Unos miles

Después de haber sido escupido y después insultado por unos gitanos, tenía los nervios a flor de piel, así que lo mejor es darse una buen paliza entrenando. Hoy he optado por hacer unos miles a tope. Es una muy buena alternativa.

Después de una primera vuelta con Luismi y Joaquín, he empezado el primer mil al pasar por el quinto kilómetro. Ha salido algo más rápido que lo esperado, a 3:54. Así que he intentado andar sobre ese ritmo los siguientes. El segundo lo he hecho en 3:56 y el tercero y último a 3:53. Entre un mil y otro, otro mil al trote. Sí, ya sé que no es un entrenamiento muy ortodoxo, pero a mí me ha venido de perillas. He llegado más suave que un guante.

La idea también de hacer unos miles por debajo de cuatro, ritmo que no soy capaz de alcanzar en ninguna carrera ahora mismo, es para decir a mi gobernador central que no pasa nada por ir a esa velocidad, que no hace falta que salten todas las alarmas. Hay que ir preparando al cuerpo y a la mente para ir más rápido.

Entre el calentamiento, los miles a tope y los miles de recuperación he acabado con 11 km en un tiempo de 56:56 @ 5:10 min/km.

Haciendo limpieza de camisetas

Cuando pasan unos meses, hay que ir haciendo limpieza de camisetas. Bueno, hablando con propiedad, limpieza de los cajones donde están las camisetas y éstas tratar de regalarlas por ahí o llevarlas a los contenedores de ropa. A lo mejor este problema de exceso de camisetas se arregla ahora que la alcaldesa de Madrid quiere regular el precio de las carreras populares a 80 céntimos por kilómetro.

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Un montón de camisetas sobrantes

Si el organizador de una carrera de 10 km tiene que poner el precio de la inscripción a ocho euros, a lo mejor no le resulta rentable regalar una camiseta… Aunque en la Carrera Popular Barrio del Zofío, carrera en la que colaboro, la inscripción costó 7 € y sí había camiseta.

Y ahora que lo pienso, nosotros organizamos una de 10 km y otra de 5 km en el mismo evento. ¿Deberíamos cobrar 8 € por una y 4 € por otra? Doy fe de que la organización de la misma es exactamente el mismo trabajo.


Ayer pensábamos salir con la bicicleta, pero el día se levantó lluvioso y lo dejamos para hoy. Como no íbamos a hacer muchos kilómetros y encima ya va haciendo fresco por las mañanas salimos a las diez.

El cielo estaba gris y parecía que podíamos mojarnos, pero yendo hacia San Martín cayeron cuatro gotas y luego nada más. Nos libramos de la lluvia.

No teníamos claro lo que íbamos a hacer, pero cuando llegamos a San Martín decidimos seguir hasta Ciempozuelos. Desde allí, vuelta por donde habíamos venido con parada en San Martín, en la cafetería San Marcos.

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Descansando en San Martín

Después de un rico café y una buena barra con aceite y tomate, salimos para Madrid con la fortuna de no llevar el aire de cara como casi siempre.

Acabamos haciendo 66,2 km en un tiempo de 2h52 a una media de unos 23 km/h. No sé si serán estos los últimos kilómetros en bici del año. Probablemente.

Ya está en las últimas

El Forerunner 405 ha sufrido algún que otro problema en estos cinco años y medio que llevo con el chisme. Sobre todo la correa, que parece ser el elemento más débil. En diciembre de 2011, cuando tenía un año y nueve meses de vida se rompió la correa por primera vez. Meses más tarde volvió a romperse el otro trozo de la correa.

Y ahora, se ha vuelto a romper la correa y después de comprar un recambio (20 euracos), al proceder a quitar la vieja, se han roto los enganches del pasador, como se puede ver (si se tiene buena vista) en la foto:

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Así que después de este grave problema, la única solución consiste en pegar la nueva correa con Loctite y ver si aguanta. De momento la unión parece fuerte. Ya veremos cuando sea utilizado asiduamente.


Hoy no tuvo éxito la convocatoria, así que me tocó correr solo. Los sábados me gusta ir al Parque Lineal para variar un poco y eso fue lo que hice. La idea era hacer tres kilómetros de calentamiento, diez kilómetros a ritmo de maratón y otros tres kilómetros de enfriamiento. Dicho y hecho. Salí de casa rumbo al Parque Lineal y al poco de entrar, se cumplió ese tercer kilómetro. Traté de ponerme sobre 4:35, que era el objetivo, y tratar de mantener ese ritmo durante una decena de kilómetros. Y me costó, ¡vaya si me costó! Notaba las piernas pesadas, quizás del entreno del jueves, pero unos segundos arriba, unos segundos abajo (más bien arriba) fui cumpliendo el objetivo fijado.

