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Las tiradas largas mejor con compañía

Cualquier entrenamiento suele ser mejor si vas acompañado, pero si se trata de un entrenamiento de mucho kilometraje, no es que sea mucho mejor, es que es casi imprescindible. Y la verdad es que he tenido suerte hoy porque en un principio iba a ir solo y al final hemos acabado yendo ¡cinco corredores! Y no sólo los cinco, sino que ha habido una amiga que nos ha acompañado en bicicleta con ayuda logística.

Habíamos planeado hacer 30 km y la idea era salir por Madrid Río, hacer prácticamente una tapia en la Casa de Campo y volver por el mismo camino. Y eso fue lo que hicimos, aunque con algunas visicitudes.

Salimos por Madrid Río y ya empezamos a marchar a buen ritmo, un poco por encima de cinco. En estos primeros kilómetros me costaba llegar al grupo, aunque luego fui mejorando.

Llegamos a la Casa de Campo, entrando por el Paseo del Embarcadero. Luego seguimos por la CdC haciendo la tapia en sentido contrario a las agujas del reloj. Tuvimos la primera incidencia en la reentrada en la CdC por la Carretera de Castilla ya que hacía un tiempo había allí una bonita entrada y ya lo habían vallado. Dudamos entre darnos la vuelta o continuar por una senda paralela a la carretera donde la chica del grupo decía que había otra abertura en una valla. Decidimos continuar y también habían sellado esa abertura. Así que no nos quedó más remedio que levantar la valla del suelo y entrar de nuevo en la CdC arrastrándonos como serpientes. Fue más complicado meter la bici, pero también se pudo.

Una vez de nuevo en la CdC comenzó el tramo más duro ya que casi todo el camino es ascendente hasta llegar a la Puerta de Somosaguas, que es el punto más alto de la Casa de Campo. Antes habíamos parado en la fuente de Casa Vacas y en la fuente del Cerro Garabitas. En esta última fuente recuperamos un poco para afrontar la cuesta más dura del recorrido. Una vez coronada esta dura cuesta llevábamos 16,5 km y, por lo tanto, habíamos atravesado el ecuador del entrenamiento.

A partir de entonces el perfil es descendente hasta la salida de la CdC y ahí empezamos a acelerar el paso haciendo kilómetros por debajo de cinco casi en su totalidad. Decidimos salir por la boca de metro de Lago para volver a sentir en las piernas esa subida que lleva repitiéndose en la maratón en los últimos años y desde allí bajamos por la Avenida de Portugal hasta Madrid Río para volver por donde vinimos.

Ahí me emocioné y empecé a hacer kilómetros sobre 4:30 y eso para lo único que sirvió fue para demostrar que Mariano es un fuera de serie, que Juli bastante hizo el hombre de aguantar tantos kilómetros después de la emboscada que le preparamos y que la única chica del grupo es la más dura de todos sin lugar a dudas.

Aflojamos en los dos últimos kilómetros para intentar reagruparnos los cinco, pero llegamos a Pradolongo, donde se cumplía el kilómetro 30 cada uno por nuestro lado. Allí me di la vuelta y fui a buscar a los rezagados.

La amiga de la bicicleta nos hizo una bonita foto una vez cumplido el objetivo:


Con 30 km en las piernas

Completé los 30 km en un tiempo de 2:29:01 a un ritmo de 4:58 min/km, lo cual no está nada mal para haber sido tantos kilómetros. Pensándolo bien, quizás hemos ido un poco deprisa.

La báscula marcaba antes de salir 69,4 kg lo que indica que no voy a llegar a la maratón con 68 como me hubiera gustado ni de broma.

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Lluvia, viento y frío, ¿alguien da más?

Mal día hemos elegido para hacer una tirada larga. Habíamos quedado a las 9:00 en el punto de encuentro y ya estaba lloviendo. Pero no sólo llovía, el viento soplaba de lo lindo y hacía bastante fresco. Optimista que es uno, pensaba que mejoraría el tiempo según fuéramos “comiendo” kilómetros.

