XVIII Carrera de Reyes de Yuncler

Comenzamos el Año Nuevo desplazándonos a Yuncler, pueblo situado más o menos a mita de distancia entre Toledo y Madrid, aunque algo más cerca de la capital de Castilla-La Mancha; sin embargo, enseguida se llega. De hecho sumando el tiempo que tardamos en llegar y aparcar el coche, tardamos menos tiempo que la anterior carrera en Vicálvaro.

Salimos a las ocho y media con el coche. Diez minutos más tarde recogimos a un compañero y pusimos rumbo a Yuncler, donde llegamos sobre las nueve. Aparcamos cerca de la zona de salida y meta y fuimos a recoger el dorsal a la placita donde siempre los dan, al lado de la llegada. Me agradó el detalle de que dieran una camiseta de manga larga. Otra que guardaré. Decían días antes que iba a hacer mucho frío e incluso podía nevar, pero aunque hacía frío, tampoco era exagerado, creo que otros años ha hecho más frío. Después de recoger el dorsal nos encontramos con los otro compañeros. Charlamos un rato y luego fuimos al coche a dejar la ropa y calentar un rato.

Estuvimos calentando hasta que faltando cinco minutos nos juntamos los seis para hacernos una foto. La compañera con la que había quedado para hacer la carrera y que solemos correr juntos casi todas, se quejaba de que le dolía mucho la espalda, que se había tenido que tomar un ibuprofeno y que estaba esperando a que le hiciera efecto. A las diez dieron la salida y salimos a toda pastilla ya que esos primeros metros son llanos tirando a favorables hasta llegar a la calle Greco donde se empina el trayecto. La compañera se quedó atrás aunque luego bajé un poco el ritmo y se puso a mi altura en la bajadita por la calle Ronda. Hicimos el primer kilómetro en 4:16 y lo di por bueno porque mi intención era hacer la carrera a un ritmo de 4:15 y ese primer kilómetro tenía una subida que nos había hecho perder un poco el ritmo. Pasamos por contrameta, por la esquina de la calle Ramón y Cajal y Paseo del Prado aún juntos. Subimos a la iglesia, embocamos al Camino Yunclillos y llegó el segundo kilómetro, que hicimos en 4:20. Notaba que a la compañera le costaba seguir el ritmo porque enseguida se quedaba atrás, imaginé que su espalda no la permitía esforzarse en demasía. Pasamos la primera zona de chalets y en Camino Recas llegó el tercer kilómetro, que hicimos en 4:12, recuperando lo perdido en el anterior. El siguiente kilómetro es el más favorable yendo por el Paseo de la Rivera y pasando por primera vez por meta. Ese salió a 4:10 y pensé que estaba en mi mano hacer esa media de 4:15.

En pleno esfuerzo pasado el kilómetro cinco

En la segunda subida a la calle Greco se quedó la compañera y ya no la esperé, se fue quedando metro a metro. El quinto kilómetro que incluía la subida por la calle Greco y un poco de bajada por la Calle Ronda se fue a 4:25. Poco después pasé de nuevo por contrameta y ya iba un tanto descolgada y entre ella y yo iban un par de chicas, que ya la habían adelantado en esta segunda vuelta. Iban a buen ritmo y pasada la iglesia me adelantaron también a mí. Iban picadas la una con la otra, siendo una de ellas muy joven (categoría senior) y la otra algo más mayor (categoría Veterana B). Esta chica, con una camiseta de un club de Fuenlabrada corría con muy buen estilo. Estuve casi todo el rato a su altura por el Camino Yunclillos, pero pensé que a la compañera no le iba a hacer mucha gracia porque parecía que las estaba echando una mano, así que las dejé pasar.

En el Camino Yunclillos, poco antes del giro a la derecha, estaba el sexto kilómetro, que hice en 4:24 y allí ya vi que se me iba el objetivo previsto, que iba a tener que apretar mucho en el tramo más favorable y aún así iba a estar muy complicado. En la zona de chalets se me fueron escapando poco a poco las dos chicas y aunque no miraba atrás, imaginé que la compañera también iba perdiendo terreno, pero con esta chica nunca se sabe porque tiene una capacidad de sufrimiento a prueba de bombas y tampoco me hubiese extrañado que me hubiese cogido. Hice el séptimo kilómetro en 4:24 y mis pocas esperanzas se esfumaron porque sabía que aunque fuese a tope en los últimos ochocientos metros no iba a recuperar lo perdido. Y así fue, los hice a un ritmo de 4:13 pero no pude conseguir el objetivo de 4:15 en el global de la carrera, que fue de 4:18. En los últimos metros la chica más joven consiguió dejar a la más mayor y de este modo, aunque hubiese dado igual que hubiesen invertido las posiciones, la más joven quedó tercera senior y la más mayor segunda Veterana B. Llegué a meta con un tiempo, según mi cronómetro, de 33:51, haciendo más tiempo que el año pasado que hice 20 segundos menos. Mi compañera llegó nueve segundos más tarde quejándose todavía de la espalda. Aún así se hizo con el segundo puesto de la categoría de Veteranas A. La otra compañera de club fue la tercera del equipo haciendo un tiempo de 38:10 que sólo la sirvió para ser sexta de su categoría. Poco a poco fueron llegando los demás, con especial mención a Emilio «el incombustible» que con sus 80 años subió a lo más alto del cajón como el participante de más edad. Por curiosidad estuve viendo qué hubiese pasado si hubiese nacido mes y medio antes y descubrí que hubiese sido tercero de Veteranos C porque el que fue tercero hizo 34:23. Eso sí, no me hubiese dado para ser segundo porque el segundo hizo 43 segundos menos que yo.

