Camino de Santiago. Etapa 9

La novena etapa comenzaba en Astorga y terminaba en Ponferrada con una longitud de 55 km y 849 metros de desnivel. Parecía una etapa durilla… Y lo fue.

Empezamos mal porque para desayunar pedimos dos cafés y dos barritas con tomate y aceite y nos soplaron 7 €. ¡Joder! Que en Madrid no te cobran 3,5 € por un desayuno simple como el que pedimos ni en la Plaza Mayor.

A las ocho y media nos pusimos en marcha y aunque miré el track no lo miré bien porque lo cogí al revés y acabamos en la catedral. Después de dar alguna vuelta acabamos saliendo dirección Ponferrada por una carretera cuesta abajo que pronto se tornó cuesta arriba. Íbamos por el Camino molestando a los peregrinos, que eran bastantes, y unos cuantos kilómetros después fuimos los dos por la carretera porque el tráfico de peregrinos era incesante.

La carretera se iba empinando cada vez más aunque había algunos tramos de menor pendiente que hacían el puerto más llevadero y menos mal que el día estaba nublado porque yo iba sudando de lo lindo y si hubiese pegado el sol hubiéramos llegado muertos. Lo malo del puerto no fue la pendiente, sino las moscas, que se pusieron a orbitar alrededor de nuestra cabeza y no había manera de que se fueran, fue muy desagradable. En este puerto me adelantó una furgoneta con remolque, todo lleno de maletas, en una curva, que me pasó rozando, porque justo cuando me estaba adelantando vino un coche de frente. Coche que resultó ser de la Guardia Civil, que le recriminaron la maniobra, pero que no tuvieron valor de darse la vuelta y empapelar al desalmado que conducía la furgoneta. Sólo hubiese faltado que me hubiese ocurrido algo por aquellos peregrinos de pacotilla que en vez de llevar lo necesario en la mochila que llevan sobre los hombros, utilizan este servicio de llevar maletas de un sitio a otro.

Nos costó, sobre todo por las moscas, pero llegamos al alto donde había una cruz muy alta sobre un poste y el poste sobre una pequeña montaña de piedra y en esa montaña de piedra un montón de peregrinos haciéndose fotos. Según parece existe la costumbre de que cada peregrino deje allí una piedra que haya traído de su lugar de origen, pero nosotros no llevábamos ninguna, así que nos conformamos con la foto. Al otro lado de la carretera se encuentra el cartel que indica que estamos en el puerto de Foncebadón a 1504 metros de altitud. Mi amiga es una auténtica campeona.

En el alto de Foncebadón

Allí nos encontramos con uno de los miembros del Club Ciclista Aluche, el que había salido antes, que nos hizo unas fotos. Nos dijo que en la bajada parásemos en Manjarín donde hay unos carteles con ciudades del mundo y su distancia kilométrica desde ese punto. Paramos allí en la bajada y nos encontramos con un tipo con pinta de ermitaño que vivía con varios gatos, una perra y un lobo al que tenía encadenado, pero que soltaba por las noches y luego volvía. Dijo que llevaba allí dos años y que había visto por su cuchitril dos nutrias pequeñas, zorros e incluso un oso (o una osa) con su osezno. Tomé un café que me ofreció y por el que dejé 2 €, nos hicimos unas fotos y nos fuimos, dejando al ermitaño muy entretenido con una canadiense que había parado por allí y que decía que conocía al tipo que estuvo antes que el actual.

El puerto aún no bajaba, sino que tenía alguna cuesta y cuando empezó la cuesta abajo de verdad había que ir con mucho cuidado porque la bici se aceleraba sin querer, yo llegué a ver 64 km/h en el velocimetro. Pasamos por El Acebo de San Miguel, un bonito pueblo de montaña y la bajada acabó en Molinaseca, un sitio que nos dijo el de Aluche que era parada obligatoria. El sitio es realmente bonito e incluso te puedes bañar en unas piscinas naturales, pero no apetecía mucho cuando paramos. Allí nos encontramos con el ciclista que habíamos visto en el palacio episcopal. Nos dijo que iba a Ponferrada y que allí nos veríamos. Estuvimos un rato más haciendo unas fotos y luego nos pusimos en marcha atravesando el impresionante puente de piedras sobre el río Meruelo, que termina en una bonita calle que atraviesa la localidad. Se trata, sin lugar a dudas, de un pueblo que merece la pena visitar. Continuamos por la carretera dirección Ponferrada subiendo alguna que otra cuesta, pero entrando en la ciudad cuesta abajo. Según el GPS hicimos 52 kilómetros en algo más de tres horas.

Llegamos al Hostal Río Selmo, pagué 50 € y como nos dijo que los miércoles era gratis ver los monumentos y los museos nos fuimos sin dilación a visitar los monumentos más notables de Ponferrada. Vimos la iglesia de Nuestra Señora de la Encina y el imponente castillo templario, muy bien conservado, pero antes sellamos las credenciales en la oficina de información turística, situada al lado del castillo. Estando en el castillo nos encontramos con los del Club Ciclista Aluche, a lo que hicimos una foto.

Camino de Santiago. Etapa 8

La octava etapa comenzaba en León y llegaba a Astorga después de 51 kilómetros y 311 metros de desnivel. A priori una etapa fácil.

Nos había comentado una amiga, que había hecho el camino un par de meses antes, que la salida de León es cuesta arriba y no le falta razón, ya que hay una gran cuesta y una salida un poco fea de la ciudad con un montón de coches y un tramo mal señalizado. Prácticamente hasta Hospital de Órbigo todo el recorrido es por un camino pegado a la carretera N-120 que a veces al pasar por un pueblo hay que ir por encima de la acera o cruzar al otro lado si quieres circular correctamente, ambas cosas hicimos.

