Archivo de la categoría: Carreras

XVII Legua popular Agromad

He participado junto a varias compañeras pradlongueras en la XVII edición de la legua popular Agromad, que se ha celebrado en la localidad madrileña de Villarejo de Salvanés.

Era una prueba donde los diez primeros y diez primeras obtenían un premio en metálico. Desde los 200 € al ganador o ganadora hasta los 20 € a los que llegasen en la décima posición. El hecho de que hubiese dinero por medio hizo que hasta allí se acercasen corredores y corredoras de muy buen nivel. Sobre todo me sorprendió la gran cantidad de mujeres que había por allí, más de lo habitual. Obviamente no acudí llamado por los premios en metálico, sino como un entrenamiento de calidad.

Llegamos con casi una hora de antelación, por lo que nos dio tiempo a buscar un sitio para aparcar, recoger el dorsal, dejar las cosas en el coche -ya que no había guardarropa- y calentar un poco antes de salir.


Después de la carrera junto al castillo donde estaba la línea de meta

Al tratarse de dos vueltas, tenía la idea de hacer la primera más tranquilo y apretar más en la segunda, pero la excitación del momento provocó que saliera más deprisa de lo debido. De hecho en la línea de salida estaba junto a una compañera pradolonguera y al poco se quedó atrás. Fue, como me ocurre últimamente, una carrera de más a menos aunque el mejor parcial fue el de los últimos seiscientos metros, aunque bien es cierto ese último tramo era más bien favorable.

En un momento dado iba en un pequeño grupeto donde iba un tal Isi. Obviamente, era de Villarejo porque había un montón de gente que le animaba y se extrañaban que fuese tan detrás. Él decía que iba de tranqui. Luego me di cuenta que el tal Isi es Isidoro León, el corredor al que la carrera homenajeaba. Todo un honor haber compartido unos kilómetros con tal célebre paisano.

Iban pasando los kilómetros y me iba acercando a una chica del Club Atletismo Seseña a la que conocía y eso me fue motivando. La conseguí adelantar sobre el kilómetro cuatro, pero casi al final de la carrera me adelantó ella y consiguió llegar antes que yo a meta. La compañera pradolonguera con la que compartí los primeros metros de la carrera también me adelantó cuando quedaba algo menos de un kilómetro y tampoco pude hacer nada por sobrepasarla. Fui batido en toda regla por ambas.

Otra compañera pradolonguera, que corre que se las pela en distancias cortas, consiguió alcanzar la octava posición de chicas lo que le supuso ganar 40 €. No le salió mal el viajecito.

La tercera pradolonguera no consiguió subir al cajón, quedando cuarta de su categoría, pero muy contenta por haberse quedado tan cerca del cajón y sobre todo muy feliz con su marca, habiendo mejorado con respecto a sus últimas carreras.

Llegué a meta con un tiempo oficial de 23:49 para una distancia de 5,67 km, por lo que la distancia sí podría medir una legua, ya que en el GPS sale algo más. De todos modos, tardé aproximadamente unos ocho o nueve segundos en pasar la línea de salida, por lo que el tiempo habré hecho un tiempo neto de 23:40 que es lo que indica Strava, que sabe más que nadie 🙂


Llegando a meta. Foto cortesía de Valdaracete Go

Creo que noté las piernas algo cansadas de los entrenamientos de la semana, pero bueno, ya que me lo tomé como un entrenamiento, no me puedo quejar. Habrá que descansar más si tengo un objetivo “de verdad”.

La bolsa del corredor fue muy generosa. Había plátano, melón, sandía, dátiles, gominolas, agua, Aquarius, galletitas, caldo Aneto, una camiseta técnica y una bolsa enorme de Aneto para meter todas las viandas. Una muy buena bolsa, sobre todo teniendo en cuenta que la inscripción costó 5,60 €.

Después de la carrera estuvimos por allí casi toda la mañana, ya que celebraban un sorteo y confiamos, ilusos, que nos íbamos a llevar el primer premio, pero no hubo suerte. De todos modos fue un rato agradable entre gente maja.

