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VIII San Silvestre de Villaverde Alto

Por tercera vez he participado en esta San Silvestre de Villaverde Alto que es sin duda una carrera auténtica de barrio, de las que merece la pena participar. No es extraño por ello que pertenezca a la Unión de Carreras de Barrio de Madrid como otras carreras con sabor auténticamente popular.

Traté de convencer a todos los compañeros del Club Atletismo Zofío para que acudieran a la carrera, pero la convocatoria tuvo un éxito relativo. Aparecimos por el parque Plata y Castañar únicamente siete miembros del equipo ¡y uno de ellos no encontró su camiseta y otro llegó tarde! Nos hicimos una bonita foto antes de comenzar la carrera para inmortalizar el momento.


Foto de equipo en la San Silvestre de Villaverde Alto 2018

La carrera de los mayores comenzaba a las doce de la mañana por lo que quedamos a las 10:45 en el punto de encuentro habitual. Llegué como siempre unos minutos tarde cuando ya mis compañeros estaban impacientándose. Lógico. Al estar tan cerca, llegamos en diez minutos al parque Plata y Castañar y recogimos el dorsal sin ningún tipo de espera. El precio del dorsal era de 1 € que pagamos gustosos para cubrir los gastos de la carrera como indicaban desde megafonía. Un precio simbólico como suelen ser las carreras de barrio.

Estando por allí de cháchara empezaron las carreras de los pequeños. Daba gusto verlos correr como si en ello les fuera la vida, sin dejarse un gramo de fuerza en sus pruebas. En ellos está el atletismo del mañana y es gracias a estas carreras donde pueden los niños participar y no en otras de mucho renombre y que suelen pasar de la juventud.

Comenzamos a calentar y yo llevaba en la mano el dorsal que había retirado del séptimo compañero. Cuando llevábamos un rato miré el reloj y me di cuenta que era algo tarde por lo que propuse acercarnos a la línea de salida para ver si encontrábamos al compañero. Efectivamente, según íbamos acercarnos vimos que se acercaba cual Increíble Hombre de las Nieves a por mí, preguntando nervioso por su dorsal y repitiendo como en una letanía que tenía que haber retirado él el dorsal.


¿Dónde está mi dorsal?

Le di el dorsal y se lo pegó en el pecho, ya que era uno de esos dorsales que se pegan, como los que nos dieron en la carrera que se celebró en este mismo parque en el mes de noviembre contra la violencia de género. Yo preferí poner cuatro imperdibles ya que en esa carrera lo perdí.

A las doce dieron la salida y salí como alma que lleva el diablo. La carrera era supuestamente de 3,9 km y había que darlo todo desde el primer metro. Enseguida me adelantó una chica y pensé que podía ser una buena “rueda” a seguir. Me puse detrás de ella y fui siguiendo su estela. Pasé el primer kilómetro en 3:44 y no me vi mal, aunque fuera algo agitado de respiración.

Al kilómetro y medio hay una pequeña subida, casi imperceptible donde la chica del tutú que me precedía aminoró un poco la marcha y en ese momento me puse por delante. Seguí a buen ritmo porque el segundo kilómetro lo hice en 3:56 que para mí está bastante bien porque me cuesta un mundo bajar de cuatro.

Hay una pequeña bajadita sobre el dos y medio y ahí me adelantó la chica del tutú, que debía ir muy cerca de mí. La cuestas abajo son mi cruz porque me adelanta todo el mundo. Se puso por delante y ya no pude ni ponerme a su rebufo en lo que restaba de prueba.

Después de esa bajadita comienza una subida buscando la carretera A42. Es una subida de poca pendiente pero se nota en las piernas. Llegando casi a la carretera, pero siempre en el parque, se cumplió el tercer kilómetro que se me fue a 4:09. Quedaba un poco menos de un kilómetro para la meta ya.

Iba reservando un poco porque novecientos metros se te pueden hacer largos cuando lo das todo y al poco me di cuenta que la meta no estaba muy lejos, que el circuito no medía 3,9 km ni de broma. Aceleré lo que pude y pasé la línea de meta dándolo todo. Miré el GPS y vi que marcaba poco mas de 3,5 km y un tiempo de 13:49.

Poco a poco fueron llegando los otros compañeros del equipo, entre ellos la única fémina que hizo buena carrera. Al entrar en meta me comentó que pensaba que había llegado la primera de las mayores de cincuenta años. Yo albergaba alguna esperanza de subir al cajón, pero no tenía ni idea de quien había llegado delante ni de la edad que tenían. Era una cuestión de fe ya que la carrera se me había dado bastante bien.