En Hospital de Órbigo resulta llamativo el puente que salva el río Órbigo, que es realmente largo y antiguo. Luego leí que se trata del Puente del Paso Honroso, una construcción del siglo XIII que se encuentra en estado de conservación óptimo. El puente se encuentra sobre la calzada romana que antiguamente unía León con Astorga y es monumento nacional desde 1939. Parados en uno de los ensanches del puente había tres ciclistas que luego volvimos a encontrar varias veces durante el resto del Camino.

Paramos en el siguiente pueblo, en Villares de Órbigo a tomar un café con tan mala suerte que me senté en un banco y al levantarme noté que un clavo se me había enganchado en el culote y encima en el culote más nuevo que tengo, lo menos malo es que me hizo un agujero muy pequeño. Estando tomando café nos adelantó un tipo en bicicleta que poco después le adelantamos nosotros y que volvimos a vernos unas cuantas veces más.

Al salir del pueblo había dos opciones y por lo visto elegimos la peor y que luego descubrimos no era el Camino original, sino alguien lo «había desviado» para que pasase por otro sitio. Me dejé guiar por las flechas amarillas en vez de por el track y tuvimos que enfrentarnos a tres o cuatro subidas horrorosas por la pendiente, por la gravilla, las piedras y el calor que hacía. Acabamos llegando a una cruz desde donde se veía Astorga y donde nos encontramos con los ciclistas que habíamos visto antes en el puente sobre el Órbigo. Paramos en la cruz y uno del grupo nos hizo una foto a los dos y fue el que nos contó lo de los dos caminos: el original y el desviado.

Poco antes de llegar a Astorga

Después de la foto y charlar un rato nos lanzamos a tumba abierta hacia Astorga por un tramo asfaltado que luego nos llevó a un puente que cruzaba la vía y que era largo, largo porque daba varias vueltas y para que las rampas no tuvieran mucha pendiente, eran largas.

Al poco entramos en la ciudad, puse el Google Maps y llegamos al Hostal Coruña, donde enseñé el carné, soltamos 55 € y dejamos las bicis en un garaje cercano. Aprovechamos que había una lavandería al lado del hostal y lavamos la ropa en la máquina en vez de hacerlo a mano como todos los días anteriores, pero en vez de usar la secadora colgamos la ropa en nuestra cuerda. Desde luego la cuerda y las pinzas fueron de lo más utilizado.

Fuimos a comer al restaurante Casa Maragata II ya que nos habían dicho que se comía fabulosamente y tenían razón, pero no es un sitio precisamente barato, ya que meterse un cocido completo son 26,50 € por cabeza, ninguna broma. De todos modos, nada ni nadie nos impidió que nos metiéramos un cocido maragato en toda regla: carne, garbanzos, sopa, natillas y café. Muy rico todo, especialmente los garbanzos.

Allí nos encontramos con unos tipos del Club Ciclista Aluche con los que estuvimos un rato hablando y nos dijeron que habían salido de Aluche el sábado, así que calculamos que se metían todos los días unos cien kilómetros, unos auténticos máquinas. Cuando vieron a mi amiga, como les habíamos dicho que habíamos salido desde nuestra casa, le preguntaron si había subido la Fuenfría. Pues claro, ¿por qué no?

Al acabar fuimos directamente al palacio episcopal, obra de Gaudí, para verlo por dentro y por ello pagamos 12 € por dos entradas y es que si por fuera llama la atención, por dentro es una pasada. Estuvimos contemplando embobados el interior del palacio siguiendo la audioguía. Muy interesante, también las vidrieras. Allí nos encontramos con el ciclista que habíamos visto por la mañana, que estaba haciendo algunas fotos.

Luego vimos la catedral de Astorga, que nos costó entrar 9 € a los dos y la verdad es que tiene cosas interesantes, pero después de haber visto el día anterior la de León, ésta parece de segunda o tercera categoría.

En esta etapa hay que tener mucho cuidado al salir de Villares de Órbigo para no irse por el camino «desviado». En un momento dado se llega a un cruce donde una flecha indica hacia la derecha y otra hacia la izquierda. Hay que coger la de la izquierda para bajar hacia el camino que iba paralelo a la N-120 y de esta forma ahorrarse dos o tres cuestas realmente asquerosas.

Camino de Santiago. Etapa 7

La etapa séptima partía de Sahagún para llegar a León. Primera etapa por el Camino Francés de 60 kilómetros y un desnivel de 313 metros, sencilla.

Sonó el despertador como todos los días, pero salimos un poco antes, a menos cuarto, justo una hora después de que sonase. Hacía también fresco, como otros días al salir, pero luego aumentó la temperatura, aunque no llegó a hacer mucho calor. Salimos por una carretera atravesando el río Cea hasta llegar al cruce con otra por donde nos metimos por el Camino. Ya iban muchos peregrinos andando y la verdad es que es una lata ir adelantándolos. Una lata para ellos porque las bicis por mucho que tengamos cuidado, molestamos a los que van a pie, ya que por lo general se tienen que retirar de su camino. Por allí adelantamos a una pareja que iban también en bicicleta con alforjas, por lo que pensamos que también serían «bicigrinos». Paralela al Camino transcurría una carretera casi desierta que al poco decidimos coger ya que no iban casi coches y así dejábamos de molestar a los caminantes. Entre que íbamos por carretera y que el viento debía ser favorable, avanzábamos en muchos tramos a 25 km/h deseando «Buen Camino» a todo peregrino andante que nos encontrábamos.

Como habíamos visto que la etapa eran 60 km según la web conalforjas.com pensábamos parar en el 35 o más, así cuando llegamos a Villamoros, en el kilómetro 41, paramos en un bar porque me empeñé en tomar un café mientras nos tomábamos la barrita. En la anterior etapa se acabaron los trozos de pan de higo, por desgracia, también por eso pedí junto al café una magdalena.

Decir que fuimos por carretera hasta Mansilla de las Mulas y desde ahí fuimos por caminos y algunos trozos minúsculos por carretera. Habíamos parado en el 41 y pensábamos que nos quedaban 19 más, pero al poco vimos que ponía que quedaban menos de diez kilómetros. Después de una subida fuerte y cruzar la nacional, ya estaba León a la vista.

