Quien no llora no mama

Este dicho es una de las grandes verdades que por desgracia funcionan en este país. Como comentaba en la entrada del martes, el parque de Pradolongo tiene serios problemas de iluminación debidos principalmente a la desidia de quien se encarga del mantenimiento o de quien los ordena y manda.

Como comenté en la entrada, hice una reclamación sobre el particular y dos compañeros más también lo hicieron, alguno poniéndolos de vuelta y media. Otro asiduo del parque también participó. Pues curiosamente, las protestas han surtido efecto.

Ayer cuando llegamos al punto de encuentro a las siete de la tarde vimos que todo estaba a oscuras, por lo que decidimos modificar el circuito habitual; sin embargo, no llevábamos ni dos kilómetros cuando vimos que las farolas empezaban a iluminarse: impresionante, todos nos quedamos alucinados.

Minutos después, nuestro gozo en un pozo. Las farolas habían vuelto a apagarse. En esos momentos JL nos comentó que había hablado con la gente de mantenimiento que estaban tratando de solucionar el problema y que estos habían dicho que había una avería. ¿Cómo es posible que hubiese una avería si horas después las farolas estaban encendidas? Bueno, una excusa más.

Al final parece que dieron con la «avería» porque poco después las farolas volvieron a iluminarse y ya no volvieron a estar apagadas… al menos en el tiempo que estuvimos entrenando.

Resulta indignante que un servicio que debería funcionar con normalidad haya que reclamar para que funcione, pero es una de las muestras más de la idiosincrasia de este país de pandereta. Si no lloras, no mamas. Está más que demostrado.

Debido a los previsibles problemas de iluminación, había pensado hacer unas cuestas, ya que hay bastantes en la que era zona iluminada, pero después de solucionarse el problema cambié de planes y pensé que mejor hacer la segunda vuelta a ritmo umbral en vez de machacarme en las cuestas, que el domingo me castigué bastante.

Así que dicho y hecho. Acabamos la primera vuelta y algunos empezaron a apretar de lo lindo. Yo aceleré el paso pero tratando de no ir más deprisa de 4:15… ni tampoco más despacio. Y la verdad es que me salieron los kilómetros bastante regulares: 4:12, 4:15, 4:18, 4:16 y 4:15. De media: 4:15. Lo clavé. En total fueron 9,87 km en un tiempo de 48:42 @ 4:56 min/km. Me costó un poco seguir el ritmo umbral, pero tampoco demasiado. Creo que estuvo bien.

¿De dónde he sacado que el ritmo umbral es de 4:15 si había estado haciendo entrenamientos de este tipo a 4:20? Pues lo he calculado a ojo con los resultados obtenidos en la carrera de Portillo del domingo. Utilizando la página web de AttackPoint se obtiene para una distancia de 7 km y un tiempo de 27:39 un VDOT de 51,59 y entre otros valores, se obtiene un ritmo umbral de 4:09. Como tengo las sospechas de que la carrera no llegaba realmente a esos siete kilómetros introduzco a ojímetro un factor de corrección y obtengo by the face el valor de 4:15. Nada más sencillo 😉 Si viera que con cierta facilidad consigo mantener esos ritmos, ya pensaré en quitar unos segundos.

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Ritmos de entrenamiento obtenidos tras la carrera de Portillo

Estulticia

Según la RAE, Estulticia: Necedad, tontería.

Se trata, sin lugar a dudas, de una cualidad aplicable a muchos políticos y en especial al concejal del distrito de Usera. Y por muchos motivos. Pero fijémonos en uno que nos afecta a los corredores y usuarios en general del Parque de Pradolongo.

Un grupo de corredores quedamos todos los martes y jueves del año en el parque de Pradolongo para entrenar juntos a las siete de la tarde. Con el cambio horario, a las siete de la tarde ya es de noche. Desde hace unos cuantos años ya, cada vez que cambian la hora nos encontramos con el problema de que parte del parque está a oscuras.

Puede parecer el capricho de unos cuantos corredores que malgastan el tiempo corriendo por el parque, pero no es un problema que nos afecte sólo a nosotros. Hay gente que pasea con el perro, otros atraviesan el parque para ir a la estación de Cercanías, etc. A todos nos afecta, no es algo que nos concierne sólo a nosotros.

