Corriendo por Marrakech

He tenido la suerte de visitar Marrakech estos días. Y la verdad es que he vuelto encantado. Después del primer impacto de ver una ciudad tan diferente con unas costumbres totalmente distintas, Marrakech me ha sorprendido gratamente.

Iba a estar cuatro días, así que había que buscar un sitio donde correr por allí. Como siempre, Internet tiene la respuesta. Busqué y encontré un sitio llamado mymaprun.com donde la gente deja rutas por todo el mundo y, por supuesto, no podían faltar rutas por Marrakech. Así que antes de ir para allá ya tenía claro cual iba a ser mi terreno de entrenamiento: un olivar situado al suroeste de la ciudad, sitio muy cercano a donde está situada la llegada y la salida de la maratón de esta ciudad.

Los musulmanes deben orar cinco veces al día. El almuédano llama a la oración desde el minarete o alminar de la mezquita. Hay infinidad de altavoces por la ciudad, por lo que es imposible no enterarse. Antes de que salga el sol se llama para la primera oración, el sabah. Aprovechaba esa llamada para empezar a pensar que debía levantarme y salir a correr. Tampoco es que saliera inmediatamente, sino que ya estaba a la expectativa, esperando que saliese el sol para ponerme en marcha.

Estaba hospedado en La Medina, entre estrechas callejas. Después de estirar, salía a ese laberinto de calles y ponía el GPS en marcha, aunque por esas intrincados caminos era imposible que cogiese la señal. Poco después, en una calle más ancha el GPS empezaba a sincronizarse, pero tardaba bastantes minutos. Prácticamente a la salida de la Medina el reloj ya estaba dispuesto y era el momento de comenzar a correr.

Comencé a correr cerca de la mezquita de Koutoubia, para llegar enseguida a la Avenue Hommane Al Faouaki y alcanzar la plaza Bab Jdid donde estaba la salida de la Medina. Después, el Boulevard Al Yarmouk y atravesar éste para llegar al olivar.

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Mezquita de Koutoubia

Curiosamente, en la ciudad se pueden encontrar miles y miles de gatos por las calles y plazas, pero hasta ese momento no había visto ningún can. Pero fue atravesar ese bulevar cuando vi por primera vez un perro. Bueno, no uno, sino dos, que empezaron a ladrar nada más verme, haciendo que mi corazón se acelerara de manera brutal, como si estuviese corriendo una milla a muerte. Menos mal que estaban atados, pues de lo contrario hubiese tenido que hacer la serie más rápida de mi vida.

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Gatos callejeros en Marrakech

Después de ese susto inicial, ya me adentré dentro del olivar -tampoco mucho- para coger un camino que transcurría paralelo al bulevar Al Yarmouk hasta la Avenue Guemassa. Junto a esa avenida se podían ver chalets con un aspecto estupendo, imagino que debe ser uno de los barrios ricos de la ciudad.

Uno giros por aquí, otros por allá, algún cambio de sentido y los kilómetros fueron pasando, a buena marcha pero sin pasarme, que tampoco era cuestión de pasarme con el ritmo que luego quedaban muchas horas de pateo por la ciudad. Salí del olivar cerca del lugar por donde entré, esquivando a los perros, para entrar en la Medina por la Avenue Ahmed Ouaqala y tirar hacia el norte para llegar a la Rue Bab Doukkala donde paré el cronómetro ya que me encontraba cerca del Riad Jomana donde nos hospedamos.

En total fueron aproximadamente 9,4 km en un tiempo de 47:04 @ 5:01 min/km.

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