Estuvimos esperando que salieran las clasificaciones mientras el speaker, que alguien comparó con Joselito el niño ruiseñor, seguía dale que te pego por el altavoz. Después de un buen rato dijo las clasificaciones que sólo había chicos y chicas menores de cincuenta y mayores. En la de mayores de cincuenta que era donde había alguna esperanza no dijeron ninguno de nuestros dorsales, lo cual mosqueó un tanto a la compañera del club que fue airosa a pedir explicaciones.

Joselito decía que era una carrera no competitiva y que no pasaba nada, pero la compañera decía con buen criterio que ni no competitiva ni leches, que si había clasificación, que lo hicieran bien. Yo pensaba que si no es competitiva que no den premios y santas pascuas. Después de un buen rato discutiendo con unos y con otros al final se dieron cuenta que había un error y dieron como primera a nuestra compañera que subió a un inexistente podium a por su copa.


Mostrando el trofeo que tanto costó conseguir

Me fui pensativo de si los tres que habían cogido trofeo en la categoría de chicos mayores de cincuenta realmente habrían llegado antes que yo, por si se hubieran confundido igual que con las chicas, pero bueno, tampoco pasaba nada y optamos por lo más inteligente, ir a un bar a celebrar la llegada del Año Nuevo. Nos acercamos al bar Mezquita y allí estuvimos brindando por un 2019 lleno de felicidad.

El año que viene trataré de estar de nuevo en esta carrera, que me encanta aunque hubiese esos fallos menores totalmente perdonables al hacerlo todo manual.

Y añado… Días después sacaron la clasificación y vi que había quedado cuarto de mi categoría sólo a cuatro segundos del tercero. Sin lugar a dudas los polvorones ingeridos durante estos días me hicieron perder ese puesto en el cajón 😉

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V San Silvestre de Villaverde Alto

Hoy he tenido la fortuna de participar en la San Silvestre de Villaverde Alto. Y digo la fortuna porque es una carrera muy emotiva, con ese sabor a antaño que tanto nos gusta a aquellos que llevamos ya unos cuantos años corriendo.

El año pasado nos presentamos diez pradolongueros en esta prueba y este año uno menos, pero no está mal tampoco. De nuevo, hay que agradecer a Juan Carlos del Herbolario dBambú el que nos hiciera las inscripciones. ¡Muchas gracias Juan Carlos!

También es de bien nacidos agradecer a la Asociación de Vecinos La Incolora sus desvelos para sacar adelante esta carrera, que aunque parezca fácil, no lo es. Para mí, desde luego, la organización fue perfecta.

Habíamos quedado el grupo de pradolongueros en el punto de encuentro habitual del parque a las once en punto de la mañana, justo una hora antes del comienzo. Estuvimos hablando si ir corriendo desde allí o acercarnos en coche, pero al final nos decantamos por el vehículo, debe ser por llevar la contraria a los consejos del ayuntamiento…

En diez minutos estábamos aparcando junto al parque Plata y Castañar, nos dirigimos raudos al auditorio donde estaba montado todo el tinglado y esperamos un poco a juntarnos todos para hacernos esta bonita foto:

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Pradolongueros en la San Silvestre de Villaverde Alto

Después de la foto dejamos la ropa en el guardarropa y nos dimos cuenta que la temperatura era muy buena para correr. Si el año pasado hacía un frío de mil demonios, este año se estaba la mar de bien en camiseta de tirantes.

Este año habían cambiado el circuito, ya no había que dar dos vueltas por el parque Plata y Castañar, sino que se hacía un buen tramo por un camino paralelo a la A42 y se volvía por el carril bici paralelo a la ida. Con este añadido y una vuelta parecida (o igual) a la del año pasado se completaba un recorrido de 3,9 km que como decía la organización: aunque llano, es un pelín durillo dada la variedad de terreno por el que discurre: hierba, tierra, carril-bici.

Estuvimos calentando por ese tramo nuevo y cinco minutos antes de la salida nos pusimos en el pelotón, prestos y dispuestos a correr a todo lo que dieran nuestras piernas. La salida se daba cerca de un campo de fútbol que había que atravesar a lo largo, pero para llegar al terreno de juego antes había que subir un montículo.

Dieron la salida y todos salieron como posesos. Algunos jovenzuelos, ya antes de que acabase el campo de fútbol iban aflojando la marcha. Otros miraban hacia atrás buscando a sus amiguetes, pero otros zumbaban de lo lindo. Yo también salí como un poseso, sin mirar atrás porque había que poner toda la atención en el terreno, que era muy accidentado por los cambios continuos de dirección y de terreno.