Nos cambiamos de ropa y volvimos a la plaza donde nos comimos unas migas con huevo. Las migas estaban malas, todo hay que decirlo, pero la intención es lo que cuenta. Eso sí, los huevos me gustaron más. Más tarde subió la compañera al cajón donde fue agraciada con un trofeo y un chorizo y un salchichón. De vez en cuando, entre categoría y categoría sorteaban algunas cosas, entre ellas un viaje y algunos embutidos, pero no fuimos agraciados con nada. Emilio subió también a por su trofeo y sus dos embutidos. Acabó el sorteo y fuimos a un bar cercano a tomarnos un café porque estábamos todos fríos todavía. Me gustó el bar porque estaba decorado con portadas de discos de rock como el Made in Japan, In rock, de Deep Purple, alguno de Rainbow como Long live rock and roll y alguno más de Black Sabbath o Dire Straits. Me encantó esa decoración tan rockera.

Los compañeros del Club Atletismo Zofío con los diferentes premios

XLIV San Silvestre vicalvareña

Tres días después de correr en Villaverde teníamos cita con la 14ª carrera de la Unión de Carreras de Barrio. Me desperté pasadas las ocho, me levanté y esta vez dije que no iba a llegar tarde al punto de encuentro, así que salí a las diez menos cuarto de casa y cuando llegué al punto de encuentro, cinco minutos después, me sorprendió porque fui el primero. Esto va a pasar a los anales del Club Atletismo Zofío. Al poco fueron llegando los demás y en dos coche partimos. Enseguida llegamos a Vicálvaro, pero dimos vueltas y vueltas y vueltas y no encontrábamos aparcamiento. Lo mismo los ocurría a los del otro coche. Al final nos bajamos una compañera y yo para ir recogiendo los dorsales y los demás siguieron buscando sitio. Nos dimos un bien paseo hasta el polideportivo y al entrar en la zona cubierta vimos que había bastante gente para retirar el dorsal.

Poniendo el dorsal en la camiseta apareció por allí mi sobrino al que saludamos y estuvimos un rato hablando. No sólo para recoger el dorsal, también había una cola enorme para dejar la ropa, menos mal que nos hicieron un hueco los compañeros. Todos comentamos que parecía que este año había mucha mas gente. Salimos del pabellón cubierto ya con la ropa de correr y notamos que hacía fresquito, menos mal que al menos lucía el sol. Aprovechamos para hacernos una foto, que luego utilizamos para felicitar el Año Nuevo.

Salimos a la calle donde está situada la meta y ya se fue cada uno por un lado. Mi compañera habitual y yo bajamos hacia abajo, como todos los años, bajando y subiendo haciendo la técnica de carrera que nos ha enseñado Marcos y los demás debían estar por la zona de arriba haciendo lo mismo. Faltando algo menos de cinco minutos nos metimos en el pelotón, en la décima fila o por ahí y nos encontramos con nuestro vecino corredor al que vemos en muchas carreras y al que ya habíamos saludado. Nos pusimos junto a él y al final hicimos toda la carrera los tres, aunque al final llegó un par de metros antes que nosotros. Por la zona de salida no vimos a nadie más del club, estaban todos en la parte trasera del pelotón. Mala elección.

Dieron la salida y como el primer kilómetro es casi todo cuesta abajo intentamos ir lo más deprisa que podíamos, aunque nos costó porque como siempre ocurre, se puso mucha gente por delante que salía de paseo. Poco antes de hacer el primer giro nos adelantó mi sobrino, al que se le veía francamente bien. Se notó ese atasco inicial, ya que siendo ese kilómetro casi todo cuesta abajo ese primer kilómetro no fue el más rápido, hicimos 4:16 . Luego comienza una larga subida por Villablanca, que se hace larga de narices. Casi terminada esa calle está situada el kilómetro dos donde mi cronómetro marcó 4:32. Se nos fueron segundos, pero no es fácil el tránsito por esa calle. Una vez coronada esa calle se llega a la plaza de la Vicalvarada y parece que la cosa se suaviza, pero tiene sus pequeñas subidas y bajadas hasta llegar a Valdebernado. Antes, cruzamos el Camino Viejo de Vicálvaro donde está situado el kilómetro tres en el que hicimos 4:29 dando muestras que ese tramo aunque parece llano, no lo es en absoluto.