Así que todos los años por las mismas fechas toca presentar una queja para que traten de solucionar el problema. Utilizo la página web del ayuntamiento para hacerlo e invito a todos los afectados a que hagan lo mismo.

Este el texto, por si se desea hacer copy+paste. Como se puede observar soy muy suave…

Aproximadamente un tercio del parque de Pradolongo, sito en el distrito de Usera, está a oscuras cuando anochece. En algún momento posterior deben encenderse esas farolas que permanecen apagadas al caer la tarde porque a las siete de la mañana están encendidas. ¿Sería posible que todas las farolas del parque estén encendidas desde que se hace de noche?


Desde el mes de marzo, hoy ha sido el primer día que hemos llegado al punto de encuentro habiendo anochecido. Ha sido una sorpresa encontrarnos todas las farolas apagadas por la zona donde habíamos quedado. Bueno, una sorpresa relativa, porque todo lo referente al alumbrado de este parque es posible. Lo curioso es que la zona oscurecida es bastante amplia, aproximadamente un tercio de la superficie total del parque, y creo que es la primera vez que el punto de encuentro está a oscuras.

Se ha acercado a correr con nosotros Ángel, un amigo de Jesús. Y, por desgracia, ha sido el nuevo el que ha sufrido el único altercado debido al problema citado. Según iba corriendo, un perro se ha abalanzado hacia él, quizás debido a que el perro tampoco ve demasiado y ha podido verse atacado. Parece que no sólo las personas nos vemos afectadas por la oscuridad.

Como el domingo estuve en la carrera de Portillo, tampoco era cuestión de machacarse demasiado, así que he preferido ir a un ritmo asequible aunque me haya quedado solo. He dado las dos vueltas típicas, por los mismos caminos que de rigor, para «sufrir en mis carnes» la falta de luz. Y se corre mal, muy mal incluso corriendo por caminos que conoces a la perfección. Si de repente hay un nuevo agujero o alguna piedra en el camino, eres carne de cañón, tienes un esguince de tobillo asegurado.

He completado 9,6 km en un tiempo de 50:41 @ 5:17 min/km. Confiemos en que arreglen pronto este desaguisado.

Trampas en las carreras populares

Leía la semana pasada una noticia que se comentó bastante en las redes sociales. Resulta que en la media maratón de Valencia cazaron a individuo que hizo trampas en la carrera. Según parece, con esa trampa consiguió quedar segundo en la categoría veterano C y también primero en categoría militar y policías. De eso ya se ha hablado largo y tendido.

Ayer, en la carrera de Portillo de Toledo fui durante un tiempo detrás de dos chicas. En uno de los puntos del recorrido animaron a la que estaba más cerca de mí con el grito, ¡venga que vas la tercera! Poco después adelanté a esta chica y luego pude adelantar a la otra. Supuestamente, después de ese adelantamiento iba detrás de la primera, que no era otra que Vanessa Veiga.

Cuando por la tarde vi la clasificación se me ocurrió mirar por casualidad la absoluta de mujeres y me sorprendió ver que delante de mí habían llegado dos chicas además de Vanessa. Pensé que la persona que había animado se había confundido. Tampoco lo di más vueltas.

El caso es que me picaba la curiosidad y gracias a los vídeos y fotos que ha colgado Aurelio Gómez Castro en atletismotoledano y a las fotos que hizo la organización en meta me he quedado un tanto perplejo porque no logro encontrar ni a la supuesta segunda ni a la tercera. ¿Qué ha sucedido con ellas? ¿Han ido escondidas en los tramos de la carrera donde había constancia gráfica? ¿O alguien ha corrido con su chip? Me temo que la segunda pregunta es la más cercana a la realidad.

Veamos el caso de la supuesta tercera clasificada (dorsal 335) que me parece más fácil. Aparece en la clasificación curiosamente con el mismo tiempo que un compañero de equipo que tiene además el dorsal inmediatamente superior. Es un caso claro de que el compañero corrió con los dos chips en un claro intento de falsear la clasificación. ¿Por qué? ¿Para subir al pódium? ¿Para sacar pecho el lunes con los amig@s?

