XIV San Silvestre de Villaverde Alto

Me desperté poco antes de las ocho, me levanté y desayuné. Aún levantándome con tanta antelación llegué tarde al punto de encuentro donde habíamos quedado a las diez y media. Por supuesto ya estaban allí los demás. Nos montamos en el coche y partimos rumbo a Villaverde, al parque Plata y Castañar, que realmente no está lejos de casa.

Aparcamos muy cerca de donde tenían montado el tinglado los de la Asociación Vecinal la Incolora, organizadores de la San Silvestre de Villaverde, en plena curva, en un sitio donde obviamente no se podía aparcar. Estaba todo mojado pero afortunadamente no llovía en esos momentos, aunque hacía bastante frío, yo llevaba varios días con la garganta en mal estado y no tenía muy claro cómo me iba a afectar. Me puse una braga al cuello para tratar de paliar un poco mi malestar, pero no creo que sirviera de mucho. Mi habitual compañera de correrías apareció poco después diciendo que había venido de milagro porque cuando se levantó estaba lloviendo mucho y como sigue enferma, no tenía muchas ganas, pero allí estaba y seguro que no iba a ir de paseo.

Hice uso del guardarropa, pero me quedé con mi chaquetilla para calentar, que consistió en un poco de técnica de carrera de lo que nos ha enseñado Marcos, el entrenador de la Asociación Vecinal Barrio Zofío. Luego trotamos dando la vuelta pequeña que teníamos que recorrer en la prueba, así que calentamos casi dos kilómetros. Al final se nos echó el tiempo encima y casi no nos dio tiempo a hacernos la foto de equipo porque no éramos capaces de juntarnos todos. Busqué al que faltaba, nos hicieron la foto y buscamos nuestro lugar en esa salida que hacen medio improvisada en el campo de béisbol.

Representantes del Club Atletismo Zofío en la San Silvestre de Villaverde Alto

Salimos a toda pastilla dando casi una vuelta al campo de béisbol y pensé que pocas carreras pueden presumir de arrancar de un campo de béisbol y menos en España, que se deben contar con los dedos de una mano. Iba sin reloj porque lo había olvidado en casa, así que iba más tranquilo de lo habitual. Al menos mi compañera sí lo llevaba y así podía saber a cuánto había hecho cada kilómetro… Si no se me escapaba, aunque la pobre no iba nada bien porque había estado con antibióticos durante la semana y aún seguía regular porque tenía la voz tomada. A mí me dolía un poco la garganta, pero iba bien. Adelantamos a Luismi, del Club Atletismo Villaverde, el mismo que había hecho conmigo el cross de la Elipa, que iba con un amigo y con los que fuimos casi toda la carrera.

Corriendo la San Silvestre de Villaverde Alto por el parque de Plata y Castañar

Luego viendo los tiempos, vi que fuimos bastante regulares hasta el último kilómetro donde la compañera sufrió un poco, aún así acabó segunda de la carrera y segunda de su categoría. La otra compañera llegó la sexta de las chicas haciendo un carrerón y quedando primera de su categoría. Hicimos un tiempo de 21:03 en una distancia algo inferior a los cinco kilómetros anunciados. Según me enseñó luego hicimos los kilómetros en 4:07, 4:17, 4:17, 4:17 y 4:26 a una media de precisamente 4:17 y es que me cuesta bajar de 4:15 por más que lo intento.

Nos cambiamos de ropa para no enfriarnos, recogieron las chicas sus trofeos en el pódium y nos quedamos al sorteo porque había mogollón de lotes del mercado además de algún otro obsequio. Le cayó a uno de los compañeros uno de los últimos lotes del mercado y se puso contento, contento. Yo también lo hubiera estado.

El compañero más contento que unas castañuelas con su regalo en el sorteo

Fuimos al bar donde estuvimos el año pasado a comernos el «jamón», pero nos llevamos un buen chasco porque eran unas botellas de vino, aceitunas y unos dulces navideños, por lo que nos tuvimos que conformar con unas aceitunillas que venían incluidas en el lote y unas migas que nos pusieron de aperitivo. No estuvimos mucho tiempo porque ya se nos hacía tarde entre que empezó tarde la carrera y lo que duró el sorteo.

XLI Cross de Invierno Ciudad de los Poetas

Un compañero nos comentó que se había apuntado a este cross que ya conocía cuya inscripción era gratuita, así que convencía a su vez a una amiga y nos apuntamos los tres. El día de la carrera, poco después de las siete me levanté, desayuné lo de siempre, ya que mi carrera empezaba casi a las once. A las ocho y media estábamos en la gasolinera donde habíamos quedado con el compañero. Ya estaba allí por lo que nos montamos en su coche pequeño y nos fuimos hacia la Dehesa de la Villa. En épocas pretéritas se podía subir desde la carretera de La Coruña o la M-30 o pasando por las facultades, de hecho había hecho esa subida un montón de veces con la bici, pero hace unos años cortaron un trozo de esa calle y el GPS nos indicaba que había que dar una vuelta del copón, cosa que hicimos. Llegamos al sitio subiendo por Antonio Machado y pensé que quizás el club organizador de este cross se llama Ciudad de los Poetas y debía ser porque por esa zona hay varias calles con nombres de poetas. Aparcamos el coche muy cerca de donde entregaban los dorsales y fuimos a un edificio, que es algo relacionado con el medioambiente, donde nos dieron el dorsal rápidamente y también estaba allí el ropero, aunque aún no dejamos las cosas porque quedaba tiempo y hacía fresco. Había carreras de niños en esos momentos. Normalmente en los crosses hay distintas horas de salida donde van distribuyendo a la gente, corriendo normalmente las mujeres por un lado y los hombres por otro. Debido a esto, la compañera tenía la salida a las 9:55 por lo que fue la primera en cambiarse. Estuvo un rato calentando después de dejar sus cosas en el ropero y algo más tarde dejamos el compañero y yo las nuestras. De todos modos me quedé con el abrigo para luego dejárselo a la chica cuando llegara.

