Parc du Cinquantenaire

No sé si es algo de vicio o es que me gusta coleccionar carreras por los parques o es que simplemente debo entrenar con regularidad. El caso es que voy a pasar cuatro días en Bruselas y como sólo había entrenado el martes, no era cuestión de pasar toda la semana con un único entrenamiento, así que me llevé las zapatillas.

Antes de ir a la capital de Bélgica estuve mirando sitios de interés que visitar y, por supuesto, sitios donde se puede correr en la ciudad. Y uno de los sitios que aconsejaban es el Parque del Cincuentenario o como dicen los franceses el Parc du Cinquantenaire o para rizar el rizo, en neerlandés, el Jubelpark.

Es un parque conmemorativo de la independencia de este país y consta de una zona verde con árboles, césped y en uno de los laterales del parque, en la zona norte, hay campos de fútbol y distintos artilugios para hacer ejercicio. Además en la parte sureste se encuentran un bonito edificio en forma de U donde se puede divisar en el centro una cuadriga parecida a la que se puede ver en la Puerta de Brandemburgo en Berlín.

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Edificio en el Parque del Cincuentenario

Desde el punto de vista de un corredor, es un parque no excesivamente grande, ya que sólo ocupa 30 hectáreas, y para hacer kilómetros tienes que dar unas cuantas vueltas para acá y para allá.

Hice unas cuantas más o menos por el perímetro, unas en sentido horario, otras al revés; unas yendo de norte a sur, otras en diagonal. La verdad es que acabé un poco harto de dar vueltas y eso que para llegar hasta allí desde el hotel donde estoy hospedado hay que hacer unos cuantos kilómetros y otros tantos de vuelta.

Además para llegar hasta allí hay que patearse unas cuantas aceras y unas cuantas calles y casi todas empedradas. No me extraña que los ciclistas belgas dominen las clásicas de adoquines.

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Calles adoquinadas en Bruselas

Al final no calculé bien la distancia o di más vueltas de la cuenta y acabé haciendo algo más de 11 km en un tiempo de 58:23 @ 5:14 min/km.

Ahora toca coger ritmo otra vez

Después de un verano un tanto irregular, ya va siendo hora de coger ritmo otra vez y eso implica, primero, entrenar de manera constante y segundo, hacer algún día de ritmo vivo. No hablemos de series que me pongo malo.

Hoy he salido más tarde de lo habitual y los compañeros ya estaba terminando, así que me ha tocado entrenar solo. Tampoco pasa nada, he entrenado solo durante muchos años y he sobrevivido hasta ahora 😉

Salí a buen ritmo desde el principio y la primera vuelta fue rápida. En el primer kilómetro de la segunda vuelta apreté un poco más y luego traté de hacer los 3,6 km a un ritmo de 4:30, buscando el ritmo umbral que debería corresponderme a estos momentos de la temporada.

Salieron esos kilómetros a un ritmo de 4:30, 4:29, 4:30 y 4:24. Bastante bien, muy ajustado. Quizás es que esos 4:30 no sean el ritmo umbral, teniendo que en cuenta que estábamos a 27 grados. Habrá que seguir buscando.

En total fueron 9,6 km en un tiempo de 47:12 @ 4:52 min/km.

Hablaba yo de reencuentro

Hablaba en la entrada del entrenamiento anterior del reencuentro con los compañeros, pero hoy sí ha sido el día del reencuentro de verdad, ya que nos hemos dado cita nueve pradolongueros en el punto de encuentro habitual. Y no exagero, que hay constancia gráfica del encuentro.

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No han salido muy enfocados los pradolongueros, pero mi nariz, perfecta

Salimos todos juntos, pero enseguida se hicieron dos grupos. Uno más numeroso que fue hacia el Parque Lineal y otro más pequeño que se quedó en Pradolongo. Yo estuve con los primeros que fuimos hacia el río.

No tenía pensado correr hoy, ya que lo había hecho ayer, pero por ver a los compañeros hice lo posible por acercarme. Pero de todas formas, prefería ir tranquilo porque notaba los tendones de aquiles muy tirantes, como siempre me ocurre cuando corro dos día seguidos.

Salimos despacio y tan tranquilos íbamos, que hicimos los cinco kilómetros de ida a un ritmo de 5:54 min/km. Luego apreté un poco los dos siguientes kilómetros, pero aflojé posteriormente, no era cuestión de lesionarse.

