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Finalizando en el bar

Al igual que ayer hoy hemos quedado para bajar al río; sin embargo si ayer íbamos un nutrido grupo hoy solamente hemos bajado tres: Mariano, Miguel y yo. Y eso que habíamos quedado para ir a desayunar después del entrenamiento, pero no ha tenido éxito la convocatoria.

En el Parque Lineal, después de bajar las tablas, se paró Mariano. Dijo que para parar dos minutos y luego hacer un test yendo hasta el último puente y vuelta al punto origen.

Estábamos cerca de llegar al último puente cuando apareció Mariano a toda leche. Nos dijo que si podíamos tirar un rato de él, pero yo no estaba para muchos trotes porque notaba las piernas cansadas del día de antes. Fue Miguel el que se puso a tirar y estuvo como un kilómetro a un ritmo de cuatro minutos hasta que aflojó un poco y Mariano se fue solo.

Cuando llegamos a las tablas nos contó Mariano que le había costado lo suyo poder acabar el test que son más o menos ocho kilómetros. Dice que lo hizo en 31:48 ¡dos minutos menos que el año anterior! El tío está en plena forma para la San Silvestre Internacional, su gran objetivo.

Volvimos trotando al punto de encuentro, cogimos las prendas de manga larga que habíamos dejado y nos dirigimos a la cafetería-churrería Relaxing, en Orcasitas. Allí nos esperaba una compañera pradolonguera que aunque no había corrido sí se había apuntado al desayuno. Lo malo es que la churerría estaba llena, a tope de gente. Después de estar allí un rato y ver que aquello no se despejaba nos fuimos al Acuario, un bar situado enfrente de la churrería, donde tomamos un café con tostadas muy rico y departimos un rato.

Fueron 13,7 km en un tiempo de 1:08:16 @ 4:57 min/km. Un buen kilometraje para no subir mucho el peso, que la báscula ya está empezando a echar humo. Hoy marcaba 70,4 kg bastante más que la semana pasada ¡y todavía no han llegado las cenas pantagruélicas de Navidad!

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Con los monstruos de Pradolongo

No tenía intenciones de salir a correr hoy ya que mañana tengo carrera, pero como se animaron unos cuantos compañeros me acerqué al punto de encuentro y eso que dormí fatal por culpa de los gatos que me despertaron muy pronto pidiendo comida. Me levanté, alimenté a los felinos y luego fui incapaz de dormirme. ¡¡¡Estos jodíos gatos no se enteran que es sábado!!!


El gato Jinks decía marditos roedores y yo digo marditos felinos que no me dejan dormir

Llegué con legañas en los ojos al punto de encuentro. Allí me encontré con los monstruos de Pradolongo: Quique, Mariano, Miguel y Joaquín. Unos minutos más tarde llegó Juli y nos pusimos en marcha. Antes de salir vi que yo estaba allí de pegote porque a estos se los veía con ganas de correr y yo tenía intenciones de correr tranquilo y no muchos kilómetros.

Así, saliendo del Parque de Pradolongo ya empecé a ocupar la última posición y poco a poco se fueron separando, pero tuvieron compasión hasta que llegamos al Parque Lineal donde empezaron a acelerar y ya me quedé en solitario. Hice unos cuantos cambios de ritmo muy cortos y cuando llevaba cuatro kilómetros y medio me di la vuelta con la idea de completar nueve kilómetros. Cuando me di la vuelta me di cuenta de lo bonito que está el Parque Lineal. Probablemente esté a años luz de la Casa de Campo, pero aún así es una maravilla.

Cuando volvía me di cuenta que el lunes salí solo, el jueves me quedé solo en la segunda vuelta y hoy hice casi todo el camino también en solitario. Una semana de entrenamientos en soledad. Pero así son las cosas, en estos momentos no encuentro a nadie que vaya a mis ritmos ni que tenga objetivos parecidos a los míos.

Hice 9 km en un tiempo de 51:42 @ 5:44 min/km. No sé si me he pasado con los kilómetros o con los cambios de ritmo. Ya veremos mañana en el cross.

Lo que más me gustó fue que antes de salir la báscula me dio la noticia de que había bajado de setenta kilos. Marcaba 69,7 kg y tengo que bajar aún más si quiero mejorar.

Correr es una actividad de riesgo

Correr tiene sus riegos, desde lo más simple que es tropezarse y caer al suelo o que te tire un perro o te muerda a otros más fastidiados como que te atropelle una bici o un patinete en un carril bici, que te lleve un coche en un paso de cebra, que te pegue un tiro algún cazador cuando entrenas por algún camino y lo que he visto esta mañana, que un coche te caiga encima.

