Ayer me llevé uno de los golpes más duros de mi vida. Fui a recoger la resonancia que me había mandado el traumatólogo y al leer el informe del médico que hizo la resonancia, me quedé petrificado. Según se desprende de dicho informe, mi rodilla sufre lo que se llama condromalacia rotuliana grado IV, que es una cosa bastante puñetera, ya que supone que el cartílago situado debajo de la rótula de la rodilla izquierda está muy degenerado, pero que muy degenerado.
La verdad es que ha sido una noticia dura de digerir, aunque todavía no he ido al médico para ver qué debería hacer, pero sé lo primero que me va a decir: deja de correr; sin embargo, no pienso hacerlo. Seguiré corriendo menos kilómetros y a menor ritmo. De todas formas, que sospecho que esta maratón del rock and roll va a ser la última maratón en la que participe. En fin, ya veremos cómo evoluciona la cosa.
Con ese pesar me acerqué al punto de encuentro, dándome cuenta de que la rodilla me dolía sólo de pensar en el problema. Allí estaban unos cuantos pradolongueros a los que apené con mis calamidades. Salí despacio y terminé despacio, fui de orgasmo en orgasmo como bien dice el buen amigo Esteban y así tendrá que ser de ahora en adelante si es que quiero seguir corriendo. Pero para eso lo más importante es fortalecer, fortalecer y fortalecer. No queda otra.
Dos vueltecitas, muy tranquilito para totalizar 10 km en 54:36 @ 5:28 min/km. Me encantaría que pudiese seguir corriendo a este ritmo eternamente, pero no sé si el cartílago me lo va a permitir.


