XXXII Maratón Ciudad de Badajoz

Ni se me pasaba por la cabeza correr una maratón en el mes de marzo, pero las circunstancias así lo quisieron y ha sido una experiencia de lo más interesante. Todo fue porque estoy preparando la maratón de Madrid. Había corrido en enero la media de Getafe y en febrero la media de Fuencarral y estaba buscando otra media para el mes de marzo. Descarté la media de Madrid porque no me gustan nada las multitudes y me parece que se pasan con los precios, así que tiré de calendario y vi que el 15 de marzo se celebraba una maratón en Badajoz y una media el mismo día. Como Badajoz es una ciudad que no conocía, no me pareció mala idea ir a correr y de paso conocer la ciudad. Propuse a los compañeros del Club Atletismo Zofío la idea por si alguien se animaba, pero sólo una amiga se apuntó. El caso es que entre que lo propuse, que la gente se lo pensó y me fui a apuntar, ya no quedaban dorsales para la media, sólo quedaban para la maratón. Dado que el precio de la media era de 10 € y de la entera, 15 €, por esa diferencia de sólo 5 € de nos apuntamos a la maratón con la idea de hacer media o una tirada un poco más larga.

Salí con mi amiga el viernes en dirección a tierras pacenses. Antes de llegar a la capital nos pasamos por Zafra, conocida como la «Sevilla chica» que me pareció un pueblo precioso, con un montón de rincones por los que perderse.

Parador de Zafra, antiguo Alcázar de los Duques de Feria

Después de Zafra nos acercamos a Jerez de los Caballeros, que también nos gustó mucho, aunque a diferencia del primero, que es plana como la palma de mi mano, Jerez de los Caballeros tiene unas cuantas calles empinadas, que conviene no subir mucho para no cansar las piernas, pero ni la pendiente de las cuestas impidió que nos acercáramos a la iglesia de San Bartolomé y la Alcazaba. Como Zafra, es un pueblo que merece mucho la pena visitar.

Iglesia de San Bartolomé en Jerez de los Caballeros

El sábado, antes de recoger el dorsal, nos dimos una vuelta por el casco antiguo de Badajoz y como todo el mundo nos había dicho que no había nada que ver en esta ciudad, las expectativas estaban bajas, pero merece la pena conocer Badajoz. Mucha gente dice que no tiene gran cosa porque lo comparan con Cáceres, pero hay muchas cosas dignas de visitar. Después de una breve visita por el casco antiguo y la alcazaba, fuimos a IFEBA, que es el mismo concepto que el IFEMA de Madrid, pero más modesto, a Dios gracias, porque en Madrid te pierdes con tanto pabellón. En el pabellón donde estaba montado todo el tinglado, había dos colas para los dorsales, la de la media y la de la maratón y mientras que la cola de la media avanzaba a buen paso, la de la maratón iba despacio, despacio. Luego pensé que pudiera ser porque en la maratón además de una camiseta, como en la media, regalaban un pantalón y eso provocaba que mucha gente mirase diversas tallas. Por fin recogimos el dorsal y fuimos a un comedor, dentro del mismo pabellón, al lado de la recogida de dorsales, donde se podía comer la comida de la pasta. Que alguien haga cuentas y me diga si le parece barato o caro una inscripción por 15 € donde te dan una camiseta, un pantalón y la comida de la pasta. El pantalón y la camiseta de 42K, de buena calidad y una comida que estuvo bastante bien, nada que ver con aquellas comidas de la pasta de la maratón de Madrid que te ponían unos tristes macarrones con tomate, que estaban peor que los que ponen a los niños en el cole. Aquí en Badajoz nos pusieron unos espaguetis a la carbonara, pollo asado, una naranja y bebida. Nada mal.

Después de comer, vuelta al hotel, siesta y luego paseito suave a la orilla del Guadiana, por un paseo muy agradable y atravesamos el Puente de las Palmas, yendo desde el hornabeque hasta la Puerta de las Palmas y vuelta. Quería poner la palabra «hornabeque» porque nunca la había oído y me pareció una muy bonita palabra, de las condenadas a desaparecer porque hacen referencia a una fortificación militar ya en desuso. Unas fotos en la Puerta y vuelta por el mismo camino para no castigar mucho las piernas y para tener fuerzas para el día siguiente…

Una buena ración de jamón extremeño

Llegó el día M, como la carrera comenzaba a las nueve y la salida no estaba muy lejos del hotel, tampoco hubo que darse un madrugón. Me levanté, desayuné alguna cosilla y pinché mi dorsal en la camiseta. Entonces me di cuenta que el número del dorsal que me había tocado, el 237, se componía de tres números primos. Eso era, sin lugar a dudas, una señal de buena suerte. Fuimos en coche hasta allí y no tardamos ni diez minutos en llegar y tener aparcado el vehículo. Como la salida de la maratón era a las nueve y la de la media a las diez y media, sólo estábamos por allí los de la maratón y se podía aparcar con facilidad. Aún era pronto para dejar la ropa porque hacía fresquete, así que estuvimos por allí haciendo tiempo. En estas nos encontramos con Javi, del grupo de Forofos del Running, al que conocía de otras carreras y estuvimos un rato hablando con él. Venía algo desanimado porque tenía algunas molestias físicas. Luego él nos presentó a un chico toledano y, por lo tanto, paisano nuestro que nos contó que era su 190ª maratón, casi nada, y que en Toledo, en el mes de noviembre, quiere que sea su 200ª. Si no sucede nada extraño allí nos volveremos a encontrar. Nos hicimos alguna foto en la línea de salida con estos dos monstruos.