Había hablado con Joaquín de ir juntos y tratar de bajar de cuatro minutos todos los kilómetros, por lo que había que salir rápido y mantener ese ritmo hasta el final. Joaquín me adelantó poco antes de llegar al primer kilómetro y se puso en cabeza. Yo iba detrás, a dos metros, tratando de mantener su velocidad. En estas que llegamos al primer giro de ciento ochenta grados, cerca del estanque de tormentas. Allí había un árbol que había que rodear, yo no calculé bien y me di un buen golpe en la cabeza. Menos mal que llevaba gorra y algo debió amortiguar, aunque soy de cabeza dura.

Después del giro se pasa de acera a carril bici y se va rodeando ese estanque de tormentas y se va dejando a mano izquierda un campo de fútbol -no el de la salida-. Allí hay una pequeña cuesta arriba que hace más difícil seguir el ritmo vivo. Fue en esa cuesta donde adelantamos a una chica de rubia y rizada melena que fue al final la segunda clasificada.

Acaba la cuesta arriba, se convierte en bajada y se entra de nuevo en el parque Plata y Castañar donde se abandona el carril bici y comienza la tierra. Allí Joaquín empezó a zumbar de lo lindo y me costaba seguir sus pasos. Enseguida llegamos al kilómetro dos y al rebufo de la primera chica. Estuvimos un rato detrás de ella y de algunos que iban a su alrededor porque no era sencillo adelantar al ser un sendero estrecho, que luego se convirtió en acera y posteriormente, al hacer un giro de noventa grados, en un carril de tierra, pero bien compacta y pavimentada. Allí adelantamos a la chica que fue la ganadora de la carrera y fuimos atravesando el parque llevando una trayectoria más o menos paralela al Paseo de los Ferroviarios, hasta llegar al final del parque y realizar un giro bastante brusco en una ligera bajada donde se cumplía el tercer kilómetro. Hasta ese punto habíamos hecho 3:53, 3:53 y 3:59 por lo que el objetivo de bajar de cuatro en todos los kilómetros estaba casi hecho.

Sin embargo, el último kilómetro es en buena parte cuesta arriba y ahí nos fuimos dejando unos segundillos que luego aunque apretamos en el tramos final no conseguimos rebajar, haciendo esos 900 metros por encima de lo previsto, a 4:02 y totalizando la prueba con un tiempo, según mi cronómetro, de 15:16, aunque la organización me dé un par de segundos menos, pero algo debió fallar en el cronometraje porque entré de la mano con Joaquín y a este le dieron 15:05.

Después de entrar en meta nos obsequiaron con una bolsa de la compra de plástico fuerte y resistente con una banana y una botella de agua, además de otra botella de agua y un refresco. Todo un derroche de generosidad teniendo en cuenta que el precio de la inscripción fue de 1 €.

En la entrega de trofeos, no hubo categorías, dieron una copa a los tres primeros clasificados en categoría masculina y a los tres primeros clasificados en la femenina. Una de las pradolongueras, Ninfa, se hizo con el tercer puesto de la categoría femenina. Pero hubo otros, que aunque no subieron al cajón, obtuvieron puestos de honor en la carrera. Joaquín fue el primero en categoría Master 55. Emilio fue también primero, pero en categoría Master 65 y Marisa fue segunda en Master 45. Yo sólo pude ser cuarto en Master 45 y es que de donde no hay, no se puede sacar 😉

Una magnífica carrera con un sabor a antaño de las que enamoran. El año que viene volveré seguro. Se han ganado mi corazón.

IV San Silvestre de Villaverde Alto

Hoy se ha celebrado la IV edición de la San Silvestre de Villaverde Alto. Llevaba desde la primera edición con ganas de participar en esta carrera, ya que se celebra cerca de casa, y hasta este año no he tenido la oportunidad. Y he quedado contento, muy contento.

Es una carrera humilde organizada por la Asociación de Vecinos La Incolora, por lo que me recuerda mucho a la carrera que organizamos nosotros. Así que no puedo sino elogiar sus ganas y su buen hacer. Un diez para ellos.

Este año un buen número de pradolongueros se han animado a participar. Gracias, sobre todo, a Juan Carlos del Herbolario dBambú que nos apuntó a la mayoría de nosotros. A las once habíamos quedado en el punto de encuentro todos los pradolongueros y aunque en un principio alguno tenía la idea de ir corriendo, al final fuimos todos en coche. En pocos minutos estábamos en el parque Plata y Castañar donde se iba a desarrollar la prueba. Nos acercamos a la zona donde estaba situada la salida y meta y nos hicimos una bonita foto. A destacar que esta vez el grupo tenía un componente internacional.

