Todos los 25 de diciembre me levanto con remordimientos. El día anterior siempre cometo excesos alimentarios y por mi cabeza pasa la idea de que tengo que quemar lo ingerido.
Me levanté con ese run, run y pronto me disfracé de corredor, hice mis estirameintos y salí a correr en una bonita mañana soleada aunque fresca, bien acompañado, buscando el camino del Parque Lineal.
Al poco de entrar en el parque nos cruzamos con Roberto Álvarez, ganador de la última media de Villaverde con 1h10. Es una maravilla ver correr a este hombre, con esa elegancia innata que tienen los buenos corredores. A ver si de tanto cruzarme se me pega algo 😉
Y hablando de la media de Villaverde, enhorabuena a nuestro compañero Enrique que llegó el 25 de la carrera con un tiempazo de 1h22. I-M-P-R-E-S-I-O-N-A-N-T-E.
El entrenamiento consistió en ir hasta el final del circuito del río y vuelta a casa, para totalizar 16 km en un tiempo de 1:24:42 a un buen ritmo de 5:18/km. Algún turrón habremos quemado.
Es una gozada poder disfrutar del sol en días invernales. Nada más placentero que te dé el sol en la cara cuando las temperaturas son bajas. Eso iba pensando cuando iban pasando los kilómetros del entrenamiento.
Para variar la rutina, hoy hemos ido a Parque Sur, un circuito un poco más duro que Pradolongo, aunque al ser un parque algo más pequeño, hay que dar más vueltas para hacer un kilometraje decente. En el caso de hoy, que hemos hecho 10 km, hemos tenido que dar tres vueltas y un poquito.
Pasando un poquito de frío cuando íbamos a la sombra y disfrutando del sol en las zonas más despejadas, se han ido pasando los kilómetros casi sin darnos cuenta. Hemos completado los 10 km en un tiempo de 51:35 @ 5:09/km.
Hoy es oficialmente el primer día de invierno. Dado que hoy no trabajaba, he salido por la mañana y como hacía solecito, he celebrado la llegada de la estación invernal en manga corta. Y no se estaba mal, hacía fresquito, pero calentaba el sol.
Hoy tocaba hacer algo de calidad y había planificado hacer seis kilómetros a umbral. Hoy no había excusas de que no se veía, de que el terreno estuviese embarrado, de que los compañeros no quisieran, etc.
¡Buf! Me ha costado lo suyo hacer los seis kilómetros a umbral. En el último he tenido que apretar los dientes de verdad. La idea era hacerlos a 4:11 y han salido a 4:15, 4:06, 4:13, 4:12, 4:09 y 4:12. Aunque han sido algo irregulares (depende del terreno si es favorable o no) salen los seis kilómetros a una media de 4:12, más o menos en el objetivo. Lo curioso es que Daniels va ajustando el ritmo según el entrenamiento se va alargando. Así, si para un VDOT de 51 dice que el ritmo umbral es de 4:11 para 5 km, ese ritmo es algo más suave (4:14) para 6 km. Resumiendo, que los he hecho incluso más rápido de lo que debiese. No me extraña que haya acabado cansado.
Entre los cuatro kilómetros del calentamiento inicial, los seis kilómetros a umbral y un kilómetro de enfriamiento, he totalizado 11 km en un tiempo de 52:44 @ 4:47/km.
Strands fitness es (o era) una red social de deportistas donde el personal anotaba sus entrenos y podía ver los de los demás y compartir experiencias y preguntas con otros miembros de la comunidad. Lo de la red social no me llamaba mucho la atención, todo hay que decirlo, pero el sistema de registros de entrenamientos me gustaba y mucho. Lo que más, poder anotar los kilómetros que llevas con unas determinadas zapatillas.