Hicimos 10 km en un tiempo de 55:38 @ 5:34 min/km.

El ilustre vecino de Villatripas de Abajo

El día 12 de julio falleció el gran Javier Krahe. Descanse en paz este ilustre vecino de Villatripas de Abajo. Ha sido, sin ninguna duda, un gran mazazo para todos sus seguidores, entre los que me incluyo. El único consuelo que me queda es poder aspirar el aroma de las flores que saldrán por su cabeza. Aunque me parece que ni eso, porque según he leído ha sido incinerado… hasta en eso ha sido irreverente.

Tendría unos catorce años cuando escuché por primera vez la canción de Marieta. Esa voz tan poco convencional y ese sonido de trompetillas me llamaron la atención en aquel entonces, pero ni sospechaba que su autor se llamaba Javier Krahe ni que con el tiempo se convertiría en mi cantautor preferido.

Mi siguiente recuerdo fue aquel genial disco conocido como La Mandrágora, donde estaba Krahe bien acompañado por Alberto Pérez y Joaquín Sabina. Al escucharlo pensé, ¿a quién se le puede haber ocurrido hacer una canción tan extraordinaria como La hoguera? Obviamente, a un genio como Javier Krahe, ese señor calvo que canta.

De antes de La Mandrágora data su primer disco, Valle de lágrimas, aunque yo lo conocí después. Allí aparecían canciones que conocía del disco en directo, pero había otras nuevas realmente geniales como ¿Dónde se habrá metido esa mujer?, El tío Marcial o La oveja negra. Desde entonces me enamoré de este artista y de sus letras ingeniosas y sarcásticas.

Era Sabina en aquel entonces también santo de mi devoción. Recuerdo ver en la tele el concierto de Joaquín Sabina y como me sorprendió la censura de la crítica canción Cuervo ingenuo. Creo que como siempre, esa censura consiguió hacer más grande a ese indio tan ingenuo.

El segundo disco, Aparejo de Fortuna, comienza con la canción Once años antes. Una canción quizás algo desconcertante si no se conoce a otro genio del siglo veinte: don Luis Buñuel. Un precioso tributo a este grandísimo director de cine. Hay otras canciones que también rayan la genialidad como Ciencias ocultas o una de las que más me gustan de todas las suyas: Los caminos del señor.

Bueno, no voy a seguir aquí detallando cada uno de sus discos. Decir que tuve la suerte de ver una actuación suya en directo en la sala Galileo Galilei hace ya bastantes años y me confirmó lo bueno que yo pensaba de él.

Ojalá siguiese todavía deleitándonos…

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De reencuentro

Una semana después de volver de las vacaciones era el momento de reencontrarme con mis compañeros pradolongueros, aunque muchos de ellos los sábados aprovechan para ir a la Casa de Campo; sin embargo Joaquín y Miguel tenían intenciones de acompañarme.

Por desgracia, Miguel ha tenido que desistir al haber pasado una mala noche, así que sólo hemos corrido Joaquín y un servidor.

El sábado suele ser el día que aprovechamos para bajar al río, para cambiar un poco la rutina del parque Pradolongo y eso es lo que hemos hecho. Salida desde el punto de encuentro habitual hasta el segundo puente y vuelta por donde habíamos venido, totalizando 11,3 km en 58:55 @ 5:10 min/km.

Comentaba Joaquín que se encuentra muy bien de forma, ya que ha estado entrenando todo el verano. Hoy, sin embargo, no hemos ido deprisa porque él había corrido ayer y estaba algo cansado. Ya habrá días y días para hacer entrenamientos a cuchillo.

Hoy marcaba la báscula 70,8 kg lo cual es una buena señal y esperemos sea el comienzo de una bajada imparable hasta los 67 por lo menos.

Algo he mejorado

El entrenamiento del lunes fue un completo desastre, pero parece que hoy se me ha dado algo mejor. Para empezar, la molestia en la rodilla ya era casi inexistente y el dolor en los riñones había remitido bastante y aunque había subido algo la temperatura (27 grados) ya era tarde y el cielo estaba cubierto. Había buenas condiciones para la práctica de correr.