Esperando la salida de la maratón de Badajoz

A las nueve en punto dieron la salida y los primeros trescientos metros los dimos por la pista de atletismo de La Granadilla. Salimos de allí y los primeros kilómetros se van alejando de la ciudad por una zona despoblada y pensé que era mejor así, mejor dejar para el final el tránsito por la zona más habitada para que los ánimos de los espectadores ayudaran en esos momentos de pocas fuerzas. En el kilómetro dos dejamos de correr y nos pusimos a andar durante un minuto, siguiente a rajatabla el método Galloway que ya habíamos entrenado un par de veces. La gente nos miraba un poco extrañadas al vernos andar tan pronto, como preguntándose qué hacían aquí estos dos que tienen que hacer 42 kilómetros y ya se ponen a andar en el segundo. Lo que no sabían es que estábamos poniendo en práctica el método Galloway y que eso nos iba a llevar a terminar la carrera con gasolina todavía.

Enseguida nos adelantó el globo de las 3h45 y no nos preocupó lo más mínimo porque habíamos calculado que corriendo a 5:30 o un pelín más rápido y andando a buen ritmo, podíamos bajar de las cuatro horas sin muchos problemas. Así que seguimos a lo nuestro. No habíamos llegado al décimo kilómetro cuando vimos a Javier, al que habíamos saludado antes de la carrera, que iba andando. Le pregunté y me dijo que le había dado algo en el isquio, le dije que se viniera con nosotros, siguiendo nuestro plan, pero debía estar realmente roto. ¡Mucho ánimo Javier! Y a recuperarte lo más pronto posible.

Fuimos muchos kilómetros junto a día chicos de Mérida, que nos adelantaban cuando nosotros andábamos. Se interesaron por nuestro método y le hablamos de Galloway. Estuvimos con ellos casi media carrera, pero acabaron yéndose por delante. Nosotros a lo nuestro, tratando de controlar a mi amiga, que tenía tendencia a acelerarse y tenía miedo a que al final pagáramos sus alegrías. Pasamos la media maratón en 1h57 que di por buenos porque seguía pensando que las cuatro horas eran un objetivo factible.

A partir de la media maratón comenzamos a adelantar gente que quizás había salido con demasiadas alegrías. Sobre el kilómetro 25 estuvimos un tiempo junto a un tal David, que debutaba en la distancia de Filípides, y que estaba temeroso del kilómetro treinta. Yo le dije que no tuviera miedo, que es un kilómetro más, con puede ser el veintinueve o el treinta y uno. Le dejamos atrás poco antes de su fatídico kilómetro.

Poco después estuvimos unos kilómetros con un tipo con barba de Badajoz que nos estuvo contando un poco lo que nos íbamos a encontrar al llegar al casco antiguo, donde nos esperaban algunas cuestas. Con el llegamos al kilómetro treinta, nos avituallamos y afrontamos una bonita cuesta y luego unos cuantos tramos de subidas, bajadas, giros a derecha, giros a izquierda, fue un tanto laberíntica aquella zona, ya no sabíamos si íbamos o veníamos. Aún con tanta confusión seguíamos corriendo dos kilómetros y andando un minuto, todo con disciplina casi militar.

Seguíamos adelantado gente uno tras otro, algunos de la media y otros de la maratón, ya era difícil saber quiénes eran unos y quienes eran otros, pero el ir adelantando gente y comprobar que las piernas respondían nos motivaba aún más y la ventaja que tiene este método es que debe el treinta no piensas que todavía te quedan doce, sólo piensas que dentro de dos te vas a poner a andar un minutillo. Y cuando llegas al treinta y dos, lo mismo. Creo que psicológicamente eso ayuda mucho a no venirte abajo, porque en muchas maratones he pensado, cuando ya vas algo cascado, en lo que queda y te da un bajón.

Mi amiga iba volando en aquellos últimos kilómetros, de hecho yo iba alucinando porque de haber estado haciendo kilómetros a 5:25 o 5:20 lo más rápido, ahora íbamos por debajo de 5:15 en casi todos los kilómetros y al contrario que casi todo el mundo, cuanto más cerca de la meta estábamos, más deprisa íbamos. Fue un final apoteósico. Cuando entramos en la pista, donde había que desandar los 300 metros que hicimos en la salida, vimos a una chica y animé a mi amiga para poder adelantarla, pero la chica se resistió y no nos hicimos con ella. No era adelantarla sin más, es que había dinero según tu clasificación y un puesto más o un puesto menos podía significar más o menos dinero o subir al cajón o no (por categorías). Entramos en meta con un tiempo de 3h49 según mi cronómetro para una distancia algo inferior (unos 400 metros) a los 42 km y 195 m. En algún sitio se les había ido la mano. Mi amiga siguió trotando hasta que su reloj marcó 42,2 km, todo un ejemplo de querer terminar bien las cosas.

Llegando a meta más contentos que unas castañuelas. Gracias a TUFOTOENFOCO por la instantánea

Comimos y bebimos algo, que había bastante surtido, y enseguida fui al guardarropa a coger el móvil porque estaba casi seguro que mi amiga había pillado algo. Y así fue, fue segunda de su categoría y 18ª de las chicas, por lo que se llevó un bonito trofeo y 45 € que se los abonarán en algún momento.

Recogiendo su trofeo como segunda de su categoría. Gracias a TUFOTOENFOCO una vez más

Un fin de semana inolvidable en Badajoz, por todo lo nuevo que conocimos y por esa maratón que acabó de la mejor manera posible. Habrá que volver. A la vuelta nos pasamos por Medellín, cuna del gran Hernán Cortés. Un pueblo con un bonito castillo y un teatro romano en buen estado, no llega al de Mérida, pero merece la pena visitarlo.

El castillo de Medellín y la iglesia de Santiago, convertida en Centro de Interpretación