Con Pepe Isbert

Hoy hemos estado en Guadalix de la Sierra, calcando un entrenamiento que hicimos el año pasado. Saliendo desde Madrid enfrente del instituto San Fernando por el carril bici que va paralelo a la M-607.

El carril llega a Colmenar Viejo y luego sigue a Soto del Real, allí donde muchos políticos y gentuza similar tienen una bonita parcela. Desde Soto tiramos hacia Guadalix, pero ya no había carril bici, así que anduvimos por el estrecho arcén que tiene esa carretera.

Hacía un día fresco o incluso alguno diría que frío y, por supuesto, ventoso. Así que cuando llegamos a Guadalix y paramos a desayunar nos tocó meternos dentro del local para no quedarnos helados por el sudor y el frío.

Un cafetito con barrita con aceite y tomate y de nuevo a la flaca para volver al punto de partida, pero antes de salir de Guadalix nos hicimos una foto con Pepe Isbert asomado a la balconada del ayuntamiento de Guadalix.

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Con Pepe Isbert al fondo

A la vuelta, en vez de volver hacia Soto, fuimos directamente hacia Colmenar por la M-625, que tiene unas bonitas subidas. A mi acompañante le costó lo suyo sortear esas cuestas, pero con su tenacidad llegamos a Colmenar donde volvimos de nuevo al carril bici.

Y se nota que en sentido Madrid el terreno es favorable, porque fue cuando íbamos más rápido. Pronto dimos caza a una pareja que iban más o menos a nuestro ritmo y nos pusimos un poco a rebufo. Luego pasó un pelotón y nos quedamos descolgados. De la otra pareja, uno iba bastante cascadete y su compañero le estuvo esperando, así que volvimos a acoplarnos a ellos. Durante el camino nos quedábamos, contactábamos y poco a poco fuimos llegando a nuestro destino que, casualmente, era el mismo que el de los otros dos.

Hicimos unos 76 km en un tiempo de 3h25 a una media de algo más de 22 km/h. No es nada destacable. Está claro que el ciclismo no es lo nuestro… aunque nos guste.

Con prisas

A las ocho en punto hemos quedado en el punto de encuentro. Tenía bastante prisa y no tenía otra opción que quedar pronto. Mi tocayo también tenía cosas que hacer este sábado por la mañana, así que sólo nos encontramos los dos en el punto de encuentro habitual.

Está el jodío fino, fino. Entre que anda mucho y fácil y que yo notaba las piernas cargadas de las cuestas del jueves, me costó ir a su ritmo. En estos casos siempre se nota quien va mejor porque al hablar en ningún momento le falta el resuello, mientras que al otro bastante tiene con no perder el paso.

Por aquello de las prisas sólo teníamos previsto hacer una hora, lo que suponía más o menos hacer doce kilómetros. Al final hicimos muy poco más, 12,2 km, en un tiempo de 59:43 @ 4:53 min/km. Un buen ritmo para mis cansadas piernas.

Antes de salir a correr tocaba subirse a la báscula y estaba algo temeroso después de la visita a Bélgica. Marcaba 70,5 kg que es un poco menos que la anterior pesada. No consigo bajar de setenta, pero al menos no he aumentado.

Lo que le gusta a Emilio II

Hoy hemos hecho un entrenamiento de los que le gustan a Emilio II. Y no sé el motivo por el que le gusta, porque es muy sufrido. Consiste en subir cuestas a cascoporro a buen ritmo en las subidas y trotando en las bajadas.

El bueno de Joaquín está dispuesto a hacer un buen papel en Pareja y comentó, no sé si medio en broma, que debería de hacer algunas cuestas, ya que esa carrera es durilla. La verdad es que me lo tomé en serio y le propuse ir a Parque Sur a hacer unas cuestas.

Y allá que fuimos. Una primera vuelta de calentamiento y luego cinco cuestas más o menos seguidas. Un poco de trote y luego a repetir las cinco cuestas. La verdad es que se hace duro el entrenamiento, pero prometimos volver a seguir haciéndolo. Ya veremos si lo cumplimos.

