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XIV Carrera del aceite

Un año más he participado en la Carrera del aceite, prueba que supone para mí gran emotividad, ya que se celebra en el pueblo donde pasé mi infancia y gran parte de mi juventud. Es además el sitio donde descansa mi padre, por lo que venir aquí supone algo más que participar en una carrera. Es reencontrarme con mi pasado, un pasado que sólo me trae recuerdos felices.

Este año habían adelantado el día de la carrera, ya que suele celebrarse cerca del día de Nochebuena y esta vez fue el diez, casi empezando el mes. También era extraño que la prueba se celebrase un sábado y más extraño todavía que las carreras diesen comienzo a las cuatro de la tarde y a las cinco la de los mayores.

Es por esto que el día del sábado fue raro, muy raro. Me levanté, desayuné y en vez de salir rumbo al pueblo estuve haciendo en casa esperando que llegase la hora de comer para después salir. Desde mi casa a mi pueblo hay aproximadamente hora y media de camino por lo que salí a las 14:45 para tratar de estar allí a las 16:15.

Es una tradición parar en San Martín de Pusa antes de llegar a Los Navalmorales para comprar una caja de mazapán en la Panadería Manzanero. Ahí compro el más rico y auténtico mazapán que nunca he probado. Hoy, al ser un horario distinto de lo habitual, no sabía si iba a estar abierta la panadería, pero sí lo estaba, así que llegué al pueblo con un kilo de mazapán en el maletero.

Ya habíamos visto cuando veníamos de camino la “niebla” que cubría el pueblo y al llegar constatamos lo que nos imaginábamos, que no era niebla, sino el humo que soltaba el molino de aceite procesando el orujo (lo sobrante de la prensada de las aceitunas). Desconozco si habrá otros métodos para tratar el orujo que no produzcan esta extraña niebla.

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“Extraña” niebla en Los Navalmorales. Foto de Gustavo Martín

Aparcamos sin muchos problemas cerca de la línea de salida y fuimos tranquilamente a recoger el dorsal y el chip al silo. Al ser una carrera de poca participación -sólo había apuntados ochenta corredores entre seniors y veteranos- recogimos en un visto y no visto el dorsal, el chip, una mochila de cuerdas y una bonita camiseta fosforita de manga larga.

Volvimos al coche nos pusimos la ropa “de correr” y fuimos a dar una vuelta de reconocimiento. Parecía como si este año el piso del camino estuviera mejor, como si la tierra del camino estuviese más compactada. Creo recordar que otros años había más arena suelta y piedrecillas. Según iba haciendo la vuelta de reconocimiento me estaba dando cuenta que no me apetecía en absoluto ponerme a correr poco después.

No hubo tiempo para más, dimos la vuelta y nos colocamos en la línea de salida. Salí algo atrás, pero como no había muchos participantes enseguida encontré mi sitio y mi ritmo en la carrera. Fui adelantando gente tanto en el tramo llano como en la subida. En la bajada cambiaron las tornas y ahí no adelanté ni a los caracoles.

Iba observando que justo detrás de mí iba una pareja de chicos muy jóvenes que había visto antes correr en las pruebas de los niños. Iban tan tranquilamente, conversando el uno con el otro, mientras que yo iba con las pulsaciones a tope, no hubiera podido decir ni palabra.

Poco antes de llegar al final de la primera vuelta te cruzas con los que vas delante de ti. Observé que las cinco primeras chicas iban muy cerca la una de la otra, aunque la china Dong Liu iba ligeramente por delante.

En la segunda vuelta los jovencitos que iban detrás de mí se me iban acercando cada vez más. La subida se me dio bien, se nota que había practicado las subidas, pero en la bajada perdía mucho. Soy muy malo bajando y si la pendiente es elevada, soy pésimo.

En la tercera vuelta los jovenzuelos se pusieron por delante y ya no fui capaz de alcanzarlos. Daba gusto verlos subir ligeros como plumas, gráciles cual pajarillos. Y yo arrastrando mis 69 kilazos ladera arriba.