Igual que el otro día fui a Parque Sur. En un principio con la idea de hacer cuatro vueltas o lo que es lo mismo, 12 km, pero al salir de casa me encontré con Antonio y Andrés y estuve charlando con ellos por lo que comencé a correr a las 8:20 y se me iba a hacer de noche si hacía esos doce kilómetros. Así que reduje a 10 km el objetivo inicial.

Tenía intenciones de ir aumentando el ritmo vuelta a vuelta. La primera a 5:15, la segunda a 5:00, la tercera a 4:45 y el último kilómetro a tope. Y no conseguí llevar el ritmo en ningún momento, ya que en la primera hice los kilómetros a 5:08, 5:09 y 5:07. Demasiado rápido.

En la segunda vuelta hice los kilómetros a 4:52, 4:53 y 4:46, también demasiado rápido. Y la tercera vuelta fue la más regular ya que los hice a 4:39, 4:47 y 4:44. Para terminar, el último kilómetro, que es cuesta arriba, lo hice en 4:36, un poco cansado ya de los kilómetros anteriores, por lo que tampoco estuvo mal.

Lo mejor de todo es que la rodilla casi no me molestó durante el entrenamiento y parece que el dolor de los riñones me permitió correr sin problemas. Hice los 10 km en un tiempo de 48:42 @ 4:52 min/km. La verdad sea dicha, acabé bastante satisfecho de este entreno.

Me extrañó, bueno ya no me sorprende ver estas cosas, a dos individuos abrigados hasta las orejas, estando la temperatura próxima a los treinta grados. Parece mentira que con la cantidad de información que existe actualmente todavía haya gente que piense que sudar adelgaza. Como leí el otro día: si los tontos volaran, en España estaríamos siempre a la sombra.

¡Qué desastre chico!

Se me ha ocurrido salir a correr después de haber estado ayer con la bici. Tenía que aprovechar mi último día de vacaciones para salir por la mañana, pero no ha sido una buena idea. Llevo unos días con molestias en los riñones y ayer me hice daño en la rodilla, así que iba fatal, fatal. Casi no podía ir derecho por las molestias en los riñones y me molestaba tanto la rodilla que iba casi renqueante. Y no sé si era por una cosa o por otra o por las dos, el caso es que iba corriendo fatal e incluso me daba con las zapatillas en los gemelos, como si no supiera correr.

Salí por Parque Sur con la idea de hacer tres vueltas, es decir, nueve kilómetros; sin embargo, iba tan mal que sobre la marcha estaba decidido a hacer sólo dos vueltas. Afortunadamente, empecé a ir un poco mejor y completé las tres vueltas inicialmente previstas. La temperatura era muy buena, sobre los veinte grados, por lo que obviando los problemas físicos, resultaba agradable correr.

Espero que las molestias en la rodilla vayan remitiendo poco a poco, ya veremos en el próximo entrenamiento. Hice 9 km en un tiempo de 47:45 a un ritmo de 5:18 min/km, haciendo el último kilómetro, en terreno favorable, a un ritmo de 4:39, lo que indica que al final había mejorado un poco mi manera de correr.

Antes de salir a correr me subí a la báscula, que llevaba mucho tiempo sin pesarme, y no estuvo mal lo que vi. Marcaba 71 kg que después de haber estado parado dos semanas y otras dos de vacaciones se puede dar por bueno. De todas formas, es urgente bajar de 70 kg, que es un peso que no debería sobrepasar de ninguna manera.

Se han venido los alisios con nosotros

Durante las vacaciones, una de las cosas que menos ha gustado entre la concurrencia ha sido la presencia casi constante del viento. Según parece, en la parte nororiental de la isla de Tenerife la presencia de los vientos alisios es muy normal. Y la verdad, no sé si habrán sido los alisios o no, pero sí es cierto que no ha faltado viento durante las dos semanas.

Pensábamos que habíamos dejado atrás los vientos pero resulta que hoy se nos ha ocurrido salir en bici y hacía un viento realmente fuerte y, por lo tanto, desagradable y peligroso para ir en bici. Muy mala suerte la nuestra.