Porque esta mañana yendo por el carril del Parque Lineal hemos visto un coche accidentado que se había salido de la M-40, había golpeado a un árbol y el árbol había caído en el carril, ocupando todo el ancho del carril. Imagino que no habrá pillado a nadie corriendo o yendo en bici porque hubiera sido una verdadera mala suerte.


Coche accidentado en el carril del Parque Lineal

El caso es que había quedado con mi tocayo a las 9:30 y como ayer hicimos un entrenamiento duro hoy planeamos un entrenamiento más relajado pero metiendo más kilómetros. Salimos del barrio ya con el cronómetro en marcha y al llegar al parque de Pradolongo nos encontramos con una pareja de pradolongueros que se animaron a venir con nosotros.

Bajamos los cuatro al Parque Lineal y al llegar a la vera del río aceleramos un poco y los dos compañeros que se habían animado a acompañarnos se quedaron atrás, a su ritmo. Fue poco después de que se quedaran cuando llegamos al lugar del accidente. Para poder continuar había que subir hacia donde estaba e coche, rodearlo y volver a bajar al carril. Eso fue lo que hicimos y seguimos a un ritmo sobre cinco minutos el kilómetro hasta llegar al puente donde siempre cruzamos a la margen izquierda del río.

Esta vez no cruzamos ya que hace unas semanas han abierto un camino que sigue por la margen derecha, subiendo un tramo, siguiendo por un llano y bajando para empalmar con el camino habitual. Es un poco tonto lo de subir para luego bajar, pero bueno, un poquito de dureza no viene mal.

Pero la verdad es que notaba las piernas bastante cansadas del entrenamiento de ayer y eso que tampoco era un ritmo exagerado, pero ya noto mucho salir a entrenar después de entrenar el día anterior, sobre todo después de un entrenamiento duro. Se van notando los años.

Fueron en total 16 km en un tiempo de 1:23:23 @ 5:12 min/km.

Lo que no gustó nada de nada es la noticia que me dio la báscula, porque antes de salir me pesé y marcaba 70,4 kg que es mucho. Necesito ponerme en 68 lo más pronto posible.

Cavar no sólo cansa los brazos

Ayer se me ocurrió la idea de apuntarme a una tarea de voluntariado que consistía en plantar algunos árboles y un montón de arbustos. Para ello había que cavar un agujero, poner el brote, echar la tierra y poner una rejilla para que los conejos no se coman los brotes.


Cavando o haciendo que cavo

Acabé bastante cansado porque llegué a casa, comí y me eché una siesta de campeonato. El caso es que me levanté bastante bien, pero cuando me he levantado hoy notaba que tenía la pierna izquierda bastante cargada. De todos modos, cumplidor que es uno, a las nueve de la mañana estaba en el punto de encuentro. Hasta allí llegaron Mariano y un amigo suyo y los tres nos pusimos en marcha hacia el Parque Lineal.

Hicimos los tres primeros kilómetros tranquilos y luego aceleré para tratar de ir a 4:45 durante 9 km. Según iban pasando los kilómetros iba viendo que me iba a costar porque notaba la pierna muy cargada y efectivamente los dos últimos kilómetros me costaron lo suyo. Mis acompañantes hicieron esos kilómetros incluso más deprisa que los anteriores. Ellos van sobrados.

Totalicé 15,5 km en un tiempo de 1:17:37 @ 4:59 min/km, pero lo importante es que los 9 km los hice a una media de 4:45, segundo arriba, segundo abajo, como estaba previsto. De todos modos, no sé si me tenía que haber dado tanta caña cuando mañana tengo una carrera aunque sea de poca monta.

Antes de salir a correr me subí a la báscula y marcaba 69,5 kg lo cual me congratuló bastante porque los más de setenta kilos de la semana anterior me dejaron un tanto preocupado.

Algo dolorido pero bien

En un principio pensaba que la caída de ayer se había resumido en un arañazo en el codo y el cambio roto, pero según iba pasando el día de ayer iba notando un dolor en el glúteo derecho que no tenía claro si me iba a impedir correr; sin embargo cuando me levanté vi que el dolor seguía ahí, pero me dejaba correr.

A las nueve había quedado con mi tocayo y allí estaba puntual, aunque aún con legañas en los ojos. Estiramos un poco y nos pusimos en marcha porque él tenía que volver pronto a casa. Bajamos al río, hacia el Parque Lineal y al llegar al tercer kilómetro aumentamos el ritmo, tratando de ir a un ritmo de 4:45 que mantuvimos más o menos. A ese ritmo llegamos al segundo puente donde nos dimos la vuelta.

Han abierto una senda en la margen izquierda del río y nos fuimos por ese nuevo camino. Pensábamos que era algo más largo el camino, pero es corto, enseguida hay que volver a cruzar al otro lado del río. Hay que cruzar por un puente muy estrecho que va a salir justo enfrente del edificio Novosur.