Después de la bajada, al atravesar el arroyo, me di cuenta que la carrera ya se estaba acabando y que quizás había sido demasiado conservador. Apreté en la subida por la calle Callejas y por el tramo de carretera que lleva a la meta, parando el crono en un tiempo de 19:51 que es el peor tiempo que he hecho en esta carrera, pero contento de todas formas por poder correr ante mis paisanos.

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Llegando a meta. Foto cortesía de la organización

Tienen los chicos de Evedeport una televisión en la cual van mostrando las clasificaciones. Cuando me acerqué por allí muy diligentemente introdujeron el dorsal y aparecieron mis “números”. Allí pude ver que el tiempo oficial era de 19:51, que había sido séptimo de mi categoría y 36º de la general. Yo, que soy muy amigo de los números, me puse muy feliz cuando comprobé que mi posición en la carrera coincidía con el número de dorsal. Luego debieron de clasificar a alguien delante porque en la clasificación que han colgado y de la cual guardo una copia aquí ya no coinciden los números.

La amiga que me había acompañado hasta allí llegó en un tiempo de 22:44, consiguiendo de esta manera el cuarto puesto de su categoría y diez litros de aceite. Al final el viaje no fue en balde 😉

La ganadora femenina fue de nuevo la china-española Dong Liu que si las cuentas no me fallan, es la quinta vez que gana esta prueba y todas de forma consecutiva.

XIII Carrera del aceite

Marzo de 1975: mi padre es trasladado a otra localidad y toda la familia abandonamos Los Navalmorales; sin embargo, no estábamos lejos y las visitas al pueblo eran frecuentes y casi todos los veranos los pasaba allí.

Septiembre de 1985: mi último verano en el pueblo. Desde entonces las visitas al pueblo se fueron espaciando cada vez más y en los últimos años visito el pueblo que me vio crecer de pascuas a ramos; es por esto que cuando descubrí la Carrera del Aceite decidí que participaría siempre que pudiese en esta carrera, ya que me sirve de excusa perfecta para visitar este bonito pueblo del que tengo tantos recuerdos.

Cuando venía de camino me iban viniendo a la cabeza recuerdos de tiempos pasados y la nostalgia me iba embargando. Recuerdo aún, como si fuese hoy, las palabras de mi padre siempre que nos acercábamos al pueblo, después de pasar las interminables rectas viniendo de Malpica: “ya veo la Sierra del Santo”. Hoy sin embargo no se veía, el humo de los molinos de aceite lo impedía.

Es por tanto, la carrera del aceite, no una prueba atlética sino una peregrinación al pasado, un viaje a la nostalgia, un reencuentro con mis recuerdos y sobre todo un torrente de emoción cuando llego al lugar donde mi padre descansa, donde me siento más cerca de él.

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Ya se ha convertido en una rutina que espero cada año con anhelo. Espero a que salga las inscripciones, me apunto e aguardo impaciente hasta el día señalado. Me levanto temprano, desayuno, salgo de mi casa, me monto en el coche y cuando me desvío de la carretera de Extremadura en la salida 86, cuando la carretera pasa de una autopista de dos carriles de ida y otros tantos de vuelta a una carretera comarcal estrecha es entonces cuando la memoria retrocede un montón de años y ya no voy montado en el coche, ahora estoy en un era con los amigos, persiguiendo un balón y desollándome las rodillas con las piedras.

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Este año llegamos con el tiempo un poco justo. Aparcamos el coche, fuimos a recoger los dorsales al silo y volvimos al coche a cambiarnos de ropa y disfrazarnos de corredores. Mientras nos cambiábamos, nos encontramos con Tito, que enseguida me reconoció. Estuvimos hablando un buen rato y una de las cosas que comentó fue que la carrera debería ir por las calles del pueblo y no por las afueras y la verdad es que tiene toda la razón.

A mí me gustaría más bajar toda la carretera hasta la iglesia, subir hasta el Rollo, pasar por la plaza de las flores, subir por la calle Concepción, empalmar con la calle del Caño y bajar por la calle Antonio Palomeque otra vez a la carretera. O incluso callejear aún más para recorrer más calles. Pero esto es un deseo y no creo que sea fácil de cumplir. Imagino que es más fácil sacar la carrera por los caminos fuera del pueblo y cortar las menos calles posibles.

