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XIV Media maratón de Villarrobledo

La media maratón de Villarrobledo viene celebrándose estos últimos años un sábado por la tarde, lo cual no es muy habitual en el calendario de carreras, que suelen ser los domingos por la mañana, pero es lo que hay y si no te gusta, pues carreras hay muchas. Reconozco que me despista un poco el día y, sobre todo, la hora, pero tampoco lo veo muy problemático. Es por esto que llegamos a Villarrobledo a eso de las doce de la mañana. Lo primero fue buscar un bar o un restaurante donde poder comer algo porque correr sin haber comido nada desde el desayuno de las nueve de la mañana me parecía excesivo. Fue buscando ese sitio para comer donde me di cuenta que no iba a ser una carrera fácil porque el viento que soplaba hacía difícil incluso avanzar.

Comimos un plato combinado y volvimos al hotel comprobando que el tema del viento no había mejorado y que mejor sería olvidarse de las marcas y correr a lo que saliese. Tenía la esperanza de volver a bajar de hora y media, pero lo descarté incluso antes de comenzar.

Fuimos al hotel y nos tumbamos para reposar la comida, pero nos descuidamos y cuando nos quisimos dar cuenta faltaban sólo cuarenta minutos para que empezase la carrera y mi compañero Joaquín estaba nervioso porque no aparecíamos por la salida y nos tenía que dar los dorsales.

Nos vestimos lo más rápido posible y fuimos en el coche hacia el polideportivo, pero como no sabía exactamente donde estaba, me perdí. Tuvimos que llamar de nuevo a Joaquín para que nos diera precisas instrucciones. De este modo, cuando quisimos llegar sólo faltaba un cuarto de hora para comenzar. Nos colocamos el dorsal en el pecho y el chip en la zapatilla y salimos a calentar los diez minutos que faltaba para el comienzo.

Hacía tanto aire que no pusieron arco de salida ni alfombras para recoger los tiempos. Por supuesto, tampoco arco de meta, estableciéndose ésta en la puerta del polideportivo. Era tremendo como soplaba.

Como no había arco de salida ni raya pintada en el suelo establecieron la salida en donde el suelo cambiaba de color, al lado de una furgoneta blanca. Eso sí, la salida se dio a las cuatro y media exactas.

Joaquín salió como alma que lleva el diablo, pero pronto me puse a su altura. El primer kilómetro es favorable y fue el más rápido de toda la carrera. Ya desde el primer metro empecé a observar que la gente recortaba todo lo posible no sé si para guarecerse del viento o simplemente por rebañar metros a la carrera. Yo traté de correr sin subirme a la acera, aunque hubo un par de ellas que no pude evitar.

En estos primeros kilómetros no notaba el viento, no sé si porque daba de espaldas o porque íbamos protegidos por las casas, pero fue en el kilómetro cinco, después de girar a la izquierda en la calle peatonal donde noté que el viento no se había ido, que estaba ahí al acecho. Además fue por esta zona donde empezamos a adelantar a aquellas corredoras que se habían apuntado a la carrera de la mujer y a algún chico que participaba en la prueba de iniciación. Era una zona por el centro del pueblo con calles estrechas y costaba adelantar. Tuve que hacer algún eslalon para adelantar y en una de esas golpeé a unos de los corredores de la media que iba a mi lado. No me pareció buena idea la de mezclar pruebas.

Pasado el kilómetro siete comienza la Avenida del Este. Es un paseo de 800 metros sin ninguna protección contra el viento ni a un lado ni a otro. Ahí el vendaval era notable, avanzar era una tarea de titanes, por lo que había que protegerse del viento de alguna manera; sin embargo, el grupo que nos precedía estaba algo lejos y dado que era Joaquín la estrella de la carrera pensé en hacer yo de parapeto para que él pudiera ir algo más cómodo, así que le ordené que se pusiera a mi espalda. Después de esa larga recta comienza una subida de ligera pendiente de aproximadamente kilómetro y medio donde también el viento daba de cara. En este tramo no sólo la pendiente, sino el viento iban en contra del corredor. Me acordé de ese dicho ciclista que dice que en ciclismo todo da por el culo excepto el aire que siempre da de cara.

Llegamos al polideportivo donde acaba la carrera y comenzaba la segunda vuelta. Joaquín comentó que no se nos había dado mal esa primera vuelta, pero que ahora empezaba la segunda y veríamos. ¿Y qué fue lo que vimos? Que las fuerzas eran más reducidas y que el viento seguía haciendo de las suyas.

Mal del todo no íbamos porque nos adelantaron un par de ellos y nosotros adelantamos a alguno más. Sobre todo el objetivo eran dos corredores del equipo local que pensábamos podían ser de la categoría de Joaquín. Sobrepasamos a éstos sobre el kilómetro 17 y traté de aumentar el ritmo porque sólo nos quedaba un kilómetro sin viento en contra.

Esta vez el tramo por la Avenida del Este se hizo más dura. De nuevo hice de parapeto, pero esta vez no sólo se aprovechó Joaquín se aprovechó de mi estela, sino que hubo un par de corredores que se pusieron a rebufo, incluso uno de ellos trataba de quitar el puesto a mi compañero que era el más cómodo. Tuvo que tirar de codos para mantenerse a mi espalda. El paso por la calle Camarilla, la Travesía de la loma y su continuación por la calle Blas López, todo cuesta arriba se me hizo tremendamente duro; sin embargo, al coronar la cuesta ya quedaba aproximadamente un kilómetro y tratamos de aumentar el ritmo en lo que pudimos.