Después de haber recorrido 55 km según el GPS (esta vez sí aguantó la batería) llegamos a las doce en punto al hotel, que nos costó encontrar porque donde nos llevó Google Maps era un hotel, pero no había un cartel con el nombre (Hotel Rincón del Conde). Después de subir y bajar la calle donde supuestamente estaba el hotel entré en el que debía ser y efectivamente lo era. Debe ser nuevo por aquello de tener aún el cartel. Nos pidieron los carnés y pagué 49 € que no nos había cobrado Booking al hacer la reserva. Dejamos las bicis en la cafetería ya que nos dijo la recepcionista que luego las llevaba ella a un almacén. Subimos y vimos una habitación muy nueva y todo muy limpio.

El hotel está muy céntrico, muy cerca de la plaza de San Martín, en pleno barrio Húmedo. También está cerca la Plaza Mayor y no muy allá la catedral. Una de las catedrales más bonitas que he visto. Por fuera merece la pena, pero por dentro es una maravilla por su arquitectura gótica y sus increíbles vidrieras. Costó la entrada 7 €, pero no te puedes ir de León sin ver la catedral. Y no sólo la catedral, la ciudad es muy bonita.

En León con un león furioso

Camino de Santiago. Etapa 6

La sexta etapa comenzaba en Medina de Rioseco y acababa en Sahagún, donde se empalma con el Camino Francés. Sesenta kilómetros de etapa y 212 metros de desnivel. Se presentaba como una etapa llana aunque larga.

Sonó el despertador a las 7:45 y como casi siempre a las nueve salimos de Medina de Rioseco por el Canal de Castilla. Poco antes de llegar al canal vimos pasar a una bicicleta con alforjas y supusimos que sería un peregrino del Camino, pero a saber. Ir por el Canal es una auténtica maravilla, lástima que sólo fueron ocho kilómetros a su vera.

A la vera del Canal de Castilla

Luego ya salimos a los campos de Castilla, con un sol de justicia. Fuimos algún tramo por carretera (desde Tamariz de Campos hasta Moral de la Reina y un poco por Santervás de Campos), pero casi todo fue por caminos, algunos con mucha arena y gravilla que provocaban que se avanzase poco. Si al estado del camino añadimos que hacía aire en contra durante gran parte del recorrido y que había muchas subidas y bajadas aunque de poca monta, la etapa se hizo dura, sobre todo los últimos kilómetros desde Arenillas de Valderaduey que aunque íbamos relativamente frescos por ir al lado de un río, ya íbamos cansados y no veíamos el final. Desde Grajal de Campos hasta Sahagún, que quedarían unos cinco kilómetros, el camino estaba lleno de piedras y fue muy desagradable porque además íbamos un poco apajarados ya. Fue en ese tramo donde adelantamos a dos tipos que iban andando y que parecían peregrinos.

Antes de esto pasamos por Cuenca de Campos donde vimos el hito kilométrico de los 400 km, lo que indicaba que ya llevábamos más de 300 km en las piernas. Pasando Cuenca de Campos estuvimos un rato circulando por donde estuvieron las vías del «tren de la burra», que ya habíamos visto por la zona de Medina de Rioseco. Ese tren lo montaron para potenciar la zona, pero iba tan lento que iba como una burra, de ahí su apodo. Como a mitad de etapa pasamos por Villalón de Campos, un pueblo muy bonito con una iglesia muy chula y una plaza mayor muy bonita también con un llamativo rollo jurisdicional y donde deberíamos haber parado, pero seguimos hasta Fontihoyuelo, que no tiene nada de nada y allí nos tomamos la barrita y el trozo de pan de higo. Por no tener, no vimos ni una fuente. Pasamos también por Santervás de Campos, en donde vimos una bonita iglesia que nos hizo entrar en el pueblo, pero no encontramos la toma adecuada para hacer la foto.

Llegamos a Sahagún a las dos de la tarde, después de 67 kilómetros según Google Maps, y fuimos directamente al Hostal Alfonso VI donde pudimos dejar las bicis en un garaje que tenían al lado. En el mismo hotel comimos por 14 € cada uno donde nos sirvieron unos platos muy generosos. Lavamos la ropa en una pila que tenían en el hostal y la colgamos en sus propias cuerdas.

Cuando estábamos comiendo llegó una peregrina con su mochila a la espalda, de la que colgaba una concha y las credenciales. Estuvo hablando con la recepcionista, que también hacía de camarera, y en un momento dado la indicó unas maletas que estaban allí esperando a ser recogidas, entonces nos preguntamos ¿qué llevaría esta mujer en la mochila que llevaba a sus espaldas? Imagino que no mucho porque cuando llevas una mochila pesada lo primero que haces cuando paras en un sitio es quitártela.

Después de la siesta estuvimos visitando el pueblo, que es muy bonito. El albergue de peregrinos está en una iglesia que también es sala de conciertos y oficina de información turística. La sala de conciertos se llamaba Carmelo Gómez, imagino que por el actor del mismo nombre que es natural de esta localidad. Allí nos podían haber sellado las credenciales, pero como en el hotel también lo hacían, pensamos en hacerlo en el hotel a la vuelta. Vimos la iglesia de San Lorenzo, mozárabe, muy bonita, lástima que no estuviera abierta y es que casi todas están cerradas.

Iglesia mozárabe de San Lorenzo

La Plaza Mayor es también muy bonita, toda llena de soportales y con un montón de terrazas bajo esos soportales. Vimos también unos cuantos grafitis con tema del Camino muy bonitos. Resultó curioso un arco que en su época formaba parte de un monasterio que ahora está en ruinas. A su lado se encuentra la iglesia de San Tirso, también mozárabe, muy bonita. Desde allí subimos a la iglesia de la Peregrina, situada junto al Camino por donde habíamos entrado por la mañana. Lo último que visitamos fue el Puente Canto, sobre el río Cea, donde hay un parque muy agradable, todo verde y donde vi un sauce llorón muy grande, enorme.