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VI Carrera nocturna San Miguel

He participado en la sexta edición de la Carrera nocturna de San Miguel, en la localidad de la Puebla de Montalbán (Toledo) lugar conocido por ser el nacimiento de Fernando de Rojas, autor de “La Celestina”, por lo que es odiado por casi todos los niños de bachillerato. Ya había participado en la primera edición y desde entonces no había tenido la oportunidad de volver a hacerlo.

La carrera comenzaba a las 21:00, pero una hora antes ya estaba por allí, así que recogí el dorsal y antes de la carrera aproveché para hacerme una bonita foto ante la estatua de tan célebre escritor.


Ante la estatua de Fernando de Rojas

Es una carrera bastante dura. Hay que dar dos vueltas de casi 4 km cada una y en cada vuelta hay una subida de aproximadamente unos setecientos metros con su correspondiente bajada de casi un kilómetro. Luego hay otra bonita cuesta de 300 metros con su bajada y el resto es todo el rato picando para arriba. Un verdadero horror.

La verdad es que este tipo de carreras no me gusta nada. Voy fatal subiendo y aún peor bajando, pero pasé unos cuantos años de mi infancia en esa localidad y fui por aquello del sentimentalismo, pero con la idea de no ir a tope.

De todos modos, aunque no pensara ir a tope, al final tampoco fui de paseo. Sufrí lo mío al subir y traté de mantener el tipo en la bajada. Al final hice un tiempo de 34:39 para una distancia supuestamente de 8 km, aunque mi GPS marcó sólo 7,7 km.

Lo curioso es que al mirar la clasificación vi que había sido el cuarto de mi categoría. Estuve esperando por si alguno de los tres primeros era local o hubiese sido descalificado, pero no hubo suerte 😦 así que me tuve que conformar con la medalla de chocolate, pero aún así, muy contento.

Cuando acabó la carrera me encontré con una antigua compañera del instituto, que hacía mas de treinta años que no veía y me contó que llevaba año y medio corriendo ¡y qué manera de correr! Quedó primera de su categoría.

Lo peor de la carrera fue su elevado precio, ya que costaba la inscripción 10 € y que prometían que habría barbacoa, refrescos y cerveza para todos los participantes, pero lo único que vi por allí fue un plátano, una manzana, una pera y una botellita de agua.

I Carrera nocturna solidaria de Gerindote

Hoy he participado en Gerindote, provincia de Toledo en una carrera denominada “I Carrera Nocturna Solidaria de Gerindote”. Si no me fallan las cuentas, ya ha habido en los últimos años cinco carreras de trazado y kilometraje similar, pero no logran pasar de la primera edición debido quizás a los cambios de nombre. No sé, algo raro.

Se trata de una carrera nocturna, como su propio nombre indica -comenzó a las 21:30- consistente en dar tres vueltas a un circuito de poco más de dos kilómetros. En cada vuelta hay un pequeño repecho pero de sólo 200 metros, por lo que la carrera es bastante asequible.

Fui con una amiga hasta este pueblo y allí me encontré con un conocido, así que después de recoger el dorsal y ponernos la indumentaria apropiada nos pusimos los tres a calentar aprovechando para dar una primera vuelta y de este modo examinar el recorrido, así pudimos comprobar que era muy parecido al de otros años. Poco después nos colocamos bajo el arco de salida donde no había ni cien corredores, incluso sumando a los que sólo iban a hacer la marcha solidaria.


Posando antes del comienzo de la carrera

Con tan poca gente, no hubo problemas para salir a toda pastilla, pero al poco me adelantó el conocido y me animó a que fuese con él, pero según iban pasando los metros veía que él iba sobrado y yo un poco justo, así que le decía que tirase y me dejase a mi bola, pero el seguía insistiendo en que fuese a su lado.

A poco de comenzar la segunda vuelta adelantamos a un tipo que se acopló a nuestro rebufo. A mi compañero no le hizo mucha gracia llevar un pasajero extra, así que en el ecuador de la carrera decidió apretar un poco más para no hacer la carrera al nuevo acompañante y allí nos quedamos el nuevo y yo mientras él se iba. La verdad es que agradecí que se fuera porque me llevaba demasiado forzado.