Llegamos a meta con un tiempo oficial de 1:31:34 consiguiendo el objetivo previsto: Joaquín fue el primero de su categoría y el primero también de los locales. Todo un éxito. Emilio, otro compañero del Club Atletismo Zofío, también se subió al cajón, haciendo segundo de su categoría. La única chica del club, que llegó con una buena pájara, sólo pudo ser cuarta. Quique fue quinto y el que esto escribe fue el peor de todos, sólo pudo ser octavo.


Llegando a meta con don Joaquín

Esperando a que Joaquín recogiera los dorsales nos llevamos una grata sorpresa ya que llamaron al podium al Club Atletismo Zofío como uno de los equipos con varios representantes. Subimos Emilio y yo a recoger las seis botellas de vino con que la organización nos obsequió.


En el podium representando al Club Atletismo Zofío

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XIII Media maratón de Latina

Era mi segunda participación en esta carrera y recordaba que era dura, pero la primera vez me lo tomé con calma y no sabía lo realmente dura que es. Hoy mis piernas son testigo, pero queda compensada con lo atractivo de su recorrido y la excelente organización. No hablo gratuitamente, he aquí el perfil de la carrera obtenido de Strava.


Perfil de la Media de Latina

Habíamos quedado tres pradolongueros en el punto de encuentro a las ocho de la mañana para estar con tiempo y no sufrir agobios ni para aparcar ni para retirar el dorsal. Y así fue, antes de las ocho y cuarto estábamos dejando el coche en el aparcamiento del centro comercial de Aluche, muy cerca de la estación de metro.

Joaquín, que debió levantarse pesimista, no hacía más que protestar, que si hace mucho frío, que si lo voy a hacer fatal, que lo que corría yo cuando era joven, que si aquella vez en Béjar, que si me va a adelantar este o aquel, que si va a haber minutada… Nada, el tío se había levantado con pocas ganas, con poca confianza y muchas dudas.

Recogimos el dorsal en un periquete y yo huí urgente al servicio. Cuando salí aún quedaba mucho tiempo para las nueve y media así que decidimos buscar un bar para tomar un café. Encontramos uno en la Avenida del General Fanjul y allí estuvimos un rato haciendo tiempo y metiendo cafeína para el cuerpo. La idea de ir a tomar café fue más por no oír al speaker que por otra cosa porque lo de este hombre es de traca, se pone a hablar por el micro de forma atronadora y no para ni para coger aire. Algo tremendo.

Cuando faltaban unos veinte minutos nos hicimos una bonita foto los tres pradolongueros que vinimos juntos porque había alguno por allí pero no nos encontramos.


Muy contentos antes del comienzo

Dejamos nuestras pertenencias en el guardarropa y nos pusimos a calentar hasta que faltaron cinco minutos que nos pusimos en el pelotón dispuestos a comenzar una media maratón que tanto a Joaquín como a mí nos resultaba extraña, ya que llevábamos sin correr 21 km desde la de Coslada casi dos años antes.

De los tres que fuimos enseguida Miguel puso pies en polvorosa y Joaquín no le iba a la zaga. Me costó trabajo ponerme a la altura de Joaquín y cuando lo hice vimos que era una temeridad seguir el ritmo de Miguel, por lo que nos acoplamos a uno más llevadero para tratar de llegar a la meta en buenas condiciones.

Mi idea era hacer 1h32 aproximadamente y eso implicaba llevar un ritmo de 4:20 más o menos, por lo que había que ir algo más deprisa de ese ritmo en los tramos más favorables para tratar de compensar los kilómetros cuesta arriba. Y efectivamente, los primeros kilómetros fueron los más rápidos ya que hicimos el primer tercio de carrera en 30:01, por debajo de esos 4:20 fijados. Y eso que en ese primer tercio ya nos obsequiaron con alguna cuestecilla.

Sobre el kilómetro ocho nos adelantó la chica que al final fue tercera y fuimos casi todo el tiempo cerca de ella. En ese punto iba cuarta, pero la tercera estaba ahí mismo. La animamos para que la alcanzara, pero nos dijo su acompañante que no la agobiáramos. La chica subía las cuestas que daba gusto verla, ya que era muy ligera. En cada subida nos sacaba un tanto que luego recuperábamos bajando.

La primera cuesta de verdad está en la calle Carlina cuando ya se llevan recorridos 8,5 km. Es una cuesta no muy larga, pero de una pendiente considerable. Ahí vi que Joaquín no iba fino del todo, que le costaban las subidas. Esa cuesta empalma con la que lleva al metro de Batán y sumando ambas es prácticamente un kilómetro cuesta arriba, que se deja notar en las piernas. Fue allí donde tuve que tirar por primera vez del freno de mano para no dejar atrás a mi compañero.

Una vez dejado atrás el metro de Batán viene un tramo favorable hasta el Lago de la Casa de Campo. Son tres kilómetros favorables donde fuimos de nuevo recortando segundos a ese ritmo de 4:20 fijado. Lo malo es que desde el Lago hasta el final de la carrera es todo hacia arriba aunque con algún tramo corto a favor.

En el Lago, en vez de rodearlo ajustándose al perímetro se coge una cuesta que lleva a las pistas de tenis, es la segunda cuesta interesante de la jornada porque es bastante larga aunque tendida. En las pistas de tenis vimos a Emilio que nos animó fervientemente. ¡Gracias Emilio!

