Me levanté a las siete, desayuné y junto a un par de compañeras del Club Atletismo Zofío nos fuimos, gracias a Miguel,hasta el barrio de Fuencarral. Aparcamos cerca del polideportivo de Santa Ana, donde ha acabado la carrera algunos años. Subimos andando hasta la calle Nuestra Señora de Valverde, donde estaba situada la salida y la meta, sitio donde estuvo originalmente. Nos hicimos unas fotos con nuestros abrigos y luego con nuestros chándales, el día oficial del estreno de estas prendas.

Más tarde dejamos la ropa en el ropero y estuvimos haciendo el calentamiento que nos ha enseñado Marcos, nuestro profesor de atletismo . Faltando cinco minutos nos metimos entre la gente que se agolpaba detrás del arco de salida. Me metí todo lo cerca de la salida que pude y las compañeras se quedaron algo más atrás porque tenían pensado ir algo más despacio que yo. A las diez en punto dieron la salida y salimos lanzados, que el terreno es descendente y había que aprovechar.
Salí sin mirar el reloj porque no quería obsesionarme con el tiempo. Me sorprendió la subida por Montecarmelo porque no la recordaba y ahí noté las piernas que no estaban frescas, así que no debía acelerarme porque el final es duro. Después de esa subida sigue un bajada hasta el comienzo de la subida a la Tapia de El Pardo. Ahí bajé la cabeza y para arriba. Me adelanto Andrés, al que hacía tiempo que no veía, y observé con envidia cómo subía ligero. Llegamos a la Tapia, cogí una botella de agua, di un par de tragos y comencé a bajar la bajada más larga de la carrera.
Mientras bajaba me adelantó la vela de 1h40 y pensé que no sería mala idea no perder su estela, aunque no me gusta seguir a los que marcan un ritmo. Después de esa bajada larga comienza otra subida para alcanzar uno de los cuarteles de El Pardo. Nada más subir se comienza a bajar sin solución de continuidad buscando el casco urbano de esta población, ahora barrio de Madrid. En la única zona llana, alejándose de El Pardo hacia Herrera Oria, unos cuatro kilómetros, traté de aumentar el ritmo tratando de alcanzar a la vela de 1h40, pero ellos también aumentaron en ritmo y pronto me olvidé del tema y me concentré en mi carrera.
Pasado el kilómetro quince comenzó la subida a Herrera Oria y allí ya no había más que hacer que acortar la zancada, bajar la cabeza y sufrir esos kilómetros. Menos mal que la subida no es continua, que tiene algunos falsos llanos y eso ayuda a recuperar el resuello. No había mirado el reloj en toda la carrera y en plena subida lo miré porque veía que el diecinueve no llegaba. Fue mirar el reloj y vi el hito del antepenúltimo kilómetro, lo que me animó mucho.
Afortunadamente llegó el kilómetro veinte y se acabó la cuesta, ya que el último es llano. Llegando a meta vi a lo lejos el cronómetro y me pareció ver 1h40, así que apreté para que no pasara a 41. Y lo conseguí, hice 1h40, el mismo tiempo que hace tres años e incluso ocho segundos menos.
Cogí la bolsa y fui a buscar a las compañeras de club. No iba muy acelerado porque mi amiga decía que iba a tardar dos horas; sin embargo las encontré enseguida, las animé y las vi con buena cara, lo cual me sorprendió porque una de ellas era la primera media de Fuencarral que corría y pensé que a lo mejor lo pasaba mal, pero fue todo lo contrario. Hicieron 1h47, un gran tiempo para su debut. Cogimos la ropa, nos hicimos unas fotos y esperamos para ver si mi amiga había rascado cajón, pero se quedó a las puertas, fue cuarta de su categoría.