El caso es que teníamos ganas de montar un poco en bici después de tantos días y aunque hemos salido tarde, no nos ha parecido mal del todo porque se trataba de montar un poco, sin más pretensiones; sin embargo, durante el trayecto hacia San Martín nos íbamos arrepintiendo de la idea. Menos mal que esta localidad no está lejos, a unos 26 km de casa, y la parada en el San Marcos a desayunar es obligatoria. Así se mitiga un poco la sensación desagradable de ir remando y remando contra el viento, que hacía que cualquier repecho pareciese el Tourmalet.

Después del café y la tostada de rigor, de vuelta a Madrid esperando que el viento fuese favorable. Craso error, ya lo dice uno de los corolarios de la conocida ley de Murphy: cuando rodemos con el viento en contra, pensaremos que a la vuelta irá a nuestro favor; sin embargo, el viento cambiará de dirección para azotarnos la cara hasta llegar a casa.

Lo peor es que aunque no fueron muchos kilómetros, debido al viento el esfuerzo fue intenso y acabé con molestias en la rodilla izquierda. Aquella que me casqué años atrás con los primeros pedales automáticos que tuve… allá a finales de los ochenta.

Realizamos 52 km en un tiempo de 2h24 a una media espantosamente lenta de 21,7 km/h. Demasiado para el viento que hacía.

Entrenamientos vacacionales en Bajamar

Voy a resumir en esta entrada los entrenamientos que hice en Bajamar, Tenerife, durante mi estancia vacacional en esta localidad.

Lunes 10 de agosto. El día anterior había corrido el cross de Bajamar por lo que no tenía muchas intenciones de salir, pero un chaval conocido me animó a salir con él porque tenía un plan de entrenamiento de pretemporada futbolera. Así que no pude negarme y salí con él. Ese primer día de su segunda semana consistía en hacer treinta minutos de carrera continua. Curiosamente, ese día cuando estábamos dispuestos a salir estaba lloviendo a raudales, pero eso no importa a dos aguerridos corredores, así que salimos como si tal cosa. Así paso, que nos calamos hasta los huesos y además comprobamos que el terreno es duro de narices. No sé muy bien cómo, pero acabamos llegando a la Avda. del Club Náutico de Bajamar que es una cuesta larga pero dura. Ahí demostró que la juventud es un grado. Subió mi acompañante como si tal cosa mientras que yo iba echando los pulmones por la boca. Acabamos esa avenida y volvimos sobre nuestros pasos. Hicimos en esos treinta minutos unos 5,5 km @ 5:26 min/km. Aparte de mojarnos bastante, no tuve ningún problema con la picadura y notaba los tendones de aquiles que me tiraban un montón. Eso me pasa por salir dos días seguidos.

Miércoles 12 de agosto. Tocaba carrera continua de veinte minutos, cinco minutos andando y quince minutos corriendo de nuevo. Optamos por tirar hacia Punta del Hidalgo hasta completar esos veinte minutos. Allí nos volvimos andando esos cinco minutos y luego nos pusimos a correr. En total hicimos en esos cuarenta minutos 7 km clavaos @ 5:43 min/km. También este itinerario es duro, pero ya nos habíamos dado cuenta que daba igual ir para un sitio que para otro. Sólo hay subidas y bajadas vayas donde vayas. Así que resignación. Hoy me molestaban menos los aquiles.

Viernes 14 de agosto. Bajada caminando del Teide por el sendero siete, unos 9 km de bajada que se traducían en cuatro horas y media… nos dijeron. Subimos en el teleférico hasta la base del Teide, pero por desgracia no teníamos permiso para subir a la cumbre así que cambiamos el ascenso a la cumbre por la bajada por el sendero siete. No fue buena idea porque una buena parte del sendero es por pequeñas piedras rodadas por las que te resbalabas con una facilidad pasmosa. De hecho, una de las componentes del grupo se hizo un esguince al resbalarse. Eso sí, mereció la pena por el paisaje, verdaderamente espectacular.