Pues bien, el 30 de diciembre chapan el chiringuito. Es la primera red social «que me pilla» dentro cuando cierra, ya que llevaba algo más de dos años (desde el 17 de octubre de 2009) anotando mis entrenamientos. Habrá que buscar una alternativa o seguir con Garmin Connect únicamente. Una verdadera pena lo de strands.
Todo triste y apesadumbrado por el cierre 🙂 me he puesto las zapatillas y zumbando al parque, donde me he encontrado con Joaquín y Emilio II con los que he ido charlando sobre la cena del otro día. Es curioso lo que cambian los pareceres. Yo acabé más que satisfecho; sin embargo Emilio decía que se había quedado con hambre. Está claro que cada uno tiene el estómago acostumbrado a más o a menos.
Con ambos he hecho las dos vueltas habituales a un ritmo tranquilo, que todavía notaba las piernas algo cansadas de la carrera del domingo. Después de las dos vueltas, un poquito más hasta completar 10 km en 55:37 @ 5:33/km.
A las 7:30 sonaba el despertador. Teníamos un largo viaje hasta Los Navalmorales, donde nos esperaba la IX edición de la carrera del aceite. Ya participamos hace dos años en esta prueba y nos gustó bastante, además es bonito volver a tu pueblo… aunque sea por Navidad.
Por no leer el reglamento en detalle, pensaba que la carrera comenzaba a las once horas cuando en realidad era una hora después. Es por eso que nos causó extrañeza la poca gente que había por allí cuando retiramos el dorsal. Más raro todavía fue cuando faltando media hora nos despojamos de la ropa de abrigo y comenzamos a calentar y no sólo nadie lo hacía, sino que estábamos casi en familia.
Viendo que aquello no cuadraba de ninguna manera, me acerqué a secretaría y me sacaron de dudas: la carrera daba comienzo una hora más tarde. Mi compañera de viaje empezó a reprocharme el madrugón, pero ya no tenía remedio.
Antes de la salida de la carrera del aceite, con la Sierra del Santo al fondo
Aunque el sol lucía radiante, la temperatura era baja, por lo que decidimos abrigarnos un poco e ir a reconocer el circuito, que no era el mismo que habíamos recorrido hace dos años. El actual consistía en dar tres vueltas (para totalizar 4,8 km según la organización) a un circuito que comenzaba llaneando por asfalto, para girar a derechas y meterse por un camino que se iba alejando del pueblo hasta llegar a una curva cerrada a la izquierda que iba poco a poco tornándose cuesta arriba. La cuesta iba endureciendo su pendiente hasta llegar de nuevo al pueblo donde acababa el camino de tierra y empezaba una cuesta abajo de bastante pendiente que llegaba hasta el arroyo que separaba los dos antiguos pueblos. Al cruzar el arroyo, de nuevo cuesta arriba hasta llegar a la carretera donde acababa la cuesta y donde ya se veía a unos trescientos metros la línea de llegada que era donde acababa también cada una de las vueltas. En resumen, un circuito bonito, medio cross, media carrera de asfalto, aunque corto y duro.
Detalle del recorrido
Dado que hace doce días me metí una maratón entre pecho y espalda, mi intención era de hacer un entrenamiento con dorsal como el domingo pasado; sin embargo, calentando me encontré con un viejo conocido, que ni siquiera sabía que corría, y no podía permitir que llegase antes que yo. Salí controlando al sujeto, pero en cuanto el terreno se tornó ascendente le pasé y al poco alcancé a una chica con la que hice casi toda la carrera. Se llamaba Irene y debía ser muy popular porque era animada en varios puntos del recorrido.
Junto a ella fuimos adelantando a diversas chicas que la precedían y eso la sirvió para llegar la quinta de las chicas. Yo llegué unos metros por delante con un tiempo oficial de 20:16 según la clasificación cuya copia he subido aquí. Aunque la distancia, según la organización era de 4,8 km, el GPS marcaba casi cinco, por lo que lo dejaremos en 4,9 km teniendo en cuenta la precisión del GPS. Bastante contento con mi prestación aunque preguntándome si he obrado bien o he hecho el canelo yendo a todo trapo.
