¡Ha llovido!

Ayer llovió sobre Madrid después de bastantes meses sin hacerlo. Me dio un poco de pena por mis zapatillas recién lavadas, pero una gran alegría porque ya era necesario, muy necesario. Además como durante el entrenamiento no llovía, daba gusto correr por terreno tan blandito, una delicia para las articulaciones.

Como el domingo toca carrera, nos hemos tomado con bastante calma el entrenamiento, nada de ritmo umbral ni cosas semejantes. Tranquilos, tranquilos y el domingo a darlo todo.

Hemos completado las dos vueltas a Pradolongo a ritmo tranquilo, totalizando los 10 km en 53:20 @ 5:20/km.

Impolutas

El domingo, después de la tirada larga, eché las zapatillas a un barreño con agua para limpiarlas, nada de lavadora. Es curioso que no ha pasado ni un mes y tenía las zapatillas como si hubiese corrido una temporada de cross con ellas. Y es que estaban todos los caminos llenos de polvo.

Hoy me las he puesto y estaban impolutas, parecía que las acababa de sacar de la caja, recién llegadas de UK. Cualquiera que lea esta entrada se va a pensar que nunca lavo las zapatillas, pero no es así, suelo hacerlo de vez en cuando, pero esta vez ha sido muy pronto.

Ha sido lavarlas el domingo y el lunes se pone a llover, por lo que pensaba que hoy iba a estar el parque embarrado, pero no lo estaba, la tierra estaba demasiado sedienta y no había ni un charco. De hecho, el terreno estaba muy agradable de pisar porque aunque estaba blandito, no te hundías.

Solemos hacer una primera vuelta muy tranquilos, pero hoy no lo ha sido tanto, ya andábamos inquietos. En la segunda vuelta ha empezado Emilio II a tirar y al final todos a cuchillo. Menos mal que Joaquín, en un momento de sensatez, ha dicho que mejor dejábamos las prisas para el domingo, que hoy no era el día. En esos momentos íbamos a un ritmo de 3:50. Entonces hemos bajado un poco la velocidad y aún así esa segunda vuelta la hemos hecho en 21:30 @ 4:29.

Después hemos hecho un poco más hasta completar 13 km en un tiempo de 1:08:17 @ 5:15/km.

Dos horas y media

Hoy he salido con la idea en la cabeza de hacer dos horas y media de carrera continua aunque a ritmo fácil, como manda toda tirada larga. Lo normal es ir contando los kilómetros recorridos, en vez de ir contando minutos, pero por hacer algo diferente, hoy he cambiado. Bien es verdad que tenía más o menos claro que la distancia estaría entre 28 y 29 km. Sin duda ésta ha sido la primera tirada extralarga de cara a la maratón invernal.

He comenzado bajando al Parque Lineal y en los primeros kilómetros me encontraba fatal, muy cansado, no había recuperado las piernas todavía del entreno de ayer. Han tenido que pasar cinco o seis kilómetros para que me sintiera algo más cómodo. Desde casa hasta el final del circuito y vuelta al punto de partida, hacen unos 16 km. En ese punto llevaba 1h24 y había corrido en compañía. Ahora me quedaba solo y todavía quedaba más de una hora de diversión.

Para continuar, he ido a Parque Sur y he empezado a dar vueltas para tratar de alcanzar la meta establecida. Y lo he calculado (pura casualidad más bien) casi al milímetro, porque cuando he completado las dos horas y media, quedaba muy poco para acabar la tercera vuelta en ese parque.

Cierto es que ya tenía ganas de terminar, porque se hace larga la tiradita, pero al ritmo que iba podía haber seguido quemando kilómetros y kilómetros porque aparte de la cabeza que me decía que parara, las piernas estaban igual de bien (o de mal) que al principio, aunque los pies sí estaban algo machacados.

En total, en esas dos horas y media he completado 28,7 km a un ritmo de 5:13. Pienso que ha sido un entrenamiento bueno y de los que preparan bien las patas y la mente para una jornada de tantísimos kilómetros como una maratón.

Ayer acabé algo tocado del tendón de Aquiles derecho, por lo que hoy he salido con las medias largas. He podido correr perfectamente con ellas, pero la molestia está ahí, veremos si aguanta lo necesario con buenas sesiones de estiramiento, hielo y un poco de crema antiinflamatoria.

De momento, la semana de más kilometraje en la preparación de esta maratón: 74 km y seis horas y cuarto corriendo.

Se me hacen eternos

Hoy, como muchos sábados, tocaba hacer kilómetros a ritmo de maratón. Como la semana pasada hice once kilómetros, hoy tenía pensado hacer uno más. Hay que ir poco a poco. Para tratar de mantener un ritmo más o menos constante, suelo hacer estas kilometradas junto al río, en el Parque Lineal. Los primeros tres kilómetros, hasta llegar al parque sirven de calentamiento y luego allí, empiezo a acelerar hasta ponerme al ritmo adecuado, que en mi caso es 4:27, aunque me conformo con ir por debajo de 4:30.