Para hacer los 16 km previstos, llegué hasta el punto donde antes acababa el circuito del Parque Lineal y pude comprobar que han continuado el camino un poco más allá, hasta un puente que permite cruzar al otro lado del río. No llegué a cruzar el puente, pero sale justo detrás de una gasolinera situada en la M-301 y ahí se puede empalmar (creo) con el carril bici que va a San Martín de la Vega. El próximo día que vaya a hacer tirada larga, cruzaré el puente y veré a donde llega exactamente.

Entre unas cosas y otras completé 16 km en un 1:17:59 @ 4:52 min/km. Bastante contento con haber podido aguantar con más o menos entereza los diez kilómetros a buen ritmo, aunque el último me costara lo suyo. Hice 4:38 min/km de media frente a los 4:35 que pretendía.

Hoy la báscula marcaba 69,5 kg, lo que indica que he perdido 600 gramos en una semana. Me parece demasiado, la verdad. ¿O será que el reto funciona?

Las anandamidas

Esto del correr da mucho de sí. Hay montones de estudios que dicen unas cosas, otros, las contrarias. Entre estos múltiples estudios hay uno que dice haber descubierto que correr y fumar marihuana es prácticamente lo mismo. De lo que se desprende que los fumadores de canutos son más listos, lo pueden hacer cómodamente sentados y no necesitan sudar ni sufrir para llegar al mismo destino que los pobre corredores.

En esta investigación se ha descubierto que los ejercicios relacionados con correr con intensidad incrementan los niveles en sangre de las endorfinas beta y las anandamidas. Esta última molécula cruza el flujo sanguíneo del cerebro y cuando lo hace, activa los receptores canabinoides de las neuronas, los mismos que se activan cuando el HTC u otros químicos de la marihuana llegan a la corrienta sanguínea.

Por lo que he visto por internet, después de leer este artículo, es que también el chocolate negro incluye las anandamidas entre sus múltiples componentes. Por lo tanto, también los devoradores de chocolate son más listos que los corredores.

Lo que debe ser la bomba es un corredor que fume canutos y coma chocolate negro…

Según esto, hoy nos hemos ido colocados a casa. Tocaba hacer cuatro kilómetros a ritmo umbral, sobre los 4:20, después de unos kilómetros de calentamiento. Hemos empezado tranquilos como siempre, pero a partir del tercer kilómetro ha empezado a tirar e Emilio y al completar los primeros cinco kilómetros hemos empezado los cuatro a umbral. Primer kilómetro a 4:21, segundo a 4:23, tercero a 4:16 para recuperar los segundos de los dos anteriores y en el cuatro kilómetro nos hemos quedado a oscuras porque se ha acabado la batería del reloj, pero hemos seguido al ritmo que íbamos hasta donde más o menos acababa ese cuarto kilómetro. Yo creo que sí, que hemos hecho el entrenamiento previsto.

El reloj se ha parado cuando marcaba 8,7 km y un tiempo de 41:49 @ 4:46 min/km. Un buen entrenamiento, sin duda.

El pacto

Íbamos corriendo Joaquín y yo hablando de la carrera del domingo y haciendo cábalas de si deberíamos hacer tal o cual cuando hemos llegado a la conclusión que para mejorar las marcas lo único que podemos hacer, además de seguir entrenando con regularidad, es bajar de peso.

Así que a Joaquín se le ha ocurrido hacer un pacto conmigo que consiste en el reto de lo que hemos llamado un mes = un kilo. Es decir, nos comprometemos en los próximos cinco meses (hay que estar a tope para Villarrobledo) en perder cinco kilos. Ya digo, antes de empezar, que me parece una barbaridad, pero vamos a intentarlo.

El punto de partida es de 70,1 kg por mi parte y de 67,3 kg por parte del otro componente del reto. Veremos si somos capaces de tener cerrada la boca durante este tiempo.

Se puede cuantificar lo que la pérdida de peso puede suponer en una determinada marca. Utilizando la hoja de cálculo desarrollada por Herman Nieuwendaal se puede ver que una persona con 70 kg que haga una marca de 42:38 puede hacer 39:58 con cinco kilos menos. Vamos, que con el mismo esfuerzo que hace uno de 70 kilos para ir a 4:16, uno de 65 kilos va a 4:00.

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Influencia del peso en un determinado tiempo

Aparte de esto, ha sido un día bastante tranquilo, tratando de recuperar las piernas de la carrera del domingo. Aún así he recorrido 10 km, pero en un tiempo de 54:05 @ 5:24 min/km

XXVII Carrera popular ciudad de Getafe

Hoy he participado por primera vez en esta carrera que se celebra no muy lejos de casa, ya que viviendo en el sur de Madrid las carreras de Getafe pillan más cerca que muchas de las que se celebran en la capital.

