Los 800 de Yasso

Iba corriendo con mi tocayo y hablábamos de hacer la prueba de los dos seismiles diez días antes de la maratón. Según lo hablábamos me acordé que una vez Chema me habló de una prueba que consistía en hacer repeticiones de 800 metros, de tal modo que los tiempos conseguidos en las dos vueltas pasando los minutos a horas y los segundos a minutos indicarían el tiempo a realizar. Es decir, que si hago las repeticiones en tres minutos y medio las dos vueltas haría tres horas y media en maratón.

Si quiero hacer 3h30 en la maratón tendría que hacer los 800 en 3:30, o sea, llevar un ritmo de 4:23 min/km y eso hacerlo diez veces. Hay que descansar entre cada repetición el mismo tiempo que se tarda en hacer el 800.

Comparando esto con la prueba de los dos seismiles, para ver si eres capaz de hacer 3h30 en la maratón hay que hacer un primer seismil en 28:30 (a ritmo de 4:45) y el segundo seismil a tope en 25:18 (a ritmo de 4:13). En esta prueba se descansa minuto y medio entre ambos seismiles.

No sabría decir cual es más duro de los dos. La ventaja que tiene la prueba de los 800 metros es que si se hace en pista sólo hay que tener cronometrar dos vueltas y luego parar, mientras que si haces 6 km hay que dar 15 vueltas a la pista y corres el riesgo de “comerte” alguna. Otra ventaja de los 800 metros es que sólo son 10 repeticiones y, por lo tanto, 8 km; mientras que en la otra prueba son 12 km.

Ya veremos si hacemos uno u otro. A mí me apetece más el de los 800 metros porque nunca lo he hecho.

Y tampoco hablamos mucho más hoy porque sí lo hemos hecho en los tres primeros kilómetros pero luego ha llegado Mariano y se ha puesto con Miguel mano a mano y han aumentado el ritmo bastante. En un principio he tratado de ir a su rebufo, pero viendo en mi cronómetro que íbamos a 4:30 y bajando he decidido hacer el entrenamiento que tenía en mente, que consistía en hacer 3 km de calentamiento, luego 14 a ritmo M (sobre 4:40) y luego 3 km de enfriamiento; sin embargo han sido 4 km de calentamiento por lo que sólo he hecho 13 km a ritmo M. Esos 13 km los he hecho en 1:00:46 clavando los 4:40. Eso sí, debo decir que los últimos tres kilómetros a ritmo M se me han hecho bastante duros.

En total han sido 20 km en un tiempo de 1:38:32 @ 4:55 min/km. No está mal teniendo en cuenta que tengo las piernas algo tocadas todavía. Aún no me he recuperado bien de la media del sábado.

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El plan B se cumplió a la perfección

Comentaba el otro día que el plan B previsto para la media de Villarrobledo consistía en hacer un tiempo aproximado de 1:31:39 que fue el tiempo que hice en la media de Coslada de 1999, año que bajé de las tres horas y media en maratón.

Pues bien, el plan B salió clavado, ya que llegamos a meta con un tiempo oficial de 1:31:34 que mejora en cinco segundos aquella marca de hace 19 años. Puede resultar baladí, pero no es lo mismo hacer una marca con 33 años que con 52. De hecho, esta marca con 52 años sería equivalente a una marca de 1:19:40 con 33 años. Esto quiere decir que estoy en mucho mejor forma ahora que veinte años antes.

Bueno… Me estoy yendo por los cerros de Úbeda… El asunto venía porque con este tiempo conseguido en Villarrobledo veo factible bajar de tres horas y media, pero hay que correrlo.

Hoy salí con las piernas cansadas de la media del sábado. Siempre me ocurre que después de una carrera no estiro y eso me deja las piernas para el arrastre varios días, sobre todo si la prueba ha sido dura como fue la media.

Acostumbro o más bien acostumbraba a hacer la semana de más kilometraje a tres semanas de la maratón, así que esta semana es la señalada para hacer el mayor número de kilómetros. El plan semanal es hacer hoy 15 km, el jueves 20 km y el domingo 30 km totalizando 65 km que es una birria, pero tampoco estoy dispuesto a hacer más ya que la rodilla no está muy fina y hay que conservarla muchos años.

Por aquello de hacer 15 km bajé antes de las siete a Pradolongo, pero sólo pude hacer 3 km antes de llegar a las siete al punto de encuentro. Allí estaba Joaquín y al poco llegaron Emilio, Emilio R y Jesús. Comenzamos los cinco la primera vuelta al parque a ritmo tranquilo. Incluso yendo despacio notaba las piernas cansadas. Dado que estamos en Semana Santa y que la temperatura era muy agradable, había bastante gente disfrutando del parque: niños en los toboganes, familias paseando, otros en bici, jóvenes jugando al fútbol y al baloncesto y otros practicando el kayak-polo en el estanque de Pradolongo.