Ya en la habitación estuvimos reservando para el día siguiente en León y encontramos un sitio muy céntrico llamado el Hotel Rincón del Conde por un precio muy razonable, ya que salió por 49 €.

Decir que Sahagún es donde se junta el Camino de Madrid con el Camino francés, así que a partir de mañana veremos más peregrinos, que de momento los que hemos visto se pueden contar con los dedos de una mano.

Camino de Santiago. Etapa 5

La etapa original salía de Puente Duero y llegaba a Medina de Rioseco, de sólo 49 kilómetros, pero como partíamos de Ciguñuela, la longitud de la etapa era incluso menor, es por ello que decidimos dar un pequeño desvío para visitar el Monasterio de la Santa Espina.

Como todos estos días, sonó el despertador a las 7:45 y sobre las nueve salimos. Nada más salir de Ciguñuela hay un cuestón que te deja las piernas tiritando. Para llegar al próximo pueblo, que es Wamba, hay una gran bajada y para salir, una gran subida. Luego llegamos a Peñaflor de Hornija donde hay una gran bajada y luego para entrar al pueblo no ya una gran subida, sino una subida exagerada, que es tan brutal que hay que subir andando, pero es que cuando subes arriba hay que salvar unos cuantos escalones y para salir del pueblo, hay que bajar otros escalones. Un auténtico horror. Desde luego si no hay que hacer nada en este pueblo lo mejor es esquivarlo como sea porque tampoco es que tenga nada destacable. Al bajar los escalones y poner el track dijo dijo mi amiga que prefería por la carretera a La Espina porque se veía un camino muy empinado. De igual modo, la carretera también era cuesta arriba, pero desde luego se avanzaba más. Llegamos al Monasterio de la Santa Espina un poco antes de las once y la visita guiada era a las once y media, por lo que esperamos algo más de media hora para que comenzase la visita. La chica de la caseta de información nos dijo que podíamos «candar» las bicis justo enfrente, que ella las vigilaba y ya aprovechamos también para dejar las alforjas dentro de la caseta. Yo pensaba que habíamos traído las cadenas para nada y las dimos uso al menos esta vez.

La visita estuvo muy interesante e incluso llegamos a ver la espina, pero lo que más me llamó la atención fueron las dimensiones brutales de la iglesia y me gustó la sacristía y la sala capitular, de lo poco que quedaba de la construcción original del siglo XII. Acabó la visita, pagamos 2 € per testa y salimos a por nuestras bicis, pero antes nos comimos un trozo de pan de higo y una barrita.

Ensimismada observando la Sala Capitular del Monasterio de la Santa Espina

Nos pusimos en marcha por un camino que nos llevaba a Castromonte, un camino muy chulo que rodeaba el embalse del río Bajoz. Era un camino muy estrecho y con raíces, que provocaba que la bici diera muchos botes, mi amiga dijo no encontrarse muy cómoda por allí. No llegamos a entrar en Castromonte ya que el track nos dejaba en la salida del pueblo. El track tiraba por la carretera, pero como el Camino estaba señalizado decidimos ir por ahí. En un principio era muy agradable porque continuaba a la vera del río, pero luego llegamos a una zona con un montón de molinos de viento y sin una sombra y con bastante calor. El Camino daba alguna vuelta más por lo que no me pareció raro que el del track se fuera por la carretera. Después de una buena calorina llegamos a Valverde de Campos por una increíble bajada por la que me lancé como un poseso aunque fuese pista de tierra. Como llevábamos poco agua decidimos llenar los bidones y al aparcar la bici me di cuenta de que ¡había perdido una alforja! Rápidamente quité la otra alforja y volví sobre mis pasos, o más bien mis rodadas, pensando que se habría caído en la cuesta abajo. No vi la puñetera alforja en la cuesta por lo que llamé a mi amiga y le dije que iría hasta el monasterio a buscarla. Según iba deshaciendo el camino rodado, lo más deprisa que podía, iba pensando que seguramente se me habría caído cuando pasamos por el embalse, porque era una zona de una senda estrecha, con raíces y saltarina. Iba a toda pastilla mirando el borde de la carretera pero no veía nada. De Castromonte al monasterio ya fui sin las gafas de sol para ver mejor. Me costó un montón encontrar el puente por el que habíamos cruzado la segunda vez el río (o el embalse) y tuve que poner el track para encontrarlo. Crucé y ya fui con un montón de cuidado buscando la alforja, bajándome incluso de la bici donde pensaba que pudiera estar. Al final la encontré junto al primer puente que habíamos cruzado y creo que alguien encontró la alforja y la dejó muy colocadita. ¡Muchas gracias!

Volví a toda pastilla hacia Castromonte ya más seco que la mojama, por lo que entré en el pueblo para ver si encontraba una fuente y tuve suerte porque encontré rápidamente una. Volví a llamar a mi amiga para tranquilizarla, me refresqué un poco y volví por la carretera todo lo rápido que pude, llegando a Valverde de Campos en un periquete. Allí estaba esperándome. Volví a coger agua, puse la otra alforja y fuimos por la carretera hasta casi llegar a Medina de Rioseco donde Google Maps me metió por un camino. Yendo para allá vimos a tres chicos, que habíamos visto en Valverde descansando, que mi amiga me dijo que iban a Santiago. Creo que fueron los primeros peregrinos que hemos visto en todo el Camino.

Entramos en Medina atravesando el río Sequillo, que curiosamente llevaba agua, y al poco de cruzar vimos que en la estación de autobuses daban un menú del día por 12 €, por lo que paramos allí y aunque no quedaban muchos platos, tuvimos suficiente. Una etapa que en un principio era corta se convirtió en una etapa bastante larga al desviarnos hacia el monasterior y luego tener que volver a buscar la alforja. Según Google Maps hice 73 kilómetros.