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Foto del equipo pradolonguero

Estuvimos calentando dando una vuelta al circuito por el que iban a transcurrir las dos vueltas de la carrera. Alternaba carril bici con tierra y en algunos tramos se veía algo de barro y algunos charcos. La tierra estaba muy blanda, pero sin llegar a estarlo excesivamente.

Andábamos ensimismados en el calentamiento que casi llegamos tarde a la salida. Parecía que nos estaban esperando, pero ya incorporados al pelotón, aún esperamos unos minutos más. Cuando dieron la salida estaba estirando un poco los gemelos.

La salida se daba en una zona muy ancha, pero veinte metros más adelante se estrechaba en un sendero muy estrecho, así que tocaba ir por lo verde para poder adelantar. Enseguida vi a mis compañeros Miguel y Quique que iban por delante de mí. Miguel iba tirando en cabeza y Quique se iba quedando, mientras yo me iba quedando a su vez de Quique.

El primer kilómetro fue algo agobiante por lo estrecho del recorrido y por los trescientos participantes, pero como tuve la precaución de salir en la zona delantera, se hizo algo más llevadero. Luego me comentaron los que salieron más atrás que fue muy complicado alcanzar un ritmo en condiciones por la multitud, lo estrecho y las múltiples curvas.

En ese primer kilómetro ya habíamos cogido cada uno nuestras posiciones y poco iban a variar de ahí en adelante. Yo veía poca gente delante de mí, pero me iba fijando más en Quique que había perdido la espalda de Miguel y yo me iba aproximando a él. Es cierto que estoy a años luz de Quique, pero se había presentado con un catarro de impresión y con poco entrenamiento debido a la enfermedad de su madre. Menos mal que ya está mejor, ¡¡¡mucho ánimo!!!

Cuando acabamos la primera vuelta ya estaba a la espalda de Quique y le animé, pero no era su día. Al poco le pasé y me centré en adelantar a un individuo que llevaba una camiseta con una “A” en la espalda. También me puse por delante, pero una vez llegado al carril bici, en una pequeña cuesta arriba se me fue y ya no fui capaz de alcanzarle.

Lo que tienen las carreras tan cortas es que aunque se sufre si vas a a tope, enseguida se acaba el sufrimiento. Y así fue, cuando te quieres dar cuenta ya estás en meta. Esprinté a tope, pero no fui capaz de alcanzar al corredor de la “A”, llegando segundos después. Pocos segundos después también llegó Quique, al que por primera vez he sido capaz de superar, eso sí, debido a su enfermedad, sino, ni en broma. Según la clasificación facilitada por la organización llegué el octavo con un tiempo de 14:33, pero viendo el vídeo que han colgado de la llegada, el tiempo se aproxima más a 15:04 y la distancia, haciendo caso del GPS, de 3,8 km.

En meta, dejamos el dorsal y nos obsequiaron con una bolsa con una botella de agua y un plátano, ¡para qué más! Por un euro que cuesta demasiado nos dieron. Desde allí, directamente al ropero a recoger ropa para abrigarnos, que hacía fresco. Una compañera pradolonguera escuchó que llegó la tercera por lo que esperamos para ver si daban algún trofeo. Y, efectivamente, nos confirmaron que fue primera de su categoría y que había ganado una medalla. Así que esperamos a que la llamaran. Subió al pódium y cuando ya nos íbamos, ¡qué sorpresa! escucho mi nombre como segundo clasificado de la categoría “Máster 46”. Increíble, no me lo esperaba ni por asomo. Así que subí al pódium (que era un escenario) más contento que unas castañuelas. Y encima tuve el morro de ponerme en el medio, como si hubiese ganado yo 😉

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Pódium de la categoría Máster 46 masculina

Estando en el pódium el corredor que llegó delante de mí empezó a protestar porque decía que era de mi categoría y había llegado antes. La organización le comentó que luego lo hablaban. Así que cuando me bajé, me quedé hablando con este hombre para ver si se solucionaba el tema.

Y en esas, ¡otra sorpresa! Empiezan a nombrar a los tres mejores de la categoría Sub 45 masculina y nombran a Miguel, el compañero pradolonguero, que ya se había ido. Tuve que llamar al móvil, pero cuando llegó ya se había deshecho “su” pódium. Aún así, le entregaron la medalla a él solo.

De esta forma, la expedición pradolonguera se saldó con un montón de medallas. Dos segundos puestos y un primero. Algo totalmente inimaginable antes de comenzar.

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Los tres pradolongueros “premiados”

A la vuelta, en el barrio, fuimos a celebrarlo como se merecía la ocasión: con unas cervezas.