¡Una milla!

Si fuese anglosajón, hoy sería un día clave, ya que he conseguido correr una milla… sin zapatillas. Pero como no lo soy, ya tuve la satisfacción hace unos días cuando hice el primer kilómetro.

Una milla supone poco más de dos vueltas al carril bici de Pradolongo, empiezo a tener complejo de ratón encerrado en una jaula, pero debo seguir utilizando el carril bici porque después corrí unos 200 metros sobre arena y se nota que es otra superficie y también se nota que tenía ya los pies un poco fastidiados. De hecho, creo que hoy ha sido el día que he acabado con las plantas más doloridas, con una pequeña ampolla debajo del dedo gordo del pie derecho y como una pequeña quemadura en la planta del mismo pie.

Imaginaba que la transición iba a ser difícil. Después de cuarenta y seis años con los pies embutidos dentro de unos zapatillas, liberar los pies de sus ataduras iba a costar, sobre todo por el roce con el suelo. Pero me empieza a entrar la duda de si voy a ser capaz de hacerlo. No sé cuantas sesiones voy a tener que “sufrir” para que los pies se habitúen a estos menesteres. Ya veremos sin el plazo de tres meses que me he dado consigo poder correr sin morir en el intento.

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