Jesús sólo dio una vuelta, Emilio R un poco más y el resto completamos las dos vueltas. En esos momentos ya llevaba casi 13 km en mis piernas y el GPS se había quedado sin batería. Tenía que hacer 2 km más y los hice a ojo, probablemente un poco más. Viendo el ritmo que llevaba cuando funcionaba el GPS, un poco por encima de 5:30 calculo que estuve corriendo algo más de una hora y veinte minutos en esos 15 km.

Por cierto, una gozada poder correr con luz solar durante todo el recorrido gracias al cambio de hora.

XIV Media maratón de Villarrobledo

La media maratón de Villarrobledo viene celebrándose estos últimos años un sábado por la tarde, lo cual no es muy habitual en el calendario de carreras, que suelen ser los domingos por la mañana, pero es lo que hay y si no te gusta, pues carreras hay muchas. Reconozco que me despista un poco el día y, sobre todo, la hora, pero tampoco lo veo muy problemático. Es por esto que llegamos a Villarrobledo a eso de las doce de la mañana. Lo primero fue buscar un bar o un restaurante donde poder comer algo porque correr sin haber comido nada desde el desayuno de las nueve de la mañana me parecía excesivo. Fue buscando ese sitio para comer donde me di cuenta que no iba a ser una carrera fácil porque el viento que soplaba hacía difícil incluso avanzar.

Comimos un plato combinado y volvimos al hotel comprobando que el tema del viento no había mejorado y que mejor sería olvidarse de las marcas y correr a lo que saliese. Tenía la esperanza de volver a bajar de hora y media, pero lo descarté incluso antes de comenzar.

Fuimos al hotel y nos tumbamos para reposar la comida, pero nos descuidamos y cuando nos quisimos dar cuenta faltaban sólo cuarenta minutos para que empezase la carrera y mi compañero Joaquín estaba nervioso porque no aparecíamos por la salida y nos tenía que dar los dorsales.

Nos vestimos lo más rápido posible y fuimos en el coche hacia el polideportivo, pero como no sabía exactamente donde estaba, me perdí. Tuvimos que llamar de nuevo a Joaquín para que nos diera precisas instrucciones. De este modo, cuando quisimos llegar sólo faltaba un cuarto de hora para comenzar. Nos colocamos el dorsal en el pecho y el chip en la zapatilla y salimos a calentar los diez minutos que faltaba para el comienzo.

Hacía tanto aire que no pusieron arco de salida ni alfombras para recoger los tiempos. Por supuesto, tampoco arco de meta, estableciéndose ésta en la puerta del polideportivo. Era tremendo como soplaba.

Como no había arco de salida ni raya pintada en el suelo establecieron la salida en donde el suelo cambiaba de color, al lado de una furgoneta blanca. Eso sí, la salida se dio a las cuatro y media exactas.

Joaquín salió como alma que lleva el diablo, pero pronto me puse a su altura. El primer kilómetro es favorable y fue el más rápido de toda la carrera. Ya desde el primer metro empecé a observar que la gente recortaba todo lo posible no sé si para guarecerse del viento o simplemente por rebañar metros a la carrera. Yo traté de correr sin subirme a la acera, aunque hubo un par de ellas que no pude evitar.

En estos primeros kilómetros no notaba el viento, no sé si porque daba de espaldas o porque íbamos protegidos por las casas, pero fue en el kilómetro cinco, después de girar a la izquierda en la calle peatonal donde noté que el viento no se había ido, que estaba ahí al acecho. Además fue por esta zona donde empezamos a adelantar a aquellas corredoras que se habían apuntado a la carrera de la mujer y a algún chico que participaba en la prueba de iniciación. Era una zona por el centro del pueblo con calles estrechas y costaba adelantar. Tuve que hacer algún eslalon para adelantar y en una de esas golpeé a unos de los corredores de la media que iba a mi lado. No me pareció buena idea la de mezclar pruebas.

Pasado el kilómetro siete comienza la Avenida del Este. Es un paseo de 800 metros sin ninguna protección contra el viento ni a un lado ni a otro. Ahí el vendaval era notable, avanzar era una tarea de titanes, por lo que había que protegerse del viento de alguna manera; sin embargo, el grupo que nos precedía estaba algo lejos y dado que era Joaquín la estrella de la carrera pensé en hacer yo de parapeto para que él pudiera ir algo más cómodo, así que le ordené que se pusiera a mi espalda. Después de esa larga recta comienza una subida de ligera pendiente de aproximadamente kilómetro y medio donde también el viento daba de cara. En este tramo no sólo la pendiente, sino el viento iban en contra del corredor. Me acordé de ese dicho ciclista que dice que en ciclismo todo da por el culo excepto el aire que siempre da de cara.