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Vista de la cumbre del Teide desde donde llega el teleférico

El sendero siete llega hasta el punto kilométrico 40,5 de la TF-21. Desde allí había todavía un par de kilómetros hasta donde habíamos dejado el coche aparcado, parte de los cuales los hicimos trotando

Domingo 16 de agosto. Tercer día de su segunda semana de entrenamientos. Consistía en hacer dos tramos de veinte minutos de carrera continua metiendo entre tramo y tramo cinco minutos corriendo. Hicimos como el día anterior el camino hacia Punta del Hidalgo, sólo que llegamos algo más lejos. Fuimos bastante tranquilos a la ida, pero a la vuelta empezamos a dar a la zapatilla e hicimos un kilómetro en 4:44, otro en 4:33 y los últimos ochocientos metros, ya muy favorables, a 4:02. Al ser la vuelta tan rápida, llegamos al punto de salida ¡tres minutos antes! así que no completamos los cuarenta y cinco minutos previstos. De esta forma completamos 7,8 km en un tiempo de 42:04 @ 5:24 min/km. El chaval aguantó como un campeón y yo acabé bastante bien.

Con estos entrenamientos acabamos su segunda semana de pretemporada. No volvió a llovernos otra vez durante los entrenos, aunque sí lo hacía con cierta frecuencia. Lo mejor es que no hacía mucho calor, corría el viento y solía estar nublado, aunque hubiese bastante humedad. Fenomenal, porque los entrenamientos en Madrid de junio y julio han sido una auténtica tortura debido al intenso calor. E incluso, recuerdo el año pasado en Mojácar que o madrugabas o los entrenamientos eran bastante duros con la suma de calor y humedad.

Martes 18 de agosto. Carrera continua 1×10′ y 1×20′ y entre las series de carrera continua meter cinco salidas a sprint entre 20 y 30 metros al 80%. Planteamos hacer las salidas a sprint en la zona donde están situadas las piscinas de Bajamar, que es un terreno llano. Así, después de diez minutos por las calles de Bajamar fuimos al sitio señalado (que es por donde se meten los surfistas al mar) y vimos que hasta la tercera farola eran más o menos los treinta metros… muy a groso modo. Hicimos cuatro series supuestamente al 80% y le propuse hacer la última hasta la cuarta farola a muerte. ¡Qué ochenta por ciento ni qué leches! Ahí me demostró el mozalbete que zumba de lo lindo, ya que en esos cincuenta metros me sacaría diez. Para hacer los veinte minutos que nos quedaban fuimos como siempre hacia Punta del Hidalgo, aunque, por supuesto, no llegamos. Nos dimos la vuelta en la Cafetería Melita. Hicimos 6 km con la carrera continua y las series.

Miércoles ‎19‎ de ‎agosto‎. Senderismo por el macizo de Anaga, todo de bajada como el otro día en el Teide. Según la wikipedia, el macizo de Anaga es una formación montañosa y región histórica del nordeste de la isla canaria de Tenerife, España. Es el lugar que cuenta con mayor cantidad de endemismos de Europa y fue nombrado Reserva de la Biosfera por la UNESCO el 9 de junio de 2015.

Habíamos planeado la salida desde el restaurante de la Cruz del Carmen. Allí nos acercaron en coche y cuando íbamos a comenzar la caminata vimos que había un grupo de atletas «traileros» que se disponían a realizar un entrenamiento conjunto. Estaban haciéndose la típica foto de grupo antes de salir. Y estaban a punto, porque cuando llevábamos recorridos doscientos metros nos adelantaron todos. Luego vimos subir a unos pocos. Imagino que el grueso del pelotón volverían por otro camino porque a esos no los vimos.

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Cartel indicando el camino a Bajamar desde la Cruz del Carmen

Hasta Bajamar son 10,5 km como indica el cartel y el paisaje es alucinante. Una verdadera maravilla. Según va bajando va cambiando y luego no es tan frondoso, pero merece la pena. Como curiosidad, decir que nos adelantaron unos tipos en bicicleta de descenso que se metieron por unas sendas que resultaba casi difícil pasar andando, no quiero ni imaginarme cómo pasarían con la bici.

Jueves 20 de agosto. Carrera continua 1×5′ y 1×20′ y entre las series de carrera continua meter ocho salidas a sprint entre 20 y 30 metros al 80%. Hicimos más o menos lo que el día anterior, pero me parecía que cinco minutos sólo antes de hacer unas salidas a sprint era poco, así que lo prolongué un minutos más, tampoco mucho, que el chaval decía que había que hacer únicamente los minutos que decía el plan. Esta vez no hicimos la última a muerte como el día anterior, sino que todas más o menos al mismo ritmo, ese 80% teórico. Hicimos en total 5,4 km este día.