El caso es que se me hicieron largos los 12 km que hice a ritmo de maratón, parecía que no llegaba nunca al final. Además cuando ya a la vuelta se acaba el parque y hay que volver hacia atrás, se hace aún más duro. Pero bueno, no es un entrenamiento de paseo, hay que esforzarse. Después, viendo el ritmo llevado durante esos kilómetros y haciendo la media, resulta que lo clavé. Los 12 km salieron a 4:27, mayor precisión imposible.

Sin embargo, el entrenamiento no fueron sólo los 12 km a ritmo de maratón. También hice 3 km de calentamiento y un par de millas de enfriamiento, por lo que totalicé 18,2 km en un tiempo 1:27:12 @ 4:46 y he acabado con las piernas cansaditas. Ya veremos mañana si puedo con el entrenamiento, que es bastante largo.

Anoche estuve de cena y sospechaba que se iba a notar en el peso. La báscula marcaba 67,7 kg, cien gramos menos que la semana pasada, así que hay que estar contento. Después del entrenamiento, volví a pesarme y había perdido 1,2 kg. Una buena sudada, sin duda.

Mi héroe

En el mundo del deporte, como todo en esta vida, cada uno tiene sus héroes. Para algunos es Usain Bolt, el hombre más rápido del mundo. Para otros, más fondistas, será Heile Gebrselassie, uno de los mejores fondistas de todos los tiempos o quizás sea Patrick Makau, actual poseedor del récord de maratón con nada menos que 2:03:38; sin embargo, mi héroe se llama Fauja Sigh, la primera persona que con 100 años de edad ha acabado una maratón. Esta hazaña ha sucedido en la maratón de Toronto el pasado 16 de octubre.

Fauja Singh
Fauja Sigh después de traspasar la línea de meta

Según parece, el atleta indio, aunque residente en Londres, empezó a correr hace 11 años, después de la muerte de su esposa, y en Canadá completó su octava maratón. Además, posee el récord británico en la categoría senior de distintas distancias como 400, 800 y 3 mil metros.

Me gusta su filosofía: «El secreto de una larga y saludable vida es vivir sin tensiones, estar agradecido con lo que tienes, evitar a gente negativa, sonreír y seguir corriendo. Ser feliz«.

Siempre he pensado que correr no es hacerlo más rápido que nadie, ni participar en muchas carreras. Correr es estar en movimiento desde el primer día hasta el último. Por eso siempre he envidiado a aquellos corredores de edad avanzada que siguen y siguen corriendo. Sin ir más lejos, mi compañero de entrenamientos Emilio, con casi 66 años, es todo un portento, un espejo donde mirarse. Todavía es capaz de correr maratones en cerca de tres horas y media o terminar los 100 km de la Madrid-Segovia hace poco más de un mes.

Otro ejemplo a seguir puede ser el madrileño Germán Fernández González, atleta de 76 años que sigue participando en carreras populares. En la última carrera en la que estuve pude ver como llegaba a meta en una hora y unos segundos. ¿Dónde tengo que firmar para poder correr a un ritmo de 6 min/km cuando pasen treinta años?

Por lo demás, yo sigo a lo mío, quemando kilómetros de cara a la maratón. Esta semana es de las más largas y hoy han caído 15 kilómetros. Algo más de tres vueltas a Pradolongo, en la que la primera ha sido de calentamiento, la segunda pretendía ser a umbral y la tercera de enfriamiento, aunque no precisamente a ritmo lento.

Por desgracia, los kilómetros a umbral no han salido como debieran. El ritmo umbral objetivo era 4:11, pero me han salido un poco más lentos de lo debido: 4:16, 4:15, 4:16, 4:16 y 4:12. Siempre digo que Jack Daniels es demasiado exigente…

Indignado

Ahora mola eso de decir que uno está indignado. Pues así estoy yo (sin exagerar ¡eh!) después de enterarme que en la carrera de Aranjuez hay que ir el viernes o el sábado a recoger el dorsal y el chip para la carrera del domingo.

Aranjuez es una carrera que conocí en 1996. Es una carrera preciosa, en un entorno maravilloso, tanto que desde entonces, he participado trece veces y en todas y cada una de ellas me he quedado a comer en la localidad con los amigos y la familia. No lo puedo negar, es una carrera a la que tengo especial cariño; sin embargo, el detalle de hacer que los corredores tengan que ir un día antes me parece fuera de lugar, es un auténtico despropósito y por ahí no voy a pasar. Habrá que buscar una alternativa para ese día, que hay bastantes carreras. Quizás el hecho de no correr Aranjuez me lleve a conocer carreras incluso más bonitas.