Entre ir de un parque a otro, en hacer las cuestas y luego acompañar un poco a Joaquín completé 11,6 km en 1:06:47 @ 5:43 min/km. Es una media ridícula, pero lo importante es el esfuerzo hecho en las subidas.

Día de perros

Hoy ha sido un día de perros y no me refiero meteorológicamente hablando; sino en el sentido estricto de la palabra. Estábamos en el punto de encuentro charlando tan ricamente cuando escuchamos unas voces poco amistosas. Una pareja con un par de perros cada uno reprendían a un individuo que llevaba a su perro, de buen tamaño, suelto y el can había ido a por ellos. Tampoco lo dimos demasiada importancia, nosotros a lo nuestro.

Empezamos a correr Joaquín, Jesús y un servidor y Jesús se iba quejando de su rodilla, estaba bastante dolorido y acabó retirándose al finalizar la primera vuelta. Él pensaba que quizás no debería haber bajado y es probable que lo mujer hubiese sido quedare en casa en reposo.

Ya en esa primera vuelta me tocó frenar al cruzarse un perro, pero en la segunda vuelta, parecía que todos los perros del mundo iban a por nosotros. Aquel perro que ladraba a los de su especie nos lo volvimos a encontrar. Tocó parar. Luego nos sorprendió otro que su afán era adelantarte rozándote por debajo de la rodilla. Dos veces me lo hizo. Posteriormente otro más. Al final perdí la cuenta de los parones a los que me vi forzado. Pero bueno, tampoco me quejo al menos no me tiraron o mordieron.

Alguno puede pensar que odio a los perros, pero nada más lejano de la realidad. Eso sí, prefiero a los gatos.

De esta forma, entre can y can, completé 10 km en 52:47 @ 5:16 min/km

Bois de la Cambre

Como el parque del otro día no me pareció demasiado grande, decidí ir al que llaman, en francés, Bois de la Cambre o Ter Kamerenbos en neerlandés. Es un parque muuucho más grande que el del cincuentenario y otra concepción. Mientras el otro es un parque totalmente planoy recto, éste cuenta con diversas irregularidades: subidas, bajadas, curvas, un lago, etc. Es mucho más ameno para correr.

La única pega, en mi caso, es que se encuentra a algo más de tres kilómetros del hotel donde estoy alojado, pero aún así merece la pena hacerse casi siete kilómetros entre la ida y la vuelta para poder hacer por allí unos kilómetros. El parque merece mucho la pena de visitar. La única pega que se puede poner es que está abierto al tráfico, pero se puede correr por distintos senderos que te alejan un poco de los coches.

Como curiosidad, decir que tiene un lago en el que hay una isla a la que se accede en barca. En la isla hay un restaurante y, la verdad, debe ser muy agradable tomarse allí una cerveza… o un café, a elegir.

Pero no iba a eso precisamente, sino a sudar los gofres que me había manducado en días anteriores. Porque curiosamente, los gofres es una de las comidas típicas de Bélgica. No sé si eso dice mucho de los belgas… Pero bueno, lo compensan con la cerveza, que tienen muchas y están muy ricas.

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Dándole al gofre. Ingiriendo calorías para el resto del mes

Lo cierto es que me encantó el parque, es una pasada correr por allí y no debo ser el único que lo piensa porque aunque fuimos a temprana hora ya había unos cuantos corriendo por allí. Nosotros paramos para inmortalizar el momento.

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En el Bois de la Cambre, con el lago (y la isla) a la espalda

Después de hacer el recorrido por el parque, vuelta por donde habíamos venido, por la Avenue Louise, buscando el hotel. En el camino nos encontramos con el Palacio de Justicia, que es un edificio descomunal (dicen por ahí que fue por un tiempo el edificio más grande del mundo). No pudimos evitar hacernos otra foto con este monumento tan monumental.

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Delante del Palacio de Justicia

Entre el garbeo por el parque y la ida y la vuelta se nos fue el kilometraje a 12 km. La ida bastante lenta, ya que era cuesta arriba y nos pilló en frío y la vuelta más rápida por justo lo contrario. Hicimos el recorrido en 1:05:02 @ 5:25 min/km.