Una bonita foto en plena Dehesa de la Villa

Mientras ella corría estuve yendo de un lado a otro del circuito animando a la gente y haciéndola fotos en sitios variopintos. Me di cuenta que el circuito era duro, duro. Cuando acabó se la notaba contenta ya que dijo que le había salido a una media de 5:12 los seis kilómetros y medio en un circuito muy bonito pero que era todo el rato subir y bajar. Le di el abrigo y seguí trotando un poco para no quedarme frío porque ya estaba caliente de haber ido de un lado a otro. Me fui con el compañero a la salida y él se quedó atrás y yo fui adelantando posiciones hasta que vi un sitio que me pareció que estaba bien. Dieron la salida al poco soplando un silbato y no me enteré, me puse en marcha siguiendo a la manada. El circuito comienza subiendo un pequeño repecho y luego viene una cuesta abajo larga y pronunciada donde pude corroborar que bajo peor que cualquiera. Después de esa larga cuesta abajo se hace un giro a derechas y se afronta la cuesta más larga del circuito, aunque afortunadamente menos empinada que la bajada. Se gira a izquierdas y el camino sigue subiendo aunque más llevadero. Luego se inicia una larga cuesta abajo de poca pendiente que en sus últimos metros se hace más inclinada. Se gira casi trescientos sesenta grados y a subir lo que se había bajado. Se llega a la única zona más o menos llana para afrontar un repecho corto pero duro, luego una zona algo más llevadera y así acabó la vuelta. Se pasa cerca de la llegada pero hay que continuar dos vueltas más y teniendo en cuenta que cada vuelta eran algo más de dos kilómetros, en total hicimos seis y medio. En la segunda vuelta, en una de las subidas conseguí adelantar a Pedro Sanz, todo un clásico del Clínicas Menorca, aunque luego en la bajada más larga de la tercera vuelta me adelantó con sus largas piernas y acabó unos segundos delante de mí.

Había unos cuantos detrás de mí

Yo también acabé bastante contento, aunque sufrí lo suyo. Cuando miré el reloj y vi que había hecho 4:29 de media me pareció una buena marca para un recorrido tan duro, aunque repito, muy bonito y además me traía recuerdos de cuando estuve estudiando Teleco, ya que la Escuela está al lado. Según parece se me veía muy pálido y debía ser tanto por el esfuerzo como por el frío. Recorrimos el circuito hacia atrás para animar al compañero y tardó un rato en pasar. Le animamos y fuimos hacia la meta a buscarle. Luego recogimos la ropa, nos cambiamos y fuimos a por un caldito cortesía del club Ciudad de los Poetas, que eran los organizadores del evento. Yendo hacia el bar a por el caldito, un sitio situado junto a la meta, pasamos por la zona donde daban los premios con la esperanza de que llamaran a la compañera, ya que daban tres trofeos y medalla hasta el octavo, pero no la nombraron. Luego vimos en las clasificaciones que había sido décima de las Máster B, categoría que iba desde 45 en adelante, difícil competir contra las chicas de esa edad. Nos tomamos el caldito, que nos sentó de vicio para adquirir temperatura y ya nos dirigimos al coche y volvimos al barrio. Otra carrera que apunto en mi agenda.

XXII Cross popular Salvar el Pinar de la Elipa

Me desperté a las ocho y pico, me levanté y desayuné como un día normal. Sobre las once menos veinte salí de casa y recogimos al compañero. La idea era entrar a la Elipa por la zona de la M-30 para dejar el coche por allí, pero no vimos sitio y tuvimos que dejar el vehículo cerca del cementerio.

Bajamos andando hasta donde daban los dorsales, donde siempre, junto a una caseta. Hacía un aire bastante frío, aunque hacía solecito. Recogimos los dorsales en un periquete y nos fuimos hacia el otro lado, junto a unos columpios para los niños. Mientras nos poníamos el dorsal y nos quedábamos de corto apareció por allí un chico que entrena por Pradolongo, y que solemos ver en las carreras de barrio. Me estuvo contando que el día anterior había corrido un cross universitario.

Nos hicimos unas fotos, dejamos las cosas en el ropero y calentamos un poco sobre todo para que viera la nueva lo que la esperaba. También para entrar un poco en calor, que el viento frío se hacía notar. Nos pusimos en la salida y vimos que había bastante gente. Nos adelantamos un poco para no tener muchas apreturas en la salida.