El caso de la segunda (dorsal 628) es todo un expediente X. No aparece en las fotos que se hicieron en el comienzo de la segunda vuelta, ni tampoco en el vídeo tomado en ese punto, no aparece en las fotos de los llegados a meta y su tiempo no coincide con nadie que entrase en la meta. Todo muy extraño. Al igual que en el caso anterior, tampoco sé si llegó a subir al pódium.

Me cuesta trabajo entender el motivo que puede llevar a que estas personas hagan trampas en una carrera popular. No sé si alguno o alguna ha pensado en el perjuicio que hace a los otros corredores o corredoras que legítimamente han conseguido una buena clasificación. Entiendo que no, éstos piensan primero yo y a los demás que los den, que yo soy más listo. Imperdonable.

XVI Carrera popular de Portillo de Toledo

Viví en Fuensalida, a un kilómetro de Portillo, a finales de los setenta. En aquel entonces, estas dos poblaciones vecinas contaban con un buen número de fábricas de zapatos que hacían la competencia a las fábricas de Elche y alrededores. Multitud de trabajadores llegaban todos los días de los pueblos de los alrededores para trabajar en las fábricas. Después, como todo el tejido industrial de este país, se fue al garete. Ahora poca cosa queda ya de aquel entonces.

Pero una de las fábricas que ya existían en aquel entonces y que todavía subsiste es Joma, que pasó de ser un negocio pequeño a una gran multinacional con filiales propias en Estados Unidos, Cuba, México, Panamá, Hong Kong, Italia, Alemania y en Reino Unido y una red de distribución que la hace estar presente en más de setenta países de los cinco continentes.

Pues bien, con estos antecedentes, la carrera de Portillo no podría estar patrocinada por otro que no fuese Joma y la verdad es que la empresa se vuelca con la carrera. Cada año esta carrera es de las más atractivas desde el punto de vista de la bolsa del corredor. Este año nos han agasajado con una camiseta, una sudadera y unos calcetines. ¡No está nada mal!

La prueba consta de diversas categorías. Los más pequeños comenzaban a las diez de la mañana y la carrera de los adultos a las doce. Teniendo en cuenta que habían cambiado la hora esta noche, la carrera empezaba realmente a la una. Una hora bastante tardía para ponerse a correr, teniendo en cuenta que en Madrid las carreras comienzan a las nueve.

A las ocho de la mañana arriba, desayuno y en vez de salir pitando… a esperar a que fuese algo más tarde para salir de casa. Raro, extrañas sensaciones, no estoy acostumbrado a estar esperando para ir a una carrera.

A las diez y media por fin salimos y a las once y cuarto llegamos a Portillo. No sabía dónde estaba la salida, ni la llegada ni donde había que recoger los chips. Pero se trata de una carrera multitudinaria (700 inscritos) para las cifras que se mueven por las carreras de Toledo, que excepto en la capital y en Talavera, son de cifras más bien modestas. Seguimos a la gente que íbamos viendo y llegamos a un parque infantil junto al Hogar del Jubilado. En el parque infantil recogimos el dorsal y la bolsa del corredor. En el Hogar nos aliviamos. Dejamos los chismes en el coche, nos pusimos el dorsal en el pecho, nos hicimos una foto y a calentar, que ya quedaba poco más de veinte minutos.

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Posando antes de la carrera

No sé a que fue debido, pero la salida se retrasó siete minutos. Detrás del arco de salida nos agolpábamos un mogollón, pero es que por delante, había también bastante gente… los buenos.

Dieron por fin la salida y nos pusimos a correr. No tenía ni idea de cómo era el circuito. Lo único, que constaba de siete kilómetros y que había que dar dos vueltas. No sabía si había cuestas, ni si había curvas. Nada de nada.

Al poco de salir, se llega a una glorieta con un monumento al galgo, allí la carrera gira a la derecha y comienza la primera subida. Hay que tomárselo con calma, pero sin perder mucho el ritmo. Acaba la subida, que no es muy larga, giro a la izquierda y nos encontramos con una pequeña cuesta abajo para recuperar un poco la respiración y las piernas. Ya se va estirando el pelotón y vamos ocupando cada uno nuestro sitio. Veo a dos chicas que están una veintena de metros por delante. Trato de no perder su rastro.

