V Pachanga de las aficiones

Aunque prometí el año pasado que no iba a volver a correr esta carrera, lo he vuelto a hacer. Parezco un político, prometiendo y no haciéndolo, pero como dije el otro día, quería aprovechar mi estado de forma para intentar bajar de cuarenta minutos una vez más.

Habíamos quedado cuatro pradolongueros a las 7:15 en la estación de Renfe de Orcasitas. Puntualmente nos juntamos allí los cuatro y en menos de media hora nos bajábamos en la estación de Nuevos Ministerios y antes de las ocho ya estábamos en las inmediaciones de la línea de salida. Lo primero fue una visita al váter y rápidamente a quitarnos la ropa y dejar la mochila en el guardarropa para que no me pasara lo del año pasado, que me tocó correr con la mochila. Pero antes de dejar los chismes, nos hicimos una foto los cuatro pradolongueros.

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Con los compañeros pradolongueros

La recogida de la ropa fue lenta, muy lenta. Había que meter las pertenencias en una bolsa de basura, te daban una pulsera con un número y el mismo número era pegado a la bolsa. Luego enhebraban con una cuerda todas las bolsas de basura una detrás de otra. Un curioso sistema muy bien pensado para perder el tiempo, porque además, aunque había bastantes camiones, hasta que no se llenaba uno, no empezaban con el otro, lo que provocaba atascos ya desde el primer minuto.

Después de entregar la ropa, para no quedarnos fríos, a Miguel se le ocurrió la genial idea de refugiarnos en un cajero automático. Allí estuvimos estirando y a las ocho y media fuimos a la puerta cero del estadio donde nos esperaba Iñaki. Con el que nos hicimos otra foto…

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Con los compañeros maratidianos

Después de la foto a calentar un poco antes de buscar un sitio en la salida. Y cuando faltaban diez minutos para el comienzo a buscar un hueco lo más cerca de la línea de salida. Casualidades de la vida, fui a meterme justo en el sitio donde estaba mi amigo y tocayo con el que corrí un montón de kilómetros en la media de Getafe de 2013.

Me comentó que iba a hacer sobre cuarenta minutos y me pareció mejor opción que ir con Quique y Miguel, ya que este último tenía intenciones de bajar de treinta y ocho minutos para poder correr la San Silvestre Vallecana internacional. Y yo, ni por asomo iba a poder seguir su ritmo, sobre todo viendo sus entrenamientos en el parque donde le habíamos visto fuerte, fuerte.

Poco antes de dar la salida sonó el himno del Madrid, que no fue muy coreado por los merengues; sin embargo, cuando sonó el himno colchonero, el carril donde estaban ubicados los indios comenzó a tronar con miles de gargantas siguiendo el himno. Una curiosa diferencia entre las dos aficiones. Ya podían aprovechar y hacer un derbi a tres bandas, incluyendo al Rayo Vallecano, que también es equipo de la capital y de primera.

Después de ese momento emocionante dieron la salida y me puse en marcha como alma que lleva el diablo. Quique y Miguel salieron más deprisa aún. Los veía alejarse metro a metro. Iban lanzados como cohetes a por su objetivo.

El primer kilómetro es casi todo cuesta arriba. Se sube por la Castellana hasta la plaza de Cuzco, allí se hace un giro de ciento ochenta grados y comienza la cuesta abajo. Al poco de empezar a bajar se pasa por el primer hito kilométrico. El cronómetro marcaba 4:09 que lo di por bueno ya que era el comienzo y cuesta arriba. Ya habría tiempo hasta Neptuno para mejorar los parciales. Y así fue, el segundo kilómetro ya hice 3:44 y el tercero en 3:50. En ese kilómetro pensé, «ya he compensado esos primeros nueve segundos que perdí con este tercero, y encima tengo un colchón de quince segundos. tengo que seguir tratando de moverme a esos ritmos».

El cuarto kilómetro fue mejor todavía, el cronómetro marcó 3:41 y era una gozada ir a esos ritmos impensables en un terreno llano… o cuesta arriba.

Antes de llegar a Colón uno de los corredores que iba delante de mí cayó al suelo cual largo era. Había un policía cerca y se aproximó para ver qué pasaba. Espero que fuese sólo el susto.