Salí con un chico de Villaverde llamado Luismi, que tuvo la idea de venirse conmigo, y ya fuimos juntos toda la carrera. En la última vuelta dijo que me fuera, pero ya para qué y aflojé un poco el ritmo. Llegamos a la meta y dije de ir a animar a una amiga y se vino conmigo. Cuando pasó dijo él de esperar a su compañera y allí estuvimos para animarla. Ya después nos quedamos para ver a la otra compañera, que cuando pasó no la vi con mala cara.

Después de un rato recogí una maceta de orégano, una botella de agua y una bolsa de plástico con una barrita, una botella de líquido azul y un bote de Fanta. Me acerqué a por la ropa y luego pregunté a los cronometradores si podía ver la clasificación. Me dijo que estaba en la app pero me preguntó el nombre, se lo dije y me respondió que había sido tercera de las superveteranas. Así que nos quedamos a la entrega de trofeos. En esos momentos se estaba mejor porque hacía sol y había parado el viento. Recogió el trofeo, nos fuimos al coche y nos volvimos a casa después de dejar al compañero en su casa.

XXVII Legua Popular Subida al Castillo de Fuentidueña

Hay un compañero del Club Atletismo Zofío que ha corrido bastantes pruebas por el sureste de Madrid y nos habló de esta carrera diciendo que era una de las más bonitas, así que nos animamos unos cuantos compañeros a participar. Me levanté a las siete y diez después de haber dormido regular, desayuné como un día normal y poco después de las diez salimos con el coche. Recogimos a un compañero y yendo por la M-45 llegamos a la A-2 y por esa carretera hasta Fuentidueña de Tajo, a unos sesenta kilómetros de Madrid. Aparcamos no muy lejos de la plaza donde está montado todo el tinglado y fuimos andando hasta allí donde ya estaban los restantes compañeros, los cuales ya habían recogido los dorsales. Enseguida nos hicimos con ellos y fuimos al coche a dejar la ropa y pincharnos el dorsal. Faltaba como media hora para comenzar la carrera y la aprovechamos para calentar un poco. Desde que llegamos no había parado de lloviznar, pero cuando dieron la salida había parado la lluvia. El calentamiento nos sirvió para conocer un poco la subida al castillo.

Los cinco componentes del Club Atletismo Zofío en Fuentidueña de Tajo

Me pilló un poco despistado cuando dieron la salida porque había visto a uno de los compañeros situado más allá de la última fila y le pregunté que qué hacía y me respondió que quería ir tranquilo. Dieron la salida cuando estaba atrás del pelotón, menos mal que no había mucha gente. Por mi despiste, cuando me puse en marcha ya mi compañera me sacaba unos cuantos metros y no conseguía recortárselos. Miraba el reloj y veía que marcaba 4:09, lo que me parecía algo rápido. La pude alcanzar ya subiendo hacia el castillo y ya desde entonces fuimos juntos hasta meta aunque pensaba que en la bajada no iba a poder seguir su ritmo. Hicimos ese primer kilómetro, ya con algún tramo cuesta arriba a 4:27, lo que no me pareció mal ya que la subida se las trae.

Subimos al castillo, lo rodeamos y bajamos por otra carretera, afortunadamente para mí con menos pendiente. En plena bajada se encuentra el segundo kilómetro, que completamos en 4:19 y que tampoco me pareció mal porque aunque parte era cuesta abajo, hubo un buen tramo cuesta arriba. La carretera seguía bajando hasta cruzar el río por un puente metálico y poco antes de llegar a ese puente pasamos por el punto kilométrico tres donde el cronómetro marcó 3:59 un ritmo que indicaba claramente que el terreno era favorable. Una vez pasado el puente sobre el rio Tajo, la carrera sigue por un camino paralelo al río, por terreno llano, aunque el recorrido era por tierra y de ida y vuelta. Allí nos cruzamos con los primeros donde vimos a uno del Running Villarejo que iba destacado en cabeza y me acordé de Pedro, el presidente del club, que me había dicho que seguramente iba a ganar porque era muy bueno el tío, con una marca de 3:50 en 1.500 metros. Un máquina. Vimos también a algunos participantes del canicross, que salieron un par de minutos antes, pero aún así iban deprisa. Poco antes de darse la vuelta en ese camino paralelo al río se cumplió el cuarto kilómetros que hicimos en 4:16. Vi que mi compañera iba la cuarta de las féminas y que iba a tener complicado adelantar a las otras chicas porque la que iba delante de nosotros nos sacaba bastante.

Se vuelve a cruzar el puente de hierro y allí comienza una subida por la que habíamos bajado antes, aunque no se sube hasta arriba. Antes de llegar a la altura de la plaza giramos a la derecha, justo cuando el cronómetro marcó el quinto kilómetro que hicimos en 4:31, se notaba que ya llevábamos un rato cuesta arriba. En vez de seguir rectos, como se hacía otros años, habían cambiado ese último tramo porque estaban en obras en una calle cerca de la plaza y en qué momento se les ocurrió esa variante porque nos encontramos con una rampa de aúpa, que nos cortó el ritmo por completo. Llegamos juntos a meta con un tiempo de 23:54 en una distancia de casi 5,5 kilómetros. Pasé la meta y fui a buscar a la otra compañera del club, pero cuando llegué a los corredores ya había pasado. Cogí la ropa del coche y volví a la zona de meta. Miré en el móvil y vi que la compañera con la que había compartido la legua había sido cuarta y segunda de su categoría y la otra compañera… ¡Primera de su categoría!

