Comentó un compañero que se había inscrito a esta carrera y que una de sus «virtudes» es que se trata de una carrera muy llana. He trabajado durante muchos años en una calle perpendicular a Arturo Soria, donde transcurre esta carrera casi en su totalidad, y sabía que llana, lo que se dice llana, no era, pero el recorrido es que es todo el rato subir y bajar aunque no sean cuestas de mucha pendiente.
Me desperté a las siete menos cuarto, un cuarto de hora antes de que sonase mi despertador. Me levanté, desayuné algo menos de lo habitual y me preparé para salir. Como siempre llegué un par de minutos tarde al punto de encuentro. Cogió Emilio «el incombustible» el coche y en un rato llegamos a la «cruz» y aparcamos en un sitio que nos había guardado otro compañero, muy cerca de la plaza donde estaba situada la llegada.
Efectivamente, lo de que la carrera es llana es una falacia, ya no recordaba que Arturo Soria es todo subir y bajar y que hubiese tantos toboganes. Me resultó muy dura con tanto cambio de pendiente. Había pensado seguir un ritmo entre 4:20 y 4:25 pero fue imposible. Llegué a meta con 44:57 dándome con un canto en los dientes por haber bajado de 45 minutos.

Al acabar volví a Arturo Soria, unos 400 metros antes de meta, a animar a los compañeros y me quedé hasta que pasaron los dos Emilios. El señor Emilio «el incombustible» se marcó una gran carrera sin casi entrenar, haciendo 1h04 y con casi 80 años. Como era el más mayor de la carrera tuvimos que esperar a que subiera al cajón y le dieran su trofeo y sus 80 € en material deportivo. Todo un ejemplo a seguir.