XXX Trofeo San Antonio de la Florida

Todo sea por repartir octavillas. Eso fue lo que pensé días antes y lo que me llevó a apuntarme a esta carrera en la que nunca había participado. Este año la inscripción era gratuita y encima el cronometraje era con chip. Todo un lujo.

La carrera comenzaba a las nueve de la mañana en el Paseo de Camoens, allí donde tiene la meta la Carrera de la Mujer y está situado el kilómetro 22 ó 23 de la Maratón de Madrid, así que tocaba madrugar el domingo también.

Aparcamos el coche justo detrás del Templo de Debod y desde allí fuimos dando un agradable paseo hasta la salida. El Parque del Oeste estaba precioso con las últimas lluvias caídas.

Llegamos con media hora de antelación, recogimos el dorsal sin hacer apenas cola, dejamos la mochila en el guardarropa y estuvimos calentando y estirando antes de que comenzase la carrera y a las nueve en punto dieron la salida a un pelotón de unos quinientos, así calculado a ojo.

Se podía hacer la prueba de 5 km o la de 10 km. Como el día anterior, elegí la corta para tener más tiempo para repartir octavillas. Salí deprisa pero sin matarme tampoco que tenía las piernas cansadas del día anterior; sin embargo, según iban pasando los metros notaba que iba mejor, que las piernas molestaban menos.

En la larga recta del Paseo de la Florida y Avenida de Valladolid me encontré francamente bien y aceleré el ritmo lo que pude, aunque tratando de guardar algo de fuerzas porque el final era duro.

Efectivamente, cuando llegamos al Puente de los Franceses comienza una subida imponente de unos ochocientos metros que en la maratón mola porque es bajada, pero en esta carrera, que es al revés, como dice el inefable Perico es larga pero dura.

Ahí agaché la cabeza y traté de no perder mucho ritmo y la verdad es que no subí mal del todo, mejor de lo que yo pensaba. Llegando al punto más alto de la carrera -a falta de cuatrocientos metros- me crucé con Jovita, que ganó en la categoría femenina de la prueba de 5 km, y pensé, pues no lo he hecho tan mal.

Llegué arriba y aceleré en la cuesta abajo y en el pequeño repecho donde estaba instalada la línea de meta, llegando con un tiempo oficial de 21:07.

Cogí una botella de agua y me dirigí rápidamente a por la mochila donde guardaba las octavillas. Comencé a repartirlas a los corredores que iban llegando y luego cuando llegó mi amiga me ayudó a repartir. Al final conseguimos deshacernos de todas las que trajimos. Confiemos en que sirvan para que se apunte mucha gente a esa gran carrera que es la Carrera Popular Barrio del Zofío.

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Repartiendo octavillas en la meta del Trofeo San Antonio de la Florida

Una carrera magnífica: gratuita, con chip y al finalizar una botella de agua, ¿para qué se necesita más? Trataré de repetir todos los años que pueda.

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