A punto de alcanzar la línea de meta

Tampoco lo hice tan mal, fui cuarto de mi categoría, estuve cerca del cajón, pero el tercero me sacó casi minuto y medio. Estuvimos esperando la entrega de premios y la compañera que fue primera de su categoría subió al cajón llevándose una medalla y una caja de Filipinos con 15 paquetes de 15 unidades. Mi compañera de desventuras subió como segunda y su regalo no fue tan interesante. Cuando ya se fue todo el mundo pusieron una mesa en medio de la plaza, trajeron los del club Villarejo Running un jamón y un par de lomos y botellas de líquido isotónico y luego compró un compañero unas barras de pan y unas cervezas. Mi trabajo consistió en ir cortando las barras de pan mientras uno de los miembros del equipo de Villarejo cortaba jamón. Pero no daba a basto, según iba cortando jamón y lomo iba siendo engullido por los que estábamos allí al acecho de tan ricos fiambres. ¡Muchas gracias a Pedro y al club Villarejo Running! Se portaron de diez.

Compartiendo mesa y mantel con los compañeros del club Villarejo Running

Nos pareció poco el jamón y cuando dimos buena cuenta de ello nos fuimos a un bar cercano donde nos había dicho un compañero que se comieron unas gachas muy ricas, pero fuimos allí y ya no quedaban. Fuimos a otro bar y tampoco tenían, pero nos quedamos allí tomando para pasar la mañana. Una bonita carrera a la que apunto en mi calendario para años venideros.

LXVI Trofeo Marathon de cross

Se trataba de la décima carrera del circuito de la Unión de Carreras de Barrio de Madrid y ¡la edición número 66 de la prueba! Además tiene el aliciente de que se celebra cerca de mi casa, así que no podía dejar de participar. Llegamos al punto de encuentro, tarde como siempre, nos montamos en el coche y en vez de aparcar en la Avenida de los Poblados como hemos hecho otras veces y darnos un paseo, se le ocurrió a una compañera que podíamos ir por detrás del Parque de las Cruces y aparcar por allí, pero estuvimos dando vueltas y vueltas y no había manera, así que en una de esas vueltas me bajé cerca de donde daban los dorsales para recoger el de los cinco mientras seguían buscaban aparcamiento. Después de un rato de espera me dieron los dorsales y poco después llegaron los demás a los que di los suyos. Dejamos la ropa en el guardarropa, calentamos un poco y nos hicimos una bonita foto todos los componentes del Club Atletismo Zofío con algún infiltrado.

El Club Atletismo Zofío con un infiltrado en el Trofeo Marathon de cross

Hacía un bonito día, soleado y algo fresco, ideal para correr. Después de la foto calentamos un ratito más y faltando unos cincos minutos pasamos por la cámara de salida, cosa que hacen para los federados pero que también nos hicieron pasar por allí a nosotros. Dieron la salida a las once y media y salí con una compañera que decía encontrarse con pocas ganas, pero ya sabía yo que iba a zumbar de lo lindo. Había que dar tres vueltas a un circuito de dos kilómetros para totalizar seis. Al poco de salir ya me notaba cansado, quizás no me vino bien haber salido el día antes ni me está viniendo bien el entrenamiento de la escuela de atletismo porque estoy haciendo muy pocos kilómetros. El caso es que fui con la compañera a un ritmo un poco por encima de 4:30 hasta el último kilómetro donde ella se puso a tirar como una posesa para adelantar a unas chicas que nos precedían y en esos últimos mil metros me debió de meter veinte segundos. Llegué a meta con un tiempo 27:48 según mi cronómetro, que no creo que difiera mucho del oficial. Salió según mi reloj una distancia de 6,1 km por lo que se puede pensar que los seis kilómetros oficiales están bien medidos. El ritmo fue de 4:33 min/km lo cual no estuvo mal para tratarse de un cross con alpaca incluida. Lo mejor fueron las fotos con las que nos obsequió la organización, de una calidad brutal.

Excelente foto cortesía de la organización

Poco a poco fueron llegando los demás. La compañera con la que hice todo el recorrido dijo que debía ser cuarta o quinta, que no merecía esperar a la entrega de trofeos, así que poco después de llegar don Emilio, a punto de cumplir los 80 años, recogimos los bártulos y nos fuimos a casa.

Herbalife Night Run

Huyo de las carreras comerciales como de la peste, así que cuando vi anunciada la carrera ni se me pasó por la cabeza participar en esta prueba; sin embargo, días antes me ofrecieron dos dorsales y por aquello de celebrarse en las inmediaciones del Metropolitano, no pude negarme, dicen que tiran más dos colores que dos carretas, ¿o no era así el dicho?

Salimos con tiempo y tuvimos suerte y pudimos aparcar cerca, por lo que fuimos andando hasta el estadio Metropolitano donde no se veía mucha expectación, todo sea dicho.