En Valdebernado, bajando por el Bulevar Indalecio Prieto comienza una cuesta abajo donde mi compañera marchaba más deprisa que yo y eso que metros antes la tuve que esperar un poco. En esa bajada, a la altura de la boca de metro de Valdebernardo está situado el kilómetro cuatro, el meridiano de la carrera y allí miré el reloj y vi que habíamos hecho ese kilómetro más favorable en 4:25, tampoco es que la bajada nos ayudara a rebajar segundos. El bulevar que se ha bajado hay que subirlo y allí volví a reunirme con mi compañera. Fuimos un poco así el resto de la carrera, yo remontaba en las subidas lo que ella me sacaba en las bajadas. El quinto kilómetro está situado en la Avenida de la Democracia, donde te cruzas con los más rezagados. En ese kilómetro se paga la salida de Valdebernardo porque fue el más lento de la carrera, ya que lo hicimos en 4:35. Se llega a la glorieta por donde se pasó poco después del tercer kilómetro y comienza una cuesta abajo por la calle Camino Viejo de Vicálvaro donde intentamos ir lo más rápido que nos daban las piernas. Ese kilómetro «cayó» en 4:20 y el siguiente, también favorable, fue el kilómetro más rápido, que hicimos en 4:13. Ya sólo quedaba subir lo que habíamos bajado en el primer kilómetro para entrar en la pista de atletismo del polideportivo. Esa larga recta se hace eterna por varias razones: es muy larga, es cuesta arriba y las piernas ya van fatigadas. Lo único positivo es que se huele ya la meta. Allí también flojeó un poco la compañera pero aún así, gracias a su capacidad de sufrimiento, llegamos juntos a meta justo detrás del otro compañero que nos había acompañando, siempre un par de metros delante, durante toda la prueba. Ese último kilómetro lo hicimos en 4:13 bastante bien para lo duro que era el tramo y lo que llevábamos encima. Conseguimos bajar de 36 minutos que era mi objetivo, marcando mi reloj un tiempo de 35:37 a un ritmo de 4:25. Al final se quedó lejos el ritmo de 4:15 – 4:20 que pensaba en un principio que podíamos llevar, quizás fui muy optimista.

Llegando a meta cogiditos de la mano como buenos compañeros

La siguiente en llegar fue mi amiga, que se fue a 40 y pico aunque yo pensaba que iba a ir más deprisa. Ya fueron llegando el resto de los compañeros. La más joven venía muy contenta porque había clavado un ritmo de seis minutos el kilómetro, nada mal para ser una principiante. Me encontré con mi sobrino y familia y estaba muy contento porque había hecho 32 minutos, nada mal. Recogimos la bolsa y bajamos a los vestuarios de abajo a ducharnos, pero en el de los chicos no había agua y en el de las chicas sólo funcionaba una ducha. Me subí arriba y al sol me vestí. Habían puesto las clasificaciones de los podiums y vi que mi amiga había sido tercera de su categoría Máster B y por desgracia la compañera con la que había hecho toda la carrera no aparecía entre las tres primeras Máster A ya que fue cuarta. Se lo comuniqué y entré en el pabellón no sé a qué y vi a un tipo en una valla custodiando una puerta. Le pregunté si este año no había duchas y me dijo que detrás de esa puerta se podía, así que entré, me quité la ropa que me acababa de poner y me duché con una agua que salía hirviendo. Sólo había un tipo duchándose, seguro que mucha gente se marchó sin ducharse porque abajo no sé podía, porque otros años siempre ha habido bastante gente en las duchas.

Esperamos a que la amiga recogiera su medalla, nos despedimos de mi sobrino y familia y fuimos hacia el coche, que no estaba precisamente al lado. Desde allí fuimos directamente al bar del barrio donde estuvimos celebrando el Año Nuevo. Y así acabó 2025 con un último trimestre repleto de carreras.

XIV San Silvestre de Villaverde Alto

Me desperté poco antes de las ocho, me levanté y desayuné. Aún levantándome con tanta antelación llegué tarde al punto de encuentro donde habíamos quedado a las diez y media. Por supuesto ya estaban allí los demás. Nos montamos en el coche y partimos rumbo a Villaverde, al parque Plata y Castañar, que realmente no está lejos de casa.

Aparcamos muy cerca de donde tenían montado el tinglado los de la Asociación Vecinal la Incolora, organizadores de la San Silvestre de Villaverde, en plena curva, en un sitio donde obviamente no se podía aparcar. Estaba todo mojado pero afortunadamente no llovía en esos momentos, aunque hacía bastante frío, yo llevaba varios días con la garganta en mal estado y no tenía muy claro cómo me iba a afectar. Me puse una braga al cuello para tratar de paliar un poco mi malestar, pero no creo que sirviera de mucho. Mi habitual compañera de correrías apareció poco después diciendo que había venido de milagro porque cuando se levantó estaba lloviendo mucho y como sigue enferma, no tenía muchas ganas, pero allí estaba y seguro que no iba a ir de paseo.

Hice uso del guardarropa, pero me quedé con mi chaquetilla para calentar, que consistió en un poco de técnica de carrera de lo que nos ha enseñado Marcos, el entrenador de la Asociación Vecinal Barrio Zofío. Luego trotamos dando la vuelta pequeña que teníamos que recorrer en la prueba, así que calentamos casi dos kilómetros. Al final se nos echó el tiempo encima y casi no nos dio tiempo a hacernos la foto de equipo porque no éramos capaces de juntarnos todos. Busqué al que faltaba, nos hicieron la foto y buscamos nuestro lugar en esa salida que hacen medio improvisada en el campo de béisbol.