Ya en la plaza de Colón, alcancé a la tercera clasificada, que iba acompañada por una bicicleta de la organización indicando su posición. Al salir de la plaza, mientras adelantaba a esta chica, la que iba cuarta también la adelantó. Esta chica iba más deprisa y enseguida me sacó unos diez metros. Vi que junto a la chica y la bicicleta iba el amigo con el que había coincidido en la salida. Su gorra amarilla me iba marcando el ritmo. Yo trataba de que no me sacase demasiado.

Pasamos Cibeles y llegamos al avituallamiento. No vi el punto kilométrico cinco y bien que me alegro porque siempre suelo tener un bajón entre el cinco y el seis, así que pienso que lo pasé mejor así, aunque después del agua, se llega a Neptuno y ahí se dobla a la derecha para afrontar la cuesta de la Cueva de Alí Babá, más conocida como el Congreso de los diputados. Casi enfrente de los leones del congreso está situado el punto kilométrico seis. Ahí vi que estos dos últimos kilómetros los había hecho en 7:57. ¡Bien! No pasé de los ocho minutos.

La cuesta de la Carrera de San Jerónimo se hace bastante dura, a mí al menos me costó. Es quizás el tramo más duro porque está esta cuesta y luego también es hacia arriba desde Sol hasta la plaza de la Villa. Ahí se me fue el kilómetro a 4:14, pero lo di por bueno. El tramo más complicado y no demasiados segundos por encima de los cuatro.

Acaba Mayor y se llega a Bailén. Se pasa por San Francisco el Grande y hay otra pequeña cuesta para llegar a la Puerta de Toledo, pero es poca cosa, aunque por aquí ya no iba muy fino, por lo que me entraron los típicos pensamientos negativos: «¿qué hago yo aquí sufriendo como un perro?, ¿merece la pena pegarse esta paliza?». Lo típico. Aún así conseguí hacer 3:57 en ese kilómetro. Ya tenía claro que bajaba de cuarenta seguro… a no ser que ocurriese alguna desgracia.

Desde la Puerta de Toledo empieza la cuesta abajo más pronunciada de la carrera, que transcurre por el Paseo de Pontones. Hay que darlo todo para recuperar segundos en esa zona, pero sin dejarse todas las fuerzas que aún queda la fiesta final. Bajando Pontones se llega a una plaza por la que suele pasar la maratón de Madrid, la plaza de Francisco Morano. Ahí se gira a la izquierda y se baja por el Paseo Imperial donde está el kilómetro nueve. Ayudado por esa cuesta abajo hice ese kilómetro en 3:47. ¡Ya estaba la cosa hecha!

Se llega a Pirámides, se gira bruscamente a la derecha por Alejandro Dumas y al fondo ya se ve el Vicente Calderón, pero no se llega al estadio por Paseo Melancólicos, sino que se sigue por Alejandro Dumas y a unos trescientos metros de la llegada viene la fiesta final. Una cuesta de las que hace daño en las piernas, sobre todo por el desgaste que ya se lleva.

Antes de comenzar la cuesta ya había perdido a mi amigo de la gorra amarilla, pero la tercera clasificada no estaba demasiado lejos. Comenzamos la cuesta arriba y todavía me quedaba algo de fuerzas. Allí adelante a algunos que me precedían. La chica sufrió bastante en esa subida y también conseguí pasarla.

Al coronar la cuesta ya está todo hecho. De nuevo se llega al Paseo de Pontones y sólo hay que «tirarse» ya a la meta que está ahí mismo. Apreté todo lo que pude y paré el cronómetro cuando marcaba 39:13. ¡Increíble!, no sólo bajé de cuarenta minutos, sino que hice mejor marca personal. Parece que mi reloj marcó más de la cuenta, debió ser que lo paré demasiado tarde, el caso es que el tiempo oficial es tres segundos menos: 39:10

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Tiempos por kilómetro

Lo curioso es que no estoy muy contento con esta MMP, ya que aunque la carrera está homologada, el hecho de que muchos kilómetros sean cuesta abajo provoca que la marca no sea muy satisfactoria. Probablemente, en una carrera llana hubiese rondado los cuarenta segundo arriba, segundo abajo. Pero bueno, ahí queda anotado esta marca.