Nos hicimos unas fotos, calentamos un poco y faltando unos cinco minutos nos metimos en el pelotón de salida, pero estuvimos veinte minutos esperando a que dieran la salida porque según el speaker la Guardia Civil tenía que cortar una glorieta y tardaron bastante por algún motivo. Por fin dieron la salida y entonces nos dimos cuenta que nos habíamos puesto algo atrás porque nos encontramos un terrible embudo en el primer kilómetro. En ese primer kilómetro hay una buena cuesta abajo que luego a la vuelta es para arriba. Luego la carrera sigue bajando aunque la pendiente es más suave. Nos cruzamos con una chica que me pareció Ana del Cerro, pero no la reconocí bien porque estaba algo oscuro y no iba la primera cuando el año pasado fue la campeona, bien que la vimos en la pantalla puesta en la zona de salida donde repitieron cuarenta veces un video resumen del año pasado donde se la veía ganar la carrera.

Se llega a una glorieta poco después, ya bien metidos en la parte antigua del barrio de Canillejas y al hacer un giro de trescientos sesenta grados se empieza a ascender por los otros dos carriles de la calle por la que habíamos bajado. La subida, aunque suave, se notó en las piernas, luego dimos casi una vuelta completa al estadio y entramos bajando por una rampa muy empinada hacia las entrañas del Metropolitano y salimos por fin al terreno de juego donde dimos casi una vuelta, eso sí, sin pisar el césped. Traté de hacer una foto a mi amiga y no sé dónde daría que salió en blanco y negro. Luego me hice un selfie y salió algo mejor y luego traté de hacer un selfie de los dos y tampoco salió muy allá. El único atractivo que era dar la vuelta al «ruedo» no fue una experiencia muy satisfactoria. Salimos del estadio por la misma rampa que habíamos entrado y nos pareció muy dura, es una rampa de impresión.

Media vuelta la estadio y por fin llegamos a la meta en un tiempo de treinta y tres minutos y pico en una distancia aproximada de seis kilómetros y medio. Nada más pasar la línea de meta vimos a Ana del Cerro, así que se confirmó que la chica que vi era ella. Nos contó que estaba esperando a su hija, que también había participado. Toda una familia corredora. Nos hicimos un selfie con un perro muy atlético y se acabó la jornada.

Un selfie con un perro muy atlético

XII Carrera Popular Butarque-Villaverde

Había llegado el día antes de pasar una semana en los Pirineos y venía con las piernas cansadas, cansadas. Pensé que no es lo mismo correr que subir y bajar montañas, pero al final tener las piernas cansadas influye hagas una cosa u otra. Llegamos al punto de encuentro y ya estaban allí los compañeros. Fuimos en coche hacia donde la dan la salida de la carrera y lo bueno de la carrera de Butarque es que junto a la línea de meta hay un descampado donde se puede aparcar.

Nos quedamos en ropa de correr, dejamos la mochila y calentamos un poco. A las nueve y media dieron la salida y ya antes de salir notaba las piernas muuuuy cansadas y en cuanto corrí cien metros ya vi que no iba y empezaba a preguntarme qué hacía allí con las piernas en ese estado. Llevaba un kilómetro y estaba deseando que aquello se acabara. En el kilómetro tres me descolgué de la compañera con la que había salido y le dije que se fuera, que no podía mantener su ritmo ni de cerca. Me quedaba aún siete kilómetros y estaban convencidos de que se me iban a hacer muy largos; sin embargo, al bajar el ritmo no iba tan mal. Al ser una carrera con algunas cuestas arriba pensaba que después de haber estado subiendo montañas lo iba a hacer bien en esas subidas, pero no, me costaba un montón. Sólo estuve bien cuando acabé de subir la cuesta larga hasta meta, es decir, dos kilómetros de diez. Llegué a meta haciendo 45 minutos y unos 20 segundos y demasiado hice.

En los últimos kilómetros, muerto ya

La compañera con la que salí llegó quinta de la carrera y primera de su categoría. Otra compañera del Club Atletismo Zofío quedó segunda de su categoría, así que estuvimos un rato esperando al que les dieran su trofeo. De nuevo fueron las chicas del club las que subieron al cajón. Después de hacernos una fotografía con las campeonas fuimos al bar situado en el polideportivo donde acababa la carrera y allí estuvimos celebrando sus trofeos. Además la buena gente de Forofos del Running nos invitaron a algunas lonchas del jamón que acababan de ganar por se uno de los equipo con más participantes. No estuvo mal el post.

Una foto con las campeonas

IV 10 km de Ciudad Lineal

Comentó un compañero que se había inscrito a esta carrera y que una de sus «virtudes» es que se trata de una carrera muy llana. He trabajado durante muchos años en una calle perpendicular a Arturo Soria, donde transcurre esta carrera casi en su totalidad, y sabía que llana, lo que se dice llana, no era, pero el recorrido es que es todo el rato subir y bajar aunque no sean cuestas de mucha pendiente.

Me desperté a las siete menos cuarto, un cuarto de hora antes de que sonase mi despertador. Me levanté, desayuné algo menos de lo habitual y me preparé para salir. Como siempre llegué un par de minutos tarde al punto de encuentro. Cogió Emilio «el incombustible» el coche y en un rato llegamos a la «cruz» en el cruce de la calle Alcalá con Arturo Soria y Hermanos García Noblejas. Sitio que llaman la cruz, pero no sé el motivo. Aparcamos en la calle Alcalá, un sitio que nos había guardado otro compañero, muy cerca de la plaza donde estaba situada la llegada.