Poco después se baja lo subido para llegar al Paseo de María Teresa y ya en ligera pendiente alcanzar el cruce donde pudimos ver a los que iban más rezagados que nosotros. En ese cruce se llega al Paseo de los Plátanos y la pendiente sigue muy leve pero para arriba. Íbamos sobre el kilómetro 14 ó 15 y el crono ya iba marcando ritmos por encima de 4:30 y notaba las piernas bastante cansadas. Me dio por pensar cómo las llevaría el día de la maratón de Madrid cuando por estos mismos parajes ya llevase en la “mochila” 27 kilómetros. Enseguida traté de pensar en otra cosa porque se me saltaban las lágrimas.

El Paseo de los Plátanos se convierte en la Carretera de Rodajos, la que lleva a la entrada de la Casa de Campo por Prado del Rey. Pasando el desvió del zoo el camino se inclina algo más y fue por ese punto donde nos cruzamos con Miguel que iba a buen ritmo quizás ayudado a que él iba bajando. Lo cierto es que eso nos animó porque pensábamos que nos llevaba más ventaja. Por otro lado, cuando ya hicimos el giro de 180 grados y nosotros bajábamos, vimos a Antonio que subía y no nos extrañó mucho que anduviese cerca aunque nos había dicho en la salida que iba a hacer 1h40… Cosa que nadie creyó porque el tío anda fino, fino.

A la altura del zoo seguíamos detrás de la chica que nos adelantó en el kilómetro ocho. Ahora iba la tercera porque la que iba segunda había pinchado kilómetros antes y había sido adelantada por dos. En el zoo hay una pequeña cuesta en curva que va rodeando el aparcamiento del recinto y allí vimos que de nuevo la chica se nos iba. Joaquín dijo que había que tratar de no perder la estela de ese grupo donde además de la chica iban dos o tres más. Aceleró y me sorprendió que pudiese hacerlo cuesta arriba porque había demostrado debilidad en las otras… Pero fue un espejismo visto lo que sucedió metros más adelante.

Después de esa breve cuesta empieza otra que lleva desde el zoo a la boca de metro Casa de Campo. Esa cuesta ha sido bautizada como Cuesta Aisa en honor de Alberto Aisa Ortiz, que fue organizador de la prueba en sus comienzos. A la organización se le ocurrió la idea de cronometrar los tiempos para entregar un regalo al hombre y mujer más rápidos en subir dicha cuesta. He leído en Twitter que cuando una cuesta tiene nombre propio, malo. Y no le falta razón.


Coronando la Cuesta Aisa. Foto cortesía de Evedeport

Allí mi compañero hizo aguas y la chica se nos fue yendo metro a metro. No me extraña, porque ella subió muy bien, de hecho fue la ganadora en esa prueba cronometrada. Cuando coroné esa cuesta, ya cerca del 18, esperé que llegase Joaquín y nos lanzamos cuesta abajo por la Calle los Yébenes lo más rápido que pudimos, que tampoco fue nada del otro mundo.

Al acabar ese tramo favorable se gira a la derecha y empieza a subir por la calle Valmojado, dejando a mano derecha el Parque de Aluche. Esa subida casi imperceptible se deja notar porque son ya casi veinte kilómetros en las piernas. Vimos que ya era imposible acercarnos a la tercera clasificada porque la distancia era considerable, pero no íbamos mal del todo, algo de fuerzas nos quedaba.

Pasando por debajo de las vías del metro, aproximadamente en el punto kilométrico 20 nos adelantó Antonio, el de la hora cuarenta, y nos animó a que nos pusiéramos a su ritmo, pero eso era harto difícil porque él iba bastante más rápido que nosotros y Joaquín, con buen criterio, dijo que si aumentásemos el ritmo se nos iba a hacer un último kilómetro muy duro.

Poco después de las vías se llega al centro comercial y al pasar éste el terreno ya deja de subir y es prácticamente llano hasta la línea de meta. Tratamos de aumentar un poco el ritmo y juntos y hermanados llegamos a la meta con un tiempo oficial de 1:33:47 bastante contentos con el resultado teniendo en cuenta que llevábamos casi dos años sin correr una media maratón y no sabíamos cómo iban a responder las piernas.

Una vez traspasada la línea de meta nos obsequiaron con una buena bolsa del corredor con la característica camiseta sin mangas, esta vez de color amarillo. La recogida de la bolsa del guardarropa fue rápida y el rato que estuvimos sobre el césped seco del estadio de atletismo fue muy agradable ya que había aumentado la temperatura y lucía el sol. Allí estuvimos comentando la jugada y fue donde vimos a Quique, pradolonguero de pro, que nos contó que había hecho un tiempo de 1h24 y con el menisco roto. Miguel hizo 1h30 y nosotros 1h33. El otro pradolonguero que también participó hizo 1h38. Así que todos contentos.

LIX Trofeo Marathon de cross

Un año más y ya van 59 se ha celebrado el Trofeo Marathon de cross. La Agrupación Deportiva Marathon organiza esta prueba que consta de mil y una carreras. Empezando por los niños hasta el Campeonato de Madrid de cross largo pasando por el cross popular que fue la prueba en la que participé.

La salida era a las diez y cerca de casa, así que no tuve que madrugar en exceso. Bueno, lo de madrugar en exceso depende del punto de vista de cada cual, ya que me levanté a las 7:30 que para mí no es mucho ya que me levanto a diario a las seis, pero a otras personas le puede parecer una barbaridad. Suelo levantarme tres horas antes para desayunar y poder hacer la digestión antes de la carrera, pero esta vez como era más tarde desayuné menos de lo habitual.