El que sí estaba contento, pero que muy contento, es mi compañero Miguel, el vallecano, que había conseguido su objetivo de bajar de los treinta y ocho minutos. Nada menos que 37:37 consiguió hacer. Tuvo incluso la osadía de llegar antes que Quique. Se ha ganado de pleno derecho poder participar en la San Silvestre Vallecana Internacional. ¡Enhorabuena!

Después de la carrera, fuimos al camión a retirar la bolsa. Un auténtico desastre. Nosotros que llegamos al camión no muy tarde, estuvimos más de diez minutos esperando porque el sistema de enhebrar una bolsa con otra es absolutamente improductivo. Para sacar una bolsa tienen que andar sacando todas las anteriores y la cosa se eterniza. Deberían pensar otro sistema porque este es claramente ineficaz.

Aunque es meramente anecdótico, decir que según la organización, ganaron los rojiblancos. Se supone que suman los tiempos de todos, pero no me extrañaría que lo hiciesen de tal forma que este año ganas tú, luego gana el otro. Vamos, tipo bipartidismo, que es lo que se lleva.

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Curioso diploma

Aprovecho para anotar el peso, según la rutina semanal. Aunque había conseguido bajar de los sesenta y ocho durante dos semanas, esta vez he vuelto a subir. Ayer la báscula marcaba 68,4 kg. Tengo que controlar, tengo que controlar, tengo que controlar, … Tendré que repetir este mantra una y otra vez cada vez que me siente a la mesa.

¡Menudo ladrillo me ha salido!

Con los dedos de una oreja

Ayer no salí a correr porque estuve de cumpleaños. Mi madre hizo 78 añitos. No está en su mejor momento, pero ya vendrán tiempos mejores. Seguro.

Como no salí ayer, decidí salir hoy. Como los viernes salgo antes, poco después de las cuatro de la tarde me puse en marcha.

Era un momento del día un poco asqueroso porque llovía y hacía un aire bastante desagradable. Tan feo estaba el día, que los corredores con los que me crucé en la primera vuelta se podían contar con los dedos de una oreja.

Después de la primera vuelta, cuando ya llevaba algo más de cuatro kilómetros y había dejado de llover, me crucé con el único corredor que vi durante el entreno. Bravo por él.

Cuando acabé la segunda vuelta el Garmin se apagó. La batería se terminó. Últimamente dura cada vez menos. Está llegando al final de su vida. Cosas de la absolescencia programada.

Como el domingo hay carrera, hoy me lo he tomado con tranquilidad, rodando a un ritmo de 5:20, poco más o menos.  Así he completado tres vueltas a Parque Sur haciendo nueve kilómetros en un tiempo indeterminado.

No he podido resistirme

El año pasado corrí la Pachanga de las Aficiones. Prometí que no volvería a correr esta carrera nunca más, ya que me tocó correr con la mochila a la espalda… pero no he podido resistirme a apuntarme este año ya que me veo muy bien de forma y pienso que quizás podría bajar de cuarenta minutos una vez más, ya que el perfil es favorable. Luego ya veremos a ver si no me llevo un chasco.

Hoy he salido a correr pero después del Oregón de ayer tenía la parte de atrás de los muslos, imagino que los isquiotibiales, con unas agujetas bárbaras. Entre las agujetas y el cansancio debido al circuito salí con intenciones de ir a un ritmo tranquilo. Joaquín no pensaba lo mismo y empezó a tirar desde el primer kilómetro, pero conseguí aguantarme y seguí tranquilo, aunque eso provocó que me quedara solo una buena parte del recorrido.

Después, sobre el kilómetro seis, me cogió Jesús y ya fuimos, incluso más tranquilos, hasta el final el entrenamiento, que consistió en los típicos 9,6 km 52:29 @ 5:26.

Circuito Oregón

Llevaba un tiempo pensado hacer entrenamientos de fortalecimiento de piernas. He hecho un par de días cuestas, pero buscaba algo más. De nuevo internet ha sido la respuesta. Encontré algo conocido como circuito Oregón, aunque también algo similar llamado circuito Oberón. En un principio ambos entrenamientos parecían adecuados para mis propósitos. Buscando las diferencias entre uno y otro encontré que el Oregón es un entrenamiento más exigente que el Oberón.