Me ha sorprendido la participación femenina. Sin temor a equivocarme, afirmo que es la carrera que mayor porcentaje de chicas había de todas en cuantas he participado, el 30% de la participación era femenina.
Mi compañera de viaje consiguió hacerse con el quinto puesto de su categoría y subió al cajón para recibir una garrafa de cinco litros del líquido que da nombre a la carrera. Al final el viaje y el madrugón merecieron la pena.
Hoy hemos quedado algunos compañeros pradolongueros para cenar todos juntos. Por desgracia, no hemos estado al 100%, pero es difícil que a todos nos venga bien un día.
Como habíamos quedado a las nueve, salí a correr a las 18:30 en vez de la hora habitual, para no llegar tarde. Con Emilio en la primera vuelta y con Jesús en la segunda, se me fueron pasando los kilómetros. Totalicé 10 km en 57:15 @ 5:44/km. Seguimos recuperando las piernas.
La cena fue en la Parrilla de Usera III y estuvo francamente bien. Tanto la comida como la compañía.
En marzo del año pasado compré una de las herramientas más útiles para correr, un Garmin Forerunner 405. El otro día se rompió la correa, simplemente por el gesto de quitarse el artilugio de la muñeca en cada uno de los entrenamientos, porque no lo uso para otra cosa. Teniendo en cuenta el número de entrenamientos registrados, la correa del adminículo ha aguantado unas 600 «quitadas» y 6.000 kilómetros, que no sé si es mucho o poco. Pienso que podría durar más si para quitarse de la muñeca el cronómetro no hubiese que hacer tanta fuerza.
Correa del Garmin rota
Rápidamente me he hecho con otra correa aquí, ¡no puedo salir a correr sin este artefacto! Como se puede ver, la correa viene con una especie de destornillador. Ese chisme sirve para quitar el pasador que sujeta la correa a la caja. Que a nadie le pase lo que a mí, que me he vuelto loco para encontrar un destornillador Torx, pensando que eran esos tornillos los que sujetaban la correa y es sólo el pasador lo que es necesario quitar.
De todas formas, reconozco que estoy bastante contento con el cacharro. Mirando en internet para tratar de comprar la correa, he visto que el precio de este chisme ha bajado bastante, imagino que favorecido porque han aparecido dispositivos de Garmin más modernos. En Amazon.es se puede encontrar por 125 machacantes. Si alguno le interesa, que eche un vistazo aquí.
Ya con la nueva correa, he salido todo feliz al entrenamiento, donde estaban los compañeros. Hemos estado comentando las vicisitudes de la pasada maratón y ya pensando en la siguiente. Joaquín habla de Sevilla, pero yo ya lo dejo para la maratón del rock&roll.
Hablando de unas cosas y otras se nos fueron pasando las dos vueltas y un poquito, para completar 10 km en 56:48 @ 5:41/km. Un ritmo tranquilísimo para ir recuperando las piernas.
Por cierto, hoy es el día de Santa Lucía. Se supone que ya empiezan a ser los días más largos, léase que habrá más horas de luz.
Por segundo año consecutivo he participado en esta carrera popular, que coincide en el tiempo con el Trofeo Akiles. Reconozco que la carrera de la Casa de Campo me gusta mucho, pero es bueno probar otras alternativas.
Después de correr el martes la maratón de Málaga, no es que tuviera muchas ganas de participar en otra carrera, pero por acompañar a una amiga, me desplacé hasta San Martín, pueblo al que tengo cierto cariño por haber pasado por allí infinidad de veces con la bicicleta.