Os ruego, por favor, a aquellos que me leáis ¡¡¡no vayáis a Aranjuez!!!

Recuerdos de la carrera de Aranjuez
Recuerdos de tiempos pretéritos de la carrera de Aranjuez que aún conservo

Ahora que releo las líneas que he escrito, me doy cuenta que un discurso parecido (aunque por otros motivos) lo tuve sobre la San Silvestre vallecana y desde entonces no ha hecho más que crecer, así que auguro larga vida a la carrera de Aranjuez 😉

Y si la participación en las carreras crece, en nuestros entrenamientos baja. Entre bailes y enfermedades, ayer sólo estábamos Joaquín y un servidor en el punto de encuentro, aunque al poco se nos unió Enrique, que no Quique, y luego apareció Emilio II.

Fue un día de entrenamiento ligero con unos kilometrillos a ritmo de maratón. Quise hacer algún kilómetro más de la cuenta para tratar de hacer una buena kilometrada semanal, por lo que completé 12 km en 1:01:28 @ 5:07. El jueves, alguno más y el fin de semana, a desgastar zapatillas.

Ya se nota mucho que los días son mucho más cortos. En la segunda vuelta, se nos hizo de noche. Y dentro de dos semanas, cuando cambien la hora, de noche desde el primer metro.

Dedo machacado

Tengo el dedo gordo del pie derecho machacado. Los 27 km del otro día me dejaron la uña más negra que el carbón. Sobre todo me duele cuando ando, debe ser por los zapatos, pero afortunadamente cuando corro no me molesta demasiado.

Hoy he salido acompañando a una amiga, pero sólo hasta el tercer kilómetro donde he empezado a acelerar hasta ir un poco por debajo de 4:30 que según JD es mi ritmo de maratón. Y la verdad es que he cumplido el plan previsto bastante bien, yendo un poco por debajo de 4:30 durante casi todos los 11 km (la media ha sido de 4:27/km).

Siempre que hago este entrenamiento me asaltan las dudas de si podré mantener este ritmo durante 42 km. Y siempre llego a la misma conclusión: imposible.

Después de 3 km de calentamiento y 11 a ritmo de maratón, 3,6 km de enfriamiento, por lo que he totalizado 17,6 km en 1:25:38 @ 4:52/km.

Creo que si no lo he batido, me he quedado cerca de mi récord de camiseta sudada. Excepto algunos centímetros cuadrados secos en los laterales, todo lo demás absolutamente empapado. No es raro que sude tanto, la temperatura sigue siendo absolutamente veraniega en Madrid.

Ayer sábado, como todas las semanas tocaba pesada. La báscula marcaba 67,2 kg, pero este peso no es comparable al de otras semanas porque había corrido el viernes. Así que hoy he vuelto a subirme a la báscula y marcaba 67,8 kg. Tampoco me vale, ayer fue un día algo desordenado en las comidas, aunque habrá que tomarlo como referencia.

Viernes noche

Siempre se asocia la noche del viernes a fiesta, a celebración. Y doy fe que había mucha gente de juerga, dándole al botellón, en Parque Sur. Imagino pensarían donde va este cretino corriendo a estas horas pudiendo estar tumbado en el césped ingeriendo alcohol a arrobas.

Pero no había podido salir antes y me tocó empezar cuando ya no se veía, para ir acostumbrándome a correr a ciegas dentro ya de pocos días, cuando cambien la hora.

Como no veía un pimiento, al poco de empezar pisé una piedra y me hice daño en el tobillo izquierdo. Estuve dos o tres kilómetros con molestias, pensando en dejar el entreno, pero aumenté el ritmo y vi que aguantaba bien, por lo que olvidé la idea de abandonar y continué tratando de ir por zonas iluminadas, aunque era bastante difícil.

Lleva bastante tiempo sin llover por Madrid y no sólo se nota en la contaminación, sino también en la polvareda que se forma cuando se junta un grupo de gente a pegar patadas a un balón.

Hoy he corrido escuchando música. Llevo un porrón de años corriendo y se pueden contar con los dedos de una mano las veces que he llevado música encima. No me llega a convencer el asunto, prefiero ir escuchando los distintos sonidos que suceden a mi alrededor: el piar de los pájaros, las voces de los niños, el ruido de las zapatillas al golpear contra el suelo, mi respiración, etc. Múltiples sonidos que quedan enmascarados por el sonido de la música en las orejas.

Al final, incluso con la falta de luz y el polvo, conseguí realizar 10,6 km en 54:13 @ 5:07/km.