Llegamos al polideportivo donde acaba la carrera y comenzaba la segunda vuelta. Joaquín comentó que no se nos había dado mal esa primera vuelta, pero que ahora empezaba la segunda y veríamos. ¿Y qué fue lo que vimos? Que las fuerzas eran más reducidas y que el viento seguía haciendo de las suyas.

Mal del todo no íbamos porque nos adelantaron un par de ellos y nosotros adelantamos a alguno más. Sobre todo el objetivo eran dos corredores del equipo local que pensábamos podían ser de la categoría de Joaquín. Sobrepasamos a éstos sobre el kilómetro 17 y traté de aumentar el ritmo porque sólo nos quedaba un kilómetro sin viento en contra.

Esta vez el tramo por la Avenida del Este se hizo más dura. De nuevo hice de parapeto, pero esta vez no sólo se aprovechó Joaquín se aprovechó de mi estela, sino que hubo un par de corredores que se pusieron a rebufo, incluso uno de ellos trataba de quitar el puesto a mi compañero que era el más cómodo. Tuvo que tirar de codos para mantenerse a mi espalda. El paso por la calle Camarilla, la Travesía de la loma y su continuación por la calle Blas López, todo cuesta arriba se me hizo tremendamente duro; sin embargo, al coronar la cuesta ya quedaba aproximadamente un kilómetro y tratamos de aumentar el ritmo en lo que pudimos.

Llegamos a meta con un tiempo oficial de 1:31:34 consiguiendo el objetivo previsto: Joaquín fue el primero de su categoría y el primero también de los locales. Todo un éxito. Emilio, otro compañero del Club Atletismo Zofío, también se subió al cajón, haciendo segundo de su categoría. La única chica del club, que llegó con una buena pájara, sólo pudo ser cuarta. Quique fue quinto y el que esto escribe fue el peor de todos, sólo pudo ser octavo.


Llegando a meta con don Joaquín

Esperando a que Joaquín recogiera los dorsales nos llevamos una grata sorpresa ya que llamaron al podium al Club Atletismo Zofío como uno de los equipos con varios representantes. Subimos Emilio y yo a recoger las seis botellas de vino con que la organización nos obsequió.


En el podium representando al Club Atletismo Zofío

Por debajo de hora y media

Hacer menos de hora y media en una media maratón era uno de los objetivos que me marqué cuando comencé en el mundillo de las carreras populares. Tardé bastante tiempo en conseguirlo ya que comencé a participar en carreras populares con cierta continuidad en 1994 y hasta 2010 no lo conseguí.

Después de haber bajado por primera vez lo he conseguido bastantes veces y curiosamente en mis tres participaciones en la media de Villarrobledo he conseguido bajar de hora y media. Allí tengo 1:29:51, 1:25:57 y 1:28:56.

Cuento esto porque la jugada sería tratar de bajar otra vez de hora y media para no “empañar” mis participaciones en Villarrobledo, pero me temo que va a ser complicado porque he mirado las previsiones del tiempo para el sábado y dan viento de 40 km/h con rachas aún más fuertes. Complicado, complicado.

Existe un plan B un poco más rebuscado y que está relacionado con la maratón de Madrid de 1999. Ese año la meta de la carrera se estableció cerca de la Plaza de Neptuno, por donde estará este año. Aquella vez conseguí bajar por primera vez de las tres horas y media en la maratón y este año también me gustaría hacerlo. En aquel entonces, antes de correr la maratón me probé en la media de Coslada e hice 1:31:39. Por lo tanto, el plan B consistirá en tratar de bajar de esa marca de Coslada, lo que indicaría que me encuentro en condiciones de bajar de tres horas y media en maratón.

Salí a las siete menos cinco al punto de encuentro. Allí vi a Miguel, que ya llevaba seis y luego aparecieron Joaquín y Emilio. Hice las dos vueltas de rigor a ritmo tranquilo para no cansarme demasiado para la media del sábado y tratar de cumplir el plan A o si no fuese posible, el B.

Hice un total de 10 km en un tiempo de 52:12 @ 5:13. Un entrenamiento tranquilo pero no de paseo.

¿Primavera? ¿Qué primavera?

Hoy ha entrado la primavera y sigue haciendo un tiempo invernal. Es por esto que parafraseando al famoso disco de Supertramp Crisis? What crisis? me pregunto ¿Primavera? ¿Qué primavera? Si hace un frío de mil diablos.


Portada del disco Crisis? What crisis?

Y a pesar del frío nos dimos cita en el parque cuatro pradolongueros: Miguel, Joaquín, Emilio R y un servidor. Yo llegué algo tarde por un tema del trabajo, así que los cogí de camino cuando ellos ya habían sobrepasado el primer kilómetro y yo aún no había llegado a ese primer mil.