Antes de la salida en San Martín de la Vega
Aunque notaba las piernas francamente bien, ni por un momento se me pasó por la cabeza tomármelo en serio, por lo que me lo tomé como un entrenamiento con dorsal. No era cuestión de apretar en una carrera que ni iba ni me venía, aún así salí demasiado deprisa ya que el primer kilómetro lo hice en 4:30, dejándome llevar por la estela de mi compañera de aventuras. Decidí calmarme y traté de buscar un ritmo cercano a 5:00 que parecía bastante llevadero.
Se trata de una carrera con bastantes curvas y recurvas a un circuito al que hay que dar dos vueltas. Lo recordaba bastante bien del pasado año y he comprobado que el circuito es exactamente el mismo, no tiene muchos metros llanos, todo es ligera bajada o ligera subida, pero muy ligeras en ambos casos. A mí se me hizo muy llevadero.
Al llegar a meta, mi cronómetro marcaba 49:33, aunque el tiempo oficial es de 49:41 según atestigua la clasificación oficial. Mi compañera aparece con un tiempo oficial de 47:35 y por poco se sube al cajón, ya que quedó cuarta de su categoría. Es curioso lo de las carreras porque el año pasado hizo un minuto menos y ¡quedó novena!
Por cierto, nivelón en los primeros puestos, ¡los tres primeros consiguieron bajar de treinta minutos!
Para terminar, unas observaciones sobre la organización. Desde mi punto de vista, tuvo dos fallos clamorosos. El primero es no disponer de guardarropa, aunque sí lo hubo el año pasado y el segundo, teniendo tres servicios portátiles, sólo estaba abierto uno de ellos. Este último es un fallo menor y quizás no sea achacable a la propia organización, sino a la empresa que se encarga de esos menesteres, pero ellos deberían, en última instancia, resolverlo. De todas formas, he leído que en el Trofeo Akiles, la organización rozó el esperpento.
Debo reconocer que estirar por estirar, así sin otro aliciente, me resulta difícil; sin embargo, cuando voy a correr nadie me quita el estiramiento inicial y el final. Y como me hacía falta un buen estiramiento, he pensado que una carrerita no vendría mal para estirar las patas. Así que ni corto ni perezoso, me he disfrazado de corredor y zumbando a Pradolongo a hacer unos kilometrillos, aunque hayan sido al trote.
Tenía intenciones de salir con la luz del día, pero al final me ha podido la siesta y cuando he salido ya era de noche ¡qué lo vamos a hacer! He ido buscando tramos iluminados y tengo una idea que puede hacer un recorrido aproximado de cinco kilómetros y con luz. Habrá que ir afinando la idea.
En total sólo han sido 4,7 km en un tiempo de 30:29 @ 6:28/km, que aunque no es nada, me ha venido de perillas para estirar las piernas. Ahora me encuentro mucho mejor, parece que los cuádriceps no los tengo tan cargados.
Han puesto algunas fotos en la web de la maratón de Málaga. Ahí va una de cuando iba por el km 38, ya cieguecito. Foto cortesía de Jesús Robles.
Hoy, día de la constitución, se ha celebrado la segunda edición de la maratón de Málaga, en la que he tenido ocasión de participar.
Hasta esta ciudad andaluza me he desplazado junto a Joaquín, un compañero de entrenamientos, con el que llevaba desde agosto preparando esta prueba. Aquí habíamos quedado también con Serrano para formar un grupo con un objetivo común.
En la feria del corredor con Martín Fiz
El objetivo era tratar de acercarnos a las tres horas y quince minutos. Yo tenía muy claro que para conseguir esa marca tenían que ponerse todas las circunstancias a nuestro favor; sin embargo cuando llegamos al estadio Ciudad de Málaga vimos que soplaba un viento de poniente con bastante fuerza. Esto obligaba a cambiar la estrategia y tratar de buscar un grupo más numeroso en el que refugiarse. Además no parecía que fuese muy sencillo encontrar un grupo así con sólo 700 participantes.