Componentes del Club Atletismo Zofío en los 10 km de Ciudad Lineal

Efectivamente, lo de que la carrera es llana es una falacia, ya no recordaba que Arturo Soria es todo subir y bajar y que hubiese tantos toboganes. Me resultó muy dura con tanto cambio de pendiente. Había pensado seguir un ritmo entre 4:20 y 4:25 pero fue imposible. Llegué a meta con 44:57 dándome con un canto en los dientes por haber bajado de 45 minutos.

En el meridiano de la carrera

Al acabar volví a Arturo Soria, unos 400 metros antes de meta, a animar a los compañeros y me quedé hasta que pasaron los dos Emilios. El señor Emilio «el incombustible» se marcó una gran carrera sin casi entrenar, haciendo 1h04 y con casi 80 años. Como era el más mayor de la carrera tuvimos que esperar gustosamente a que subiera al cajón y le dieran su trofeo y sus 80 € en material deportivo. Todo un ejemplo a seguir.

XVII Carrera popular villa de Torrijos

Con esta ya son 17 veces que se celebra esta carrera, que desde mi punto de vista es de las mejores que se celebran en la provincia de Toledo. Y con esta es la 13ª vez que participo en esta carrera que tanto me gusta, no sólo por la organización y el recorrido, sino porque estuve cuatro años estudiando en el instituto de esta localidad y no sólo estudiando, ya que por aquel entonces Torrijos era el epicentro de toda la juventud de los de allí y de todos los pueblos de alrededor.

Me levanté a las siete, desayuné un poco más ligero que lo habitual y poco después de las ocho salí junto a una amiga del Club Atletismo Zofío hacia Torrijos, localidad situada a unos 75 km de mi casa. Sobre las nueve llegamos a nuestro destino, buscamos sitio para aparcar no muy lejos de la salida y meta y encontramos un sitio sin complicarnos mucho la vida. Dejamos el coche, nos llevamos la mochila y fuimos a la Plaza de San Gil, junto a la puerta del ayuntamiento, a recoger el dorsal. Había bastante cola para recoger los dorsales, sobre todo en la de diez. En la de cinco había dos filas, una para los números más bajos, donde tenía que esperar yo (dorsal 385), y otra para números más altos donde tuvo que esperar mi amiga (dorsal 511). Estuvimos un rato esperando, recogimos los dorsales, hicimos nuestras necesidades y estuvimos hablando con mi tocayo del club de Novés y con su mujer. Sobre las nueve y media dejamos la mochila y nos pusimos a calentar yendo por la calle Ancha hacia la Cruz Roja y vuelta y haciendo además unos estiramientos dinámicos. Sobre las nueve menos cinco nos metimos en el pelotón de salida en una posición bastante delantera porque allí nos encontramos con una conocida de la Asociación Atlética Torrijos y estuvimos hablando con ella hasta que dieron la salida.

Representantes del Club Atletismo Zofío en Torrijos

La carrera ha cambiado desde hace unos años. Antes la salida y la llegada estaban situadas en la Plaza de España, donde estaba anteriormente el ayuntamiento, y la verdad es que con mucha gente, se quedaba pequeño aquello y además la salida era por calles estrechas y reviradas que hacía que en los primeros metros hubiese algo más que zancadas. Luego cambiaron la salida y llegada a la Plaza de San Gil, una plaza algo más ancha donde se puede montar mejor toda la parafernalia que conlleva una gran carrera como ésta y evitando esas calles estrechas del comienzo.

También cambió ligeramente el recorrido con el original y como los diez kilómetros eran dos vueltas, optaron por meter también una carrera de 5 km aprovechando para los que quisieran hacer sólo una. Yo siempre había hecho la de 10 km pero este año me apunté a la de 5 km por variar. El recorrido es muy llano, pero hay un tramo del uno al tres que es muy, muy ligeramente cuesta abajo y desde el tres al cuatro y pico muy, muy ligeramente cuesta arriba. Para terminar la vuelta, pasada la Colegiata, faltando unos cien metros para la llegada, es cuesta arriba, pero es una cuesta arriba de muy poca entidad.

Salí a toda pastilla con la idea de hacerlo algo mejor que la semana anterior en Villarejo. Allí hice una media de 4:11 y quería aumentar ese ritmo. La salida se da en la Plaza de San Gil y luego se emboca la Calle Ancha, que está dividida en dos porque luego se vuelve por el otro carril, y esto hace que se forme un embudo en la salida. De todos modos, no salí demasiado mal porque enseguida cogí un buen ritmo. Antes de llega a la Cruz Roja nos cruzamos con la cabeza de carrera en la que vi a David Magán «el coletas» en segunda posición yendo a un ritmo vertiginoso. Cuando di la vuelta a la glorieta no vi a mi amiga, eso quería decir que no iba muy detrás de mí. Pasé por el primer kilómetros miré el reloj y vi que lo hice en 4:09 lo cual me pareció bien porque me veía perfecto estado.

El segundo kilómetro está a la altura de «El Mesón» y vi que el cronómetro marcaba 3:58. Fenomenal, aunque era consciente que ese kilómetro era favorable tanto por el terreno que es ligeramente cuesta abajo y porque además daba el viento a favor. Veía delante de mí a una chica que había visto la semana anterior en Villarejo y que allí me ganó fácil y pensé que a lo mejor podía alcanzarla, pero no iba sola, iba con un chico que la iba marcando el ritmo.