Dimos un par de vueltas a ritmo tranquilo, tampoco de paseo, aunque Miguel iba algo más rápido, pero nos esperaba dando algún rodeo. Se está tomando en serio la preparación para la maratón y está últimamente haciendo bastantes kilómetros. Hay que tener cuidado que hacer muchos kilómetros tampoco es bueno. No olvidemos la tabla de la revista Runners que da una idea de los kilómetros a la semana que se deben hacer para tratar de abordar una determinada marca en la maratón. En su momento hablé de ello en este artículo.

Hice poco más de 9 km en un tiempo de 47:50 @ 5:15. Tranquilo.

Lluvia, viento y frío, ¿alguien da más?

Mal día hemos elegido para hacer una tirada larga. Habíamos quedado a las 9:00 en el punto de encuentro y ya estaba lloviendo. Pero no sólo llovía, el viento soplaba de lo lindo y hacía bastante fresco. Optimista que es uno, pensaba que mejoraría el tiempo según fuéramos “comiendo” kilómetros.

Mi optimista predicción falló por completo porque siguió lloviendo sin parar ni un minuto y el viento seguía soplando y la temperatura seguía fresca.

A las 9:00 estábamos tres compañeros en el punto de encuentro. Dimos una vuelta a Pradolongo para volver a pasar por la salida a las 9:30 donde nos esperaba el cuarto pradolonguero. De tal modo, cuando encontramos a Quique ya llevábamos casi cinco kilómetros y la ropa bastante mojada. Esos primeros kilómetros fueron los más calmados, ya que fuimos por encima de cinco todo el rato.

Según íbamos bajando al Parque Lineal se fueron animando mis acompañantes y nos pusimos a un ritmo de crucero de 4:40 segundo arriba, segundo abajo. Así hasta llegar al final del Parque Lineal. Allí nos dimos la vuelta y aunque el aire era en contra, encima aumentaron el ritmo y nos pusimos a 4:35 a la vuelta.

Yo iba notando que los muslos se iban poniendo cada vez más duros, no sé si por la lluvia, por la velocidad o por la combinación de ambas. El caso es que me hice la ilusión de que cuando acabáramos el recorrido por el parque íbamos a aflojar un poco ya que Quique se iba, pero me equivoqué porque Miguel seguía erre que erre cuando abandonamos el Parque Lineal y llegamos a Madrid Río.

Estos últimos kilómetros se me hicieron bastante duros porque iba bastante cansado, tenía las piernas duras como piedras, iba hasta los eggs de la climatología y para colmo me había rozado los muslos (y eso que me había echado vaselina). Un entrenamiento duro, muy duro.

Dicen que estos entrenamientos en días tan complicados valen por dos. Uno por el entrenamiento que haces tú y otro por el que no hace tu rival, pero en mi caso como mi único rival soy yo mismo, me quedo igual. Además suele ocurrir, cuando los entrenamientos son en días fríos y con lluvia, al final la maratón será con mucho calor. Un horror.

Hicimos 26 km en un tiempo 2:05:16 en una media bastante rápida para ser un entrenamiento largo: 4:49 min/km.

Subida exponencial

Suele utilizarse la expresión “subida exponencial” en la vida diaria como una fuerte subida, una subida brusca, que no necesariamente tiene que ajustarse al concepto de matemática de un número elevado a x. Digo esto porque todas las semanas me llega un correo de embalses.net con una gráfica del agua embalsada y se puede ver una subida exponencial del volumen de agua en las últimas semanas. Muy reconfortante saber que el agua que está cayendo está sirviendo para algo… Además de venir bien para los cultivos, claro está.


Gráfica del agua embalsada en España

La línea roja muestra el volumen de los pantanos en 2018. Se puede ver que en la semana nueve había aproximadamente 24.000 hectómetros cúbicos y en la semana trece -un mes después- el volumen es aproximadamente 34.000 hectómetros cúbicos. Es decir, que en un mes ha aumentado la reserva de agua en un 42%. No sé si se puede considerar exponencial, pero es una muy buena subida y lo mejor es que actualmente los pantanos tienen más agua que el año pasado. La mala noticia es que el año pasado tenían muy poca agua, así que debería subir más aunque nos toque mojarnos en cada entrenamiento y nos quejemos.

En el punto de encuentro estaban Jesús y Emilio R como menos habituales además de los tres que casi siempre estamos: Joaquín, Miguel y yo. Estuve hablando con Jesús, con el que hacía tiempo que no lo hacía y se fueron pasando los kilómetros sin darnos cuenta. El entrenamiento fue tranquilo pero sin dormirnos, yo pensaba en los 26 km que tenía pensado hacer el sábado y no quería apretar mucho, pero sí hice más kilómetros de lo habitual, hasta 13. Miguel había bajado media hora antes y acabó con 15 km en las piernas. Totalicé 13,2 km en 1:08:44 a un ritmo de 5:12 min/km.