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Queda inagurada la temporada bicicletera 2017

Quedé con una amiga para salir con la bici de carretera que llevábamos desde octubre sin cogerla, en concreto 273 días. No tenía muy claro si íbamos a poder hacer muchos kilómetros después de tanto tiempo sin montar, por lo que nos lo tomamos con muuuucha filosofía.

Salimos hacia Villaverde y desde allí por la carretera de San Martín de la Vega para coger el carril bici antes de llegar a Perales del Río. Otras veces hemos cogido el carril más lejos, siguiendo por la circunvalación de la M301, pero esta vez lo hemos cogido antes y curiosamente en la glorieta donde se coge el carril he estado a punto de ser atropellado porque una furgoneta ha decidido que tenía más prisa que yo.

Hemos llegado a San Martín y hemos hecho lo habitual, parar en la terraza del San Marcos. Como no era muy tarde no había mucha gente en la terraza y enseguida nos han atendido. Hemos ingerido nuestros cafés y la tostada de pan con tomate y vuelta para Madrid. Al tran tran, sin mucha prisa.

Al terminar el carril decidimos meternos por un camino que hay al lado de la gasolinera que empalma con el carril bici del Parque Lineal. Hay que hacer un poco el cabra para llegar al carril, pero luego es una pasada ir por el Parque Lineal porque está muy sombreado. Me llamó la atención porque montado en una bicicleta se ven las cosas de manera distinta que cuando vas corriendo. Hicimos 58 km en un tiempo de 2h40 aprox. Muy contentos porque pensando que nos iba a costar, fuimos de maravilla.


Sufriendo a rueda de la campeona del mundo

El don de la invisibilidad

Este año las salidas en bici se han convertido prácticamente en paseos por el carril bici que va a San Martín de la Vega y desayuno en el San Marcos.

Hoy nos hemos encontrado en la terraza del San Marcos, a la hora de desayunar, con Carlos, Carla y otros tres amigos suyos. Como había menos gente de lo habitual nos hemos sentado sin ningún problema alrededor de una mesa, esperando a que el camarero nos preguntase. Éste pasaba de acá para allá, pero no se dignaba preguntar. Después de un rato, como hacía algo de frío, hemos entrado dentro y nos hemos puesto pegados a la barra. De nuevo, la camarera se pasaba por delante de nosotros sin hacernos caso ninguno. Después de un buen rato, Carlos y su grupo se han largado hartos ya de esperar. Mi amiga y yo, como no llevábamos prisa nos hemos quedado allí esperando, pero no había manera. La camarera estaba enfrente de nosotros y hacía como que no nos veía. Este es el don de la invisibilidad, estar enfrente de alguien y que no te vea. Tiene su utilidad en algunos casos, pero en otros, es un mal asunto.

Así que también hemos puesto pies en polvorosa y nos hemos acercado a otra terraza de un bar llamado El rinconcito donde una señora nos atendió muy amablemente aunque no con demasiada diligencia. Tomamos nuestra barrita mientras el sol de otoño nos calentaba y al terminar, de vuelta para Madrid.

Esta vez, en vez de los 52 km habituales hemos hecho quinientos metros más por desplazarnos hasta el otro bar. Poca cosa.

El del San Marcos ya debe conocernos

Llevaba ya dos semanas sin coger la bici, así que tenía ganas. A eso de las nueve me levanté, preparé los chismes y sobre las diez salí junto a una amiga rumbo a San Martín, con la idea de desayunar allí y darnos la vuelta. Y eso fue lo que hicimos. En San Martín nos sentamos en la terraza del San Marcos, nos tomamos un café con barrita de tomate y vuelta a casa.

Como siempre el viento hizo de las suyas porque hubo un momento que dije que no soplaba y dos segundos después casi no podía sujetar la bici. No tuvo más historia la cosa.

Hicimos aproximadamente 52 km en un tiempo de 2h13 a una velocidad de 23,5 km/h.

Desayunando fuera de casa

Desde el 1 de mayo no cogía la bici y tenía mono, debo reconocerlo. Así que me he levantado sobre las ocho de la mañana, he inflado las ruedas de la bici, me he vestido de romano y zumbando hacia San Martín, que es el recorrido más fácil que tengo.

La idea era ir tranquilo, pero tampoco de paseo. Además, de todos modos, siempre te acabas picando con alguien. Realmente no era coger la bici y correr, de lo único que se trataba era de desayunar fuera de casa. Y pensaba que al llegar a la churrería San Marcos, en San Martín (esto va de santos) habría poca gente, pero me he equivocado por completo. Estaba a rebosar. Como no tenía ninguna prisa, me he sentado en una silla que había libre esperando que alguien dejase una mesa. Tampoco he tenido que esperar mucho.

Como siempre, media barrita con aceite y tomate y café con leche. Me lo he tomado tranquilamente, disfrutando del momento. El sitio es fenomenal, pero el precio es realmente barato. Ese desayuno ha costado un euro y medio, que comparado con los dos euros y cuarenta céntimos que me cobran al lado del trabajo, es baratísimo. No me extraña que se llene.

Después la vuelta a casa con la misma idea: tranquilo, pero sin dormirme. Pero mientras venía para casa me he acordado de Pedro que hoy participaba en un half en Vitoria y he pensado, ¿por qué no probar a correr después de ir en bici?