Después de departir gustosamente con el bueno de Tito, nos despedimos y estuvimos haciendo la vuelta para ver si era la misma de los años anteriores y sí, lo era. Ya sabíamos a los que nos íbamos a enfrentar.

Con puntualidad suiza, a las 11:30 dieron la salida. Calculaba a ojo que seríamos unos cien participantes y como suele ocurrir en esta prueba, había gente de mucho nivel, tanto hombres como mujeres. En el calentamiento había visto a la china Dong Liu y a mi paisano Marcos Bueno. Ambos han ganado esta prueba ya unas cuantas veces. También vi a José Felix, conocido como el somalí madrileño, que con su camiseta amarilla del club Akiles se postulaba como uno de los hombres fuertes de la carrera. Luego me comentó que acababa de salir de una lesión y que no estaba todavía a tope.

Como ocurre siempre en estas carreras cortas y con gente de mucho nivel, el personal sale a toda pastilla, como si no hubiese mañana, y enseguida ocupas tu nicho en el hábitat de la carrera, sobre todo una vez que se corona la cuesta por primera vez, poco antes del punto kilométrico uno. Las bajadas se me dan fatal y en la primera de ellas me adelantó un tipo con una buena melena que bajaba bastante deprisa.

Después de esa bajada tan pronunciada se llega al punto más bajo, cuando se pasa por el arroyo -que no llevaba ni gota de agua- y empieza una segunda subida ni tan larga ni de tanta pendiente como la primera para llegar hasta la carretera y ya en terreno llano llegar a la gasolinera para pasar esta y alcanzar el arco de meta donde empieza la siguiente vuelta.

Como a diez o quince metros iba un pequeño grupo donde marchaba una mujer a muy buen ritmo. Pensé que a lo mejor podía llegar hasta ellos, pero no iba a resultar fácil porque iban a un ritmo muy parecido al mío.

En la segunda vuelta poco cambió mi posición, mantuve mi puesto apretando los dientes en la subida y tratando de bajar lo mejor que pude, o sea, mal. Al pasar por meta otra vez vi que la chica del dorsal siete (luego supe que era Mónica Yerra) me seguía sacando unos metros, pero después de una vuelta no había conseguido recortar ni un segundo.

En la tercera vuelta subí más o menos bien y en la bajada me adelantaron dos chicas que iban como almas que lleva el diablo. Con mi triste zancada no pude ni seguirlas y vi que se iban alejando poco a poco. Ellas veían que Mónica Yerra no estaba muy lejos e iban a por ella. Pero les pasó lo mismo que a mí, que no conseguimos alcanzarla.

Ya llegando a meta pude presenciar la pelea por parte de las dos chicas que me habían adelantado por ver quien llegaba antes. Había varios litros de aceite en juego y merecía la pena esforzarse por llegar una delante de otra. Al final fue María Lourdes Pérez quien llegó unos segundos antes que Isabel Ojea. Yo llegué unos segundos por detrás de Isabel haciendo un tiempo oficial de 19:09 que es mejor que el año pasado, pero sospecho que este año el circuito es algo más corto. Debieron poner las vallas más cerca de la gasolinera.

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Después de llegar a meta, fuimos al coche a cambiarnos y después volvimos a ver las clasificaciones. Mi amiga con la que me había acercado al pueblo se ha llevado estos últimos años alguna garrafa de aceite, pero este año sólo pudo ser séptima de su categoría. Lástima.

Después de mirar las clasificaciones nos pasamos por el restaurante Las Ruedas y nos tomamos unos cortos, fieles a la costumbre de este pueblo. Luego, vuelta a casa. El año que viene aquí estaremos.

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XII Carrera del aceite

Un año más, y ya van cinco, he participado en la carrera de mi pueblo. Coincidía con la carrera de Aranjuez, pero no es tan populosa, ni tan larga como la carrera madrileña. Tampoco creo que la coincidencia restase participación a esta carrera que estuvo más o menos en sus números, con poco más de cien participantes en la categoría de mayores.