La carrera comenzaba a las 9:30 y habíamos quedado a las 8:00 en el punto de encuentro habitual pradolonguero para acercarnos hasta allí en el coche de Emilio que se había prestado solícito a llevarnos. Al estar tan cerca, enseguida estábamos cerca de la zona de salida/meta y encontramos sitio para aparcar con facilidad. Total que cuando entramos en el polideportivo, estaban todavía casi empezando a organizar los diversos apartados de la carrera.

Retiramos dorsal, nos hicimos una bonita foto, dejamos la bolsa en el ropero e hicimos algo de calentamiento antes de salir a la avenida don Juan de Borbón donde se daba la salida.

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Cuatro pradolongueros antes del comienzo de la carrera

Para quien haya corrido la versión tradicional de la media de Getefe, donde se daban dos vueltas, esta carrera es prácticamente idéntica a una de las vueltas de esa media, ya que empieza en el mismo sitio, acaba en la misma pista de atletismo y pasa por las mismas calles, con alguna mínima diferencia.

Salí con Joaquín con la idea de acercarme a 41:20, que supone un ritmo de 4:10 min/km, pero ya incluso antes de empezar me parecía algo ambicioso. Dieron la salida y Joaquín salió como un poseso, yo iba instalado a un par de metros más atrás. Pasamos el primero kilómetro y el crono marcó 4:00, muy rápido pensé, a ver si baja un poco el ritmo, pero Joaquín seguía erre que erre y aunque el segundo kilómetro es un poco para arriba, el crono marcó 4:05. Me seguía pareciendo muy rápido, pero mi compañero es así: salir a tope hasta reventar.

Aguanté como pude esos dos metros por detrás de él hasta el kilómetro cinco donde estaba situado el avituallamiento. El cronómetro marcaba 20:52, un tiempo peor que un par de semanas antes en Torrijos, pero ya notaba que las piernas no eran las de aquel día y que el plan B de tratar de mejorar la marca en esa carrera iba a ser también complicado.

A partir del meridiano de la carrera, Joaquín empezó a irse metro a metro. El seguía a buen ritmo y yo cada vez peor, tratando de no perderle de vista… pero se alejaba sin remedio. Yo no iba nada fino, así que ya empecé a pensar en un plan C donde el objetivo era hacer sobre 42:30 a un ritmo de 4:15.

Según transcurrían los kilómetros más lejos le veía y así, con esa tónica, nos fuimos acercando a la meta. Volví a ver al pradolonguero volador mientras yo bajaba por la avenida don Juan de Borbón y él subía ya dentro del recinto del polideportivo buscando la pista del cien.

Aceleré lo que pude en ese último kilómetro y algo de fuerza me quedaba porque fue el tercer mejor tiempo de los diez kilómetros. Llegué a meta con un tiempo oficial de 42:38 un poquito más de lo esperado en el plan C.

Joaquín hizo un carrerón y acabó con una marca de 41:44, por lo que me metió casi un minuto en cinco kilómetros. De todas formas, no estaba contento del todo. La otra pareja pradolonguera acabó con 48:14.

Después del paso por la línea de meta fuimos obsequiados con una camiseta técnica, muy bonita, por cierto, un plátano, una botella de agua y un bote de Aquarius. El precio de inscripción es de 10 € en un primer plazo y 12 € en un segundo. Desde mi punto de vista, un poco caro, pero la organización estuvo muy bien, la camiseta es de muy buena calidad y se trata de una carrera homologada, que ahí también la Federación se lleva tajada.

Al igual que Joaquín, tampoco acabé muy contento con la carrera, ya que hice más tiempo que en Torrijos dos semanas antes… aunque empiezo a pensar que a la carrera toledana le faltaba algún metro para llegar al diez mil. De todos modos, aunque en carrera no me molestó en absoluto la lumbalgia, no he entrenado bien por su culpa y además estoy pasado de peso. Ayer marcaba la báscula 70,1 kg que es menos que la pesada anterior, pero todavía lejos de lo que debería.

Según el GPS: 10,09 km en 42:41 @ 4:14 min/km # VDOT = 48,7 # T = 4:21 # M = 4:37

Martín Velasco

Íbamos corriendo un grupo de pradolongueros más grande de lo habitual cuando ha aparecido Luismi, que se deja caer de vez en cuando. Iba hablando de sus historias pretéritas, cuando entrenaba de lo lindo y ha aparecido el nombre del déspota, apodo con el que se conoce a Martín Velasco. Nos ha estado contando algunas perlas de este hombre del que yo sólo sabía dos cosas: que fue el entrenador de José Luis González y de que cometió una de las barbaridades más feas en esto del atletismo.