Después de comer, en el mismo restaurante, busqué alojamiento en Sahagún, cosa que teníamos que haber hecho el día antes, y encontré el hostal Alfonso VI por 37 € y había otros tantos por precios similares. Me llamó la atención que los precios fueran más bajos que todo lo que había encontrado anteriormente, quizás pensé podía deberse a que Sahagún ya está en el Camino francés y quizás habría más competencia.

Llegamos al hostal Duque de Osuna empujando nuestras bicis, nos dieron la llave de la habitación, subimos por las escaleras las bicis a la habitación, nos duchamos y lavamos la ropa que colgamos en nuestras cuerdas en el cuarto de baño.

A las seis y media salimos del hotel rumbo al cuartel de la Guardia Civil, al lado de la dársena del canal, donde en 2014 acabó la prueba del Gran Premio Canal de Castilla y donde tuve la fortuna de participar. Preguntamos en el cuartel si nos sellaban las credenciales y el guardia nos dijo que no sabía nada de eso, que era nuevo. Preguntó a un compañero y dijo que tampoco sabía nada. Otro sitio que había leído mi amiga que sellaban era en la oficina de turismo, por lo que fuimos hasta allí, pero cuando llegamos ya estaba cerrada. Nos quedaba el albergue de peregrinos, en el convento de Santa Clara, por lo que fuimos hasta allí y allí nos las sellaron. A la vuelta paramos en una de las calles principales del pueblo, creo que la calle Lázaro Alonso, toda con bonitos soportales, para tomarnos una cerveza.

Reponiendo sales

Camino de Santiago. Etapa 4

La etapa original partía de Coca para llegar a Puente Duero, muy cerca de Valladolid, con 50 kilómetros de longitud y sólo 139 metros de longitud; sin embargo el final no fue el previsto.

Sonó el despertador a las 7:45, nos levantamos y desayunamos. A las nueve nos pusimos en marcha, pero en vez de coger el Camino nos fuimos por carretera hasta Villeguillo, ya que nos habían advertido que estaba muy mal para la bici, incluso nos lo dijo una señora que nos paró cuando salíamos del pueblo que nos contó que ella había llevado el albergue hasta hacía muy poco, que lo dejó porque se cayó, lo dijo enseñándonos el bastón y lo dijo con nostalgia, se la notaba en la cara.

Volvimos por la carretera por la que habíamos entrado el día antes sintiendo el fresco de la mañana. Pronto llegamos al cruce y allí fuimos a Villeguillo donde cogimos el Camino que al principio estaba muy bien y avanzábamos a buen ritmo, a unos 20 km/hora y sin esfuerzo. Pero a no mucho tardar el Camino se metió entre pinares y allí empezamos a luchar contra la arena, haciendo grandes esfuerzos para simplemente no caerte. Había algunos tramos que estaban mejor e incluso un tramo por carretera que cruzaba el Eresma y nos dejó en Alcazarén donde había una bonita ermita a la entrada del pueblo. Seguimos por el Camino hasta llegar de nuevo a una carretera por la que volvimos a cruzar al otro margen del Eresma. Pensábamos que ya no había arena, pero nos encontramos con algún tramo antes de llegar a Valdestillas donde nos encontramos con un paisano que iba en bici y que nos contó que era corredor pero que tenía las rodillas destrozadas y por eso montaba en bici ahora. Cruzamos con él, charlando, casi todo el pueblo, que nos dijo que tenía unos tres kilómetros y nos comentó que pasado el pueblo y vuelto a cruzar el río, esta vez el Adaja, se podía ir por la carretera porque el Camino no estaba muy allá. No le hicimos caso y nos fuimos por el Camino y estaba regular, con arena, y en algunos tramos era una estrecha vereda donde las alforjas iban golpeando los yerbajos. Se arregló un poco porque en esa estrecha vereda hubo un tramo que íbamos rodeados de jara y más dentro el pinar, por lo que el olor era muy agradable.

Entramos en Puente Duero por la carretera y pronto vimos el albergue. Entré con la bici, la aparqué y pronto llegó un tipo, que debía ser portugués por el acento, diciendo que el albergue abría a las tres y que ya podía ir sacando la bici de ahí. Además cuando me preguntó de dónde venía y le dije que de Coca, no me dijo que era una mierda de recorrido, pero seguro que lo pensó. Salió una señora diciendo lo mismo, que abrían a las tres y que podíamos comer en el restaurante de la esquina, pero que abrían a la una y media. Como faltaba aún una hora nos comimos el pan de higo y una barrita y decidimos irnos al próximo pueblo y que se quedaran ahí ese par. El próximo pueblo era Simancas, pero no vimos alojamiento adecuado, sólo unos hoteles muy caros. El otro que venía era Ciguñuela y allí sí que había albergue, así que montamos en nuestras bicis y volvimos al Camino maldiciendo a los encargados del albergue de Puente Duero.

Al salir nos metieron por otro pinar con mucha arena, bastante más que los anteriores y eso que pensaba que ya se habían acabado los dichosos pinares, pero no. Luego pillamos un carril bici, luego un cuestón y llegamos a Simancas donde cruzamos un río, el Pisuerga, por un puente muy largo. Después cruzamos por debajo de una autovía y empalmamos con una gran cuesta, una cuesta de narices para abandonar Simancas. Comenzó de nuevo el camino de tierra y después de un rato vimos una torre que se veía detrás de un monte. Imaginé que sería el pueblo al que íbamos y no me equivoqué, llegamos a Ciguñuela tras subir una rampa imponente, pero esta vez habían tenido el detalle de haberlo asfaltado, porque de lo contrario hubiera costado un montón subir. Vi que mi amiga iba muy fuerte porque no se quedó en la subida ni en la de Simancas, que era también dura, y en el llano iba muy bien e incluso pasó los tramos de arena francamente bien.