Por cierto, si alguien se plantea si visitar o no Bruselas, se lo aconsejo. Hemos estado en Bruselas, Brujas y Gante y son tres sitios preciosos. Y si te gusta la cerveza, es el paraíso, me río yo de Adán y Eva.

Parc du Cinquantenaire

No sé si es algo de vicio o es que me gusta coleccionar carreras por los parques o es que simplemente debo entrenar con regularidad. El caso es que voy a pasar cuatro días en Bruselas y como sólo había entrenado el martes, no era cuestión de pasar toda la semana con un único entrenamiento, así que me llevé las zapatillas.

Antes de ir a la capital de Bélgica estuve mirando sitios de interés que visitar y, por supuesto, sitios donde se puede correr en la ciudad. Y uno de los sitios que aconsejaban es el Parque del Cincuentenario o como dicen los franceses el Parc du Cinquantenaire o para rizar el rizo, en neerlandés, el Jubelpark.

Es un parque conmemorativo de la independencia de este país y consta de una zona verde con árboles, césped y en uno de los laterales del parque, en la zona norte, hay campos de fútbol y distintos artilugios para hacer ejercicio. Además en la parte sureste se encuentran un bonito edificio en forma de U donde se puede divisar en el centro una cuadriga parecida a la que se puede ver en la Puerta de Brandemburgo en Berlín.

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Edificio en el Parque del Cincuentenario

Desde el punto de vista de un corredor, es un parque no excesivamente grande, ya que sólo ocupa 30 hectáreas, y para hacer kilómetros tienes que dar unas cuantas vueltas para acá y para allá.

Hice unas cuantas más o menos por el perímetro, unas en sentido horario, otras al revés; unas yendo de norte a sur, otras en diagonal. La verdad es que acabé un poco harto de dar vueltas y eso que para llegar hasta allí desde el hotel donde estoy hospedado hay que hacer unos cuantos kilómetros y otros tantos de vuelta.

Además para llegar hasta allí hay que patearse unas cuantas aceras y unas cuantas calles y casi todas empedradas. No me extraña que los ciclistas belgas dominen las clásicas de adoquines.

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Calles adoquinadas en Bruselas

Al final no calculé bien la distancia o di más vueltas de la cuenta y acabé haciendo algo más de 11 km en un tiempo de 58:23 @ 5:14 min/km.

Ahora toca coger ritmo otra vez

Después de un verano un tanto irregular, ya va siendo hora de coger ritmo otra vez y eso implica, primero, entrenar de manera constante y segundo, hacer algún día de ritmo vivo. No hablemos de series que me pongo malo.

Hoy he salido más tarde de lo habitual y los compañeros ya estaba terminando, así que me ha tocado entrenar solo. Tampoco pasa nada, he entrenado solo durante muchos años y he sobrevivido hasta ahora 😉

Salí a buen ritmo desde el principio y la primera vuelta fue rápida. En el primer kilómetro de la segunda vuelta apreté un poco más y luego traté de hacer los 3,6 km a un ritmo de 4:30, buscando el ritmo umbral que debería corresponderme a estos momentos de la temporada.

Salieron esos kilómetros a un ritmo de 4:30, 4:29, 4:30 y 4:24. Bastante bien, muy ajustado. Quizás es que esos 4:30 no sean el ritmo umbral, teniendo que en cuenta que estábamos a 27 grados. Habrá que seguir buscando.

En total fueron 9,6 km en un tiempo de 47:12 @ 4:52 min/km.

Hablaba yo de reencuentro

Hablaba en la entrada del entrenamiento anterior del reencuentro con los compañeros, pero hoy sí ha sido el día del reencuentro de verdad, ya que nos hemos dado cita nueve pradolongueros en el punto de encuentro habitual. Y no exagero, que hay constancia gráfica del encuentro.

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No han salido muy enfocados los pradolongueros, pero mi nariz, perfecta

Salimos todos juntos, pero enseguida se hicieron dos grupos. Uno más numeroso que fue hacia el Parque Lineal y otro más pequeño que se quedó en Pradolongo. Yo estuve con los primeros que fuimos hacia el río.