Representantes del Club Atletismo Zofío en la San Silvestre de Villaverde Alto

Salimos a toda pastilla dando casi una vuelta al campo de béisbol y pensé que pocas carreras pueden presumir de arrancar de un campo de béisbol y menos en España, que se deben contar con los dedos de una mano. Iba sin reloj porque lo había olvidado en casa, así que iba más tranquilo de lo habitual. Al menos mi compañera sí lo llevaba y así podía saber a cuánto había hecho cada kilómetro… Si no se me escapaba, aunque la pobre no iba nada bien porque había estado con antibióticos durante la semana y aún seguía regular porque tenía la voz tomada. A mí me dolía un poco la garganta, pero iba bien. Adelantamos a Luismi, del Club Atletismo Villaverde, el mismo que había hecho conmigo el cross de la Elipa, que iba con un amigo y con los que fuimos casi toda la carrera.

Corriendo la San Silvestre de Villaverde Alto por el parque de Plata y Castañar

Luego viendo los tiempos, vi que fuimos bastante regulares hasta el último kilómetro donde la compañera sufrió un poco, aún así acabó segunda de la carrera y segunda de su categoría. La otra compañera llegó la sexta de las chicas haciendo un carrerón y quedando primera de su categoría. Hicimos un tiempo de 21:03 en una distancia algo inferior a los cinco kilómetros anunciados. Según me enseñó luego hicimos los kilómetros en 4:07, 4:17, 4:17, 4:17 y 4:26 a una media de precisamente 4:17 y es que me cuesta bajar de 4:15 por más que lo intento.

Nos cambiamos de ropa para no enfriarnos, recogieron las chicas sus trofeos en el pódium y nos quedamos al sorteo porque había mogollón de lotes del mercado además de algún otro obsequio. Le cayó a uno de los compañeros uno de los últimos lotes del mercado y se puso contento, contento. Yo también lo hubiera estado.

El compañero más contento que unas castañuelas con su regalo en el sorteo

Fuimos al bar donde estuvimos el año pasado a comernos el «jamón», pero nos llevamos un buen chasco porque eran unas botellas de vino, aceitunas y unos dulces navideños, por lo que nos tuvimos que conformar con unas aceitunillas que venían incluidas en el lote y unas migas que nos pusieron de aperitivo. No estuvimos mucho tiempo porque ya se nos hacía tarde entre que empezó tarde la carrera y lo que duró el sorteo.

XLI Cross de Invierno Ciudad de los Poetas

Un compañero nos comentó que se había apuntado a este cross que ya conocía cuya inscripción era gratuita, así que convencía a su vez a una amiga y nos apuntamos los tres. El día de la carrera, poco después de las siete me levanté, desayuné lo de siempre, ya que mi carrera empezaba casi a las once. A las ocho y media estábamos en la gasolinera donde habíamos quedado con el compañero. Ya estaba allí por lo que nos montamos en su coche pequeño y nos fuimos hacia la Dehesa de la Villa. En épocas pretéritas se podía subir desde la carretera de La Coruña o la M-30 o pasando por las facultades, de hecho había hecho esa subida un montón de veces con la bici, pero hace unos años cortaron un trozo de esa calle y el GPS nos indicaba que había que dar una vuelta del copón, cosa que hicimos. Llegamos al sitio subiendo por Antonio Machado y pensé que quizás el club organizador de este cross se llama Ciudad de los Poetas y debía ser porque por esa zona hay varias calles con nombres de poetas. Aparcamos el coche muy cerca de donde entregaban los dorsales y fuimos a un edificio, que es algo relacionado con el medioambiente, donde nos dieron el dorsal rápidamente y también estaba allí el ropero, aunque aún no dejamos las cosas porque quedaba tiempo y hacía fresco. Había carreras de niños en esos momentos. Normalmente en los crosses hay distintas horas de salida donde van distribuyendo a la gente, corriendo normalmente las mujeres por un lado y los hombres por otro. Debido a esto, la compañera tenía la salida a las 9:55 por lo que fue la primera en cambiarse. Estuvo un rato calentando después de dejar sus cosas en el ropero y algo más tarde dejamos el compañero y yo las nuestras. De todos modos me quedé con el abrigo para luego dejárselo a la chica cuando llegara.