En la tercera vuelta conseguí dejar también a mi nuevo compañero y apretando los dientes conseguí llegar a meta con un tiempo de 25:31 para una distancia de poco más de 6 km. Bastante contento porque acabé con buenas sensaciones yendo más rápido que la semana pasada, aunque quizás debido a que el calor apretaba algo menos al ser nocturna. Hice la primera vuelta en 8:17, la segunda en 8:33 y la tercera en 8:41, claramente de más a menos, quizás salí demasiado deprisa tratando de seguir al conocido.

Mi amiga llegó la tercera absoluta y primera local y como los premios no eran acumulables optó por la categoría local, ya que la primera clasificada se llevaba un jamón, un regalo bastante atractivo.

Después de la carrera dieron migas y agua para los corredores y para todo el mundo que se pasara por allí. Estaban las migas realmente buenas, aunque con una cervecita hubieran estado aún más ricas.

XXXVI Carrera Popular de Mocejón

Era mi segunda participación en esta carrera después de haber participado siete años antes. Lo cierto es que me gustó en aquel entonces, pero hasta este año no había tenido la oportunidad de volver.

Lo más significativo de esa primera participación fue el calorazo que hacía y la increíble participación, con gente de mucho nivel, posiblemente atraídos por los premios en metálico.

Esta vez no hacía tanto calor y tampoco había tanto nivel. Otra diferencia es que siete años antes era gratuita y ahora vale 5 € aunque sigue siendo un precio de lo más razonable.

Me acerqué con una amiga a esta pequeña población toledana y mientras que buscaba aparcamiento ella retiró los dorsales. Después de dejar el coche me acerqué a la plaza del Ayuntamiento donde estaba mi amiga, puse el dorsal en la camiseta, me puse las zapatillas y fuimos calentando hasta el coche, ya que no había guardarropa.

La carrera comenzaba a las 19:45, pero se fue retrasando porque corrían los niños antes y dieron la salida aproximadamente a las ocho. No sé la hora exacta porque olvidé el reloj en casa… Me fastidió habérmelo dejado porque tenía previsto utilizar esta carrera para calcular mi actual VDOT y para ello es mejor tener una medida exacta porque a veces los organizadores dicen una medida y luego es otra, sobre todo cuando no son las distancias típicas de 10 km, media o maratón. Tendré que fiarme de que la longitud de la carrera es de 6,5 km.

La prueba consistía en dar tres vueltas a un circuito prácticamente llano, aunque sí contaba con una subida de poco porcentaje y la correspondiente bajada, pero poca cosa. Llevaba bastante tiempo sin ir a tope, así que salí a un ritmo que consideré apropiado, tampoco a muerte, que cuando hay varias vueltas siempre trato de hacer al menos la primera vuelta con algo de calma para hacerme una idea de la dureza de la prueba.

Según la clasificación, llegaron a meta cien atletas por lo que enseguida coge cada uno su nicho en la carrera y es difícil que te adelanten o adelantes tú si el ritmo es más o menos constante.

Iban pasando los kilómetros y cada vez oía más cerca los gritos de ánimo a una chica llamada Tamara, así que sin un posible objetivo por delante en la última vuelta traté de que no me adelantasen a mí, pero tuve que emplearme de lo lindo en los últimos metros para no verme sobrepasado en la misma línea de meta. Atravesé el arco de meta con un tiempo oficial de 28:10.


Llegando a meta en la carrera de Mocejón (foto cortesía de Evedeport)

Al pasar la línea de llegada nos obsequiaron con agua, unas rajas de sandía y una medalla. Estuve recuperando algo de líquidos y esperando a la amiga con la que me había acercado hasta allí. Llegó al poco y después de recuperarse del esfuerzo nos acercamos al monitor donde los chicos de Evedeport ponen la clasificación. Ella se llevó una gran alegría porque llegó en la primera posición de su categoría y yo me quedé algo sorprendido al ver que había sido cuarto y un poco apesadumbrado pensando que quizás podía haberme subido al cajón si hubiese estado mejor entrenado.