Seguimos a ritmo vivo hasta el kilómetro nueve, justo donde empieza el camino de madera y ahí ya bajamos el ritmo hasta el final del entrenamiento. Reconozco que me costó hacer esos seis kilómetros a 4:45 cuando otras veces he ido a ese ritmo casi sin querer. Como siempre digo, que fácil se pierde la forma y que difícil es volver a cogerla. Claro, que tampoco ayuda estar por encima de los setenta kilos como indicó la báscula antes de salir. Marcaba la báscula 70,6 kg y esa es la señal de que hay que bajar de peso sí o sí.

Hicimos 12 km en un tiempo curioso de 1:01:01 a un ritmo de 5:05 min/km.

Buenas condiciones para correr

Desde que empezó el mes de junio, poco más o menos, estamos saliendo a entrenar con temperaturas por encima de los treinta grados y bajo un sol de justicia; sin embargo hoy hacía un día fenomenal para correr ya que el cielo estaba nublado y la temperatura rondaba los veinte grados.

Había quedado con mi tocayo a las nueve de la mañana y cuando bajé ya estaba esperando con camiseta de tirantes y en chanclas. Me sorprendió que llevase este curioso calzado para correr, aunque no sería el primero seguramente. Cuando llegué donde estaba me dijo que las chanclas no eran para correr, sino que tenía un fuerte dolor de espalda y no podía ni ponerse los calcentines, así que me tocaría correr solo. Sólo queda esperar a que se recupere pronto.

Nos despedimos, puse en marcha mi cronómetro y partí rumbo al Parque Lineal atravesando Pradolongo. Aunque llevaba el GPS en la muñeca no se me ocurrió mirarlo en ningún momento, ya que iba sólo por sensaciones. Y me encontré francamente bien porque notaba que iba a un ritmo majo y no me costaba apenas esfuerzo.

Me vi tan bien que no me sorprendió demasiado cuando al acabar el entrenamiento y mirar el cronómetro observé que hice 12 km en un tiempo de 1:00:46 a un ritmo de 5:03 min/km. No es que sea el mejor entrenamiento de mi vida, pero acabé bastante contento y es que cuando la temperatura baja, mis ganas de correr aumentan.

Lo que menos me gustó fue el peso. Había conseguido mantenerme en mis “números” durante las vacaciones, pero hoy me llevé una desagradable sorpresa porque había aumentado de peso. Me dijo la báscula que tengo que adelgazar, que 70,2 kg son muchísimos.

Si no se puede a pie, se va en bici

Pensaba que la lesión que me impidió terminar la maratón no era para tanto, pero llevo un mes que prácticamente no he corrido y aunque me encuentro mejor, todavía tengo bastantes molestias por la pierna izquierda.

Y ya que no puedo o debo correr, he pensado que a lo mejor en bicicleta podía practicar deporte sin problemas, aunque no tenía claro si iba a poder aguantar con la bicicleta, pero he comenzado a dar pedales y no notaba nada, ni siquiera cuando me exigía en una cuesta arriba.

Viendo que la cosa iba bien, he puesto rumbo a San Martín de la Vega, atravesando el Parque de Pradolongo y el Parque Lineal y luego saliendo por un camino para empalmar con el carril bici que va a San Martín de la Vega.

Pensaba que iría peor, pero el viento debía ser favorable porque iba a buen ritmo sin demasiado esfuerzo. Llegué a San Martín y paré donde siempre, en la terraza del San Marcos. Me asombró la cantidad de ciclistas con los que me crucé y pensé que quizás la terraza estaría a rebosar, pero había bastantes mesas libres. Mientras me tomaba un café con leche y una barrita con tomate aproveché para hacer una foto al vehículo que me había traído hasta allí.


Bici aparcada en la terraza del San Marcos

Pensé que la vuelta iba a ser peor que la ida por aquello de que el viento siempre da de cara, pero tampoco iba a mal ritmo, aunque iba notando el cansancio en los kilómetros finales. Lo cual no era nada raro ya que llevaba desde el 1 de octubre de 2017 sin montar en bici, es decir, 217 días. Y ese montón de días se notaba sobre todo en el culo, que me dolía sobremanera.

Entre la ida y la vuelta a San Martín he completado 60 km en un tiempo de 2h26. Bastante mejor de lo que yo pensaba.

Llevaba un tiempo sin pesarme y me temía lo peor; sin embargo la bascula marcaba 70,5 kg que teniendo en cuenta lo poco que he corrido este mes y que comí más de la cuenta en las dos semanas anteriores a la maratón por tener un poco de ansiedad, no está mal.