Ambos proponen realizar sprints de cien metros entre ejercicio y ejercicio, pero mientras el Oregón dice que hay que hacer esas rectas a tope, el Oberón opina que no hay que ir al máximo. Otra diferencia es que Oregón sólo se preocupa de las piernas, mientras que el Oberón tiene también en cuenta otras partes del cuerpo. Gonzalo estaría de acuerdo que Oregón es para gente ruda, implacable, gente que sale a correr llueve, truene o nieve… auténticos runners como él dice, mientras que el Oregón es para gente blandengue, gente poco habituada al ácido láctico en las piernas, gente que se queda en casa buscando mil y una excusa. Joggers como los clasifica el bueno de Gonzalo.

Está muy claro que no me iba a conformar con el Oberón, que lo mío es lo más heavy; sin lugar a dudas el circuito Oregón es para mí. ¡Sólo faltaría!

Según el blog soycobarde.com este método comenzó a ser utilizado en la Universidad del mismo nombre, en los Estados Unidos, durante la década de 1970. Su finalidad es elevar y trabajar la resistencia, especialmente anaeróbica, convirtiéndose en un trabajo de fortalecimiento muy interesante durante los principios de las temporadas y de los planes de entrenamiento.

La serie de ejercicios consiste en nueve estaciones de ejercicios, intercaladas por sprints de 100 metros a tope. Tras los sprints, se realiza el ejercicio respectivo. Y finalizando las 9 estaciones, recorreremos de nuevo todo el circuito (1 km) a ritmo suave-medio. Por supuesto, antes de realizarlo, se aconseja 20-25 minutos de trote suave para calentar y ejercicios de movilidad articular. Hay que tener en cuenta que se trata de un trabajo muy exigente y que hay que afrontarlo con cuidado.

Pues hoy, festivo en Madrid, era un buen día para realizarlo. Apunté en una hoja de papel los ejercicios a realizar y me lancé, junto a una amiga, al parque de Pradolongo a efectuar el ejercicio. Tengo pánico a lesionarme haciendo series así que traté de calentar lo más posible para empezar los ejercicios con los músculos bien calientes.

Después de más de cuatro kilómetros de calentamiento, busqué en el camino paralelo al arroyo la distancia de cien metros. Marqué con una raya el comienzo y el final y empezó al cosa con un primer sprint. Puede parecer poca cosa hacer cien metros, pero si vas a tope, cuesta. Y luego la rutina, primer ejercicio, segundo sprint, segundo ejercicio, tercer sprint, etc. Así hasta realizar los nueve ejercicios propuestos. Debo decir que el último me costó lo suyo hacerlo. Esto cansa aunque en un principio no lo parezca.

Me gusta sobre todo porque aunque sólo haces ejercicios de piernas, mueves músculos que no sueles ejercitar durante la carrera a pie, así que algo positivo ya tiene aunque sea sólo por eso.

Después del ejercicio, un par de kilómetros más para «enfriar», pero mi compañera se lo tomó muy en serio esos kilómetros y fue deprisa. Tan deprisa que me costaba seguirla después de machacar las piernas con el Oregón.

Entre unas cosas y otras completamos 8,6 km aunque la distancia y el tiempo en este entrenamiento es lo de menos. La intensidad en los sprints y el hacer los ejercicios correctamente son los dos puntos importantes que hay que tener en cuenta cuando se realiza este entreno.

Como curiosidad, utilicé unos calcetines de dedos que tengo desde hace tiempo y no los utilizo casi nunca. La semana pasada me los puse y hoy me los he vuelto a poner. La verdad es que no llego a estar cómodo del todo con ellos, noto cierta presión en los dedos. ¿Tendré que ponérmelos más para que se habitúen los dedos?

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De aquesta guisa andaba yo con estos calcetines

No puedo con ellos

Hoy sábado me he despertado pronto, no sé muy bien el motivo y he decidido acudir al punto de encuentro de los fines de semana a la hora establecida: nueve de la mañana. Me he llevado una buena sorpresa, ya que sólo dos habituales estaban por allí: Quique y Miguel.

Así que sólo hemos empezado los tres el entrenamiento. Tenía esta pareja la idea de hacer un entrenamiento de calidad, pero yo tenía las patas todavía «convalecientes» así que les comenté que me iba al río yo solito; sin embargo, parece que les convenció mi idea y nos hemos ido los tres para el Parque Lineal.