Dado que teníamos que esperar a la entrega de premios nos acercamos a una terraza situada en la misma plaza donde tratamos de recuperarnos a base de zumo de cebada. Cuando oímos que llamaban a las Veteranas B al pódium me acerqué con ella para hacerla una foto en lo más alto del cajón. Fue también una sorpresa que a los ganadores y ganadoras de sus respectivas clasificaciones fueran agraciadas con una paletilla, así que se llevó algo más que una copa. Ya nos íbamos cuando empezaron a nombrar a los Veteranos B agraciados y cual fue mi sorpresa cuando escuché mi nombre en la tercera posición. Me acerqué al speaker para que me lo confirmara y pude ver en la hoja mi nombre y el del club, así que no quedaba duda. Pensé que quizás entre los tres primeros de mi categoría habría alguno descalificado o que fuese local, así que había ganado un puesto… Y un sitio en el cajón. ¡Tan contento que me puse!


En el tercer puesto del cajón, más contento que unas castañuelas

XL Maratón de Madrid

Debuté el 26 de abril de 1987 en la maratón de Madrid y tenía ilusión de treinta años después demostrar que sigo en la brecha. Por aquello del aniversario, la idea era haber preparado bien la maratón, pero entre una lesión en el mes de enero y una terrible lumbalgia a tres semanas de la carrera, llegué a la línea de salida con un preparación más bien corta, así que el objetivo era hacer algo similar a las dos últimas maratones, que consistió en salir tranquilo y tratar de llegar a meta sobre las tres horas y cincuenta minutos.

En un principio habíamos quedado tres pradolongueros para tratar de ir juntos, pero un par de semanas antes Joaquín se lesionó en la rodilla y Miguel no estaba nada convencido de terminar la carrera. Aún así consiguió un dorsal y los dos nos presentamos en la línea de salida. Recogí a Miguel a las 6:55 y poco después de las siete estábamos aparcando el coche en Alfonso XII. Como habíamos pensado dejar la ropa en el coche, teníamos mucho tiempo hasta las 8:30 que habíamos quedado con los compañeros de MaraTI+D y asociados. Nos acercamos a la línea de meta, ya que tenía ganas de soltar lastre.

Con mucha tranquilidad nos fuimos dando un paseo, hicimos lo que teníamos que hacer y de vuelta nos pusimos en camino hacia la terraza del Ritz donde habíamos quedado. Nos encontramos en el camino con Isidoro y Chema, con los que estuvimos charlando. Resultó un paseo muy agradable por el Parque del Retiro, disfrutando del fresquito de la mañana sabiendo que ese fresco se iba a convertir en calor pocas horas después.

Llegamos con tiempo al punto de encuentro y nos hicimos la foto de rigor, aunque no salió demasiado bien…


En la salida de la Maratón de Madrid 2017

En contra de lo habitual, pensando en el calor, elegí salir con una camiseta más clara y bien recubierto de crema protectora, ya había sufrido en alguna maratón anterior quemaduras en los brazos y hombros y esta vez no estaba dispuesto a que volviera a pasar. Además había metido en el bolsillo del pantalón seis píldoras de sales porque sudo mucho y las sales se acaban si solo bebes agua. Fue de Miguel la idea de las píldoras y creo que fue un acierto. Habíamos pensado meternos una píldora cada diez kilómetros.

Después de la foto estuvimos haciendo tiempo porque íbamos a salir con un par de compañeros, pero éstos no llegaban y a las 8:45 nos fuimos hacia el cajón tres que me habían asignado. Estuvimos haciendo tiempo viendo a los paracaidistas cómo caían y escuchando al locutor dar salida a las múltiples pruebas: los de las sillas de ruedas, los élite de la media, los élite de la maratón y al final, el resto de mortales, que salimos algún minuto después de lo previsto. De nuevo, por aquello de la foto, salieron juntos los de la media y los de la maratón, lo cual es una idiotez supina que repiten una y otra vez para abultar los números.

Salimos muy tranquilos, principalmente porque era cuesta arriba y porque iba a hacer muuuucho calor, que ya a las nueve se notaba la calorina. Además el increíble gentío tampoco permitía ir demasiado deprisa y eso que salimos del tercer cajón, que los que salieron del sexto o séptimo debieron tardar lustros en ponerse a correr.

En Plaza de Castilla, kilómetro cinco, se acababa la primera cuesta, que es prácticamente desde la salida. Tomamos nuestra primera botella de agua y miramos el reloj. Habíamos completado este primer tramo a 5:30, dentro de lo previsto.