A las nueve nos pusimos en marcha y en diez minutos estábamos en el Parque de las Cruces. Atravesamos el parque y llegamos a la caseta donde entregaban los dorsales. Miramos el tablero para ver nuestro número, nos pusimos a la cola y rápidamente estábamos con el dorsal en la mano. Una amiga, que no se había apuntado antes, lo pudo hacer allí mismo también de manera rápida.

Fui inmediatamente al servicio porque necesitaba echar lastre y luego nos dio tiempo a hacernos una foto, dejar la ropa en el guardarropa y calentar por el circuito con la idea, sobre todo, de comprobar el estado del terreno. Aunque llovió algún día de esta semana, no había barro, únicamente el terreno estaba muy blando en algunas zonas, pero se podía correr perfectamente con unas zapatillas normales.


Antes de comenzar la carrera, con las compañeras del Club Atletismo Zofío

Llegué con no mucho tiempo al arco de salida, por lo que me puse más detrás de lo que hubiese deseado, pero tampoco me importó demasiado en ese momento, aunque luego me arrepentí un tanto porque al principio costaba adelantar al personal.

Consta el circuito de una vuelta pequeña de unos 700 metros y dos grandes de algo menos de 2,5 km cada vuelta. En esta vuelta pequeña se encuentra uno de los repechos que también hay que pasar en la vuelta grande. En la vuelta grande hay un tramo complicado porque hay varios giros de noventa grados en la zona más cercana al polideportivo y luego tres repechos que se suben en el último kilómetro de cada vuelta. Son tres repechos de poca entidad pero que se notan en las piernas.

Como salí muy atrás estuve prácticamente la vuelta pequeña y la primera grande adelantando gente. Luego la cosa se estabilizó y adelanté a alguno que otro en la segunda vuelta pero mediada esa segunda vuelta me adelantó un individuo al que traté de seguir, pero iba más deprisa y no había manera. En el primer repecho de la última vuelta, justo a un kilómetro de meta vi que se iba irremediablemente porque le vi subir más fuerte que yo, así que pensé que al menos no me adelantara nadie más.

En el segundo repecho de la segunda vuelta y penúltimo de la carrera miré atrás y vi a Antonio Gallardo, uno de los clásicos de Madrid y grandísimo corredor que no estaba muy lejos de mí. Eso me sirvió de acicate e intenté que no me adelantase. Y no me adelantó, pero sí otro tipo que ya en la recta de llegado me sobrepasó. El caso es que luego no vi a Antonio Gallardo, quizás iba acompañando a alguien.

Llegué a meta con un tiempo oficial de 23:47 para una distancia de 5580 metros. Lo curioso es que cuando después miré el cronómetro vi que fui muy regular durante toda la carrera, ya que hice el kilómetro más rápido en 4:16 y el más lento en 4:19. Eso sí, en los últimos quinientos metros se nota que apreté para que no me alcanzasen porque ese medio kilómetro lo hice a un ritmo de 4:05.

La Agrupación Deportiva Marathon fue muy generosa con la bolsa del corredor ya que por sólo cuatro euros metió en la bolsa una camiseta de la media maratón de 2013, una botella de agua, Aquarius, café capuchino, caldo Aneto, una bolsita de avena, un vale de descuento del Corte Inglés, una bandeja de pasta, galletas, una pera y una muestra de edulcorante. ¿Quién da más?

XXXIII Cross de Leganés

He participado por primera vez en el Cross de Leganés. Estuve el año pasado de espectador y me gustó, así que me animé a participar esta vez. Fui acompañado por dos compañeras pradolongueras como atestigua la foto.


Con dos campeonas pradolongueras

Tenía la posibilidad de correr en la prueba ABSOLUTA y en la prueba de MASTER y me decidí por esta última entre otras cosas porque sólo eran seis kilómetros, que ya son bastantes para el duro trazado de este cross. Y menos mal que elegí esta opción porque se me hizo muy duro.

Consta el circuito de cuatro cuestas no muy largas pero sí muy empinadas. Dado que en la prueba MASTER hay que dar tres vueltas a ese circuito, hay que hacer doce subidas en total. Además, excepto algunos metros que se va por un camino, el resto es literalmente campo a través con un suelo muy irregular.

En la primera vuelta, bien, las cuestas estaban ahí, pero se subían con alegría. En la segunda vuelta ya se hacían duras las cuestas y daba vueltas a la cabeza pensando qué hacía yo ahí, si las cuestas me van fatal y encima nos las entreno. En la tercera vuelta las pasé canutas y el único consuelo era pensar que la cosa acababa pronto, además iba notando que el pie me ardía, por lo que pensé que debía ser por las zapatillas que no eran las adecuadas para correr por este terreno.


En la tercera vuelta ya iba que me caía

En esta última vuelta debía ir muy cascado porque me adelantaron tres tipos. Aún así, llegué a meta con un tiempo de 27:32 para una distancia algo superior a los seis kilómetros que anunciaron. Nada más pasar la línea de meta y después de coger una botella de agua me descalcé para ver el motivo por el que me ardía la planta del pie y descubrí que tenía una ampolla king size en la planta del pie izquierdo que me hizo andar descalzo el resto de la jornada.

A las 11:25 participaban las chicas. Estuve esperando porque corría una compañera pradolonguera. Ésta se descuidó en el calentamiento y cuando se quiso dar cuenta, ya habían salido el resto de competidoras. Aún así, empezó a recuperar el terreno perdido y adelantar a gente y eso le sirvió para alcanzar el tercer puesto de su categoría. Tremendo lo de esta chica.