Poco a poco la fui ganando terreno cuando llegó el tercer kilómetro, en la parte más alejada de la salida. Marcaba el cronómetro 4:08 y llegué a pensar que podría bajar de 21 minutos si conseguía mantener ese ritmo, pero enseguida giró la carrera en sentido contrario al que llevábamos y empezó a notarse un fuerte viento en contra y que el terreno era ligeramente cuesta arriba. Llegué incluso a adelantar a la chica que iba con su liebre, pero al poco me volvieron a sobrepasar y vi que la chica aprovechaba bien al rebufo de su compañero en esa zona ventosa. Oí que ella decía que había que acelerar, que se los iba el tiempo, así que ellos aumentaron el ritmo… Y yo lo bajé porque el cuarto kilómetro se me fue a 4:23 y ya iba sufriendo lo mío.

En el último quise apretar para mejorar, pero no pude, hice el mismo tiempo que el anterior. Ya quedaba muy poco para llegar a meta porque el crono marcó ese quinto kilómetro en la pequeña cuesta arriba que hay después de la Colegiata y sabía que sólo quedaban unos cien metros para llegar y es que se notaba que es una carrera homologada porque el GPS pitaba antes que llegara el hito kilométrico. En la meta marcaba mi reloj 21:28, por lo que no conseguí bajar de los 21 que quería. Curiosamente, fiándome sólo de mi GPS hice los cinco kilómetros en 20:59 pero es hacerse trampas al solitario. El que estaba más contento que unas castañuelas fue mi tocayo del club de Novés que quería bajar de veinte minutos e hizo 19:58. Según las clasificaciones oficiales hice un tiempo bruto de 21:29 y un neto de 21:23 siendo 58 de la clasificación general y 17 de mi categoría Máster 40.

Cogí la bolsa más un plátano y una manzana y fui a buscar a mi amiga, que no tardó mucho en llegar. Ella hizo un tiempo oficial bruto de 24:19 y neto de 24:12 siendo 95 de la carrera y sexta de su categoría. Con el dorsal nos dieron un ticket para la bebida y otro para la comida. Fuimos a los mostradores y me tomé una cerveza sin y un plato de migas que estaban realmente buenas, aunque para las migas tuvimos que esperar un poco. Estuvimos viendo la entrega de trofeos y esperamos el sorteo para ver si había suerte. Los agraciados con los premios fueron aquellos que llegaron en las posiciones 50, 100 y 150 de ambas carreras. No nos tocó nada, habrá que esperar al próximo.

Decir que la inscripción costaba 12 € pero si no querías camiseta se quedaba en 8 €. Ni qué decir tiene que elegí la modalidad barata porque al final acaban todas las camisetas en los contenedores de ropa. Es muy buena opción lo de poder elegir si quieres o no camiseta y debería de haber muchas carreras que lo hiciesen. Por esos 8 € además de la bebida y las migas nos dieron una bolsa de lo más generosa: una braga de Almudena Seguros, un tetrabrik pequeño de Aneto, un tetrabrik de zumo pequeño, una botellita de vinagre de Módena, una botella de bebida isotónica, una barrita de cereales, una bolsita de chorizo, una bolsita de lomo embuchado, un gel, una bolsa de cereales chocolateados de medio kilo, una manzana, un plátano, un bolígrafo y dos caramelos. La semana anterior en Villarejo también fueron muy generosos, así, así, está la cosa.

XXV Carrera popular Agromadrid – Villarejo de Salvanés

A las siete sonó el despertador, me levanté, desayuné, me preparé con la ropa de corredor, metí la ropa de recambio en la mochila y poco después de las ocho salí de casa. Llegué a las ocho y cuarto al punto de encuentro y allí estaban los compañeros del Club Atletismo Zofío esperando.

Llegamos a Villarejo de Salvanés y nos costó un poco encontrar dónde aparcar y saber dónde estaba el sitio porque preguntamos a un tipo y nos dijo que estaba al otro lado de donde realmente estaba. Por fin aparcamos, fuimos a la plaza donde está la iglesia y la torre y nos tocó hacer una buena cola para recoger los dorsales. Nos dieron una bolsa amarilla grande de AhorraMas con bastantes cosas y fuimos trotando hasta el coche a dejar esas bolsas.