Una bonita foto en plena Dehesa de la Villa

Mientras ella corría estuve yendo de un lado a otro del circuito animando a la gente y haciéndola fotos en sitios variopintos. Me di cuenta que el circuito era duro, duro. Cuando acabó se la notaba contenta ya que dijo que le había salido a una media de 5:12 los seis kilómetros y medio en un circuito muy bonito pero que era todo el rato subir y bajar. Le di el abrigo y seguí trotando un poco para no quedarme frío porque ya estaba caliente de haber ido de un lado a otro. Me fui con el compañero a la salida y él se quedó atrás y yo fui adelantando posiciones hasta que vi un sitio que me pareció que estaba bien. Dieron la salida al poco soplando un silbato y no me enteré, me puse en marcha siguiendo a la manada. El circuito comienza subiendo un pequeño repecho y luego viene una cuesta abajo larga y pronunciada donde pude corroborar que bajo peor que cualquiera. Después de esa larga cuesta abajo se hace un giro a derechas y se afronta la cuesta más larga del circuito, aunque afortunadamente menos empinada que la bajada. Se gira a izquierdas y el camino sigue subiendo aunque más llevadero. Luego se inicia una larga cuesta abajo de poca pendiente que en sus últimos metros se hace más inclinada. Se gira casi trescientos sesenta grados y a subir lo que se había bajado. Se llega a la única zona más o menos llana para afrontar un repecho corto pero duro, luego una zona algo más llevadera y así acabó la vuelta. Se pasa cerca de la llegada pero hay que continuar dos vueltas más y teniendo en cuenta que cada vuelta eran algo más de dos kilómetros, en total hicimos seis y medio. En la segunda vuelta, en una de las subidas conseguí adelantar a Pedro Sanz, todo un clásico del Clínicas Menorca, aunque luego en la bajada más larga de la tercera vuelta me adelantó con sus largas piernas y acabó unos segundos delante de mí.

Había unos cuantos detrás de mí

Yo también acabé bastante contento, aunque sufrí lo suyo. Cuando miré el reloj y vi que había hecho 4:29 de media me pareció una buena marca para un recorrido tan duro, aunque repito, muy bonito y además me traía recuerdos de cuando estuve estudiando Teleco, ya que la Escuela está al lado. Según parece se me veía muy pálido y debía ser tanto por el esfuerzo como por el frío. Recorrimos el circuito hacia atrás para animar al compañero y tardó un rato en pasar. Le animamos y fuimos hacia la meta a buscarle. Luego recogimos la ropa, nos cambiamos y fuimos a por un caldito cortesía del club Ciudad de los Poetas, que eran los organizadores del evento. Yendo hacia el bar a por el caldito, un sitio situado junto a la meta, pasamos por la zona donde daban los premios con la esperanza de que llamaran a la compañera, ya que daban tres trofeos y medalla hasta el octavo, pero no la nombraron. Luego vimos en las clasificaciones que había sido décima de las Máster B, categoría que iba desde 45 en adelante, difícil competir contra las chicas de esa edad. Nos tomamos el caldito, que nos sentó de vicio para adquirir temperatura y ya nos dirigimos al coche y volvimos al barrio. Otra carrera que apunto en mi agenda.

XXII Cross popular Salvar el Pinar de la Elipa

Me desperté a las ocho y pico, me levanté y desayuné como un día normal. Sobre las once menos veinte salí de casa y recogimos al compañero. La idea era entrar a la Elipa por la zona de la M-30 para dejar el coche por allí, pero no vimos sitio y tuvimos que dejar el vehículo cerca del cementerio.

Bajamos andando hasta donde daban los dorsales, donde siempre, junto a una caseta. Hacía un aire bastante frío, aunque hacía solecito. Recogimos los dorsales en un periquete y nos fuimos hacia el otro lado, junto a unos columpios para los niños. Mientras nos poníamos el dorsal y nos quedábamos de corto apareció por allí un chico que entrena por Pradolongo, y que solemos ver en las carreras de barrio. Me estuvo contando que el día anterior había corrido un cross universitario.

Nos hicimos unas fotos, dejamos las cosas en el ropero y calentamos un poco sobre todo para que viera la nueva lo que la esperaba. También para entrar un poco en calor, que el viento frío se hacía notar. Nos pusimos en la salida y vimos que había bastante gente. Nos adelantamos un poco para no tener muchas apreturas en la salida.

Salí con un chico de Villaverde llamado Luismi, que tuvo la idea de venirse conmigo, y ya fuimos juntos toda la carrera. En la última vuelta dijo que me fuera, pero ya para qué y aflojé un poco el ritmo. Llegamos a la meta y dije de ir a animar a una amiga y se vino conmigo. Cuando pasó dijo él de esperar a su compañera y allí estuvimos para animarla. Ya después nos quedamos para ver a la otra compañera, que cuando pasó no la vi con mala cara.

Después de un rato recogí una maceta de orégano, una botella de agua y una bolsa de plástico con una barrita, una botella de líquido azul y un bote de Fanta. Me acerqué a por la ropa y luego pregunté a los cronometradores si podía ver la clasificación. Me dijo que estaba en la app pero me preguntó el nombre, se lo dije y me respondió que había sido tercera de las superveteranas. Así que nos quedamos a la entrega de trofeos. En esos momentos se estaba mejor porque hacía sol y había parado el viento. Recogió el trofeo, nos fuimos al coche y nos volvimos a casa después de dejar al compañero en su casa.