Después de 67 kilómetros y algo menos de cinco horas, al llegar al pueblo preguntamos a una señora por el albergue y nos dirigió al ayuntamiento donde entramos preguntando si nos sellaban las credenciales y por el albergue. Nos dijo el alguacil que fuésemos al número 24 de esa calle y que allí nos daban la llave y que en el albergue nos sellaban las credenciales. Estuvimos llamando al 24 y no abría nadie por que mi amiga subió al 42, el albergue, por si estuviera allí, pero tampoco. Ella buscó en internet el teléfono y llamó y… respondió el alguacil, con el que habíamos hablado anteriormente, que iba en un rato. No tardó mucho en llegar y nos llevó hasta La casa del maestro que así se llama el albergue, nos dejó la llave y apuntamos en un papel nuestros nombres… ¡Ah! Y pagamos 12 € por la estancia.

Dejamos las bicis en un pequeño patio y cuando llegamos a la habitación, donde había cuatro camas en dos literas, mi amiga se dio cuenta de que no había sábanas y le dio muy, muy mal rollo. Nos duchamos en un servicio muy sucio y nos fuimos a comer al único restaurante del pueblo donde daban de comer y la verdad es que comimos muy bien por un precio muy razonable.

Volvimos al albergue y estuve lavando la ropa en una pila que había en un patio interior donde habíamos dejado también las bicicletas y donde había unas cuerdas para colgar la ropa.

En vista de que no era posible acercarse a Valladolid, ya que el autobús sólo pasaba por la mañana, después de la siesta dimos una vuelta por ese minúsculo pueblo, hicimos unas fotos y comentamos el gran tamaño de la iglesia para un pueblo tan pequeño. Vimos también una curiosa fuente con varias estatuas, una de ellas un niño con un libro, otro niño inflando la rueda de una bici y de una chica con una bici en la mano, realmente curioso.

En esta curiosa fuente de Ciguñuela

Mi consejo es no parar en este albergue y por lo tanto en este pueblo porque el albergue estaba realmente asqueroso. Y si no hay más remedio parar si llevas un saco o algo para no ponerte sobre las sábanas que estaban todas usadas. Nos pareció muy desagradable.

Camino de Santiago. Etapa 3

La etapa partía de Segovia para llegar a Coca. Eran 55 kilómetros y 233 metros de desnivel, lo que parecía ser una etapa tranquila. Una amiga nos había comentado que lo había hecho en su mayor parte por la Vía Verde del Eresma; sin embargo el track iba por otro sitio.

Nos levantamos a las 7:45 y como una hora después salimos de Segovia siguiendo otro track que pensamos que podría ser mejor, pero nos llevó mucho tramo por carretera, luego un poquito por camino, más tarde por un polígono para volver a otra carretera. Allí decidimos volver al track de los días anteriores y buscando coger el dichoso track cogimos un par de cuestas que nos dejaron las piernas tiritando y nos íbamos acordando de la amiga que decía que había ido tan tranquila por la Vía Verde del Eresma.

Por casualidad, al pasar por un puente vi esa vía, por lo que nos olvidamos del track y nos fuimos por esa senda, que es muy llana y tranquila. Allí nos encontramos con un pareja de ciclistas que nos dijeron que el tramo del Camino para llegar a Coca desde Santa María la Real estaba fatal, que te hundías en la arena y nos aconsejaron que continuásemos por esa Vía Verde.

Cuando llegamos a la altura de Santa María la Real continuamos por un camino que va paralelo a la vía del tren y por allí anduvimos bastantes kilómetros, dejando la vía a la izquierda hasta llegar cerca de Nava de la Asunción donde cruzamos al otro lado y fuimos acercándonos poco a poco a ese pueblo… Pero allí tampoco cogimos el Camino y continuamos por la Vía Verde porque en el track parecía que el Camino iba por una carretera. Seguimos por esa Vía hasta que llegamos a un barranco por donde se veía el Voltoya, así que nos tocó dar la vuelta unos cuantos metros para pasar por debajo de la vía del tren y seguir la Vía Verde. Cruzamos un puente de hierro y enseguida llegamos a una carretera por la que alcanzamos Coca, entrando justo por donde está el castillo. Hicimos según Google Maps 66 km en 4h38’. El GPS, que aguantó más que días anteriores, se paró cuando llevábamos 58 km.

Llegando a Coca con su incomparable castillo

Junto al castillo hay una caseta de información turística donde nos sellaron las credenciales y nos dijeron que llamáramos a un número de teléfono para ver si podíamos visitar el castillo, ya que es privado. Llamamos y nos dijeron que no se podía visitar por la tarde porque estaba cerrado ya que se celebraba un evento. Nos dio la chica un mapa del pueblo con sus monumentos y nos dio algunas indicaciones de qué ver. Desde allí nos fuimos al apartamento que habíamos reservado (apartamentos la Rocanda). Allí pudimos dejar las bicis abajo y subimos a la habitación que nos enseñó y nos dio las oportunas explicaciones. Una habitación que estaba realmente fenomenal, muy nueva y muy limpia. Nos duchamos, lavamos la ropa, la colgamos en la terraza con nuestras cuerdas y nos fuimos a comer. Muy posiblemente el mejor alojamiento de todo el Camino.

Por la tarde estuvimos buscando alojamiento en Medina de Rioseco, fin de la cuarta etapa y reservamos en el Hostal Duque de Osuna por 51 €.

Mi consejo es tratar de hacer toda la etapa por la Vía Verde del Eresma, cogiendo esta vía lo más pronto posible y no seguir el Camino, al menos hasta Santa María la Real de Nieva y enterarse allí si el Camino tiene mucha arena o si es transitable. Si se puede ir con la bici coger ya el Camino o en caso contrario seguir por la Vía Verde hasta la carretera SG-V-3431 dirección Coca poco después de atravesar el Voltoya.