No tenía pensado correr hoy, ya que lo había hecho ayer, pero por ver a los compañeros hice lo posible por acercarme. Pero de todas formas, prefería ir tranquilo porque notaba los tendones de aquiles muy tirantes, como siempre me ocurre cuando corro dos día seguidos.

Salimos despacio y tan tranquilos íbamos, que hicimos los cinco kilómetros de ida a un ritmo de 5:54 min/km. Luego apreté un poco los dos siguientes kilómetros, pero aflojé posteriormente, no era cuestión de lesionarse.

Hicimos 10 km en un tiempo de 55:38 @ 5:34 min/km.

El ilustre vecino de Villatripas de Abajo

El día 12 de julio falleció el gran Javier Krahe. Descanse en paz este ilustre vecino de Villatripas de Abajo. Ha sido, sin ninguna duda, un gran mazazo para todos sus seguidores, entre los que me incluyo. El único consuelo que me queda es poder aspirar el aroma de las flores que saldrán por su cabeza. Aunque me parece que ni eso, porque según he leído ha sido incinerado… hasta en eso ha sido irreverente.

Tendría unos catorce años cuando escuché por primera vez la canción de Marieta. Esa voz tan poco convencional y ese sonido de trompetillas me llamaron la atención en aquel entonces, pero ni sospechaba que su autor se llamaba Javier Krahe ni que con el tiempo se convertiría en mi cantautor preferido.

Mi siguiente recuerdo fue aquel genial disco conocido como La Mandrágora, donde estaba Krahe bien acompañado por Alberto Pérez y Joaquín Sabina. Al escucharlo pensé, ¿a quién se le puede haber ocurrido hacer una canción tan extraordinaria como La hoguera? Obviamente, a un genio como Javier Krahe, ese señor calvo que canta.

De antes de La Mandrágora data su primer disco, Valle de lágrimas, aunque yo lo conocí después. Allí aparecían canciones que conocía del disco en directo, pero había otras nuevas realmente geniales como ¿Dónde se habrá metido esa mujer?, El tío Marcial o La oveja negra. Desde entonces me enamoré de este artista y de sus letras ingeniosas y sarcásticas.

Era Sabina en aquel entonces también santo de mi devoción. Recuerdo ver en la tele el concierto de Joaquín Sabina y como me sorprendió la censura de la crítica canción Cuervo ingenuo. Creo que como siempre, esa censura consiguió hacer más grande a ese indio tan ingenuo.

El segundo disco, Aparejo de Fortuna, comienza con la canción Once años antes. Una canción quizás algo desconcertante si no se conoce a otro genio del siglo veinte: don Luis Buñuel. Un precioso tributo a este grandísimo director de cine. Hay otras canciones que también rayan la genialidad como Ciencias ocultas o una de las que más me gustan de todas las suyas: Los caminos del señor.

Bueno, no voy a seguir aquí detallando cada uno de sus discos. Decir que tuve la suerte de ver una actuación suya en directo en la sala Galileo Galilei hace ya bastantes años y me confirmó lo bueno que yo pensaba de él.

Ojalá siguiese todavía deleitándonos…

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De reencuentro

Una semana después de volver de las vacaciones era el momento de reencontrarme con mis compañeros pradolongueros, aunque muchos de ellos los sábados aprovechan para ir a la Casa de Campo; sin embargo Joaquín y Miguel tenían intenciones de acompañarme.

Por desgracia, Miguel ha tenido que desistir al haber pasado una mala noche, así que sólo hemos corrido Joaquín y un servidor.

El sábado suele ser el día que aprovechamos para bajar al río, para cambiar un poco la rutina del parque Pradolongo y eso es lo que hemos hecho. Salida desde el punto de encuentro habitual hasta el segundo puente y vuelta por donde habíamos venido, totalizando 11,3 km en 58:55 @ 5:10 min/km.

Comentaba Joaquín que se encuentra muy bien de forma, ya que ha estado entrenando todo el verano. Hoy, sin embargo, no hemos ido deprisa porque él había corrido ayer y estaba algo cansado. Ya habrá días y días para hacer entrenamientos a cuchillo.

Hoy marcaba la báscula 70,8 kg lo cual es una buena señal y esperemos sea el comienzo de una bajada imparable hasta los 67 por lo menos.