entrenamiento de calidad.

Llegamos con casi una hora de antelación, por lo que nos dio tiempo a buscar un sitio para aparcar, recoger el dorsal, dejar las cosas en el coche -ya que no había guardarropa- y calentar un poco antes de salir.


Después de la carrera junto al castillo donde estaba la línea de meta

Al tratarse de dos vueltas, tenía la idea de hacer la primera más tranquilo y apretar más en la segunda, pero la excitación del momento provocó que saliera más deprisa de lo debido. De hecho en la línea de salida estaba junto a una compañera pradolonguera y al poco se quedó atrás. Fue, como me ocurre últimamente, una carrera de más a menos aunque el mejor parcial fue el de los últimos seiscientos metros, aunque bien es cierto ese último tramo era más bien favorable.

En un momento dado iba en un pequeño grupeto donde iba un tal Isi. Obviamente, era de Villarejo porque había un montón de gente que le animaba y se extrañaban que fuese tan detrás. Él decía que iba de tranqui. Luego me di cuenta que el tal Isi es Isidoro León, el corredor al que la carrera homenajeaba. Todo un honor haber compartido unos kilómetros con tal célebre paisano.

Iban pasando los kilómetros y me iba acercando a una chica del Club Atletismo Seseña a la que conocía y eso me fue motivando. La conseguí adelantar sobre el kilómetro cuatro, pero casi al final de la carrera me adelantó ella y consiguió llegar antes que yo a meta. La compañera pradolonguera con la que compartí los primeros metros de la carrera también me adelantó cuando quedaba algo menos de un kilómetro y tampoco pude hacer nada por sobrepasarla. Fui batido en toda regla por ambas.

Otra compañera pradolonguera, que corre que se las pela en distancias cortas, consiguió alcanzar la octava posición de chicas lo que le supuso ganar 40 €. No le salió mal el viajecito.

La tercera pradolonguera no consiguió subir al cajón, quedando cuarta de su categoría, pero muy contenta por haberse quedado tan cerca del cajón y sobre todo muy feliz con su marca, habiendo mejorado con respecto a sus últimas carreras.

Llegué a meta con un tiempo oficial de 23:49 para una distancia de 5,67 km, por lo que la distancia sí podría medir una legua, ya que en el GPS sale algo más. De todos modos, tardé aproximadamente unos ocho o nueve segundos en pasar la línea de salida, por lo que el tiempo habré hecho un tiempo neto de 23:40 que es lo que indica Strava, que sabe más que nadie 🙂


En plena faena. Foto cortesía de Juan Iniesto

Creo que noté las piernas algo cansadas de los entrenamientos de la semana, pero bueno, ya que me lo tomé como un entrenamiento, no me puedo quejar. Habrá que descansar más si tengo un objetivo “de verdad”.

La bolsa del corredor fue muy generosa. Había plátano, melón, sandía, dátiles, gominolas, agua, Aquarius, galletitas, caldo Aneto, una camiseta técnica y una bolsa enorme de Aneto para meter todas las viandas. Una muy buena bolsa, sobre todo teniendo en cuenta que la inscripción costó 5,60 €.

Después de la carrera estuvimos por allí casi toda la mañana, ya que celebraban un sorteo y confiamos, ilusos, que nos íbamos a llevar el primer premio, pero no hubo suerte. De todos modos fue un rato agradable entre gente maja.

VI Carrera nocturna San Miguel

He participado en la sexta edición de la Carrera nocturna de San Miguel, en la localidad de la Puebla de Montalbán (Toledo) lugar conocido por ser el nacimiento de Fernando de Rojas, autor de “La Celestina”, por lo que es odiado por casi todos los niños de bachillerato. Ya había participado en la primera edición y desde entonces no había tenido la oportunidad de volver a hacerlo.

La carrera comenzaba a las 21:00, pero una hora antes ya estaba por allí, así que recogí el dorsal y antes de la carrera aproveché para hacerme una bonita foto ante la estatua de tan célebre escritor.


Ante la estatua de Fernando de Rojas

Es una carrera bastante dura. Hay que dar dos vueltas de casi 4 km cada una y en cada vuelta hay una subida de aproximadamente unos setecientos metros con su correspondiente bajada de casi un kilómetro. Luego hay otra bonita cuesta de 300 metros con su bajada y el resto es todo el rato picando para arriba. Un verdadero horror.