Camino de Santiago. Etapa 2

La segunda etapa originalmente partía de Manzanares el Real y llegaba a Segovia atravesando el puerto de la Fuenfría. Una etapa de 56 km con 1.220 metros de desnivel; sin embargo nosotros salíamos de Becerril de la Sierra, así que nos ahorrábamos unos kilometrillos.

A las ocho comenzaba la hora del desayuno, pero cuando bajamos ya había gente que se había ido. Si lo hubiéramos sabido… Después de desayunar preparamos las cosas y nos pusimos en marcha, un poco antes de las nueve. Antes de salir del pueblo nos pasamos por el Ayuntamiento para que nos sellaran las credenciales, nuestro primer sello. Volvimos por la misma carretera por la que entramos al pueblo y cogimos el Camino a la altura de una rotonda donde confluyen la M-617 por donde veníamos el día anterior y la M-607 que va a Navacerrada. El Camino, que está bastante mal, transcurre paralelo a esta carretera atravesándola en un momento dado y entrando en la localidad de Navacerrada y por algún motivo que desconozco el track te lleva por la calle más empinada de Navacerrada, tan empinada que tuvimos que poner pie a tierra. No habíamos llegado a la Fuenfría y ya habíamos penado unas cuantas veces. Esa cuesta tan empinada acaba en una calle cortada donde hay que subir una cuesta corta y aún más empinada de tierra con algún desperdicio de materiales de construcción. Ese rampón acaba en la carretera y justo enfrente hay un cartel del Camino, así que fui para allá sin tan siquiera mirar el track. Craso error porque el track llevaba por la carretera hasta Cercedilla y el Camino iba por unos escalones muy altos y de mucha pendiente, que me costó Dios y ayuda subir. La cuesta era tan dura que tuve que dejar mi bici y subir la de mi amiga. Me di cuenta después de ese ímprobo esfuerzo de mi error y volvimos a la carretera, donde después de una pequeña cuesta ya es todo cuesta abajo hasta Cercedilla, población que hay que atravesar para coger la carretera que sube a la Fuenfría y que pasa por las piscinas naturales tan famosas. Desde luego si alguien hace el Camino, que atraviese Navacerrada por la carretera M-607 sin entrar en el pueblo.

El día antes nos había dicho un tipo que iba en bici que lo peor de la Fuenfría son los primeros kilómetros, los asfaltados y que luego suavizaba y es verdad que al comienzo hay tramos de buena pendiente donde mi amiga tuvo que poner pie a tierra. Llegamos a una fuente junto a un aparcamiento y allí paramos a repostar agua. La carretera poco a poco va perdiendo asfalto, pero no suaviza hasta algo después, que se puede subir más tranquilo. Pasamos por un mirador donde comienza una cuesta abajo y pensábamos que ya habíamos coronado, pero no, aquello seguía subiendo aunque más llevadero. Mi amiga me preguntó la hora y como eran cerca de las doce paramos a comernos una barrita. No tardamos mucho en llegar a la cima de la Fuenfría donde paramos a recoger agua en una fuente próxima. Bajé andando a la fuente con los dos bidones, los llené, subí arriba, nos hicimos una foto y ya bajamos hacia Segovia por un camino horripilante lleno de piedras que me hacían temer por las alforjas; sin embargo acabó lo peor de la bajada y las alforjas ahí seguían. Después de las piedras hay tramos asfaltados, unos mejor y otros peor por donde bajábamos a buen ritmo y por un tramo final que debía tener una pendiente bárbara porque la bici se iba a toda pastilla.

Después de una buena bajada se coge un camino a la izquierda un tanto irregular porque hay algunas piedras y algunos tramos con rodadas algo profundas donde mi amiga metió la rueda de la bici y se cayó y menos mal que no se hizo nada serio. Llegamos a una carretera que cruzamos y a partir de ahí luego mejoró el Camino que seguía favorable hasta la llegada a Segovia donde paramos a comer antes de llegar al hotel. Igual que el día anterior, el Garmin se quedó sin batería antes de llegar a nuestro destino, por lo que habrá que fiarse del Google Maps que dice que hicimos 48 kilómetros en casi cinco horas y es que hasta que pasamos el pueblo de Navacerrada y subimos la Fuenfría se nos fue demasiado tiempo.

Ante el acueducto de Segovia

El Hostal Natura no tiene un sitio donde dejar las bicis, hay que subirlas a la habitación y además no hay ascensor. Subimos las bicis, nos duchamos, lavamos la ropa y la colgamos en el cuarto de baño utilizando nuestra cuerda y nuestras pinzas. La habitación era bonita, pero para dormir no me convenció nada porque la luz de emergencia era demasiado luminosa, el aire acondicionado hacía mucho ruido y si abrías la ventana se oían los demás aparatos de aire acondicionado. No lo aconsejo, aunque su única ventaja es que está muy céntrico.

Mi consejo, como ya había comentado, es no seguir el track al llegar al pueblo de Navacerrada, sino atraversarlo por la M-607. Entrar en el pueblo es penar innecesariamente para nada.

Camino de Santiago. Etapa 1

La etapa 1 acababa en Manzanares el Real y según la web se trataba de una etapa de 53 kilómetros con 615 metros de desnivel. Como ya comenté en la anterior entrada, al no encontrar alojamiento en Manzanares íbamos a pernoctar en Becerril de la Sierra, eso provocaba que esta primera etapa iba a ser más larga y la segunda, más corta. Como en la segunda teníamos la subida del puerto de la Fuenfría, no nos pareció mala idea alargar la primera y acortar la segunda.

Había bajado un track de wikiloc que partía desde Butarque (Villaverde) y llegaba a Santiago recorriendo 717 kilómetros. Nosotros llegábamos a ese track con una diferencia de 4 kilómetros, por lo que deberíamos recorrer 713 kilómetros si no nos salíamos ni un milímetro del track cosa que ya asumimos desde un principio que iba a ser imposible.