Después de la bajada giro a la derecha, hay una pequeña cuesta, pero casi ni se nota. Por lo que puedo comprobar, el circuito es muy revirado. Continuos giros de noventa grados tanto a izquierda como a la derecha. No hay una recta en condiciones donde se pueda mantener un ritmo constante. Hay también alguna que otra cuestecilla, pero no son de mucha entidad.

Después de vueltas y revueltas, llegamos a una calle más o menos recta con un montón de arcos inflables, imagino que salidas de otras categorías. Poco después llegamos a una plaza donde está situada la meta. Pero aún nos queda dar una vuelta más. Veo que el reloj situado sobre la línea de meta marca 14:08. Mi idea era tratar de hacer veintiocho minutos en los siete kilómetros y viendo ese tiempo creo que lo puedo conseguir, ya que esa segunda vuelta es algo más corta. Al menos eso creo.

En esta primera vuelta he adelantando a una de las chicas que me precedían y a un tipo que tiene un correr que me resulta conocido. Creo que es el vecino de Joaquín, pero no tengo la certeza al no ver su cara.

Después de pasar por la línea de meta, hay una cuesta abajo que nos lleva de nuevo a la glorieta del galgo y desde ahí se vuelve a repetir el recorrido, empezando por la cuesta más larga del circuito. En esa cuesta consigo sobrepasar a la chica de Clínicas Menorca que iba por delante de mí. Ahora conozco el recorrido y lo que tengo que hacer es no disminuir el ritmo, porque no me veo con fuerzas de aumentarlo.

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Subiendo la cuesta del comienzo de la segunda vuelta. Foto cortesía de Aurelio Gómez Castro

Giro a la izquierda, giro a la derecha, otra vez a la derecha, otra vez a la izquierda. Es la constante de esta carrera, los múltiples giros. Sobre el cinco, calculo a ojo, me da un pequeño bajón. El ácido láctico ya castiga mis piernas, pienso para mí. Ahora tengo que tirar de cabeza y apretar los dientes más si cabe.

Siguen pasando los metros y las curvas y llego a la recta final. En ese momento noto que me adelantan dos corredores. Y uno de ellos es el «posible» vecino de Joaquín. ¡Esto no puede ser! Menos mal que me quedan unas pocas fuerzas. Dejo que se vaya unos metros y empiezo a alargar la zancada y a acelerar. Consigo sobrepasarlo y aprieto más todavía para que no me alcance. Lo conseguí, llego a meta por debajo de veintiocho y por delante del vecino, muy contento.

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Atravesando la línea de meta

Después de llegar a meta, un bote de refresco y una bolsa con una manzana y un plátano. Eché en falta una botella de agua, pero bueno, habrá que conformarse con el bote. Esperé a la amiga con la que me había desplazado hasta allí y fuimos al coche a cambiarnos la ropa sudada. Entonces nos dimos cuenta que la ropa que venía en la bolsa del corredor daba muuuucha talla. Una pena porque la sudadera y la camiseta eran muy bonitas. Habrá que regarlárselas a alguien más corpulento.

Con nuestra ropa seca y amplia volvimos a la carpa donde habían publicado las clasificaciones. Pude ver mi tiempo oficial de 27:39, que ya ha salido también en la web.

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Tiempo y clasificación en la carrera

Un entrenamiento como dios manda

Últimamente andamos siempre a la gresca en los entrenamientos. Dando zapatilla casi desde el primer metro; sin embargo hoy ha sido como en los viejos tiempos. Un ritmo tranquilo en la primera vuelta y apretando un poco en la segunda, pero tranquilos, escuchando lo que nos contaba el chaval que vino el martes, que tiene una gran experiencia en este mundillo del atletismo.

Cuando faltaba una milla, es decir, cuando se cumple el kilómetro ocho, he apretado los dientes para ver si era capaz de llevar un ritmo por debajo de cuatro. Ha salido la milla en 6:31, a un ritmo de 4:04. No lo he conseguido, pero contento, son ritmos interesantes. Habrá que ir bajando esos tiempos según vayan avanzando los entrenamientos. De todas formas, redondeo a la milla, que son 1609 metros, pero el Garmin marcaba 1624 metros, aunque eso es peccata minuta.