Me llamó mucho la atención cómo dominó Rocío Fernández esa prueba con un correr increíble, con un fuerza impresionante y una elegancia fuera de lo normal, tanto en llano como subiendo o bajando. Cuando ves correr así te planteas si lo que tú haces es otro deporte.

La otra compañera pradolonguera participaba en el campeonato de Madrid de cross corto representando a su club la Unión Atlética Coslada. Lo hizo bastante bien y gracias a su ayuda pudieron ser terceras en la prueba y se clasificaron para el campeonato nacional.

Ya prácticamente cuando me iba me encontré con Javier que había ido de delegado del equipo de cross de su club, la Agrupación Deportiva Marathon. Consiguieron acabar segundos

X Carrera de Reyes de Yuncler

Por tercera vez he participado en esta apetecible carrera de cuantas se celebran por Madrid y alrededores. Si no ha habido suficiente con los turrones, polvorones y roscones, no hay nada como terminar la Navidad comiendo unas buenas migas con huevos fritos y cerveza. Porque correr es lo de menos, lo importante es lo que viene después.

Bien es verdad que no era el día más propicio para correr, ya que llevaba todo el fin de semana lloviendo y además cuando íbamos para Yuncler la lluvia era agua nieve, por lo que nos temíamos que pudiera incluso ponerse a nevar. Por otro lado pensamos que con este día de perros íbamos a tener menos competencia… Pero no, hubo una buena participación y de nivel ya que el ganador Francisco Javier de León hizo además récord con 24:19, bajando casi un minuto el anterior.

Llegamos al pueblo, retiramos el dorsal después de una larga cola bajo la lluvia y nos cambiamos en el edificio que hay en la misma plaza donde dan la salida, que creo es la biblioteca. Nos dio tiempo a hacernos una bonita foto todos los del Club Atletismo Zofío que nos desplazamos hasta allí.


Miembros de Club Atletismo Zofío antes del comienzo de la carrera

Perdimos bastante tiempo en la cola del dorsal, así que prácticamente no nos dio tiempo a calentar. Hicimos un par de rectas de 400 metros y nos colocamos en el pelotón de salida. Haciendo ese par de rectas vimos que el suelo estaba muy mojado y que había bastantes charcos, por lo que había que andar con mucho ojo para no meter el pie donde no se debía. Aún con ese día de perros, esperando el pistoletazo de salida en medio del pelotón, rodeado de tanta gente, no sentía ningún frío.

Habíamos quedado Miguel, Joaquín y yo en tratar de ir los tres juntos durante la carrera y tratar de llegar los tres a meta. Dieron la salida, salimos a toda pastilla por la calle Trafalgar y a los 400 metros llegó la primera cuesta de la jornada, la subida por la calle Greco, de una longitud de aproximadamente 400 metros. Allí demostró Joaquín que está fuerte cuesta arriba porque se puso a tirar como un poseso. Miguel y yo le seguíamos a duras penas.

Poco después llega una bajadita que lleva casi al punto de partida. En esa calle habíamos aparcado los coches y pude comprobar que ahí seguían. En esa bajada también era Joaquín el que llevaba la voz cantante. A Miguel le veía fácil y yo los seguía a duras penas. Me estaban torturando de lo lindo.

Enseguida se vuelve a subir la segunda cuesta. Joaquín seguía en cabeza y yo seguía sufriendo. Justo al coronar nos encontramos con una amigo del Club Atletismo Leganés que pensé que le podría venir bien engancharse a nuestro grupo, pero prefirió ir a su ritmo.

Al poco se llega a un punto donde se junta la ida con la vuelta. Ahí vi que el primero de la carrera ya volvía, lo que indicaba que ya nos sacaba más de un kilómetro de distancia cuando nosotros aún no habíamos llegado al segundo kilómetro. Algo tremendo el ritmo que llevaba.

Cuando íbamos por el segundo kilómetro observó Miguel que había unas cuantas chicas por delante de nosotros, nos sacaría la primera unos trescientos metros, no iba mal al chica, no.

Si bien es cierto que no llovió durante la carrera sí lo hizo antes por lo que en determinadas zonas había enormes charcos. Había que estudiar bien la zona para no meter el pie en un charco. De hecho, en una de las esquinas todo el mundo pasaba por la acera porque la carretera estaba ocupada por un charco no, por una piscina.

Antes de acabar la primera vuelta apretamos un poco aprovechando el terreno favorable y vi al pasar por la línea de meta que llevábamos 16:10 o así por lo que pensé que bajábamos de los 33 minutos si no ocurría nada raro.

En la primera cuesta de la segunda vuelta de nuevo se puso Joaquín a tirar a lo bestia. Pensé que sus entrenamientos campestres le habían puesto las piernas en forma. No me quedó más remedio que agachar la cabeza y mirar de reojillo si la cuesta se acababa; sin embargo, esta vez no tiró en la bajada, fue Miguel el que tomó el mando de las operaciones.

Después de subir la cuesta de la iglesia vi que Joaquín se iba quedando un poco rezagado por lo que le animé a que apretase un poco. Enseguida se recompuso el grupeto. Más tarde en la zona de chalets también vi que se quedaba un poco atrás, dos o tres metros, y de nuevo le animé a entrar y enseguida se puso a nuestra altura.