Montones de doses

Con esta fiesta a mediados de semana, el entrenamiento está siendo distinto. Ayer martes no salí y hoy hemos quedado un grupito para hacer una buena tirada larga: Emilio, Joaquín, Paco y un servidor. Al principio también hemos sido acompañados por una amiga, pero ésta no ha hecho el recorrido completo.

Con la idea de hacer cerca de 30 km, hemos salido hacia el Parque Lineal, hemos hecho el circuito y en vez de volver hacia el inicio, hemos cruzado el puente hacia Madrid Río, donde a esas tempranas horas de la mañana todavía se podía correr bien, hasta el puente del rey y desde allí vuelta hasta el parque de Pradolongo, totalizando 27 km, que no son 30, pero casi. A la vuelta del puente del rey, Emilio nos ha demostrado por qué sigue siendo un crack. Íbamos todo el rato a un ritmo cercano a 5:20 y llegado al kilómetro 20 Emilio se ha puesto en cabeza y ha empezado uno de sus festivales: 4:58, 4:38, 4:35 y 4:31. Y la cosa ha parado ahí porque se ha acabado el carril y hemos tenido que cruzar un par de puentes que nos ha roto el ritmo. Impresionante lo de este hombre a un mes de cumplir 66 tacos.

El título de la entrada venía porque he completado los 27 km en un tiempo de 2:22:22, que si lo llego a hacer aposta, no lo consigo ni en broma. La verdad es que queda bonito, además el dos es un número que me encanta. Al acabar tenía las piernas machacadas, se nota que han sido muchos kilómetros en pocos días.

Resulta raro realizar dos tiradas largas consecutivas, espero que no me pase factura, aunque de momento, ya he conseguido que la uña del dedo gordo del pie derecho se haya tornado de un color violáceo. Ya en la carrera de Torrijos acabé con dolor en ese dedo, que se complicó con una de las salidas largas donde tuve que hacer un poco la cabra y este recorrido por tanto terreno duro, ha acabado de fastidiar la uña del todo. En unas semanas, adiós uña.

Resumiendo, una muy grata jornada, muy bien acompañado, en los que los kilómetros iban pasando sin darme cuenta. Desde luego es una magnífica idea hacer las tiradas largas con algún compañero.

Parece que lo de los doses ha sido un presagio…

Dorsal 22
Dorsal 22

Caminos polvorientos

Seguimos aumentando la distancia dominical. Hoy tocaban 26 km. No he querido aumentar mucho más, porque la semana pasada no fue un entrenamiento muy eficaz, debido a que me encontraba algo débil. Bueno, quizás sí fue eficaz, quien sabe.

Me acosté tarde, así que hoy no he madrugado. Minutos después de las once comenzaba el entrenamiento y al entrar en el Parque Lineal me he encontrado con un chico que me preguntaba sobre el circuito de este parque. Estuvimos charlando y me comentó que era canario, de Las Palmas, que estaba entrenando para la maratón nocturna de Bilbao y que se llamaba Javier. Encantado de conocerte, que tengas mucha suerte en tu inminente maratón. Hicimos juntos toda la margen derecha del río y un poco de la izquierda, hasta donde está cortado el circuito. Allí nos despedimos porque a mí me quedaban todavía 18 km por hacer y él tenía que volverse. El hombre estaba asombrado del sitio, decía que no se esperaba que hubiese estas maravillas para entrenar en la ciudad de Madrid.

Ya en solitario, abandoné el Parque Lineal, crucé la vía del AVE y seguí por el Camino de los Aceiteros, rumbo a la Cañada Real. Poco antes de llegar a este lugar se cumplió el kilómetro trece, por lo que volví mis pasos por donde había venido. Aproveché la vuelta para ingerir el gel que había llevado con ese propósito. Parece que me sentó mejor que el domingo pasado porque no me molestó el estómago, pero sí me produjo algo de gases.

En el kilómetro 17 recogí la botella de agua que había dejado a la ida y traguito a traguito volví al parque, atravesé éste hasta la fuente y allí paré a reponer líquido. Ya sólo quedaban tres kilómetros y una buena cuesta, pero al contrario que el pasado domingo, me encontraba bien, algo cansado, pero bien y terminé con energía esos últimos kilómetros. Un entrenamiento largo menos para la maratón.

Excepto los kilómetros que fui con Javier, que marché sobre 5:00/km, el resto he ido algo más despacio, sobre 5:10 y las sensaciones han sido buenas. Por supuesto que he llegado cansado a casa, pero no absolutamente derrotado como la semana pasada. Parece que voy a asimilando mejor las tiradas largas, aunque al final iba contando los kilómetros que quedaban. Lo dicho, fueron 26 km en un tiempo de 2:13:28 @ 5:08/km, quizás pelín deprisa, tenía que haber estado más cerca de 5:15. Ya empiezo a acercarme a esa barrera, que algunos dicen infranqueable, de las dos horas y media de entrenamiento.