Excepto esta última milla, donde nos hemos puesto violentos, hemos ido un grupo de cuatro compañeros, con buena camaradería. Ya lo echaba de menos.

En total, como viene siendo habitual, dos vueltas a Pradolongo totalizando 9,6 km en un tiempo de 48:45 @ 5:04 min/km. Un buen entrenamiento, me ha gustado.

Por fin vi la luz

Llevaba unos meses errático, apesadumbrado, perdido… sin embargo hoy, por fin, ¡¡¡he visto la luz!!! Sí, los días son ya tan cortos que antes de acabar el entrenamiento ya habían encendido las luces del parque. La luz de las farolas iluminaban mi camino… aunque sólo en algunos tramos, que había un montón de farolas apagadas. Me temo que vamos a empezar el entrenamiento con el cambio de hora con los mismos problemas que todos los años con la luz en el Pradolongo. Un sinvivir, ¡oiga!

Parece que el veranillo de San Miguel se ha alargaaaaaaaado y está haciendo unos días de mucho calor. A las siete de la tarde rondaba los 25 grados y debido a ello he sudado lo que no está en los escritos, ¡¡¡qué calor!!! Impresionante para estar casi a final de octubre.

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¡Una buena sudada! …aunque no lo parezca

Hoy ha aparecido en el punto de encuentro el chico del otro día. Ha comenzado a correr con nosotros y dado que es de fácil correr, enseguida se ha formado un terceto con Miguel, Quique y el nuevo a los que se veía como se iban alejando cada vez más.

Hemos apretado en la segunda vuelta, poniéndonos un poco por encima de 4:30 pero cada vez se iban alejando. Al final se ha quedado solo Miguel por delante (que dicho sea de paso está pletórico) y no sólo no se ha dejado llevar, sino que ha debido aumentar el ritmo porque en el tramo junto al campo de fútbol de La Mancha ya nos sacaba la ida y la vuelta. No está mal, no.

Ya, en plena, oscuridad hemos llegado al punto de partida totalizando 9,6 km en un tiempo de 47:22 @ 4:54 min/km, dando una primera vuelta tranquilos y apretando un poco en la segunda. No ha estado mal el entreno.

Se rompió la progresión

Después de las vacaciones veraniegas, donde había venido con un par de kilos de más, me había planteado hace un par de meses el objetivo 66. No iba mal lo cosa, poco a poco iba progresando, perdiendo peso, cumpliendo hitos para alcanzar el objetivo; sin embargo, esta semana se ha roto esa progresión.

Y la culpa la tiene la tarta de manzana…

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…y mi glotonería.

El caso es que esta mañana había subido cuatrocientos gramos con respecto a la semana pasado, alcanzado los 68,5 kg. Si ya se me están resistiendo los 67, va a ser difícil los 66. Pero hay que intentarlo.

No sé si espoleado por esa subida de peso o por lo mal que lo pasé el pasado domingo en Leganés, me he propuesto hacer cuestas de vez en cuando. Siempre había ido a Parque Sur a realizar este tipo de entrenamiento, pero hoy he ido a Pradolongo que también tiene alguna cuesta que otra y son algo más suaves. Hay que empezar por lo más sencillo y luego aumentar de dificultad.

Así que hice tres kilómetros de calentamiento y luego cuesta que subía deprisa, cuesta que bajaba trotando, buscando otra y repitiendo la misma jugada otra vez: subir fuerte, bajar trotando por la misma.

En cada tanda, siete cuestas distintas de inclinación y longitud, lo que hace un entrenamiento, aunque duro, entretenido. Después de la primera tanda, trotando con algo más de salero hacia donde había comenzado y vuelta otra vez a realizar las siete cuestas.

Después de las dos tandas, como parecía que no me había cansado lo suficiente (esto es irónico ¡eh!) un par de doscientos en terreno llano. Y se notaba el cansancio en las piernas, que cuando llevaba 150 metros ya no podía seguir el ritmo.

Al final fue un entrenamiento durillo, espero que sirva para que cuando me enfrente a una cuesta en carrera pueda hacerla con algo más de «alegría». Además, este año hay que hacerlo bien en la carrera de mi pueblo, que ya está a dos meses vista.

En total fueron 10 km en un tiempo de 57:47 @ 5:43 min/km.