Mi optimista predicción falló por completo porque siguió lloviendo sin parar ni un minuto y el viento seguía soplando y la temperatura seguía fresca.

A las 9:00 estábamos tres compañeros en el punto de encuentro. Dimos una vuelta a Pradolongo para volver a pasar por la salida a las 9:30 donde nos esperaba el cuarto pradolonguero. De tal modo, cuando encontramos a Quique ya llevábamos casi cinco kilómetros y la ropa bastante mojada. Esos primeros kilómetros fueron los más calmados, ya que fuimos por encima de cinco todo el rato.

Según íbamos bajando al Parque Lineal se fueron animando mis acompañantes y nos pusimos a un ritmo de crucero de 4:40 segundo arriba, segundo abajo. Así hasta llegar al final del Parque Lineal. Allí nos dimos la vuelta y aunque el aire era en contra, encima aumentaron el ritmo y nos pusimos a 4:35 a la vuelta.

Yo iba notando que los muslos se iban poniendo cada vez más duros, no sé si por la lluvia, por la velocidad o por la combinación de ambas. El caso es que me hice la ilusión de que cuando acabáramos el recorrido por el parque íbamos a aflojar un poco ya que Quique se iba, pero me equivoqué porque Miguel seguía erre que erre cuando abandonamos el Parque Lineal y llegamos a Madrid Río.

Estos últimos kilómetros se me hicieron bastante duros porque iba bastante cansado, tenía las piernas duras como piedras, iba hasta los eggs de la climatología y para colmo me había rozado los muslos (y eso que me había echado vaselina). Un entrenamiento duro, muy duro.

Dicen que estos entrenamientos en días tan complicados valen por dos. Uno por el entrenamiento que haces tú y otro por el que no hace tu rival, pero en mi caso como mi único rival soy yo mismo, me quedo igual. Además suele ocurrir, cuando los entrenamientos son en días fríos y con lluvia, al final la maratón será con mucho calor. Un horror.

Hicimos 26 km en un tiempo 2:05:16 en una media bastante rápida para ser un entrenamiento largo: 4:49 min/km.

Hablando del diluvio

Hablaba el otro día de Enki, el dios mesopotámico y de que fue él quien avisó a los hombres del diluvio universal. Pues no sé si nos habrá advertido otra vez porque parece que ya estamos en pleno diluvio. Bueno, lo digo de manera figurada, porque es cierto que está lloviendo bastante y durante bastantes días, pero aunque en Madrid nos pueda chocar, es algo normal por el norte de España.

Llegué a casa con pocas ganas de nada después de haberme tenido que pelear por montar en el metro, debido a la huelga y mojado. Y sobre todo viendo que la lluvia no amainaba…

Hice de tripas corazón, me puse la ropa de correr y salí. Llegué al parque de Pradolongo y vi que estaba todo encharcado y embarrado, por lo que no me pareció el mejor escenario para ir algo más deprisa de lo normal. Así que opté por atravesar el parque y dirigirme a Madrid Río que aunque algún charco tiene, se puede correr mejor.

Al poco de llegar a Madrid Río, cuando cumplí el tercer kilómetro aceleré el paso tratando de llegar a 4:35 más o menos y mantenerlo durante ocho kilómetros. Vi a un tipo pocos metros delante de mí y me puse como objetivo darle alcance, pero no hubo manera. Este hombre adelantó a otro y este nuevo de camiseta naranja fue el nuevo objetivo, pero tampoco pude con él.

Poco antes de llegar al Puente de Toledo venían cuatro y justo se dieron la vuelta delante de mí. Me dije, ésta es la mía, pero tampoco. Aceleraron como posesos y se fueron alejando cada vez más y eso que yo iba a buen ritmo, pero la gente iba deprisa, no habían salido a pasear bajo la lluvia.

