XVIII Carrera del mazapán

Cinco años después de mi primera participación en esta carrera he vuelto a repetir experiencia y salí tan contento como aquella primera vez. En el día de Nochebuena nos acercamos hasta Polán, pueblo cercano a Toledo, tres compañeros del Club Atletismo Zofío. Cuando llegamos a la localidad, como ya habían empezado las carreras de los niños, tuvimos que aparcar el coche algo lejos del «meollo» de la carrera. Aparcamos el coche y fuimos andando a recoger el dorsal a la plaza del ayuntamiento. La recogida fue rápida y viendo que no teníamos demasiado tiempo volvimos trotando al coche a dejar la ropa porque no había guardarropa en esta carrera, cosa que no me pareció ni medio bien.

Preparados para la carrera del mazapán

Volvimos de nuevo a la plaza y comenzamos a recorrer el circuito señalizado con flechas en el suelo. La salida era idéntica a la otra vez que vine, pero luego vi que el circuito giraba a la derecha en vez de seguir recto como recordaba, algo habían cambiado y no sabía si para bien o para mal porque un lustro atrás era una recta de ida, giro de ciento ochenta grados, otra de vuelta, otro giro de ciento ochenta grados y rodear la plaza. Sencillo y rápido

La idea era no salir demasiado rápido para no atufarme en el primer kilómetro y luego ir penando, como me pasó en la San Silvestre de Villaverde, por lo que cuando dieron la salida iba pendiente del cronómetro para no acelerarme. El compañero más joven del equipo sí salió como alma que lleva el diablo y cuando me crucé con él, pasado ya el primer kilómetro, ya me sacaba una ventaja interesante. La otra compañera iba detrás de mí muy concentrada. Aún así hice ese primer kilómetro en 4:03 pero he de decir que era un poco cuesta abajo.

El más joven del equipo en plena acción

A la vuelta de ese primer giro de ciento ochenta grados volvimos hacia la plaza, pero sin entrar y siguiendo por la CM-401a, se pasaba por una zona llena de gente que no estaban precisamente corriendo, aunque al menos animaban botellín en mano. Ese tramo era cuesta arriba hasta la glorieta de Adolfo Suárez donde se giraba hacia la derecha buscando el segundo giro de ciento ochenta grados, junto a una torre, no sé si el depósito de agua. Lo subido se torna favorable y se vuelve de nuevo por la CM-401a pasando otra vez por el jolgorio juvenil, que seguían animando de manera jocosa, aunque así también se agradece.

La compañera del Club Atletismo Zofío a tope

Marcó mi GPS el tercer kilómetro un poco antes de pasar por la línea de meta por lo que esta vez sí parecía que iban a ser seis kilómetros ya que la segunda vuelta era idéntica a la primera.

El cuarto kilómetro también fue rápido, pero en el quinto, que era cuesta arriba, no conseguí el objetivo de andar por 4:15 y se me fueron unos segundos, se hacían duros esos mil metros ligeramente cuesta arriba.

Pateando las calles de Polán

El último kilómetro fue rápido, ya que era favorable y se olía la meta. Aceleré lo que pude y conseguí adelantar a un corredor que me precedía. Llegué a meta con un tiempo oficial de 25:43 siendo undécimo de mi categoría. El compañero más joven llegó el decimotercero de la carrera con un gran tiempo de 21:43, justo cuatro minutos antes que yo. Por último, la compañera fue segunda de su categoría con un tiempo de 29:18. Ese segundo puesto le dio una buena cantidad de mazapán, que no va a haber días en el año para acabar con tanta figurita.

En el podium con la copa, los mazapanes y el gorrito de Papá Noel

Sin lugar a dudas, una buena manera de pasar la tarde de Nochebuena, ya que de esta manera tiene uno menos remordimientos a la hora de comerse los turrones.

Agradecer a Lucian Agaleanu las fotos que hizo de los corredores, que son de una calidad exquisita. ¡Gracias Lucian!

XIV Carrera del mazapán (Polán)

Como iba a estar unos días de turismo rural busqué una carrera cerca de donde iba a estar. Encontré una carrera en Polán, a treinta kilómetros. Se trataba de la XIV edición de la Carrera del mazapán.

La carrera comenzaba a las cinco de la tarde, por lo que un poco antes de las cuatro nos pusimos en marcha. Existe una carretera, la CM-4050, que lleva a Polán pasando cerca de las Barrancas de Burujón, la finca Alcubillete, el embalse de Castrejón y una enorme finca con una casa que parece un palacete que siempre me ha llamado la atención cuando he pasado por allí y que no sé ni el nombre ni de quien podrá ser.

Hablo de la CM-4050 porque es una carretera que todo el mundo debe evitar ya que el firme está en un estado terrible. Es la peor carretera que he visto en muchos, muchos años. Son parches y parches de asfalto cubriendo toda la carretera y además es muy estrecha y con bastantes curvas. Un verdadero horror.

El caso es que llegamos un poco apurados a Polán. Aparcamos el coche en cuanto vimos vestigios de la carrera y preguntamos a unos con pinta de corredores que donde se recogía el dorsal. Nos indicaron amablemente y trotando nos acercamos a la plaza donde daban los dorsales. Me llamó la atención lo bien que tenían montada la salida y la llegada los chicos de Evedeport, que por lo que veo en cada carrera van superándose y eso que se han puesto el listón ya muy alto. También me sorprendió el gentío que había por allí, se podían ver montones de gente celebrando la Nochebuena y viendo las carreras de los pequeños que se celebraron antes.