Y no me ha parecido mala idea, por lo que al llegar, me he despojado del traje de romano y me he vestido de corredor, dispuesto a correr sólo cuatro kilómetros. Y tengo la sensación de que no ha sido buena idea porque cuando he salido iba con el gemelo derecho raro, como si lo tuviese “flojo”. Una extraña sensación. El caso es que según iba corriendo me iba encontrando mejor; sin embargo, esta tarde cuando escribo esta entrada noto que me duele. Mal asunto.

La semana pasada no fue la última

Decía que la semana pasada había sido la última salida del año en bicicleta, pero no ha sido así. Hoy me he levantado y he visto que hacía sol, así que no me lo he pensado dos veces y me he disfrazado de ciclista y he salido, ¡cómo no! rumbo a San Martín de la Vega. Esta vez he ido solo, no con mi compañera habitual de correrías.

No sé muy bien el motivo, pero no suelo ir por el carril bici que rodea Perales del Río, sino por la carretera M-301 que también rodea Perales del Río, pero de maneja algo menos “ajustada”. De tal modo, que yendo por el carril bici se hacen un par de kilómetros más que por la carretera.

Como iba yo solo y el viento soplaba a favor, he ido más deprisa de lo habitual y en menos de una hora ya estaba en la terraza del San Marcos dispuesto a comerme la habitual barrita (o barraza) de tomate con aceite. Y he debido llegar en el peor momento (sobre las 10:30) porque estaba todo repleto de ciclistas y paisanos desayunando, así que me ha tocado desayunar en la barra. No he podido disfrutar del desayuno en la terracita.

Después del desayuno, de vuelta a Madrid, que notaba las piernas algo cansadas del entrenamiento de ayer. Llegando por el carril bici a Madrid, cerca de la gasolinera que hay en la M-301 entre Perales del Río y Villaverde me he dado cuenta que hay un camino que empalma con el tramo que hicieron nuevo en el Parque Lineal. Me he metido con la bici y, efectivamente, no habrá ni trescientos metros del carril bici al carril del Parque Lineal, por lo que sería un buen detalle que este tramo lo asfaltaran y de este modo, se podría salir de Madrid y llegar a San Martín de la Vega sin tener que ir por ninguna carretera.

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Detalle de uno de los puentes que atraviesa el Manzanares, muy cerquita del carril bici de San Martín

Decir mucho viento es poco

Me he quejado amargamente del viento, que molesta y de qué manera cuando se va en bici, pero hoy ha sido un día terrible de viento. Tanto que a veces costaba controlar que no te tirara a la cuneta. Hoy sí me puedo quejar con razón.

Salí con una amiga sin una idea predeterminada de ir a ningún sitio en concreto, pero cuando llegamos a San Martín de la Vega, hartos ya de remar contra el viento, decidimos para a desayunar en el San Marcos y volver por donde habíamos venido lo más pronto posible, no sea que al viento le diese por cambiar de dirección y ya rematase la faena.

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Quizás la última foto del año vestidos de ciclista

Puede parecer una exageración cuando digo lo del viento, pero de verdad que era exagerado. La prueba es que para ir tardamos 1h20 y para volver 1h00. Veinte minutos de diferencia por el hecho de tener el aire de culo o de cara.

Haciendo limpieza de camisetas

Cuando pasan unos meses, hay que ir haciendo limpieza de camisetas. Bueno, hablando con propiedad, limpieza de los cajones donde están las camisetas y éstas tratar de regalarlas por ahí o llevarlas a los contenedores de ropa. A lo mejor este problema de exceso de camisetas se arregla ahora que la alcaldesa de Madrid quiere regular el precio de las carreras populares a 80 céntimos por kilómetro.

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Un montón de camisetas sobrantes

Si el organizador de una carrera de 10 km tiene que poner el precio de la inscripción a ocho euros, a lo mejor no le resulta rentable regalar una camiseta… Aunque en la Carrera Popular Barrio del Zofío, carrera en la que colaboro, la inscripción costó 7 € y sí había camiseta.

Y ahora que lo pienso, nosotros organizamos una de 10 km y otra de 5 km en el mismo evento. ¿Deberíamos cobrar 8 € por una y 4 € por otra? Doy fe de que la organización de la misma es exactamente el mismo trabajo.


Ayer pensábamos salir con la bicicleta, pero el día se levantó lluvioso y lo dejamos para hoy. Como no íbamos a hacer muchos kilómetros y encima ya va haciendo fresco por las mañanas salimos a las diez.

El cielo estaba gris y parecía que podíamos mojarnos, pero yendo hacia San Martín cayeron cuatro gotas y luego nada más. Nos libramos de la lluvia.

No teníamos claro lo que íbamos a hacer, pero cuando llegamos a San Martín decidimos seguir hasta Ciempozuelos. Desde allí, vuelta por donde habíamos venido con parada en San Martín, en la cafetería San Marcos.

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Descansando en San Martín

Después de un rico café y una buena barra con aceite y tomate, salimos para Madrid con la fortuna de no llevar el aire de cara como casi siempre.

Acabamos haciendo 66,2 km en un tiempo de 2h52 a una media de unos 23 km/h. No sé si serán estos los últimos kilómetros en bici del año. Probablemente.