La bajada por Bravo Murillo hasta Cuatro Caminos se hace rápida, pero tampoco queríamos lanzarnos, por lo que aumentamos el ritmo sólo un poco. Llegamos al kilómetro diez fenomenal y después de coger la botella de agua ingerimos la primera de las píldoras de sales.

Empezamos a notar que la ingesta de agua nos estaba llenando la vejiga, provocándonos ganas de vaciarla, así que decidimos parar donde el año pasado, en la calle Francisco Silvela, que es cuesta abajo y luego se tarda menos en volver a coger el ritmo. Pasado el kilómetro trece se encuentra la subida por la calle Serrano que tiene su miga, es bastante inclinada, aunque afortunadamente no demasiado larga. Poco después, pasando al otro lado de la Castellana, cerca de Rubén Darío nos adelantó el globo de las 3h45, pero no lo dimos la menor importancia, considerábamos que nuestro ritmo era bueno y que ya le adelantaríamos.

En el kilómetro quince, ya subiendo Santa Engracia, agarramos otra botellita de agua para tratar de subir con energía esa bonita cuesta, pero mi pensamiento no era otro que ver a mi madre que esperaba un par de kilómetros después. Miré el reloj y vi que íbamos a llegar un poco antes de lo que le había dicho, pero pensé que mi madre, que es muy previsora, estaría antes de la hora establecida. Y así fue, en el kilómetro diecisiete estaba esperando con un plátano. Un abrazo y un beso a cambio de la fruta y emoción a raudales.

Compartí el plátano con Miguel bajando San Bernardo y sin querer ya estábamos en Gran Vía donde empieza uno de los tramos más emocionantes de la carrera. El paso por Gran Vía, Callao, Sol y la calle Mayor pone los pelos de punta incluso a los más insensibles. Es alucinante como te llevan en volandas con sus gritos de ánimo. Yo tengo a tendencia a acelerarme con los gritos, pero Miguel me paraba cuando aumentaba el ritmo. Allí vi a Andrés, animando al personal. ¡Mucha gracias Andrés!

El paso por el Palacio Real, sobre el kilómetro veinte, también es emocionante, hay mucha gente animando. De nuevo echamos mano a una píldora y con un buen trago de agua conseguimos ingerirla. Y poco después otro trozo de plátano en el avituallamiento cercano a la media maratón. Pasamos por la pancarta de la media, miré el cronómetro y vi 1h52. Le comenté a Miguel que pensaba que íbamos mejor que el año pasado, pero no estaba demasiado seguro. Me sorprendió no ver un reloj en el arco de la media y pensé que ahorrando por aquí y ahorrando por allá, al final se sacan unas perrillas más de beneficio.

Pasamos Ferraz, Rosales y comenzamos a bajar por el Paseo de Camoens hacia el Puente de los Franceses. En una de las primeras curvas, sobre el veintitrés, vimos a un individuo tirado en el suelo, de lado, atendido por otros corredores. Daba muy mal rollo, espero que la cosa no haya ido a mayores. No era el primero que veíamos a alguien parado, pero sí parecía el más grave. Posiblemente el calor ya iba haciendo de las suyas.

La Avenida de Valladolid se hace larga. Íbamos todos por nuestra izquierda buscando la sombra, aunque cuando acaba esta avenida y empieza el Paseo de la Florida, no queda más remedio que ponerse a la derecha donde no hay nada de sombra. En la Puerta de San Vicente también había muchísima gente animando, dejando un pasillo estrecho que llega hasta la estrecha y empinada bajada hasta el río. Allí había un puesto de avituallamiento donde repartían geles. Cogimos un gel y una botella y nos la vimos y nos la deseamos para conseguir abrir el dichoso gel. Luego fue ingerido con rapidez y bien pasado por agua para que se nos quitara esa sensación de tener la boca pastosa.

La subida al lago de la la Casa de Campo es bastante dura y luego el camino por el Paseo de los Plátanos sigue siendo ascendente. Empecé a notar que Miguel se iba quedando un poco por detrás. El tránsito por la Casa de Campo es muy agradable porque vas todo el rato por la sombra. Al contrario que en años anteriores que el recorrido por la Casa de Campo era más largo y estabas deseando terminar, ahora daban ganas de que no acabase nunca por el frescor que se sentía.