La verdad es que este tipo de carreras no me gusta nada. Voy fatal subiendo y aún peor bajando, pero pasé unos cuantos años de mi infancia en esa localidad y fui por aquello del sentimentalismo, pero con la idea de no ir a tope.

De todos modos, aunque no pensara ir a tope, al final tampoco fui de paseo. Sufrí lo mío al subir y traté de mantener el tipo en la bajada. Al final hice un tiempo de 34:39 para una distancia supuestamente de 8 km, aunque mi GPS marcó sólo 7,7 km.

Lo curioso es que al mirar la clasificación vi que había sido el cuarto de mi categoría. Estuve esperando por si alguno de los tres primeros era local o hubiese sido descalificado, pero no hubo suerte 😦 así que me tuve que conformar con la medalla de chocolate, pero aún así, muy contento.

Cuando acabó la carrera me encontré con una antigua compañera del instituto, que hacía mas de treinta años que no veía y me contó que llevaba año y medio corriendo ¡y qué manera de correr! Quedó primera de su categoría.

Lo peor de la carrera fue su elevado precio, ya que costaba la inscripción 10 € y que prometían que habría barbacoa, refrescos y cerveza para todos los participantes, pero lo único que vi por allí fue un plátano, una manzana, una pera y una botellita de agua.

I Carrera nocturna solidaria de Gerindote

Hoy he participado en Gerindote, provincia de Toledo en una carrera denominada “I Carrera Nocturna Solidaria de Gerindote”. Si no me fallan las cuentas, ya ha habido en los últimos años cinco carreras de trazado y kilometraje similar, pero no logran pasar de la primera edición debido quizás a los cambios de nombre. No sé, algo raro.

Se trata de una carrera nocturna, como su propio nombre indica -comenzó a las 21:30- consistente en dar tres vueltas a un circuito de poco más de dos kilómetros. En cada vuelta hay un pequeño repecho pero de sólo 200 metros, por lo que la carrera es bastante asequible.

Fui con una amiga hasta este pueblo y allí me encontré con un conocido, así que después de recoger el dorsal y ponernos la indumentaria apropiada nos pusimos los tres a calentar aprovechando para dar una primera vuelta y de este modo examinar el recorrido, así pudimos comprobar que era muy parecido al de otros años. Poco después nos colocamos bajo el arco de salida donde no había ni cien corredores, incluso sumando a los que sólo iban a hacer la marcha solidaria.


Posando antes del comienzo de la carrera

Con tan poca gente, no hubo problemas para salir a toda pastilla, pero al poco me adelantó el conocido y me animó a que fuese con él, pero según iban pasando los metros veía que él iba sobrado y yo un poco justo, así que le decía que tirase y me dejase a mi bola, pero el seguía insistiendo en que fuese a su lado.

A poco de comenzar la segunda vuelta adelantamos a un tipo que se acopló a nuestro rebufo. A mi compañero no le hizo mucha gracia llevar un pasajero extra, así que en el ecuador de la carrera decidió apretar un poco más para no hacer la carrera al nuevo acompañante y allí nos quedamos el nuevo y yo mientras él se iba. La verdad es que agradecí que se fuera porque me llevaba demasiado forzado.

En la tercera vuelta conseguí dejar también a mi nuevo compañero y apretando los dientes conseguí llegar a meta con un tiempo de 25:31 para una distancia de poco más de 6 km. Bastante contento porque acabé con buenas sensaciones yendo más rápido que la semana pasada, aunque quizás debido a que el calor apretaba algo menos al ser nocturna. Hice la primera vuelta en 8:17, la segunda en 8:33 y la tercera en 8:41, claramente de más a menos, quizás salí demasiado deprisa tratando de seguir al conocido.

Mi amiga llegó la tercera absoluta y primera local y como los premios no eran acumulables optó por la categoría local, ya que la primera clasificada se llevaba un jamón, un regalo bastante atractivo.

Después de la carrera dieron migas y agua para los corredores y para todo el mundo que se pasara por allí. Estaban las migas realmente buenas, aunque con una cervecita hubieran estado aún más ricas.