Ya sólo quedaba la parte más fácil, el tramo más favorable. Ahí aumentamos un poco el ritmo, pero me di cuenta que por detrás, cerca de nosotros no había nadie y que por delante había alguno que otro que nos podía estropear la foto, así que conminé a mis compañeros a bajar el ritmo y dejar que se marchasen por delante. Y fue una buena idea porque salimos los tres juntos en la foto sin que nadie nos molestase en la instantánea.


Llegando a meta juntos y hermanados, foto cortesía de Evedeport

Como da fe la fotografía hice un tiempo oficial de 32:31 aunque tardé algunos segundillos en pasar la línea de salida que no han sido tenidos en cuenta. Muy contentos los tres de haber aguantado en grupo toda la carrera y haber llegado el trío junto.

Después de correr recogimos la bolsa del guardarropa y nos dimos una ducha en el polideportivo. Luego nos acercamos a comer unas migas con huevos fritos al centro cívico y aunque era un sitio algo pequeño, al menos no nos mojamos. Por cierto, las migas estaban buenísimas. Estuvimos hablando con el campeón José Luis González e incluso se prestó a hacerse una foto con los compañeros.


Cuatro campeones en una misma fotografía

A la vuelta a casa, seguía y seguía el agua nieve.

XXXVIII San Silvestre vicalvareña

Mi primera participación en la San Silvestre de Vicálvaro fue en 2005. Desde entonces he participado en todas y cada una de las ediciones excepto en la de 2014 me quedé sin dorsal. Por lo tanto, esta de 2017 suponía mi duodécima participación en esta carrera.

El principal motivo por el que comencé a correr esta prueba era que no estaba masificada como su prima hermana la de Vallecas; sin embargo, han ido pasando los años y con el boom del atletismo también ha ido aumentando el número de corredores que participan en la sansil de Vicálvaro.

Este año había un cupo de mi quinientos corredores, cupo que se ha cubierto en pocos días. Desde mi punto de vista, son muchos corredores para esta carrera, pero es sólo una opinión y además cada organización puede hacer lo que le venga en gana. Pero es muy probable que ésta haya sido mi última participación en esta carrera.

Y después de esta lastimera introducción, paso a relatar lo acontecido en el último día del año.

Habíamos quedado a las 10:00 en el punto de encuentro. Esta vez, sin que sirva de precedente, estábamos unos minutos antes de esa hora, aunque Emilio, que se había ofrecido a llevarnos ya llevaba allí su tiempo, pero llegar antes que Emilio es tarea imposible.

A las 10:30 estábamos en el polideportivo dispuestos a recoger el dorsal. A esas horas ya había bastante gente haciéndolo y en la zona habilitada había un curioso atasco. Imagino que el hecho de estar en obras y la numerosa participación habrán provocado que ya hubiese atasco incluso siendo pronto.

Recogimos el dorsal y fuimos hacia los vestuarios, que eran unas casetas prefabricadas. Nos cambiamos, dejamos la mochila en el guardarropa y nos enteramos que en el servicio de las chicas había tres váteres dos de los cuales estaban atascados y el tercero clausurado. Mal asunto para las féminas.

Me dio gran alegría encontrarme con Carlos, que últimamente sólo le veo en esta carrera, es lo que tiene que viva tan lejos. Nos estuvimos saludando y no tuvo inconveniente en ponerse con nosotros para hacernos la foto de rigor antes del comienzo de la carrera.


Con los compañeros del Club de Atletismo Zofío y algún “añadido”

Estuvimos calentando por la calle del Polideportivo arriba y abajo, abajo y arriba esperando que se acercara la hora para ponernos en la línea de salida. Cuando faltaban algunos minutos para las 11:45 dijeron por megafonía que se retrasaba el comienzo debido a que todavía había gente retirando el dorsal 😦

En todos estos años la salida siempre había sido por esta calle del Polideportivo hacia arriba, pero este año lo habían cambiado y la salida era cuesta abajo, así que se iba a salir rápido y había que estar preparado para ello. Comentamos mientras estábamos esperando que era muy raro que no hubiese alfombra de salida.

Con diez minutos de retraso dieron la salida y el pelotón se lanzó calle abajo a todo lo que daban de sí las piernas… Al menos yo y a los que veía por delante. Son 750 metros de bajada por esa calle, luego se gira a la derecha y al poco comienza la subida por la calle Villablanca. Nada más embocar en esta calle está el primer kilómetro que pasé en 3:50 gracias a la velocidad adquirida en la cuesta abajo.

El segundo kilómetro es todo cuesta arriba por la calle Villablanca. En anteriores ediciones se sube por aquí casi al final de la carrera y se hace duro. Podría pensarse que al ser el comienzo la cosa es más llevadera, pero también se nota en las piernas que el terreno es ascendente y que además hacía un aire en contra horroroso. Ahí ya me fui a 4:15 y vi que el objetivo de andar a cuatro o un poco por debajo era prácticamente imposible. La animación que había en esta calle quizás fue lo mejor de la carrera.

El tercer kilómetro coincide con un tramo que siempre se ha hecho en esta carrera y es quizás lo más llano. Tampoco pude acercarme al objetivo de los cuatro pelados. También aquí se notaba bastante el aire en contra, que además era bastante frío.

Sí me acerqué más a los cuatro minutos en el cuarto kilómetro porque la carrera por la zona de Valdebernardo baja por el bulevar Indalecio Prieto. En ese tramo favorable me fui a 4:04 y eso me animó a tratar de conseguir el objetivo de llegar en 32 minutos, aunque sabía que iba a ser difícil.