El recorrido consiste en un circuito de dos vueltas, una pequeña de 15 km y otra más grande de 27. Casi todo el recorrido es junto al mar y lo peor de todo (lo pésimo me atrevería a decir) es que está abierto al tráfico en su mayor parte.
Nada más salir Joaquín se marchó de mi compañía porque se encontraba francamente bien. Serrano se mantenía un poco detrás.
Al final de la primera vuelta, que coincidía con el final de la maratón, vimos que el viento era muy fuerte y en contra. Obviamente todo el mundo pensó que el final se iba a hacer duro. Me llamó la atención que yendo en medio de un grupo de ocho o nueve personas, el viento en contra se hacía notar y mucho. Allí empecé a pensar que el alcanzar el objetivo me iba a costar lo suyo.
Pasado el km 15, el grupo en el que iba acoplado aceleró y tuve que elegir entre ir en un grupo a un ritmo más rápido del previsto o seguir a mi ritmo aunque me quedase solo. Elegí la segunda opción.
No llegué a ir solo del todo porque la que a la postre fue cuarta clasificada estuvo bastantes kilómetros conmigo. En compañía de esta chica pasé la media en 1h35, más o menos lo previsto. Iba francamente bien haciendo kilómetros a 4:32 ó 4:33; no obstante sabía que esto no significaba nada porque quedaba la mitad más complicada.
Cerca del 24 estaba mi familia, cuyos ánimos (y medio plátano) me vinieron de maravilla.
Muy cerca del km 24
Poco después empecé a ver la camiseta naranja de Joaquín que parecía ir perdiendo posiciones. Sobre el 27 le di alcance y me comentó que iba fatal, con dolores en la tripa que pensaba le iban a obligar a parar. Enseguida se quedó atrás, poco antes de llegar al punto más al este del recorrido, en el 29, donde volvemos hacia el punto de partida que es también la meta. En el 30 mi cronómetro marcaba 2h17 y pensé que ya casi seguro las tres horas y cuarto se marchaban porque ya iba algo más lento esos kilómetros, aunque no iba nada mal del todo.
Pasado el 34 el recorrido se aleja del mar y se interna en el centro histórico de Málaga. Mi compañera de aventuras pisó el acelerador y se marchó a toda pastilla. Me quedé más solo que la una pero el ritmo seguía siendo aceptable, sobre 4:45 y seguía adelantando corredores. Todavía controlaba la situación.
Para mi desgracia, llegado al 38 empecé a sufrir viento frontal, como en la primera vuelta, pero ahora no había grupeto donde refugiarse. El fuerte viento, unido al cansancio acumulado, hicieron que esos últimos kilómetros fueran realmente duros. Desde la media hasta ese punto había ido pasando corredores, pero ahora la tendencia se había invertido. Pienso que lo he pasado peor que en las cuestas finales de Mapoma.
Al llegar al 41, sólo quedaba el kilómetro de gloria, pero al contrario que en Madrid que se hace en El Retiro, rodeado de gente que te anima, aquí la animación es escasa y no deja de ser un kilómetro duro más. No sé muy bien de donde, pero saqué unas poquitas fuerzas de flaqueza y aceleré un poquillo, presentándome en la meta con un tiempo oficial neto de 3:18:29, en el puesto 110 de la general y 16 de mi categoría. Contento porque he conseguido una nueva MMP, pero algo triste por haberme alejado del objetivo previsto. Otra vez será, pero me parece que no en Málaga porque no me ha gustado nada que el circuito estuviese abierto al tráfico. Eso sí, si se obvia este «pequeño» detalle, la organización estuvo francamente bien. Sobre todo me parece destacable la cantidad de fruta que había en los puestos de avituallamiento y la cantidad de éstos que había.
Llegando a meta
Serrano llegó poco después, haciendo una mejor marca personal de 3h20. Joaquín pasó las de Caín y se tuvo que conformar con 3h39, dice que pinchó las cuatro ruedas.