Hoy iba ciego, la batería del GPS se había descargado y no era consciente de ello hasta que he salido a la calle, pero tampoco iba a dejar de entrenar por eso. Además los demás sí llevaban GPS así que sólo era cuestión de preguntar de vez en cuando para ver más o menos como iba.

Iba bien hasta el kilómetro diez o así, que empecé a notar las piernas muy cansadas. Además han empezado a tirar mis dos compañeros y me han dejado solo con mi dolor de patas. Bueno, luego en la fuente de la salida del parque me han esperado. Realmente, no son tan malos como parece 😉

La verdad es que se me ha hecho muy laaaaaaargo el recorrido. Hemos completado 16 km y hacía mucho tiempo que no me aproximaba a esas distancias, nada menos que desde la maratón de Sevilla, allá en el mes de febrero.

Al llegar de nuevo al punto de partida, pregunté a Miguel el tiempo y me comentó que una hora y dieciocho minutos. No estuvo mal el entrenamiento, aunque me resultara algo pesado.

Hoy la báscula marcaba el mismo peso que la semana pasada: 67,6 kg. No está mal, todo lo que sea no aumentar de peso no está mal.

Brillo en los ojos

Hoy sólo estábamos cuatro en el punto de encuentro. Como últimamente los entrenamientos son a cuchillo, llegábamos todos con intenciones aviesas. Se notaba en el brillo de los ojos de cada uno de los componentes del cuarteto: hoy había guerra seguro.

En la primera vuelta ya se veía que la cosa era seria. Normalmente, rondamos por los 5:45, pero hoy hicimos la primera vuelta en 5:19 ya calentando las piernas para lo que vendría después.

Acabamos la primera vuelta y empezó la fiesta. El primer kilómetro en ¡¡¡3:59!!! muy deprisa para un entrenamiento. El segundo fue algo más lento, en 4:08 que tampoco estuvo mal; el tercero en 4:06, el cuarto en 4:07 y los últimos 600 metros, totalmente reventado y cuesta arriba, en 4:13. No estuvo mal esa segunda vuelta, en la que fuimos a un ritmo de 4:10. Telita.

Mi objetivo, ya que en estos momentos me resulta imposible seguir a Miguel y a Quique, era tratar de bajar de veinte minutos en esa segunda vuelta, pero me quedé a las puertas. Hice justo 20:00, por lo que tendré que esperar a otro día para conseguirlo.

En total hice 9,6 km en un tiempo de 45:29 @ 4:42 min/km.

Le estoy cogiendo el gustillo

Después de unas cuantas semanas de una temperatura inusual -por lo caluroso-, esta semana ha empezado con frío. Hoy he llegado a casa con el frío metido en el cuerpo, pero ha sido ponerme el pantalón corto y la camiseta de manga corta y lanzarme a la calle y el frío ha desaparecido de mi cuerpo como por ensalmo.

Algunos del grupo han decidido hacer series de trescientos metros, pero he preferido seguir a un ritmo tranquilo charla que te charla con Joaquín y Emilio II. Cuando faltaba una milla, un imponente cambio de ritmo para tratar de hacer esos 1600 y pico metros lo más rápido posible, tratando de ir a un ritmo por debajo de cuatro. Pero hoy no era el día más apropiado porque el terreno estaba blando después de las lluvias caídas el domingo y el lunes. Los primeros mil metros muy por encima del ritmo previsto, a 4:06 y los siguientes seiscientos metros a un ritmo algo mejor, a 3:57. En total han sido, según el Garmin, 1640 metros en 6:37 que en una milla sería algo equivalente a 6:29. ¿Seré capaz algún día capaz de bajar de seis minutos? Difícil lo veo.

Estoy cogiendo el gustillo a este tipo de entrenamiento, el de ir tranquilo hasta el kilómetro ocho y luego tratar de hacer la última milla a toda pastilla. Estoy convencido de que es un entrenamiento que no sirve para mucho, pero mola.

Hoy el Garmin ha tardado lo que no está escrito en pillar los satélites, así que lo he puesto en marcha cuando llevaba un kilómetro de entrenamiento. Así que han sido 9,6 km aunque sólo haya marcado 8,64 km en 46:22 @ 5:22 min/km.