Querer y no poder

Descubrí el entrenamiento a ritmo umbral leyendo el libro Daniel’s Running Formula. Ya lo he comentado algunas veces, es un entrenamiento que me gusta porque aunque es duro, no llega a serlo excesivamente. Se supone que con este entrenamiento aumentas el nivel de cuando empieza a producirse el ácido láctico que envenena tus piernas cuando aprietas. Con este entrenamiento se puede conseguir que el ácido láctico empiece a generarse a ritmos más exigentes.

He tratado de hacer este entrenamiento hoy y no he sido capaz de seguir el ritmo de 4:20 que se supone es mi ritmo umbral. Después de calentar cuatro kilómetros, comencé el primer kilómetro a umbral y ya se me fue el tiempo (4:29) aunque eso estaba dentro de lo previsto. Aumenté el ritmo en el segundo kilómetro y conseguí hacer 4:19, perfecto. El tercer kilómetro se me fue a 4:26, algo lento. Ya vi que no iba fino del todo, que quería, pero no podía. El cuarto kilómetro me lo confirmó, porque volví a estar por encima: 4:23. Y en el quinto y último, aunque traté de echar toda la carne en el asador, también me fui de tiempo: 4:25. Estaba claro que hoy no era mi día. Otra vez será.

Es evidente que hay días en que el cuerpo está mejor y otros, al contrario, que cuesta hasta andar. Hoy ha sido uno de estos últimos.

He totalizado las dos vueltas, es decir, aproximadamente 9,7 km en un tiempo de 47:13 @ 4:52 min/km.

El cable del cargador de la batería del 405

Después de cuatro años y seis meses he tenido que cambiar el cable del cargador de la batería del 405. Cierto es que la pinza del cargador ya llevaba unos cuantos meses rota, pero hasta ahora no me había sacado de quicio, iba trampeando con una goma que le había puesto.

El cable del cargador acaba en una pinza tipo cocodrilo que «muerde» el reloj. Esa pinza es una pieza de plástico bastante débil y al final, lógicamente, acaba rompiéndose por el eje.

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Los dos trozos de la pinza, rotos por el eje

Después de unos cuantos meses de hacer apaños para poder seguir utilizando el cargador y de hartarme de buscar la posición en la cual hacía contacto, ya me he cansado y he comprado un cable nuevo. Amazon ha sido mi salvación. El otro día me llegó. Ya puedo cargar el chisme sin tener que cagarme en todo lo cagable.

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El nuevo

El domingo sufrí bastante en la carrera, sobre todo en la cuesta del cementerio (que no es la misma que la cuesta del cementerio de las dos leguas de la chopera, aunque se sube al mismo sitio). Así que hoy tocaba tomarse las cosas con tranquilidad. Sólo fueron 10 km en un tiempo de 53:44 @ 5:22 min/km. Sin forzar en absoluto, un buen regenerativo.

XXXVII Carrera popular de San Nicasio

Treinta y siete ediciones y todavía no había participado en esta carrera, donde nos dimos cita unos setecientos corredores y todavía se respira cierto ambiente popular.

Llevamos unos cuantos días con lluvias por Madrid y daban una previsiones casi apocalípticas para el domingo, pero hubo suerte y no cayó ni una gota durante la carrera, sólo una tenue llovizna al terminar. Eso sí, se notaba la humedad y los tramos de caminos estaban bastante embarrados y resbaladizos en ciertos sitios.

Habíamos quedado tres pradolongueros para participar en esta carrera. Puntualmente nos recogió Emilio II y nos acercó amablemente a la salida donde llegamos con tres cuartos de hora, más o menos, de anticipación. Recogimos el dorsal sin esperar (es lo que tiene tener enchufe en la organización) y dejamos la ropa en el ropero con más o menos rapidez. Nos dio tiempo a calentar un poco a estirar e incluso a hacernos una foto.

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Dos pradolongueros y medio junto a uno y medio forofo del running

No sé a qué se debió, pero la carrera comenzó diez minutos más tarde de la hora prevista. Menos mal que no hacía mucho frío y además metido en el medio del pelotón se estaba muy confortable.

Después de la carrera de Torrijos donde hice cuarenta y un minutos y medio, tenía pensado andar sobre los cuarenta y uno pelados aunque sabía que el recorrido era más duro, pero confiaba en que los últimos entrenamientos me hubiesen puesto a tono.