Sonó el despertador a las 7:45 y entre unas cosas y otras, cuando quisimos comenzar el Camino ya habían pasado unos minutos de las nueve. Atravesamos Pradolongo y cogimos el Anillo Verde por Antonio López, haciéndolo en sentido horario hasta alcanzar el carril bici de Colmenar por el que fuimos hasta Tres Cantos cuando llevábamos recorridos unos 35 km. Hasta ese momento todo había ido bien, ya que no notaba mucho las alforjas al no ir a tope. Ahí el track nos enviaba por el Camino y por allí que nos fuimos abandonando la comodidad el carril bici. Cuando llevábamos un par de horas paramos las bicis debajo de un árbol y nos comimos una barrita.

Listo para comenzar el Camino

El Camino va empeorando según nos íbamos acercando a Colmenar, con mucha gravilla que provocaba que costara subir las cuestas. Menos mal que la entrada al pueblo, por el cementerio, la carretera está asfaltada porque la pendiente se nota en las piernas. Ya dentro del pueblo, para subir a la iglesia, también hay que salvar una pendiente considerable. En la iglesia nos hicimos una foto y cargamos agua porque la mañana era bastante calurosa.

La salida de Colmenar es horrorosa por una camino lleno de piedras y con muchas subidas y bajadas, aunque luego mejora un poquito ya cerca de Manzanares, donde debíamos habernos quedado. Mirando el track vimos que teníamos que llegar hasta el kilómetro 75 (71 para nosotros) y ahí desviarnos hacia Becerril, pero pasando Manzanares cuando llevábamos 61 km ya íbamos bastante cansados y deshidratados porque el sol nos daba de lleno. Tuvimos suerte porque ya medio desfallecidos pasamos por la ermita de San Isidro (kilómetro 68,5 del track) y vimos una fuente donde afortunadamente había agua. Paramos, llenamos los bidones y volvimos a ponernos en marcha.

Al llegar a Mataelpino (kilómetro 71 del track, 67 para nosotros), ya hartos de dar a los pedales salimos a la carretera para coger la M-617 que tiene también una bonita cuesta que nos hizo acordarnos de muchas cosas y ninguna agradable. Después de coronar esa cuesta ya es todo favorable hasta Becerril de la Sierra, que tuvimos que atravesar casi por completo para llegar al hotel Las Gacelas donde llegamos pasadas las tres de la tarde después de recorrer 73 km según Google Maps, ya que al Garmin se le acabó la batería.

El hotel Las Gacelas está muy bien y además tiene piscina si alguien quiere darse un bañito. No es mala idea echar un bañador a las alforjas, que no pesa ni ocupa mucho. Además pudimos dejar las bicicletas en un salón que tenían cerrado. La habitación nos costó 56 € con desayuno incluido. Ese día por la tarde estuvimos reservando por Booking.com el alojamiento de la tercera etapa, la que acababa en Coca. Elegimos Apartamento la Rocanda y nos costó 55 €. Íbamos con la idea de reservar siempre el alojamiento de dos días después.

Mi consejo para esta primera etapa es tratar de parar en Manzanares el Real si no estás muy bien de forma, porque en caso contrario se hace larga la etapa. Además, es recomendable ir por el carril bici todo lo que se pueda y evitar a toda costa la salida de Colmenar por el Camino porque es horrorosa.

Camino de Santiago. Etapa 0

La planificación para el Camino es fundamental, no conviene dejarlo todo al azar, aunque tampoco es bueno dejarlo todo cerrado para tener cierto margen de maniobra. Reconozco que soy poco organizado y fui dejando para los últimos días algunos detalles. Eso sí, semanas antes había comprado un transportín y un par de alforjas y había estrenado una de ellas en una buena tirada de 88 kilómetros por caminos que suponía serían similares a lo que nos íbamos a encontrar… Pero me equivoqué porque estos caminos por donde ensayé, eran una autopista comparados con algunos tramos con los que nos tuvimos que enfrentar. También es una buena idea llevar la bici al taller para una puesta a punto. En mi caso, tenía un problema para cambiar al plato mediano y por eso unos días antes llevé la bici al taller, de tal manera que cuando comencé el Camino la bici estaba como nueva.

El día antes de salir fuimos a por nuestra credencial a la Real Iglesia Parroquial de Santiago y San Juan Bautista, muy cerca del Teatro Real de Madrid. En la sacristía nos entregaron las credenciales y echamos un par de monedas al Santo para que nos protegiese durante el Camino.

En la puerta de la iglesia con la credencial

Luego fuimos al Decartón a comprar un poncho por si nos llovía, una toalla y otra cámara más por si pinchábamos. Con esto fuimos demasiado precavidos porque llevábamos tres cámaras de repuesto además de parches.

La amiga con la que iba a emprender la aventura no se veía en condición de llevar peso adicional por lo que tuve que meter lo suyo y lo mío en mis dos alforjas. Esto fue lo que metí en mi alforja: un culote, un maillot, un par de calzoncillos, un par de calcetines, un par de camisetas, un pantalón de deporte, un pantalón largo de montaña de los que se pueden quitar la pata y dejarlos cortos, una toalla, dos cámaras, algunas herramientas, parches, una navaja suiza, cargador para el móvil, batería portátil (absolutamente prescindible), cuerda para colgar la ropa, pinzas, bolsa de aseo, barritas energéticas de Ahorramas con sabor a plátano, un cuaderno, un boli y una cadena para atar la bici. En la otra alforja algo similar, aunque me costó pelear duro para no llevar más cosas.

Como la primera etapa acababa en Manzanares el Real estuve buscando alojamiento allí, pero lo que vi era muy caro y me puse a buscar algo cercano, encontrando el Hotel Las Gacelas en Becerril de la Sierra. Esto obligaba a desviarse un poco de la ruta, pero no demasiado. También busqué alojamiento en Segovia, final de la segunda etapa, y encontré en el Hostal Natura, del que me habían hablado bien.