Sube cada cuesta como si fuera la última

Una de las frases preferidas de Cholo Simeone es aquella que dice: «Juega cada partido como si fuera el último». Hago mía esta frase para tratar de explicar el entrenamiento de esta mañana.

Salí con la idea de hacer cuestas. En Pradolongo tengo identificada siete cuestas que se pueden ir haciendo una detrás de otra, eliminando la necesidad de hacer siempre la misma una y otra vez. Cada una de las cuestas es diferente de la otra: distinta longitud, distinta pendiente. Esto hace el entrenamiento más variado y atractivo.

La jugada era hacer esas siete cuestas comenzando de este a oeste y luego un trote largo para volver a comenzar desde el principio esas mismas siete y en el mismo orden. En total, dos series de cuestas.

Resulta sencillo saber el ritmo a llevar cuando haces series en llano. Jack Daniels ayuda y mucho para saber el ritmo a llevar. Cuando se hacen cuestas y cada una de su padre y de su madre resulta complicado llevar un ritmo uniforme ni fiarse tampoco del cronómetro. Así que pronto surge la pregunta, ¿qué ritmo debo llevar en las series?

Según iba haciendo cuestas di con la respuesta. Se me vino a la cabeza la frase del Cholo, que es perfectamente aplicable a este entreno: hay que subir cada cuesta como si fuera la última. Da igual la primera que la decimotercera. Y así fue como lo hice, sobre todo en la segunda tanda.

El entrenamiento completo consistió en hacer tres kilómetros de calentamiento y luego las dos series de cuestas, subiendo a tope y bajando al trote. Entre cuesta y cuesta también al trote pero un poco más alegre. Después de todas las subidas y bajadas, dos doscientos y un poco más de trote para llegar a los diez kilómetros. La verdad es que me encontré bien subiendo las cuestas. Muy bien.

En el tema del peso por fin he conseguido bajar de los 68 kilos. Ayer sábado la báscula marcaba 67,6 kg que indican que voy por el buen camino hacia el objetivo de los 66.

Quien no llora no mama

Este dicho es una de las grandes verdades que por desgracia funcionan en este país. Como comentaba en la entrada del martes, el parque de Pradolongo tiene serios problemas de iluminación debidos principalmente a la desidia de quien se encarga del mantenimiento o de quien los ordena y manda.

Como comenté en la entrada, hice una reclamación sobre el particular y dos compañeros más también lo hicieron, alguno poniéndolos de vuelta y media. Otro asiduo del parque también participó. Pues curiosamente, las protestas han surtido efecto.

Ayer cuando llegamos al punto de encuentro a las siete de la tarde vimos que todo estaba a oscuras, por lo que decidimos modificar el circuito habitual; sin embargo, no llevábamos ni dos kilómetros cuando vimos que las farolas empezaban a iluminarse: impresionante, todos nos quedamos alucinados.

Minutos después, nuestro gozo en un pozo. Las farolas habían vuelto a apagarse. En esos momentos JL nos comentó que había hablado con la gente de mantenimiento que estaban tratando de solucionar el problema y que estos habían dicho que había una avería. ¿Cómo es posible que hubiese una avería si horas después las farolas estaban encendidas? Bueno, una excusa más.

Al final parece que dieron con la «avería» porque poco después las farolas volvieron a iluminarse y ya no volvieron a estar apagadas… al menos en el tiempo que estuvimos entrenando.

Resulta indignante que un servicio que debería funcionar con normalidad haya que reclamar para que funcione, pero es una de las muestras más de la idiosincrasia de este país de pandereta. Si no lloras, no mamas. Está más que demostrado.

Debido a los previsibles problemas de iluminación, había pensado hacer unas cuestas, ya que hay bastantes en la que era zona iluminada, pero después de solucionarse el problema cambié de planes y pensé que mejor hacer la segunda vuelta a ritmo umbral en vez de machacarme en las cuestas, que el domingo me castigué bastante.