Como llegamos algo tarde, enseguida recogimos el dorsal y de nuevo al trote volvimos al coche a dejar la ropa y disfrazarnos de corredores, utilizando, cómo no, nuestras bonitas camisetas azules del Club Atletismo Zofío. Pinchamos el dorsal en el pecho, nos pusimos el chip en la zapatilla y volvimos para la salida calentando un poquillo y sin descuidarnos en demasía porque quedaban diez minutos para el comienzo.

Dieron la salida y me puse en marcha todo lo rápido que pude, aunque salí algo atrás. Fui remontando posiciones y vi que me acercaba a Ana del Cerro, grandísima corredora de por aquellos lares que perseguía a una chica de Seseña que iba algunos metros por delante. Me extrañó encontrarme tan cerca de Ana porque siempre me ha sacado bastante tiempo, pero la verdad es que últimamente me estoy encontrando bien. Tendré que tomarme un poco más en serios los entrenamientos para mejorar un poco más.

Hice el primer kilómetro en 3:54, por debajo de cuatro, ritmos que no alcanzaba desde hacía un montón de tiempo y poco antes de llegar al primer giro de 180º me crucé con Beatriz Olivares, la primera mujer, que llevaba un ritmo endiablado. Ya sacaba bastantes metros a Eva Gómez, del Club Atletismo Seseña, y a Ana del Cerro de Runners San Miguel.

Después de ese giro hay un terreno favorable y Ana se lanzó para tratar de alcanzar a su predecesora, pero no conseguía alcanzarla. Yo trataba de no perder su estela y me mantenía un par de metros detrás. Pasé el segundo kilómetro en 3:58, de nuevo por debajo de cuatro y empecé a pensar si no iba demasiado deprisa, pero no me veía mal del todo.

En el segundo giro de 180º iba un metro detrás de Ana y la animé. No sé si fue por eso o porque había ido reservando fuerzas o porque yo empecé a flojear, pero a partir de ese momento se fue yendo poco a poco en busca de su objetivo. Seguía observando metros atrás el duelo entre la segunda y la tercera porque la primera clasificada ya llevaba bastante ventaja a ambas.

Me di cuenta que el circuito no medía 6 km como anunciaban porque eran dos vueltas y el tercer kilómetro fue más allá del primer paso por la línea de llegada. Ese ya se me fue un par de segundos por encima de cuatro y vi que ya no iba con la ligereza del comienzo. Veía como Ana se iba alejando más y más.


A mitad de recorrido, foto cortesía de runonline.com

Ya sólo tocaba aguantar lo mejor que pudiera y no perder demasiados segundos. Me puse como objetivo no pasar por encima de 4:10, pero no lo pude cumplir, el siguiente kilómetro se me fue a 4:13 y el otro a 4:14. Después del último giro de 180º de los cuatros que había en la prueba me adelantó un tipo y me dije que esto no podía ser, que había que aguantar como fuese. Así que saqué fuerzas de flaqueza y traté de que no se me fuera mucho para tratar de pulirle al sprint, pero el tío no era cojo y acabó llegando a meta un par de metros por delante de mí. Lo que sí consiguió fue que acelerara el paso y de ese modo realicé los últimos seiscientos metros a un ritmo de 3:50. Según mi GPS fueron en total 5,66 km en un tiempo, también según mi cronómetro de 22:54 a un ritmo de 4:03. No está nada mal.


Llegando a meta, foto cortesía de runonline.com

En meta nos obsequiaron con unas mandarinas, plátanos, mazapán y una botella de agua. Por desgracia no nos dieron ninguna bolsa y resultaba complicado llevar las viandas. Pensé en ese momento que era una pena que no dieran bolsa, porque de ese modo las cosas se transportan mejor, pero también pensé que si dieran bolsa, desaparecería el avituallamiento en un abrir y cerrar de ojos, así de ansiosos somos los corredores.

Mientras esperaba a que llegase la amiga con la que me había desplazado hasta esta localidad toledana me pasé por la zona de cronometraje. Allí tenían un monitor donde los de Evedeport van poniendo los tiempos y clasificación de los corredores. Además si dices el dorsal te ponen tu clasificación y tiempo individualizado. Me llevé una enorme sorpresa cuando vi que ¡¡¡llegué tercero de mi categoría!!!

Luego llegó mi amiga y ella también hizo una gran clasificación y mejor que la mía porque ella fue primera. Pero para ella no fue mucha sorpresa porque está acostumbrada a pisar el cajón. Eso nos obligó a quedarnos más tiempo allí y pasar un poco de frío, porque en cuanto se quitó el sol, el frío se hacía notar.


En el pódium, mas contento que unas castañuelas

La vuelta obviamente no fue por la CM-4050, sino que fuimos hasta Toledo y desde allí cogimos la carretera que va a Ávila. Desde luego por este lado el firme está impecable, pero había una niebla densísima que obligaba a circular con mucha precaución. Bueno, al menos nos dio tiempo a llegar a preparar la cena.