El bulevar que habíamos bajado ahora había que subirlo y, por lo tanto, el tiempo se me fue un poquito, aunque sólo ocho segundos más que el anterior kilómetro. Llevaba desde el kilómetro uno corriendo codo con codo con un chaval de Running Pinto. Unas veces me adelantaba él, otras veces le adelantaba yo, pero a partir de este quinto kilómetro empezó a irse poco a poco y traté de que no se me fuese de la vista para utilizarlo de referencia.

El sexto kilómetro por el Camino Viejo de Vicálvaro es más o menos llano, con tendencia favorable. Ahí volví a acercarme a cuatro. El siguiente kilómetro por la calle San Cipriano, hasta la calle Minerva también es favorable y además hay bastante público que anima bastante. Conseguí repetir el mismo tiempo que en el anterior, hice 4:04. Ya sólo faltaba lo más complicado que era subir el primer kilómetro que habíamos bajado.

Para comprobar si uno va bien o va mal sólo hay que ver si en la segunda mitad vas adelantando gente o te van adelantando a ti. A mí me iban adelantado, así que la cosa estaba clara. Bien es cierto que los que me pasaron se podían contar con los dedos de una mano y sobraba alguno; sin embargo, en el último kilómetro, cuesta arriba y de nuevo con aire en contra me iba costando lo suyo y de repente me adelantó un grupo de cuatro. Y no me vino mal porque traté de seguir el ritmo de uno de ellos porque el grupo se deshizo un poco después. Curiosamente me vino bien que me adelantaran porque eso hizo que aumentara un poco el ritmo.

En mi GPS el kilómetro ocho estaba justo en la entrada del polideportivo. Hice ese kilómetro en 4:17, el más lento de todos, pero hay que darlo por bueno porque era un kilómetro duro por la cuesta arriba y el aire en contra y con las piernas ya muy cansadas.

Había visto el recorrido en la web y se entraba directamente a meta, sin tener que dar casi una vuelta a la pista como en alguna edición, pero al entrar en el poli me asusté un tanto porque se giraba a la derecha y daba la sensación de que se iba a dar la vuelta a la pista. Pero no fue así porque prácticamente se hace un zigzag y se toma la pista en sentido horario, recorriendo no más de cien metros por la pista hasta llegar a la línea de meta. Paré mi cronómetro después de pasar los dos carriles que protegen las antenas para la toma de tiempos y marcaba 33:21. Teniendo en cuenta que salí muy delante, no sé de donde se saca la organización 33:47. De hecho todo el mundo con el que hablé estaba disconforme con su tiempo oficial. Por otro lado, parece que la distancia sí eran 8 km bien medidos porque mi GPS marcó más, pero dentro del margen de error.

Decir que la pista de atletismo estaba recién arreglada y daba gusto correr por ella. No hubiera estado mal haber hecho algún metro más por la pista aunque cuando entré en el polideportivo lo que más deseaba era llegar a meta recorriendo los menos metros posibles.

Después de pasar la línea de meta nos dieron una botella de agua y una manzana y me fui rápidamente al vestuario porque hacía un viento fuerte y frío que era garantía de un buen constipado si te quedabas mucho tiempo a la intemperie. Saludé a mi tocayo Miguel Angel, al que hacía tiempo no veía y que me confesó que ahora monta más en bici que corre, ya que aprovecha el buen tiempo que está haciendo. Cuando estaba hablando con este hombre llegó Joaquín, al que saqué algunos segundos. Comentó también que se le había hecho dura la carrera, cosa en la que todos estábamos de acuerdo.

Lo dicho, fuimos rápidamente al vestuario a cambiarnos y si fuera hacía un frío de impresión, dentro era una especie de sauna finlandesa. Empecé a sudar de una manera bárbara, cosa que empezó a preocuparme porque me acordaba de una historia que me contó Joaquín cuando acabó la maratón del milenio y que casi se le da un pasmo de tanto sudar. Así que me cambié y salí fuera a ver si de ese modo dejaba de sudar.

Estando fuera vi que había una cola de impresión para entrar en el vestuario y coger la bola del guardarropa. Pensé que más de uno iba a acabar con pulmonía esperando allí. Fue cuando me di cuenta que sin lugar a dudas se les había ido de las manos a la organización.

Estuvimos esperando a que saliera la única fémina que había venido con nosotros y tardó un poco en salir. Así que después de casi morir de calor en la sauna casi me congelo en la espera. Un auténtico choque de frío-calor, que es una de las pruebas de fiabilidad a los que se someten determinados dispositivos para acelerar su envejecimiento.

XIV Carrera del mazapán (Polán)

Como iba a estar unos días de turismo rural busqué una carrera cerca de donde iba a estar. Encontré una carrera en Polán, a treinta kilómetros. Se trataba de la XIV edición de la Carrera del mazapán.

La carrera comenzaba a las cinco de la tarde, por lo que un poco antes de las cuatro nos pusimos en marcha. Existe una carretera, la CM-4050, que lleva a Polán pasando cerca de las Barrancas de Burujón, la finca Alcubillete, el embalse de Castrejón y una enorme finca con una casa que parece un palacete que siempre me ha llamado la atención cuando he pasado por allí y que no sé ni el nombre ni de quien podrá ser.

Hablo de la CM-4050 porque es una carretera que todo el mundo debe evitar ya que el firme está en un estado terrible. Es la peor carretera que he visto en muchos, muchos años. Son parches y parches de asfalto cubriendo toda la carretera y además es muy estrecha y con bastantes curvas. Un verdadero horror.