XXVII Legua Popular Subida al Castillo de Fuentidueña

Hay un compañero del Club Atletismo Zofío que ha corrido bastantes pruebas por el sureste de Madrid y nos habló de esta carrera diciendo que era una de las más bonitas, así que nos animamos unos cuantos compañeros a participar. Me levanté a las siete y diez después de haber dormido regular, desayuné como un día normal y poco después de las diez salimos con el coche. Recogimos a un compañero y yendo por la M-45 llegamos a la A-2 y por esa carretera hasta Fuentidueña de Tajo, a unos sesenta kilómetros de Madrid. Aparcamos no muy lejos de la plaza donde está montado todo el tinglado y fuimos andando hasta allí donde ya estaban los restantes compañeros, los cuales ya habían recogido los dorsales. Enseguida nos hicimos con ellos y fuimos al coche a dejar la ropa y pincharnos el dorsal. Faltaba como media hora para comenzar la carrera y la aprovechamos para calentar un poco. Desde que llegamos no había parado de lloviznar, pero cuando dieron la salida había parado la lluvia. El calentamiento nos sirvió para conocer un poco la subida al castillo.

Los cinco componentes del Club Atletismo Zofío en Fuentidueña de Tajo

Me pilló un poco despistado cuando dieron la salida porque había visto a uno de los compañeros situado más allá de la última fila y le pregunté que qué hacía y me respondió que quería ir tranquilo. Dieron la salida cuando estaba atrás del pelotón, menos mal que no había mucha gente. Por mi despiste, cuando me puse en marcha ya mi compañera me sacaba unos cuantos metros y no conseguía recortárselos. Miraba el reloj y veía que marcaba 4:09, lo que me parecía algo rápido. La pude alcanzar ya subiendo hacia el castillo y ya desde entonces fuimos juntos hasta meta aunque pensaba que en la bajada no iba a poder seguir su ritmo. Hicimos ese primer kilómetro, ya con algún tramo cuesta arriba a 4:27, lo que no me pareció mal ya que la subida se las trae.

Subimos al castillo, lo rodeamos y bajamos por otra carretera, afortunadamente para mí con menos pendiente. En plena bajada se encuentra el segundo kilómetro, que completamos en 4:19 y que tampoco me pareció mal porque aunque parte era cuesta abajo, hubo un buen tramo cuesta arriba. La carretera seguía bajando hasta cruzar el río por un puente metálico y poco antes de llegar a ese puente pasamos por el punto kilométrico tres donde el cronómetro marcó 3:59 un ritmo que indicaba claramente que el terreno era favorable. Una vez pasado el puente sobre el rio Tajo, la carrera sigue por un camino paralelo al río, por terreno llano, aunque el recorrido era por tierra y de ida y vuelta. Allí nos cruzamos con los primeros donde vimos a uno del Running Villarejo que iba destacado en cabeza y me acordé de Pedro, el presidente del club, que me había dicho que seguramente iba a ganar porque era muy bueno el tío, con una marca de 3:50 en 1.500 metros. Un máquina. Vimos también a algunos participantes del canicross, que salieron un par de minutos antes, pero aún así iban deprisa. Poco antes de darse la vuelta en ese camino paralelo al río se cumplió el cuarto kilómetros que hicimos en 4:16. Vi que mi compañera iba la cuarta de las féminas y que iba a tener complicado adelantar a las otras chicas porque la que iba delante de nosotros nos sacaba bastante.

Se vuelve a cruzar el puente de hierro y allí comienza una subida por la que habíamos bajado antes, aunque no se sube hasta arriba. Antes de llegar a la altura de la plaza giramos a la derecha, justo cuando el cronómetro marcó el quinto kilómetro que hicimos en 4:31, se notaba que ya llevábamos un rato cuesta arriba. En vez de seguir rectos, como se hacía otros años, habían cambiado ese último tramo porque estaban en obras en una calle cerca de la plaza y en qué momento se les ocurrió esa variante porque nos encontramos con una rampa de aúpa, que nos cortó el ritmo por completo. Llegamos juntos a meta con un tiempo de 23:54 en una distancia de casi 5,5 kilómetros. Pasé la meta y fui a buscar a la otra compañera del club, pero cuando llegué a los corredores ya había pasado. Cogí la ropa del coche y volví a la zona de meta. Miré en el móvil y vi que la compañera con la que había compartido la legua había sido cuarta y segunda de su categoría y la otra compañera… ¡Primera de su categoría!

A punto de alcanzar la línea de meta

Tampoco lo hice tan mal, fui cuarto de mi categoría, estuve cerca del cajón, pero el tercero me sacó casi minuto y medio. Estuvimos esperando la entrega de premios y la compañera que fue primera de su categoría subió al cajón llevándose una medalla y una caja de Filipinos con 15 paquetes de 15 unidades. Mi compañera de desventuras subió como segunda y su regalo no fue tan interesante. Cuando ya se fue todo el mundo pusieron una mesa en medio de la plaza, trajeron los del club Villarejo Running un jamón y un par de lomos y botellas de líquido isotónico y luego compró un compañero unas barras de pan y unas cervezas. Mi trabajo consistió en ir cortando las barras de pan mientras uno de los miembros del equipo de Villarejo cortaba jamón. Pero no daba a basto, según iba cortando jamón y lomo iba siendo engullido por los que estábamos allí al acecho de tan ricos fiambres. ¡Muchas gracias a Pedro y al club Villarejo Running! Se portaron de diez.