Dieron la salida y me puse en marcha sin querer ir al cien por cien. En este primer kilómetro se pasa por las calles del barrio de San Nicasio y las calles son algo estrechas. Menos mal que salí más o menos cerca de la cabeza (tardé ocho segundos en pasar la alfombra de salida) y no sufrí mucho agobio en ese primer kilómetro. En ese primer hito el cronómetro marcaba ¡¡¡3:15 minutos!!! Imposible, no iba tan deprisa, pero ¿cuál sería realmente el tiempo? ¿Cuánto de mal estaba situado esa seña? Ni idea.

Lo cierto es que me despistó bastante y no tenía muy claro si apretar, si aflojar, todo un dilema. La cosa se complicó aún más al pasar por el segundo kilómetro porque el cronómetro también bajó de cuatro minutos. Eso me despistó todavía más, ¿cuál era mi ritmo de verdad? ¿Aflojo? ¿Aprieto? ¿Me mantengo? Estaba un tanto desconcertado. Es lo que tiene estar pendiente del reloj.

El primer kilómetro es más o menos llano, pero luego empieza una bajada con más o menos pendiente hasta el kilómetro cuatro y pico cuando se pasa por debajo de la R-5. Metros después de pasar por debajo hay que subir por una pasarela para atravesar la carretera que va al barrio de la Fortuna. La pasarela desemboca al lado del Estanque de Butarque donde estaba el avituallamiento líquido (espero que no rellenaran las botellas con el agua del estanque 😉 ). Ahí me hice con algo de líquido, eché un trago de agua y, sobre todo, me mojé la boca que estaba algo seca, aunque tampoco mucho, que como ya he comentado la humedad era abundante.

Desde ese punto hasta casi meta hay unas cuantas cuestas que se notan en las piernas, sobre todo una cuesta entre el kilómetro ocho y nueve que se hace dura, muy dura. Esta carrera coincide en algunos tramos con la de las dos leguas de la Chopera y allí se sube al cementerio por la famosa «cuesta del cementerio». En esta carrera también se sube al cementerio, pero por otro lado y aunque la cuesta no es de tanta pendiente, es bastante más larga que en las dos leguas. No sé qué será mejor, desde luego ayer me pareció mejor la cuesta de mayor pendiente. Imagino que en pleno esfuerzo en las dos leguas me parecerá mejor la otra. Lo de siempre, se echa de menos lo que no tienes.

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Poco antes de comenzar la cuesta, foto cortesía de la organización

El caso es que esa cuesta te deja las piernas tocadas, según pude comprobarlo en las mías y en la de una chica de la A. A. Móstoles a la que adelanté al comienzo de la cuesta, luego me adelantó ella casi al final de la misma cuesta y al final se quedó clavada al coronar y llegar al cementerio. Después de la carrera, todo el mundo que el que hablé decía lindezas de la cuestecilla en cuestión.

Afortunadamente, después de subir al cementerio ya el último kilómetro es llano. Ahí pude correr como dios manda y me presenté en la línea de meta con un tiempo oficial bruto de 42:42, neto de 42:34. Un minuto más del último diez mil y bastante alejado de lo que tenía previsto hacer, pero la carrera era bastante más dura que la otra que era absolutamente llana. La verdad es que las cuestas no me gustan nada, pero nada de nada. Habrá que entrenar más sobre terreno accidentado para que no me cueste tanto subir.

Después de dejar el chip, bolsa del corredor consistente en una camiseta técnica y uno o varios refrescos, dependiendo de la cara de cada uno. Yo cogí dos Aquarius. Luego llegaron con un cargamento de fruta en bandejas. Cada bandeja con una pera, una manzana y una mandarina. Todo por 8 € más 60 céntimos por hacer la inscripción por internet.

Recogimos la ropa del guardarropa y nos fuimos con los forofos del running a tomar una cerveza. Nosotros sólo una, pero me comentaba Emilio que a alguno seguro que se le hacía de noche allí.

En resumen: cuando una carrera te regala segundos por ser cuesta abajo, luego te los cobra cuando se empina hacia arriba. Lo malo es que te lo cobra con intereses.