Así que dicho y hecho. Acabamos la primera vuelta y algunos empezaron a apretar de lo lindo. Yo aceleré el paso pero tratando de no ir más deprisa de 4:15… ni tampoco más despacio. Y la verdad es que me salieron los kilómetros bastante regulares: 4:12, 4:15, 4:18, 4:16 y 4:15. De media: 4:15. Lo clavé. En total fueron 9,87 km en un tiempo de 48:42 @ 4:56 min/km. Me costó un poco seguir el ritmo umbral, pero tampoco demasiado. Creo que estuvo bien.

¿De dónde he sacado que el ritmo umbral es de 4:15 si había estado haciendo entrenamientos de este tipo a 4:20? Pues lo he calculado a ojo con los resultados obtenidos en la carrera de Portillo del domingo. Utilizando la página web de AttackPoint se obtiene para una distancia de 7 km y un tiempo de 27:39 un VDOT de 51,59 y entre otros valores, se obtiene un ritmo umbral de 4:09. Como tengo las sospechas de que la carrera no llegaba realmente a esos siete kilómetros introduzco a ojímetro un factor de corrección y obtengo by the face el valor de 4:15. Nada más sencillo 😉 Si viera que con cierta facilidad consigo mantener esos ritmos, ya pensaré en quitar unos segundos.

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Ritmos de entrenamiento obtenidos tras la carrera de Portillo

Estulticia

Según la RAE, Estulticia: Necedad, tontería.

Se trata, sin lugar a dudas, de una cualidad aplicable a muchos políticos y en especial al concejal del distrito de Usera. Y por muchos motivos. Pero fijémonos en uno que nos afecta a los corredores y usuarios en general del Parque de Pradolongo.

Un grupo de corredores quedamos todos los martes y jueves del año en el parque de Pradolongo para entrenar juntos a las siete de la tarde. Con el cambio horario, a las siete de la tarde ya es de noche. Desde hace unos cuantos años ya, cada vez que cambian la hora nos encontramos con el problema de que parte del parque está a oscuras.

Puede parecer el capricho de unos cuantos corredores que malgastan el tiempo corriendo por el parque, pero no es un problema que nos afecte sólo a nosotros. Hay gente que pasea con el perro, otros atraviesan el parque para ir a la estación de Cercanías, etc. A todos nos afecta, no es algo que nos concierne sólo a nosotros.

Así que todos los años por las mismas fechas toca presentar una queja para que traten de solucionar el problema. Utilizo la página web del ayuntamiento para hacerlo e invito a todos los afectados a que hagan lo mismo.

Este el texto, por si se desea hacer copy+paste. Como se puede observar soy muy suave…

Aproximadamente un tercio del parque de Pradolongo, sito en el distrito de Usera, está a oscuras cuando anochece. En algún momento posterior deben encenderse esas farolas que permanecen apagadas al caer la tarde porque a las siete de la mañana están encendidas. ¿Sería posible que todas las farolas del parque estén encendidas desde que se hace de noche?


Desde el mes de marzo, hoy ha sido el primer día que hemos llegado al punto de encuentro habiendo anochecido. Ha sido una sorpresa encontrarnos todas las farolas apagadas por la zona donde habíamos quedado. Bueno, una sorpresa relativa, porque todo lo referente al alumbrado de este parque es posible. Lo curioso es que la zona oscurecida es bastante amplia, aproximadamente un tercio de la superficie total del parque, y creo que es la primera vez que el punto de encuentro está a oscuras.

Se ha acercado a correr con nosotros Ángel, un amigo de Jesús. Y, por desgracia, ha sido el nuevo el que ha sufrido el único altercado debido al problema citado. Según iba corriendo, un perro se ha abalanzado hacia él, quizás debido a que el perro tampoco ve demasiado y ha podido verse atacado. Parece que no sólo las personas nos vemos afectadas por la oscuridad.

Como el domingo estuve en la carrera de Portillo, tampoco era cuestión de machacarse demasiado, así que he preferido ir a un ritmo asequible aunque me haya quedado solo. He dado las dos vueltas típicas, por los mismos caminos que de rigor, para «sufrir en mis carnes» la falta de luz. Y se corre mal, muy mal incluso corriendo por caminos que conoces a la perfección. Si de repente hay un nuevo agujero o alguna piedra en el camino, eres carne de cañón, tienes un esguince de tobillo asegurado.

He completado 9,6 km en un tiempo de 50:41 @ 5:17 min/km. Confiemos en que arreglen pronto este desaguisado.