En mi larga experiencia como corredor he presenciado multitud de incidentes donde se han visto implicados perros y corredores, debido principalmente al hecho de que el perro está suelto y se abalanza contra el corredor. Hace unos años relataba uno de los que fui testigo, pero esta tarde he vivido en primera persona una experiencia lamentable con un perro.
Hoy salí un cuarto de hora antes de la hora de encuentro porque tenía cosas que hacer después y no tenía mucho tiempo. Nada más empezar mi entrenamiento por el parque de Pradolongo un perro se abalanzó sobre mí. Hábilmente lo esquivé y seguí corriendo, pero el perro me perseguía pegado a mis talones. Paré en seco y le grité: ¡Estate quieto chucho!
En ese momento un individuo que estaba sentado en un banco, que parece ser era el novio de la dueña del perro, se acercó a mí voceando: ¡te voy a arrancar la cabeza, gilipollas!
Lo normal hubiera sido seguir corriendo e ignorar sus amenazas, pero por algún extraño motivo me detuve a tratar de entender qué extrañas razones le motivaban a insultarme y amenazarme de ese modo.
El individuo se encaró conmigo y me repitió una vez más que me iba a arrancar la cabeza porque le había faltado el respeto a su novia. En un principio entendí que la novia era la dueña del perro, pero quizás no era así.
En ese momento llegó Miguel, uno de los compañeros pradolongueros habituales, y ya empezó una discusión a varias bandas. Yo insistía que el perro debería ir atado y el bando contrario opinaba que el que debería ir atado era yo o quedarme en casita, que me había puesto muy exaltado porque un cachorrito me perseguía.
Resulta complicado distinguir si el perro que te persigue es un cachorro o tiene varios años de edad, sobre todo porque está detrás de ti y la iluminación del parque de Pradolongo deja mucho que desear como así lo he expresado montones de veces en este blog y poniendo quejas al ayuntamiento. Lo que sí puedo decir es que el perro no era precisamente pequeño de tamaño, que tenía al menos medio metro de altura.
Me comentó, una vez más, que me iba a arrancar la cabeza y que no lo hacía porque tenía antecedentes. Yo dije que le iba a denunciar por llevar el perro suelto (ahora me doy cuenta que quizás debería denunciarle también por amenazas).
Quizás esa obsesión por desprender la cabeza de mi cuerpo era debida al estado en el que se encontraba porque ya antes del incidente pude notar el olor característico que desprenden los porros. En plena discusión pude ver que el olor era debido al canuto que llevaba entre los dedos. Le hice ver que estando drogado era difícil hablar con objetividad a lo que me respondió que él era más hombre estando fumado con veinte años que yo con mis cuarenta. Aquí me descuadró un poco porque no entendí la relación de una cosa con la otra.
La discusión acabó con la novia diciéndome de muy malas maneras: ¡qué te pires, qué te pires! A lo que contesté que me iría cuando quisiese no cuando ella lo dijese. Miguel me insistió que nos fuéramos porque tampoco íbamos a conseguir nada estando ahí parados. Así que al final me puse a correr con el corazón desbocado como si hubiese corrido un mil quinientos a muerte.
Cuento todo esto para desahogarme, porque lo importante no es lo que me haya pasado, sino la situación que ya se está convirtiendo en habitual. En el parque de Pradolongo y en el Parque Sur (e imagino que en multitud de parques) resulta lo más normal del mundo ver perros sueltos correteando como si tal cosa mientras que los dueños de los perros departen sobre sus temas. Como los perros están sueltos es normal que se crucen en tu camino, pudiendo provocar como mínimo una caída o algo peor.
¿Tienen los perros más derechos que los corredores a compartir un espacio público?
¿Es muy complicado llevar al animal de la correa? Hay que tener en cuenta que la normativa del ayuntamiento de Madrid dice explícitamente: En espacios públicos y privados de uso común los animales deben circular acompañados y conducidos mediante cadena o cordón resistente que permita su control.

Imágenes como esta se ven todos los días por Pradolongo y calles adyacentes
¿Llegará un momento en el que los corredores y los perros puedan compartir un espacio común sin que el corredor se vea amenazado por el perro o por el dueño del can?
Lo veo complicado.

Sigo prefiriendo a estas adorables criaturas