Y de esta forma se acabaron las vacaciones veraniegas. El sábado 22 de vuelta ya estábamos de vuelta a Madrid después de dos semanas en tierras tinerfeñas.

Y para terminar, un tirito en las piscinas naturales de Garachico, mostrando cómo se clava la entrada en el agua.

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Clavando la entrada en el agua

VIII Cross de Bajamar

Resulta curioso, pero a veces parece que le siguen a uno las carreras. Vamos de vacaciones a Bajamar, Tenerife, aparcamos el coche para bajar las maletas y veo que hay unas señales de prohibido aparcar porque al día siguiente se va a celebrar el Cross de Bajamar. Y además puede uno apuntarse el mismo día de la carrera. ¿No es esto una invitación a participar?

Llevaba dos semanas sin correr por la picadura de un bicho y no tenía muy claro si iba a poder hacerlo, pero me levanté, probé a trotar y no me dolía más que si no trotase, así que no había ninguna excusa. No encuentra uno todos los días una carrera a cien metros de su residencia. De todas formas, la idea era tomarse la carrera con tranquilidad, que no estaba el horno para bollos.

Según pude ver por internet las carreras comenzaban a las diez de la mañana, por lo que a las nueve habíamos quedado para hacer la inscripción. Por hacerlo el mismo día costaba 4 €, sólo 1 € más que en plazo, así que nos apuntamos y nos dijeron que la carrera de los mayores empezaba a las doce. Así que, vuelta al apartamento.

Sobre las once y cuarto salimos hacia donde estaba situada la salida y meta de la prueba. Estuvimos estirando, calentando un poco y escuchando al speaker que nos decía cómo eran las vueltas que debíamos dar. Según ponía el cartel la carrera era de 6,3 km aunque decían que cada vuelta era de 2,8 km. Algo no cuadraba, pero eso era lo de menos.

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Esperando a que den la salida

No tenía reloj, así que imagino que darían la salida a la hora prevista. Se salía pegados al mar por un paseo marítimo y se continuaba por allí hasta donde acababa, que se daba la vuelta y se volvía sobre nuestros pasos para salir a las calles de Bajamar por una interesante rampa. Desde ahí hasta «las canchas» era todo cuesta arriba. Desde las canchas se volvía por el mismo camino hasta alcanzar la calle donde estaba instalada la meta que había que subir para luego bajar. Desde el arco de meta se bajaba por la rampa por donde habíamos salido para afrontar la segunda vuelta.

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Salida de la prueba junto al mar

Lo llaman cross aunque no se toca ni un poco de barro ni tierra en ningún momento. O bien vas por las piedras del pavimento del paseo marítimo o bien vas por las calles de Bajamar. Yo más bien lo llamaría, si acaso, cross urbano. Eso sí, cross o no cross, el caso es que la carrera es dura.

Después de dos semanas sin correr nada y algo temeroso de no poder hacerlo por la picadura, salí con la única intención de ir al ritmo que me pidiese el cuerpo… que no era nada del otro mundo. Así que sufría en las cuestas arriba -no mucho- y me soltaba en las cuestas abajo, tampoco mucho.

Y así fueron pasando los kilómetros que se me hicieron muy cortos. Tan cortos, que no me parecía que fuesen más de seis kilómetros como indicaban. De hecho, luego pude mirar el GPS de uno de los participantes y vi que ni cinco kilómetros tenía, ya que dicho aparato marcaba poco más de 4,8 km.

Apreté un poco en la última subida y en la última bajada para tratar de adelantar a un individuo que me había adelantado y lo conseguí, por lo que llegué a meta en una posición menos. Lo cual no tiene la menor importancia, pero por aquello de que parezca que está uno compitiendo. Lo realmente importante es que la picadura aunque todavía me sigue doliendo no me ha molestado más por el hecho de haber corrido ni he notado molestia alguna durante la carrera. Así que muy contento. El tiempo oficial según he visto en la web de la organización ha sido de 21:47.

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Entrando en meta

Después de entrar en meta: bebida isotónica, agua, sandía y plátano para recuperarse. Además de una bonita camiseta de algodón de un color azul bastante atractivo. Todo por 3 €, uno más si te apuntabas a última hora como hice yo.

Una carrera muy recomendable para aquellos corredores que vivan en Tenerife o como mucho, en alguna isla vecina.