Compartiendo mesa y mantel con los compañeros del club Villarejo Running

Nos pareció poco el jamón y cuando dimos buena cuenta de ello nos fuimos a un bar cercano donde nos había dicho un compañero que se comieron unas gachas muy ricas, pero fuimos allí y ya no quedaban. Fuimos a otro bar y tampoco tenían, pero nos quedamos allí tomando para pasar la mañana. Una bonita carrera a la que apunto en mi calendario para años venideros.

XLVI Trofeo Marathon de cross

Se trataba de la décima carrera del circuito de la Unión de Carreras de Barrio de Madrid y además se celebra cerca de mi casa, así que no podía dejar de participar. Llegamos al punto de encuentro, tarde como siempre, nos montamos en el coche y en vez de aparcar en la Avenida de los Poblados como hemos hecho otras veces y darnos un paseo, se le ocurrió a una compañera que podíamos ir por detrás del Parque de las Cruces y aparcar por allí, pero estuvimos dando vueltas y vueltas y no había manera, así que en una de esas vueltas me bajé cerca de donde daban los dorsales para recoger el de los cinco mientras seguían buscaban aparcamiento. Después de un rato de espera me dieron los dorsales y poco después llegaron los demás a los que di los suyos. Dejamos la ropa en el guardarropa, calentamos un poco y nos hicimos una bonita foto todos los componentes del Club Atletismo Zofío con algún infiltrado.

Hacía un bonito día, soleado y algo fresco, ideal para correr. Después de la foto calentamos un ratito más y faltando unos cincos minutos pasamos por la cámara de salida, cosa que hacen para los federados pero que también nos hicieron pasar por allí a nosotros. Dieron la salida a las once y media y salí con una compañera que decía encontrarse con pocas ganas, pero ya sabía yo que iba a zumbar de lo lindo. Había que dar tres vueltas a un circuito de dos kilómetros para totalizar seis. Al poco de salir ya me notaba cansado, quizás no me vino bien haber salido el día antes ni me está viniendo bien el entrenamiento de la escuela de atletismo porque estoy haciendo muy pocos kilómetros. El caso es que fui con la compañera a un ritmo un poco por encima de 4:30 hasta el último kilómetro donde ella se puso a tirar como una posesa para adelantar a unas chicas que nos precedían y en esos últimos mil metros me debió de meter veinte segundos. Llegué a meta con un tiempo 27:48 según mi cronómetro, que no creo que difiera mucho del oficial. Salió según mi reloj una distancia de 6,1 km por lo que se puede pensar que los seis kilómetros oficiales están bien medidos. El ritmo fue de 4:33 min/km lo cual no estuvo mal para tratarse de un cross con alpaca incluida. Lo mejor fueron las fotos con las que nos obsequió la organización, de una calidad brutal.

Excelente foto cortesía de la organización

Poco a poco fueron llegando los demás. La compañera con la que hice todo el recorrido dijo que debía ser cuarta o quinta, que no merecía esperar a la entrega de trofeos, así que poco después de llegar don Emilio, a punto de cumplir los 80 años, recogimos los bártulos y nos fuimos a casa.

Herbalife Night Run

Huyo de las carreras comerciales como de la peste, así que cuando vi anunciada la carrera ni se me pasó por la cabeza participar en esta prueba; sin embargo, días antes me ofrecieron dos dorsales y por aquello de celebrarse en las inmediaciones del Metropolitano, no pude negarme, dicen que tiran más dos colores que dos carretas, ¿o no era así el dicho?

Salimos con tiempo y tuvimos suerte y pudimos aparcar cerca, por lo que fuimos andando hasta el estadio Metropolitano donde no se veía mucha expectación, todo sea dicho.

Nos hicimos unas fotos, calentamos un poco y faltando unos cinco minutos nos metimos en el pelotón de salida, pero estuvimos veinte minutos esperando a que dieran la salida porque según el speaker la Guardia Civil tenía que cortar una glorieta y tardaron bastante por algún motivo. Por fin dieron la salida y entonces nos dimos cuenta que nos habíamos puesto algo atrás porque nos encontramos un terrible embudo en el primer kilómetro. En ese primer kilómetro hay una buena cuesta abajo que luego a la vuelta es para arriba. Luego la carrera sigue bajando aunque la pendiente es más suave. Nos cruzamos con una chica que me pareció Ana del Cerro, pero no la reconocí bien porque estaba algo oscuro y no iba la primera cuando el año pasado fue la campeona, bien que la vimos en la pantalla puesta en la zona de salida donde repitieron cuarenta veces un video resumen del año pasado donde se la veía ganar la carrera.

Se llega a una glorieta poco después, ya bien metidos en la parte antigua del barrio de Canillejas y al hacer un giro de trescientos sesenta grados se empieza a ascender por los otros dos carriles de la calle por la que habíamos bajado. La subida, aunque suave, se notó en las piernas, luego dimos casi una vuelta completa al estadio y entramos bajando por una rampa muy empinada hacia las entrañas del Metropolitano y salimos por fin al terreno de juego donde dimos casi una vuelta, eso sí, sin pisar el césped. Traté de hacer una foto a mi amiga y no sé dónde daría que salió en blanco y negro. Luego me hice un selfie y salió algo mejor y luego traté de hacer un selfie de los dos y tampoco salió muy allá. El único atractivo que era dar la vuelta al «ruedo» no fue una experiencia muy satisfactoria. Salimos del estadio por la misma rampa que habíamos entrado y nos pareció muy dura, es una rampa de impresión.