Pasé por el Calderón, se me cayó alguna lágrima ¿o fue el sudor que me chorreaba por la cara? y continué hasta el puente verde en forma de Y. Allí me di la vuelta ya que se había cumplido el sexto kilómetro, la mitad de lo que tenía previsto.

Al darme la vuelta me di cuenta que el viento me había ayudado en la ida y que ahora a la vuelta se oponía a mi avance. Pero lo malo no es que me costara más avanzar, lo malo era que el viento me pegó la camiseta mojada al cuerpo y empecé a notar bastante frío en el pecho y abdomen. Desde luego la combinación viento y lluvia es de lo peor que hay para correr.

Debido al viento en contra me costó más trabajo tratar de mantener los 4:35, pero fui decentemente hasta que abandoné Madrid Río y aparecí en la calle Antonio López, donde se complicó el tema. Cuando llegué al kilómetro once bajé el ritmo para hacer el último de enfriamiento… Nunca mejor dicho.

Lo dicho, hice 12 km en un tiempo de 58:16 @ 4:51 min/km. Un entrenamiento duro bajo la lluvia, de los que curten.

Palos con gusto no duelen

Palos con gusto no duelen dicen el refrán popular. Y es algo totalmente aplicable al entrenamiento del día de hoy, ya que hacía un día de perros debido al agua que caía y el frío que hacía. Aún así, tres pradolongueros hemos aparecido en el punto de encuentro dispuestos a entrenar sin importarnos los elementos.

Como estaba lloviendo y había un montón de charcos decidimos ir a Madrid Río que al ser una zona asfaltada hay menos charcos, aunque hay algunos bárbaros, pero se ven bien y se pueden esquivar.

La jugada era ir hasta el Calderón y desde allí vuelta para completar 12 km, que no sé muy bien el motivo por el que se nos ha ocurrido hacer más habiendo corrido dos días antes. Ideas de bombero que a veces tienen los corredores.

A la ida no íbamos despacio, no. Íbamos a buen ritmo, un poco por encima de cinco, quizás espoleados por la lluvia, que siempre invita a ir más deprisa. Lo malo ha sido a la vuelta que hemos empezado a apretar de lo lindo. Tanto que en algún momento he mirado el reloj y he pensado ¡si vamos tan deprisa como en la carrera del domingo!. Y es que Miguel iba sin cadena.

Acabamos los 12 km en un tiempo de 1:00:14 @ 5:01 min/km que ya está bien para lo que se suponía tenía que haber sido una jornada de relax. Me parece que nos lo teníamos que haber tomado con calma.

Hemos tenido suerte con la lluvia

Ha hecho un día de mucha lluvia. No sólo la cantidad, sino también la fuerza con la que caía. En un principio tenía pensado en salir con la bici con una amiga, pero viendo la que estaba cayendo la propuse salir a correr en vez de montar en bici.

Tuvimos una suerte tremenda porque a las 19:30 no llovía, lo había dejado minutos antes. De tanta lluvia estaba todo el parque embarrado y con charcos, así que decidimos ir por Madrid Río que se forman menos charcos y, por supuesto, nada de barro.

Bajamos hasta el Parque Lineal y desde allí fuimos a Madrid Río. Hace unos días arreglaron el tramo que conectaba las dos zonas porque había conexión, pero era un tramo de tierra y lo han asfaltado. Se puede ver en el vídeo que colgó InfoUsera el tramo arreglado.

Llegamos hasta el Puente de Toledo y desde allí vuelta, pero en vez de llegar hasta el Parque Lineal salimos por Antonio López para empalmar con el Parque de Pradolongo. Hicimos en total 10,6 km en un tiempo de 1:00:05 @ 5:37 min/km.

Pasados los cincuenta

En febrero pasé de los cincuenta… años. Y hoy y el anterior domingo he pasado de los cincuenta… kilómetros. El último entrenamiento dirigido específicamente para la maratón fue en 2012 y desde entonces he corrido alguna más, pero sin entrenar para ello, así que es raro que sobrepase los cincuenta kilómetros a la semana.