Lo malo es la salida por el metro de Lago, allí nos obsequian un año sí y otro también con una bonita cuesta, pero también la animación es bárbara en ese punto. Al acabar la cuesta Miguel se quedó otro poco, poco antes del kilómetro treinta y en la cuesta de la Avenida de Portugal ya me separé definitivamente. No me porté bien con él, pero como salió con la idea en la cabeza de que a lo mejor abandonaba me fui… Pero no debería haberlo hecho ya que probablemente si hubiera seguido con él quizás no hubiera abandonado, pero yo seguía obsesionado con “mi” treinta aniversario y no pensé en otra cosa. Mea culpa.

Subí la cuesta de Marqués de Monistrol a buen ritmo, ayudado por la música de Rosendo, el ilustre carabanchelero. Y poco después de coronar, los gritos de ánimo de mis cuñados me dieron alas. Fueron los kilómetros más rápidos, me sentía como en una nube. Pasé por el Paseo de la Ermita del Santo como una exhalación. Crucé el Puente de San Isidro donde cogí un trozo de plátano. No sé si fue la fruta o la vista del Vicente Calderón, pero las piernas iban a una velocidad endiablada -dentro de lo que cabe- y así seguí hasta la cuesta de la Calle Segovia, donde no me quedó más remedio que aflojar el ritmo. En esa cuesta iban andando bastantes corredores y resultaba complicado adelantar.

Coroné la cuesta, me dejé caer por Ronda de Segovia relajando los brazos y comencé a subir el Paseo Imperial bastante bien. De nuevo, en esa cuesta iba mucha gente andando. El hombre del mazo no daba abasto. Acabó la subida y después de coronar me dejé caer por el Paseo del Doctor Vallejo Nájera sabiendo que era la última bajada antes del festival de cuestas arriba.

El Paseo de las Acacias y su continuación por Ronda de Valencia y Ronda de Atocha se me dio mejor de lo que yo pensaba, pero al llegar a Atocha, empezó a darme el bajón y empecé a subir el Paseo del Prado notando ya flojedad en las piernas. Juanqui me acompañó desde Atocha tratando de animarme y me vino fenomenalmente bien porque iba notando que las fuerzas me iban abandonando poco a poco. Mal del todo no iba porque seguía adelantando gente, aunque alguno que otro me pasaba a mí.

Empecé a marcarme pequeñas metas. Primero llegar a Neptuno, donde espero estar dentro de poco más de un mes 😉 luego llegar a Cibeles, después a Colón. En Colón, enfilé Goya y el objetivo era la esquina de Goya con Velázquez. Todo picaba para arriba, pero la cuesta de Velázquez tiene tela marinera. Suprimieron Alfonso XII, pero no sé cual es peor. Pasé el kilómetro cuarenta y le dije a Juanqui que cogiera una botella de agua por mí en ese avituallamiento, ya no tenía ganas ni de pelearme por conseguir una botella.

Nada más pasar el avituallamiento coroné la cuesta de Velázquez y enfilé Ortega y Gasset más animado, pensando que lo peor ya había pasado. Llegué a la Plaza del Marqués de Salamanca y ya vi Príncipe de Vergara con su bonita cuesta abajo. Traté de alargar la zancada lo que puede para acelerar un poco el ritmo, pero sospecho que no fui mucho más rápido.

La entrada en el Retiro, como siempre, resultó apoteósica. Entre que el terreno es favorable, que ya no queda casi nada para terminar y el griterío del respetable, este último tramo es realmente fantástico. Todo lo sufrido se olvida en cuanto se pone el pie en el Paseo de Fernán Nuñez. Ese último kilómetro de gloria es tremendamente emocionante.

En este último tramo me adelantaron unos cuantos, ya que no aceleré por la proximidad de la meta. En 2010, en un día también muy caluroso, fui a tope hasta el final y llegué algo mareado a meta, así que me tomé con tranquilidad el tramo por el Retiro, tratando de disfrutar de los últimos metros de mi vigésima séptima maratón.