Hasta allí me acerqué con una amiga y aunque no son muchos participantes, lo cierto es que es una carrera de mucho nivel. La chica que ganó por tercer año consecutivo fue la china (ahora nacionalizada) Dong Liu que fue campeona del mundo de 1500 en Stuttgart en el año 1993. Este año no ganó con tanta facilidad como en años anteriores, ya que Esther Ramos llego 15 segundos más tarde. El ganador, que es natural de esta población, Marcos Bueno acabó con un tiempo de 15:08 que es una muy buena marca siendo el circuito como es.

Oficialmente, la prueba consta de un circuito de 1,6 km (1 milla) al que hay que dar tres vueltas, totalizando 4,8 km (3 millas), aunque yo creo que mide algo más. Combina asfalto con tierra y aunque la salida es por asfalto, enseguida se coge un camino y por ese camino, después de una fuerte curva a izquierdas aparece una bonita cuesta arriba por un piso irregular de tierra y piedras. Nada más coronar, el camino se torna asfalto y comienza una cuesta que llega alcanzar el 11% de desnivel, menos mal que se hace de bajada. Después de esa bajada brutal, otra subida algo más suave y para terminar unos 150 metros llanos.

Resulta complicado seguir un ritmo constante por el desnivel y lo único que hay que hacer es salir a todo trapo y tratar de aguantar sin reventar. Mi idea era hacer unos seis minutos y medio por vuelta, o algo menos y no anduve muy lejos ya que llegué a meta con un tiempo de 19:36. En la clasificación aparezco en la posición 46 de 109 y séptimo de mi categoría. Un par de puestos menos y me hubiese llevado cinco litros de aceite. Pero difícil, muy difícil, ya que el quinto hizo un tiempo de 18:03, totalmente inaccesible para mí. Mucho Cola Cao tendría que tomar.

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Llegando a meta dándolo todo, foto cortesía de evedeport.es

Todos los participantes fueron obsequiados con una camiseta técnica, una pequeña mochila, un pequeño gorro de Papá Noel y una diminuta botella de aceite. Todo por el módico precio de 6 €, que es un precio bastante razonable. El año que viene, por supuesto que repito. Y si puedo, mejor entrenado.

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Con mi “trofeo”

Los resultados de la carrera se pueden ver en este enlace o en una copia que guardo aquí

XI Carrera del aceite

La carrera del aceite, que este año celebraba la undécima edición, se celebra en Los Navalmorales, localidad situada entre las estribaciones de los Montes de Toledo. Afortunadamente la carrera comienza tarde -a las doce de la mañana salen los más mayores- porque de lo contrario el madrugón que hay que pegarse para llegar hasta allí desde Madrid es de órdago, teniendo en cuenta que hay 130 km de distancia.

No es casualidad ni capricho el desplazarme hasta aquí, sino una buena excusa ya que en este pueblo estuve viviendo los primeros nueve años de mi vida y hasta los veinte estuve viniendo con frecuencia. Cuando me voy acercando y empiezo a ver esa tierra roja llena de olivares el corazón se me acelera.

Los Navalmorales nos recibió con un día frío aunque soleado y con niebla… ¿digo niebla? No, era el humo que soltaban los molinos de aceite que estaban en plena faena.

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Molino de aceite llenando el cielo de humo

Llegamos poco después de las once de la mañana, recogimos el dorsal rápidamente y nos pusimos a calentar, que el frío se hacía notar. Dimos una vuelta al circuito de 1,6 km para comprobar, una vez más, que la cuesta con la que nos obsequia la organización es dura, muy dura, sobre todo al hacerla en carrera. Después de reconocer el circuito, nos despojamos de la ropa sobrante, hicimos un poco más de calentamiento, luego unos estiramientos y a la línea de salida, donde unos 150 corredores nos dábamos cita.

La organización, muy generosa, obsequia con 25 litros al primero de cada categoría, 20 litros al segundo, 15 al tercero, 10 al cuarto y 5 litros al quinto, por lo que hay que luchar todo lo que se pueda para llegar lo más adelante posible. Dado que yo tengo el cero por ciento de posibilidades de llevarme nada, ¡qué mejor que acompañar a una amiga que podía luchar por llevarse algunos litros de aceite!

