Una docena
Impresionante la cantidad de gente que nos hemos juntado hoy. Éramos once en la salida, pero al poco se nos ha unido otro, Miguel, que ya parece recuperado de su esguince. Nunca se había visto nada semejante en Pradolongo. Sin embargo, ha durado poco el pelotón porque se ha puesto a tirar el hombre radiactivo y el grupo se ha hecho trizas. Y creo, sin temor a equivocarme, que la primera vuelta que hemos dado ha sido la más rápida con diferencia, ya que hemos tardado 22:38 según el reloj de Quique. Había momentos en que me resultada difícil seguir la estela de los primeros.
Y claro, si la primera ha sido rápida, la segunda más rápida todavía. Íbamos todos a muerte, como si nos fuera la vida en ello. Así ha pasado que quien no ha reventado en la primera, lo ha hecho en la segunda. Por eso no es de extrañar que alguno piense que se va más rápido en el entrenamiento que en una carrera.
En esta segunda vuelta no sé el tiempo que he hecho porque he olvidado el reloj, pero según Quique, veinte minutos y pico. Demasiado rápidos los dos primeros kilómetros y el resto, algo más despacio.
Un entrenamiento brutal, esto no se puede aguantar, o afinas o revientas, no hay término medio. Y hablando de afinar, cuando estaba estirando me veía las piernas y las veía finas, finas, como nunca antes.
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