El caso es que llegamos un poco apurados a Polán. Aparcamos el coche en cuanto vimos vestigios de la carrera y preguntamos a unos con pinta de corredores que donde se recogía el dorsal. Nos indicaron amablemente y trotando nos acercamos a la plaza donde daban los dorsales. Me llamó la atención lo bien que tenían montada la salida y la llegada los chicos de Evedeport, que por lo que veo en cada carrera van superándose y eso que se han puesto el listón ya muy alto. También me sorprendió el gentío que había por allí, se podían ver montones de gente celebrando la Nochebuena y viendo las carreras de los pequeños que se celebraron antes.

Como llegamos algo tarde, enseguida recogimos el dorsal y de nuevo al trote volvimos al coche a dejar la ropa y disfrazarnos de corredores, utilizando, cómo no, nuestras bonitas camisetas azules del Club Atletismo Zofío. Pinchamos el dorsal en el pecho, nos pusimos el chip en la zapatilla y volvimos para la salida calentando un poquillo y sin descuidarnos en demasía porque quedaban diez minutos para el comienzo.

Dieron la salida y me puse en marcha todo lo rápido que pude, aunque salí algo atrás. Fui remontando posiciones y vi que me acercaba a Ana del Cerro, grandísima corredora de por aquellos lares que perseguía a una chica de Seseña que iba algunos metros por delante. Me extrañó encontrarme tan cerca de Ana porque siempre me ha sacado bastante tiempo, pero la verdad es que últimamente me estoy encontrando bien. Tendré que tomarme un poco más en serios los entrenamientos para mejorar un poco más.

Hice el primer kilómetro en 3:54, por debajo de cuatro, ritmos que no alcanzaba desde hacía un montón de tiempo y poco antes de llegar al primer giro de 180º me crucé con Beatriz Olivares, la primera mujer, que llevaba un ritmo endiablado. Ya sacaba bastantes metros a Eva Gómez, del Club Atletismo Seseña, y a Ana del Cerro de Runners San Miguel.

Después de ese giro hay un terreno favorable y Ana se lanzó para tratar de alcanzar a su predecesora, pero no conseguía alcanzarla. Yo trataba de no perder su estela y me mantenía un par de metros detrás. Pasé el segundo kilómetro en 3:58, de nuevo por debajo de cuatro y empecé a pensar si no iba demasiado deprisa, pero no me veía mal del todo.

En el segundo giro de 180º iba un metro detrás de Ana y la animé. No sé si fue por eso o porque había ido reservando fuerzas o porque yo empecé a flojear, pero a partir de ese momento se fue yendo poco a poco en busca de su objetivo. Seguía observando metros atrás el duelo entre la segunda y la tercera porque la primera clasificada ya llevaba bastante ventaja a ambas.

Me di cuenta que el circuito no medía 6 km como anunciaban porque eran dos vueltas y el tercer kilómetro fue más allá del primer paso por la línea de llegada. Ese ya se me fue un par de segundos por encima de cuatro y vi que ya no iba con la ligereza del comienzo. Veía como Ana se iba alejando más y más.


A mitad de recorrido, foto cortesía de runonline.com

Ya sólo tocaba aguantar lo mejor que pudiera y no perder demasiados segundos. Me puse como objetivo no pasar por encima de 4:10, pero no lo pude cumplir, el siguiente kilómetro se me fue a 4:13 y el otro a 4:14. Después del último giro de 180º de los cuatros que había en la prueba me adelantó un tipo y me dije que esto no podía ser, que había que aguantar como fuese. Así que saqué fuerzas de flaqueza y traté de que no se me fuera mucho para tratar de pulirle al sprint, pero el tío no era cojo y acabó llegando a meta un par de metros por delante de mí. Lo que sí consiguió fue que acelerara el paso y de ese modo realicé los últimos seiscientos metros a un ritmo de 3:50. Según mi GPS fueron en total 5,66 km en un tiempo, también según mi cronómetro de 22:54 a un ritmo de 4:03. No está nada mal.


Llegando a meta, foto cortesía de runonline.com

En meta nos obsequiaron con unas mandarinas, plátanos, mazapán y una botella de agua. Por desgracia no nos dieron ninguna bolsa y resultaba complicado llevar las viandas. Pensé en ese momento que era una pena que no dieran bolsa, porque de ese modo las cosas se transportan mejor, pero también pensé que si dieran bolsa, desaparecería el avituallamiento en un abrir y cerrar de ojos, así de ansiosos somos los corredores.

Mientras esperaba a que llegase la amiga con la que me había desplazado hasta esta localidad toledana me pasé por la zona de cronometraje. Allí tenían un monitor donde los de Evedeport van poniendo los tiempos y clasificación de los corredores. Además si dices el dorsal te ponen tu clasificación y tiempo individualizado. Me llevé una enorme sorpresa cuando vi que ¡¡¡llegué tercero de mi categoría!!!

Luego llegó mi amiga y ella también hizo una gran clasificación y mejor que la mía porque ella fue primera. Pero para ella no fue mucha sorpresa porque está acostumbrada a pisar el cajón. Eso nos obligó a quedarnos más tiempo allí y pasar un poco de frío, porque en cuanto se quitó el sol, el frío se hacía notar.


En el pódium, mas contento que unas castañuelas

La vuelta obviamente no fue por la CM-4050, sino que fuimos hasta Toledo y desde allí cogimos la carretera que va a Ávila. Desde luego por este lado el firme está impecable, pero había una niebla densísima que obligaba a circular con mucha precaución. Bueno, al menos nos dio tiempo a llegar a preparar la cena.