Dieron la salida y al ser tan pocos corredores, enseguida coge cada uno su sitio en carrera. Pronto observé que una contendiente seguía los pasos a mi compañera de viaje. En esta prueba es interesante batirse el cobre porque un puesto más o menos supone cinco litros de aceite. Así que observaba por el rabillo del ojo la situación de carrera. La otra chica no se despegaba de nosotros e incluso en la primera vuelta pasó por delante, pero todavía quedaban dos para intentar solventar el problema.

La cuesta arriba nos vino bien porque allí mi acompañante conseguía despegarse unos metros, aunque luego los perdía en la bajada, por lo que se puede decir que al término de la segunda vuelta la situación estaba en tablas; sin embargo, en la cuesta de la tercera y última vuelta, consiguió sacar algún metro más y nuestra competidora ya no fue capaz de alcanzarnos, por lo que mi amiga consiguió alzarse al tercer puesto del cajón y llevarse quince litros de aceite que al precio que anda, es un buen trofeo.

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Posando con el trofeo y los quince litros de aceite

Llegamos a meta con un tiempo algo superior a los 23 minutos, más tiempo que el año pasado, pero teniendo en cuenta que este año el entrenamiento está enfocado a la maratón, las carreras cortas son más un hándicap que otra cosa. Además, según me comentó mi amiga, la media de Villaverde del domingo pasado le había dejado las piernas algo cansadas.

Como curiosidad, decir que la prueba femenina fue ganada por segundo año consecutivo por la china Dong Liu que fue campeona del mundo de 1500 en Stuttgart en el año 1993. Todo un honor para este pequeño pueblo toledano contar entre los ganadores de su carrera con una atleta de tanto nivel.

Por mi parte, decir que ayer la báscula marcaba 69,3 kg por lo que consigo alejarme un poco de esa barrera psicológica de los setenta kilos, ya veremos si en esta semana navideña consigo “aguantar” el peso.

X Carrera del aceite

Un año más, y ya van tres, me he acercado a Los Navalmorales, pueblo en el que pasé los primeros años de mi vida. La verdad es que paso poco por mi pueblo, pero aunque ya me sienta forastero, siempre me agrada ir.

El año pasado llegué una hora antes por lo que me tuve que pegar un madrugón de órdago; sin embargo esta vez leí bien el reglamente y vi que la hora de inicio de la carrera de los “mayores” empezaba a las doce de la mañana, por lo que no tuve que madrugar tanto. A las ocho sonó el despertador y a eso de las 11:15 estábamos allí. Al tratarse de una carrera poco multitudinaria, resulta muy sencillo encontrar sitio para aparcar y recoger el dorsal. Esta vez me ocurrió algo que nunca me había pasado, ¡alguien había retirado mi dorsal! Tuve la sensación de que otra persona con mi mismo nombre y mi primer apellido se lo había llevado por equivocación. Y eso fue lo que ocurrió, aunque lo supe después. Para solucionar el tema, la organización me asignó otro dorsal.

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Minutos antes de la carrera

Cuando estábamos calentando nos cruzamos con una atleta china del club Bikila. Me sorprendió encontrarme en este pueblo remoto a una persona de tan lejana procedencia. Esta chica fue la que ganó la prueba en categoría femenina. Su nombre es Dong Liu y cuando subió al pódium me enteré que fue campeona del mundo junior de 1.500 en 1992 en Seúl y un año después campeona del mundo absoluta en esa misma distancia en Stuttgart. Además tiene todavía en su poder el récord de Asia de 800 metros con 1:55:54. Según he podido leer, después de trece años alejada de las competiciones, volvió a entrenar en 2011 y parece que no se le ha olvidado esto del correr.

Después de calentar y estirar, cerca de un centenar de atletas nos colocamos tras la línea de salida. Sonó el pistoletazo y aunque estábamos atrás del pelotón, no tardamos prácticamente nada en atravesar el arco de salida. Al ser tan pocos participantes, enseguida se sitúa cada uno en el lugar que le corresponde y durante la carrera resulta difícil que alguien te adelante o adelantes tú.

No quise forzar en absoluto debido a las dudas que mantenía sobre mi estado de forma, así que decidí acompañar a la amiga que se había desplazado conmigo hasta allí. Esta joven, ya en categoría de veteranas B, podía optar a un premio, así que yendo a su vera iba controlando al resto de chicas participantes para azuzar en caso de que fuese necesario a mi compañera de carrera.