Pasé por línea de meta cuando el cronómetro marcaba 3h47 por lo que descontando el tiempo que tardé en pasar por la línea de salida se convierte en un tiempo neto de 3:46:39, así que tengo que estar satisfecho ya que he conseguido estar en la horquilla prevista antes de comenzar. Treinta años después, lo volví a hacer, eso es buena señal. No sé si aguantaré corriendo otros treinta años, pero se intentará, aunque no creo que corriendo maratones.

Después de pasar por la línea de meta, recibí la medalla, me dieron un bolsa con comida y bebida y me fui hacia el coche. Tenía la esperanza de no encontrar a nadie allí, lo que hubiese significado que Miguel habría llegado a meta. Y así fue, Miguel no estaba… Pero llegó al poco diciendo que venía del “servicio”. Me apenó saber que se había retirado ¡¡¡en el kilómetro treinta y siete!!!


Tiempos de paso en la maratón de Madrid

XXXVII San Silvestre vicalvareña

Una vez más hemos acabado el año en el barrio de Vicálvaro, corriendo la San Silvestre de este barrio. Son ya once ediciones en las que he participado y espero seguir haciéndolo durante muchos años más.

Este año nos hemos juntado un buen número de pradolongueros como atestigua la foto…

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Un montón de pradolongueros en la sansil de Vicálvaro

Llegamos hora y media antes del comienzo de la carrera y aparcamos en el descampado habitual, aunque ya quedaba poco sitio. Y eso que quedaba bastante tiempo aún, pero como las carreras de los niños son antes, mucha gente ya había llegado.

Mientras íbamos hacia el polideportivo comprobamos que las calles estaban heladas y en algunas te dabas algún resbalón, lo cual no era de extrañar ya que estábamos por debajo de cero a esas horas de la mañana.

Recogimos el dorsal, nos refugiamos en los vestuarios esperando a que llegasen los otros pradolongueros, nos hicimos la foto de rigor y faltando veinte minutos salimos a calentar un poco.

El día antes había estado en la fisio porque tenía molestias en el gemelo derecho, así que decidí acompañar a una amiga pradolonguera en la carrera.

Dieron la salida, salimos a buen ritmo y me di cuenta que ese primer kilómetro es durillo, ya que todo es cuesta arriba. Luego en el barrio de Valdebernardo hay un tramo cuesta abajo y un tramo cuesta arriba, compensando. El ritmo de mi compañera era bastante bueno, rondando 4:40 en casi todos los kilómetros excepto en los más duros.

Cuando faltan tres kilómetros y medio, más o menos, el recorrido es el mismo que el antiguo circuito de la San Silvestre y ahí te sientes como en casa, sabiendo además lo que queda, que es lo más duro. Mi compañera no flojeó en ningún momento y aunque en las subidas iba más lenta que en las bajadas, mantenía un esfuerzo constante, lo que le llevó a realizar la mejor san silvestre vicalvareña de todas en las que ha participado.

Llegué junto a ella con un tiempo oficial de 37:32 y aunque no le dio para subirse a cajón, acabó la mar de contenta.

¡Feliz año nuevo!

XIV Carrera del aceite

Un año más he participado en la Carrera del aceite, prueba que supone para mí gran emotividad, ya que se celebra en el pueblo donde pasé mi infancia y gran parte de mi juventud. Es además el sitio donde descansa mi padre, por lo que venir aquí supone algo más que participar en una carrera. Es reencontrarme con mi pasado, un pasado que sólo me trae recuerdos felices.

Este año habían adelantado el día de la carrera, ya que suele celebrarse cerca del día de Nochebuena y esta vez fue el diez, casi empezando el mes. También era extraño que la prueba se celebrase un sábado y más extraño todavía que las carreras diesen comienzo a las cuatro de la tarde y a las cinco la de los mayores.

Es por esto que el día del sábado fue raro, muy raro. Me levanté, desayuné y en vez de salir rumbo al pueblo estuve haciendo en casa esperando que llegase la hora de comer para después salir. Desde mi casa a mi pueblo hay aproximadamente hora y media de camino por lo que salí a las 14:45 para tratar de estar allí a las 16:15.