Media vuelta la estadio y por fin llegamos a la meta en un tiempo de treinta y tres minutos y pico en una distancia aproximada de seis kilómetros y medio. Nada más pasar la línea de meta vimos a Ana del Cerro, así que se confirmó que la chica que vi era ella. Nos contó que estaba esperando a su hija, que también había participado. Toda una familia corredora. Nos hicimos un selfie con un perro muy atlético y se acabó la jornada.

Un selfie con un perro muy atlético

XII Carrera Popular Butarque-Villaverde

Había llegado el día antes de pasar una semana en los Pirineos y venía con las piernas cansadas, cansadas. Pensé que no es lo mismo correr que subir y bajar montañas, pero al final tener las piernas cansadas influye hagas una cosa u otra. Llegamos al punto de encuentro y ya estaban allí los compañeros. Fuimos en coche hacia donde la dan la salida de la carrera y lo bueno de la carrera de Butarque es que junto a la línea de meta hay un descampado donde se puede aparcar.

Nos quedamos en ropa de correr, dejamos la mochila y calentamos un poco. A las nueve y media dieron la salida y ya antes de salir notaba las piernas muuuuy cansadas y en cuanto corrí cien metros ya vi que no iba y empezaba a preguntarme qué hacía allí con las piernas en ese estado. Llevaba un kilómetro y estaba deseando que aquello se acabara. En el kilómetro tres me descolgué de la compañera con la que había salido y le dije que se fuera, que no podía mantener su ritmo ni de cerca. Me quedaba aún siete kilómetros y estaban convencidos de que se me iban a hacer muy largos; sin embargo, al bajar el ritmo no iba tan mal. Al ser una carrera con algunas cuestas arriba pensaba que después de haber estado subiendo montañas lo iba a hacer bien en esas subidas, pero no, me costaba un montón. Sólo estuve bien cuando acabé de subir la cuesta larga hasta meta, es decir, dos kilómetros de diez. Llegué a meta haciendo 45 minutos y unos 20 segundos y demasiado hice.

En los últimos kilómetros, muerto ya

La compañera con la que salí llegó quinta de la carrera y primera de su categoría. Otra compañera del Club Atletismo Zofío quedó segunda de su categoría, así que estuvimos un rato esperando al que les dieran su trofeo. De nuevo fueron las chicas del club las que subieron al cajón. Después de hacernos una fotografía con las campeonas fuimos al bar situado en el polideportivo donde acababa la carrera y allí estuvimos celebrando sus trofeos. Además la buena gente de Forofos del Running nos invitaron a algunas lonchas del jamón que acababan de ganar por se uno de los equipo con más participantes. No estuvo mal el post.

Una foto con las campeonas

IV 10 km de Ciudad Lineal

Comentó un compañero que se había inscrito a esta carrera y que una de sus «virtudes» es que se trata de una carrera muy llana. He trabajado durante muchos años en una calle perpendicular a Arturo Soria, donde transcurre esta carrera casi en su totalidad, y sabía que llana, lo que se dice llana, no era, pero el recorrido es que es todo el rato subir y bajar aunque no sean cuestas de mucha pendiente.

Me desperté a las siete menos cuarto, un cuarto de hora antes de que sonase mi despertador. Me levanté, desayuné algo menos de lo habitual y me preparé para salir. Como siempre llegué un par de minutos tarde al punto de encuentro. Cogió Emilio «el incombustible» el coche y en un rato llegamos a la «cruz» en el cruce de la calle Alcalá con Arturo Soria y Hermanos García Noblejas. Sitio que llaman la cruz, pero no sé el motivo. Aparcamos en la calle Alcalá, un sitio que nos había guardado otro compañero, muy cerca de la plaza donde estaba situada la llegada.

Componentes del Club Atletismo Zofío en los 10 km de Ciudad Lineal

Efectivamente, lo de que la carrera es llana es una falacia, ya no recordaba que Arturo Soria es todo subir y bajar y que hubiese tantos toboganes. Me resultó muy dura con tanto cambio de pendiente. Había pensado seguir un ritmo entre 4:20 y 4:25 pero fue imposible. Llegué a meta con 44:57 dándome con un canto en los dientes por haber bajado de 45 minutos.

En el meridiano de la carrera

Al acabar volví a Arturo Soria, unos 400 metros antes de meta, a animar a los compañeros y me quedé hasta que pasaron los dos Emilios. El señor Emilio «el incombustible» se marcó una gran carrera sin casi entrenar, haciendo 1h04 y con casi 80 años. Como era el más mayor de la carrera tuvimos que esperar gustosamente a que subiera al cajón y le dieran su trofeo y sus 80 € en material deportivo. Todo un ejemplo a seguir.