No tuve que hacer gran cosa, ella misma iba controlando la carrera y fue adelantando a toda chica que se ponía a tiro. Después de completar las tres vueltas (4,8 km) llegó a meta con un tiempo de 22:28 y dos segundos después llegué yo haciendo, por lo tanto, 22:30. Se puede ver la clasificación en este enlace o en una copia que conservo aquí.

Lo mejor vino después porque ¡¡¡quedó primera de su categoría!!! y se llevó nada más y nada menos que 23 litros de aceite, que a 2,80 € el litro, supone un premio muy suculento. Desde luego mereció la pena desplazarse hasta allí.

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Posando toda feliz con sus premios

IX Carrera del aceite

A las 7:30 sonaba el despertador. Teníamos un largo viaje hasta Los Navalmorales, donde nos esperaba la IX edición de la carrera del aceite. Ya participamos hace dos años en esta prueba y nos gustó bastante, además es bonito volver a tu pueblo… aunque sea  por Navidad.

Por no leer el reglamento en detalle, pensaba que la carrera comenzaba a las once horas cuando en realidad era una hora después. Es por eso que nos causó extrañeza la poca gente que había por allí cuando retiramos el dorsal. Más raro todavía fue cuando faltando media hora nos despojamos de la ropa de abrigo y comenzamos a calentar y no sólo nadie lo hacía, sino que estábamos casi en familia.

Viendo que aquello no cuadraba de ninguna manera, me acerqué a secretaría y me sacaron de dudas: la carrera daba comienzo una hora más tarde. Mi compañera de viaje empezó a reprocharme el madrugón, pero ya no tenía remedio.

Antes de la salida de la carrera del aceite
Antes de la salida de la carrera del aceite, con la Sierra del Santo al fondo

Aunque el sol lucía radiante, la temperatura era baja, por lo que decidimos abrigarnos un poco e ir a reconocer el circuito, que no era el mismo que habíamos recorrido hace dos años. El actual consistía en dar tres vueltas (para totalizar 4,8 km según la organización) a un circuito que comenzaba llaneando por asfalto, para girar a derechas y meterse por un camino que se iba alejando del pueblo hasta llegar a una curva cerrada a la izquierda que iba poco a poco tornándose cuesta arriba. La cuesta iba endureciendo su pendiente hasta llegar de nuevo al pueblo donde acababa el camino de tierra y empezaba una cuesta abajo de bastante pendiente que llegaba hasta el arroyo que separaba los dos antiguos pueblos. Al cruzar el arroyo, de nuevo cuesta arriba hasta llegar a la carretera donde acababa la cuesta y donde ya se veía a unos trescientos metros la línea de llegada que era donde acababa también cada una de las vueltas. En resumen, un circuito bonito, medio cross, media carrera de asfalto, aunque corto y duro.

Detalle del recorrido
Detalle del recorrido

Dado que hace doce días me metí una maratón entre pecho y espalda, mi intención era de hacer un entrenamiento con dorsal como el domingo pasado; sin embargo, calentando me encontré con un viejo conocido, que ni siquiera sabía que corría, y no podía permitir que llegase antes que yo. Salí controlando al sujeto, pero en cuanto el terreno se tornó ascendente le pasé y al poco alcancé a una chica con la que hice casi toda la carrera. Se llamaba Irene y debía ser muy popular porque era animada en varios puntos del recorrido.

Junto a ella fuimos adelantando a diversas chicas que la precedían y eso la sirvió para llegar la quinta de las chicas. Yo llegué unos metros por delante con un tiempo oficial de 20:16 según la clasificación cuya copia he subido aquí. Aunque la distancia, según la organización era de 4,8 km, el GPS marcaba casi cinco, por lo que lo dejaremos en 4,9 km teniendo en cuenta la precisión del GPS. Bastante contento con mi prestación aunque preguntándome si he obrado bien o he hecho el canelo yendo a todo trapo.

Me ha sorprendido la participación femenina. Sin temor a equivocarme, afirmo que es la carrera que mayor porcentaje de chicas había de todas en cuantas he participado, el 30% de la participación era femenina.

