A las siete menos diez sonó el despertador y después de preguntarme «¿por qué suena el despertador a estas horas?» Recordé que era porque tenía una carrera un sábado a las nueve de la mañana y no precisamente al lado de mi casa. Sí, un sábado, algo fuera de lo acostumbrado. Me levanté rápido, solté lastre, me comí una triste raja de melón y un dátil y a las siete y media estaba esperando a la compañera del Club Atletismo Zofío con la que había quedado para ir a Colmenar de Oreja.
Antes de la ocho y cuarto estábamos aparcando no muy lejos de la Plaza de San Roque donde estaba montado todo el tinglado. Fuimos a la ermita de este santo y en la puerta recogimos el dorsal. Pasé de nuevo por el servicio, me acerqué al coche a dejar la mochila y estuvimos calentando un poco y haciendo algo de técnica de carrera. Poco antes de las nueve estábamos todo el mundo detrás de la línea de salida, pero hubo que esperar unos minutos porque el autobús estaba en la calle por donde iba a salir de la carrera. Una vez hubo cargado y descargado gente se fue de la parada dejando libre la calle y enseguida dieron la salida.

Tenía esperanza de hacerlo bien, ya que la temperatura era fresca, no como en las últimas carreras en las que había participado y siempre he corrido mejor con frío que con calor. Me puse en marcha junto a una de mis compañeras, a la que últimamente no soy capaz ni de acercarme y enseguida comenzó a sacarme metros de distancia. A poco de comenzar vi que era la séptima de la carrera, pero todas muy agrupadas. Sabía que desde luego la séptima no iba a ser…
Sólo sabía que el circuito consistía en dar tres vueltas a un recorrido de casi dos kilómetros. Lo que no sabía es que prácticamente no había nada llano y aunque las cuestas no eran de mucha entidad, todo era subir y bajar. Hice el primer kilómetro en 4:11 y no me vi demasiado mal, pero según iban pasando los kilómetros iba cada vez más lento. No daba más de sí. El siguiente kilómetro lo hice a 4:19 y el tercero a 4:23. Pronto me vi junto a dos corredores: uno muy alto que parecía de la localidad porque iba saludando al personal y otro calvo del Club Atletismo Toledo que pensé podría ser de mi categoría.
En la segunda vuelta, subiendo por la cuesta más empinada vi que me acercaba al calvo y pensé que podía hacerme con él en la tercera vuelta, pero no pude ejecutar el plan porque en la bajada de esa tercera vuelta se me fue yendo poco a poco y cuando llegué a la cuesta donde pensaba adelantarle, ya iba lo suficientemente lejos para que lo poco que le pude recortar no fue suficiente. Me apliqué todo lo que pude, pero no pude con él y llegó a la meta nueve segundos antes que yo. Según mi cronómetro, hice un tiempo de 25:58 para una distancia de 5,9 km, aunque la organización me da un tiempo de 26:01.
Efectivamente, el que me precedió, el corredor que tenía tanto pelo como yo, era de mi categoría y se aupó al tercer escalón del cajón, así que me quedé con la medalla de chocolate por poco. Pero bueno, la cosa va mejorando ya que en la anterior carrera, en el Trofeo San Lorenzo fui quinto de mi categoría.
Al menos el Club Atletismo Zofío no se vino de vacío, ya que las dos compañeras fueron primeras de sus correspondientes categorías y además una de ellas fue la cuarta de la general. Dos auténticas campeonas que resulta raro no suban al pódium en aquellas carreras en las que participan.