Este año, por aquello de que hace treinta que corrí el primero me lo estoy tomando más en serio, aunque no sé muy bien el porqué, como si me jugase algo…

El caso es que hace ya algún tiempo descubrí que para entrenar la maratón hay que hacer entrenamientos en cansancio, que es la única manera de simular los últimos kilómetros de la maratón. Es decir, empezar el entrenamiento teniendo las piernas ya cansadas. Como yo no entreno demasiado, no estoy acostumbrado a correr un día detrás de otro, así que aprovecho el sábado para castigar un poco las piernas y el domingo para hacer una tirada larga. Es lo más parecido a hacer una maratón, al menos para mí.

Ayer estuve con mi tocayo haciendo algunos kilómetros a ritmo entre 4:40 y 4:45 y hoy tenía las piernas bastante cansadas, así que cuando he comenzado a correr y pensaba que tenía que hacer 18 km se me hizo un mundo sólo de pensarlo. Comencé en el Puente de Toledo, por Madrid Río y cuando llegué a la Casa de Campo iba con pocas ganas y eso que acababa de empezar.

Entré en la Casa de Campo, corrí paralelo a la M-30 y luego a la carretera de Castilla y no dejaba dar vueltas a la pelota de que si iba cansado, de que para qué hacía esto, etc. Poco más allá del Puente de los Franceses, dejando la vía a la derecha empiezan unos repechos considerables y en ese un momento se me quitó la tontería de golpe. Ya no pensaba en bobadas, sólo tratar de subir y de bajar esos repechos, que son realmente duros.

Tenía pensado darme la vuelta cuando el cronómetro marcase 7 km, pero decidí seguir un poco más para llegar a un puente que atraviesa la vía y pasar por la fuente de Casa de Vacas, que me notaba algo deshidratado. Eso hice, lo que me costó subir y bajar algún repecho más. Paré en la fuente y agradecí que el camino de vuelta fuese más llevadero, ya que no subidas y bajadas como esos repechos “del otro lado”.

Sobre el kilómetro 10, llegando al Puente de los Franceses, decidí acelerar un poco, porque tenía ganas de llegar a casa y anduve uno seis kilómetros un poco por debajo de cinco, aunque luego aflojé porque ya me notaba bastante cansado.

Acabé con 18,3 km en las piernas en un tiempo de 1:35:57 a un ritmo de 5:13 min/km. Desde mi punto de vista, fue un buen entrenamiento de cara a la maratón.

Ritmo incómodo

Define Jack Daniel el ritmo umbral como un ritmo “confortably hard”, que se podría traducir literalmente algo así como “confortablemente duro”. Dice que no se debe sentir como duro, que eso es ya para entrenamientos de intervalos. Hoy según iba corriendo se me ocurrió una definición algo menos literal, el ritmo umbral es un ritmo incómodo. Aquel que no te hacer ir relajado ni un segundo, siempre alerta.

Ayer jueves no pude salir, así que he salido hoy viernes poco antes de las cuatro de la tarde. Estaba lloviendo y he pensado que lo mejor sería ir a Madrid Río, que siempre está más practicable que cualquier parque al ser asfalto. He hecho cuatro kilómetros de calentamiento y luego he tratado de hacer cuatro a mi ritmo umbral, a 4:20. Y así han salido: 4:16, 4:23, 4:14 y 4:16. No han salido excesivamente mal, pero tampoco bien.

Después otros cuatro kilómetros de enfriamiento. Bueno, lo de enfriamiento es un eufemismo porque iba congelado, ya que estuvo todo el rato lloviendo y con bastante aire. Llegué con las manos como témpanos. Tanto que cuando salí de la ducha las manos estaban rojas como tomates.

mano-colorada
La mano del mismo color que la manteca colorá

Fueron en total 12 km en un tiempo de 58:13 @ 4:51 min/km. Un entrenamiento duro por el ritmo y por la climatología.