Representantes del Club Atletismo Zofío en Villarejo de Salvanés

Me dijo Pedro, presidente del club de atletismo Running Villarejo que habían tenido que acortar el circuito porque habían mandado menos policías de los que hacían falta y que por lo tanto iban a acortar de 5 km a 4,5 km para tener suficientes voluntarios para los cruces. Así que el circuito quedó bastante simplificado. La salida y la llegada estaba en la Plaza de la Constitución, donde el castilla y la iglesia. Se partía hacia la Plaza de España y se cogía la calle de Samuel Baltés hacia el polígono industrial de Villarejo. En ese tramo había una bajadita al principio y luego picaba un poco hacia arriba. Antes del polígono, en esa larga recta que es la calle de Samuel Baltés estaba el primer kilómetro. Se seguía por esa calle medio kilómetro más y se giraba a la izquierda por la M-316 y poco después a la derecha para ir rodeando el polígono. A mitad de esa calle que rodea el polígono y que transcurre paralela a la A-3 se encuentra el segundo kilómetro. Ese segundo kilómetro también pica un poquito para arriba. Se sigue rodeando el polígono para desembocar de nuevo en la calle Samuel Baltés, que en principio es una curva, pero luego se llega a la larga recta por la que veníamos en un principio y que es ligeramente favorable hasta casi meta. Al poco se llega al tercer kilómetro que está situado en el punto donde al subir se desviaba a la izquierda para rodear el polígono. Se sigue bajando por esa calle y ya bien metidos en el pueblo, en la misma calle por la que transcurre el 90% del recorrido está el cuarto kilómetro. A partir de ahí es un poco cuesta arriba para llegar a la meta situada en el mismo sitio que la salida, en la Plaza de la Constitución. Al final ni siquiera llegó a los cuatro kilómetros y medio, se quedó en cuatro trescientos poco más o menos. De todos modos, hablo mucho de subidas y bajadas y alguien puede pensar que son los últimos kilómetros de la maratón de Madrid, pero hay que tener en cuenta que el circuito son unos 30 metros de desnivel, poca cosa. La anterior vez que participé el circuito era más revirado. No sé si lo habrán simplificado por los voluntarios o ya era parecido al de este año.

Calentamos un rato y ya en el calentamiento se veía que había nivel. Es una carrera que atrae a muchos corredores y corredoras de muy buenas marcas. Después de calentar nos pusimos tras el arco y poco después de las diez dieron la salida.

Salí deprisa, pero más deprisa iba mi compañera. La cogí y estando con ella llegamos al primer kilómetro. Miré el cronómetro y vi que lo había hecho en 4:07 y me pareció un bien tiempo porque no me veía forzado. Siempre me pasa eso en el primer kilómetro, que como acabo de salir cualquier tiempo me parece bien. Luego se quedó por atrás porque cuesta arriba voy yo un poco mejor. Pasé el segundo kilómetro en 4:14 y también lo di por bueno porque era un poco cuesta arriba. En esos momentos iba solo, mi compañera iba algo atrás, pero no debía estar muy lejos. El ritmo del kilómetro tres ya me gustó algo menos porque hice 4:15 y ya era algo favorable. Las piernas ya iban algo cansadas. Sería cuando llevaba tres kilómetros y medio cuando mi compañera de fatigas me alcanzó y en la ligera bajada se me fue y no fui capaz de echarla el guante. Si yo voy un poco mejor en la subida, ella va mejor en la bajada. Traté de que al menos no se despegara mucho de mí y en esas llegué al cuarto kilómetro con un tiempo de 4:13, no había mejorado mucho con los anteriores siendo cuesta abajo ni con la zanahoria de mi compañera poco metros por delante. Eché toda la carne en el asador y aunque ese tramo de trescientos metros fue lo más rápido que hice de la carrera, no hubo manera y llegué a meta cinco segundos después de ella con tiempo, según mi cronómetro de 18:26, que coincide con el tiempo oficial.

Llegando a meta. Foto cortesía de @morantefotografia.

Hicimos cola para coger bebida, unas naranjas, una manzana, unas galletitas, una botella de bebida isotónica y agua a granel en un vaso de plástico que rellenaban de unas enormes garrafas. Además de todas las cosas que nos habían dado antes. Poco después entró la otra compañera y a no mucho tardar entró el compañero.

Miramos las clasificaciones y resultó que la compañera que me precedió sólo pudo ser sexta de su categoría (de 40 a 50) y la otra componente femenina del grupo fue segunda de la suya (de 50 a 60). Así que tuvimos que esperar bastante a que le dieren el trofeo, aunque eso nos permitió ver a los más jóvenes batiéndose el cuero. Me alegró mucho ver una muy buena participación de los más pequeños.

Hubo representación del Club Atletismo Zofío en el cajón. Foto cortesía de @morantefotografia.

La bolsa del corredor fue espectacular entre lo que nos dieron al principio y lo que recibimos al final. Al terminar la carrera nos obsequiaron con una malla de naranjas, una botella de bebida isotónica Eletrolit, un bollito, galletitas a granel y agua. Como curiosidad decir que el agua no venía en botellas, te daban un vaso y se rellenaba de unas garrafas. Además de todo esto, muy interesante para recuperarse del esfuerzo e hidratarse, que hizo un día de bastante calor, la bolsa que nos dieron al principio era espectacular ya que además de una bolsa de plástico fuerte de AhorraMas dentro de ésta había una camiseta, una bolsa de galletitas, una botella de bebida isotónica, una muestra de crema Aliviflex, una muestra de muesli, lágrimas de aceite, caramelos Ricola, un bolígrafo y una cartera para tarjetas. Y seguro que me dejo algo. En dos palabras: ESPECTA-CULAR 😉

Y para terminar, hacer mención de las fotografías de @morantefotografia que hizo un álbum espectacular con un montón de fotos, no sabría decir cuantas pero muchas, de una calidad extraordinaria y gratuitas. Muchas gracias.

En resumen, una carrera que merece mucho la pena. Absolutamente recomendable. Y todo por 8,60 €. Una pasada.