Es una tradición parar en San Martín de Pusa antes de llegar a Los Navalmorales para comprar una caja de mazapán en la Panadería Manzanero. Ahí compro el más rico y auténtico mazapán que nunca he probado. Hoy, al ser un horario distinto de lo habitual, no sabía si iba a estar abierta la panadería, pero sí lo estaba, así que llegué al pueblo con un kilo de mazapán en el maletero.

Ya habíamos visto cuando veníamos de camino la “niebla” que cubría el pueblo y al llegar constatamos lo que nos imaginábamos, que no era niebla, sino el humo que soltaba el molino de aceite procesando el orujo (lo sobrante de la prensada de las aceitunas). Desconozco si habrá otros métodos para tratar el orujo que no produzcan esta extraña niebla.

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“Extraña” niebla en Los Navalmorales. Foto de Gustavo Martín

Aparcamos sin muchos problemas cerca de la línea de salida y fuimos tranquilamente a recoger el dorsal y el chip al silo. Al ser una carrera de poca participación -sólo había apuntados ochenta corredores entre seniors y veteranos- recogimos en un visto y no visto el dorsal, el chip, una mochila de cuerdas y una bonita camiseta fosforita de manga larga.

Volvimos al coche nos pusimos la ropa “de correr” y fuimos a dar una vuelta de reconocimiento. Parecía como si este año el piso del camino estuviera mejor, como si la tierra del camino estuviese más compactada. Creo recordar que otros años había más arena suelta y piedrecillas. Según iba haciendo la vuelta de reconocimiento me estaba dando cuenta que no me apetecía en absoluto ponerme a correr poco después.

No hubo tiempo para más, dimos la vuelta y nos colocamos en la línea de salida. Salí algo atrás, pero como no había muchos participantes enseguida encontré mi sitio y mi ritmo en la carrera. Fui adelantando gente tanto en el tramo llano como en la subida. En la bajada cambiaron las tornas y ahí no adelanté ni a los caracoles.

Iba observando que justo detrás de mí iba una pareja de chicos muy jóvenes que había visto antes correr en las pruebas de los niños. Iban tan tranquilamente, conversando el uno con el otro, mientras que yo iba con las pulsaciones a tope, no hubiera podido decir ni palabra.

Poco antes de llegar al final de la primera vuelta te cruzas con los que vas delante de ti. Observé que las cinco primeras chicas iban muy cerca la una de la otra, aunque la china Dong Liu iba ligeramente por delante.

En la segunda vuelta los jovencitos que iban detrás de mí se me iban acercando cada vez más. La subida se me dio bien, se nota que había practicado las subidas, pero en la bajada perdía mucho. Soy muy malo bajando y si la pendiente es elevada, soy pésimo.

En la tercera vuelta los jovenzuelos se pusieron por delante y ya no fui capaz de alcanzarlos. Daba gusto verlos subir ligeros como plumas, gráciles cual pajarillos. Y yo arrastrando mis 69 kilazos ladera arriba.

Después de la bajada, al atravesar el arroyo, me di cuenta que la carrera ya se estaba acabando y que quizás había sido demasiado conservador. Apreté en la subida por la calle Callejas y por el tramo de carretera que lleva a la meta, parando el crono en un tiempo de 19:51 que es el peor tiempo que he hecho en esta carrera, pero contento de todas formas por poder correr ante mis paisanos.

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Llegando a meta. Foto cortesía de la organización

Tienen los chicos de Evedeport una televisión en la cual van mostrando las clasificaciones. Cuando me acerqué por allí muy diligentemente introdujeron el dorsal y aparecieron mis “números”. Allí pude ver que el tiempo oficial era de 19:51, que había sido séptimo de mi categoría y 36º de la general. Yo, que soy muy amigo de los números, me puse muy feliz cuando comprobé que mi posición en la carrera coincidía con el número de dorsal. Luego debieron de clasificar a alguien delante porque en la clasificación que han colgado y de la cual guardo una copia aquí ya no coinciden los números.

La amiga que me había acompañado hasta allí llegó en un tiempo de 22:44, consiguiendo de esta manera el cuarto puesto de su categoría y diez litros de aceite. Al final el viaje no fue en balde 😉

La ganadora femenina fue de nuevo la china-española Dong Liu que si las cuentas no me fallan, es la quinta vez que gana esta prueba y todas de forma consecutiva.