Mi compañera de viaje consiguió hacerse con el quinto puesto de su categoría y subió al cajón para recibir una garrafa de cinco litros del líquido que da nombre a la carrera. Al final el viaje y el madrugón merecieron la pena.

Interesante premio en forma de garrafa de aceite
Interesante premio en forma de garrafa de aceite

VII Carrera popular del aceite

Ya estoy de vuelta después de disputar esta mañana la VII edición de la carrera del aceite. Esta carrera se celebra en Los Navalmorales, provincia de Toledo.

Antes de la crónica, un poco de historia. Resulta que hasta 1835 Los Navalmorales eran dos localidades independientes: Navalmoral de Pusa y Navalmoral de Toledo. Ambos municipios se encontraban separados físicamente por el arroyo de El Lugar o de La Fuente. El 23 de septiembre de 1833 se reunieron ambos ayuntamientos para decidir su unión y en el citado año de 1835 se llevó a cabo y de ahí surgió el nombre actual del pueblo.

Esto viene a cuento porque mientras Navalmoral de Pusa está situado sobre una zona más o menos llana, Navalmoral de Toledo está en la ladera de un cerro. Y como podrá imaginar el avezado lector la carrera transcurrió por el ahora barrio de Navalmoral de Toledo, en un circuito bastante duro al que había que dar dos vueltas y donde prácticamente no más de 200 metros serían llanos.

Lo único positivo es que aunque la distancia a recorrer figuraba como 5 km, en realidad sería de 4,7 km, por lo que cuando uno quería darse cuenta, ya estaba en meta. Eso sí, al ir a tope, llegaba uno con los pulmones en la boca.

En la línea de salida, no creo que hubiese más de 200 corredores, que esperaban impacientes el comienzo de la carrera. Ésta se retrasó cinco minutos para que los que se apuntaron en el último momento pudieran tomar la salida. Aunque había poca gente, se veía que había nivel y es que los 25 litros de aceite que se llevaba el primero atrajo la atención de curtidos corredores que se iban a partir la cara por tan preciado premio.

La jugada consistía en ir a tope desde el primer metro y eso fue lo que hice. Salí a muerte y sufrí de lo lindo, tanto en las cuestas arriba como en las cuestas abajo. Además las bajadas se complicaban bastante porque el suelo estaba totalmente mojado y era fácil irse al suelo. De hecho, antes de la carrera, una chica de las categorías inferiores estaba en la ambulancia con un bonito esguince. Y eso me asustó, ¡vaya si me asustó!

En la bajada más pronunciada de la primera vuelta me pasó la que a la postre fue la ganadora de la carrera. La que iba en segunda posición me iba respirando en el cogote, tratando de no alejarse demasiado de la primera. La segunda hizo lo propio en la bajada de a siguiente vuelta, sin embargo, traté de seguir su estela. En el último hectómetro eché toda la carne en el asador y conseguí sobrepasar a mi compañera de desventuras.

Miré el cronómetro y comprobé, asombrado, que marcaba 17:27. Si hubiese sido de cinco kilómetros, la marca hubiese sido asombrosa para mí, pero también me resulta una buenísima marca si la distancia real fuese de 4,7 km, que por ahí andaría. Me temo que siempre me quedaré con la intriga de cual es la distancia real.

Después de darlo vueltas y viendo los tiempos, creo que la distancia debe de estar entre 4,6 y 4,7 por lo que daremos por bueno una distancia de 4,65 km. Eso implica que sale un ritmo de 3:45/km y unos puntos de Purdy de 508,02 lo cual indica que es la segunda carrera en la que consigo sobrepasar esa barrera de los 500 puntos.

Las clasificaciones aparecen en este enlace. Aparte del sitio oficial también se pueden encontrar aquí. En la página de resultados se puede ver que el puesto que ocupé es el 40 de 149 participantes y noveno de mi categoría. Pensaba que habría hecho sobre el treinta, pero no me quejo.

Antes de salir para Los Navalmorales pasé por la báscula. Pensé que se iba a notar la cena de Nochebuena, pero la disminución del peso ha seguido en su línea. Marcaba 69,5 kg la báscula.