Sería principios o mediados de los ochenta cuando Martín Velasco se acercó a un pequeño pueblo de la provincia de Toledo: Burujón. Pueblo conocido últimamente por sus barrancas, espectáculo natural notable. Pues bien, este hombre llegó al pueblo y puso a dar vueltas a los muchachos del pueblo para ver quien podría valer para sus planes. Similar a la película de Conan donde enganchan a los niños a dar vueltas a una rueda y sólo queda uno.

A este grupo de niños los exprimió como limones y los pocos que aguantaron consiguieron marcas magníficas en categorías inferiores. Por contra, esos entrenamientos estajanovistas provocó que ninguno de aquellos niños que daba vueltas a la rueda llegara a nada cuando pasaron de niños a hombres. No hubo ningún Jorge Sanz que se convirtiera en un Arnold Schwarzenegger. A lo mejor, en eso consistía el experimento.


Olvidé el reloj en casa y como iba con la hora justa, no volví a por el chisme, así que corrí con la sensación de ir desnudo 😉 De todos modos, ha sido un entrenamiento suave, con precaución, porque el domingo toca carrera en Getafe y ayer estuve fatal de la lumbalgia y sospecho fue de la caña que nos dimos el martes.

Fueron en total 9,6 km a un ritmo aproximado de 5:30 así a ojímetro. Ya terminando me encontré con Jesús que estaba entrenando, lo cual es una buena noticia porque la rodilla le molesta menos.

A puntito

Hoy, no sé si para celebrar mi santo, he estado a punto de volver a caerme como el día aquel. Quedaba kilómetro y medio más o menos cuando se ha cruzado un chaval que no me lo he llevado por delante de puro milagro.

De la carrera de Torrijos había obtenido, según Daniels, un VDOT de 49,2 lo que supone los siguientes ritmos de entrenamiento: ritmo umbral a 4:19, ritmo de maratón a 4:34, zona aeróbica entre 5:17 y 5:31 y zona de recuperación con ritmos cercanos a los seis minutos. Y si quiero hacer unos miles, pues el ritmo a llevar un poco por debajo de cuatro: 3:57.

El sábado hice nueve kilómetros a ritmo de maratón, aunque salieron un poco más rápido, y hoy quería hacer cuatro a ritmo umbral, que es de 4:19. El problema es que hice el primero más rápido de lo que debiera (4:15), el segundo salió también algo más rápido (4:17) y el tercero ya se me fue un poco (4:23) y en el cuarto y último ya no podía con las zapatillas y se me fue a 4:36. También es cierto que este último kilómetro era todo para arriba y eso se nota cuando vas a tope. Bueno, alguno quizás se piense que subo por una rampa empinada y no es así, es para arriba pero la pendiente es pequeña.

La verdad es que los kilómetros a ritmo umbral se me hicieron duros, algo más de lo que debería ser, así que la próxima vez iré algo más lento. Fueron en total 8 km en un tiempo de 37:21 @ 4:40 min/km.

El Anillo Verde al completo

No tenía nada claro qué hacer hoy. Tenía claro que no iba a correr porque ya lo hice ayer y no suelo correr dos días seguidos y tampoco podía alejarme mucho de mi casa por temas laborales. Así que dando vueltas a la almendra después de levantarme se me ocurrió la idea de coger la bici de montaña (el hierro más bien) y dar la vuelta al Anillo Verde Ciclista, pero esta vez en sentido opuesto al habitual y con intenciones de hacer la vuelta completa, que hacía tiempo que no la completaba, pero mucho tiempo.

Salí dirección Aluche y me adelantaron enseguida un par de ciclistas con los que estuve jugando al gato y al ratón un montón de kilómetros. Unas veces me adelantaban ellos, otras veces era al revés.

Después de salir de la Casa de Campo y atravesar la A6 se llega a un puente de suelo empedrado denominado Puente de San Fernando, el cual tiene adornado el pretil con estatuas de reyes. Ahí hice la primera parada del día para hacerme una foto que dejase constancia de mi paso.

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En el puente de San Fernando

Después de dejar el puente y atravesar la carretera de El Pardo se llega al barrio de Puerta de Hierro, se atraviesa Herrera Oria y empieza una larga subida hasta Montecarmelo. Después de esa larga subida se llega a un cruce y, por supuesto, tomé el carril que no debía. Este carril llevaba al carril bici de Colmenar, así que al llegar allí me metí por un camino, siguiendo a otro ciclista, y conseguí llegar de nuevo al Anillo Verde cerca de la estación de cercanías de Fuencarral.

Después se pasa por Las Tablas, Parque del Capricho y Canillejas. En Canillejas, junto al Estadio Olímpico, hay un poco de lío, pero siguiendo a unos y otros conseguí llegar al anillo verde. Pasado el barrio de Las Rosas y Moratalaz se llega al barrio de Vallecas donde empieza un tramo descendente hasta llegar al río, en el Parque Lineal. Desde allí ya sólo quedaba subir un poco hacia el hospital Doce de octubre y pasar por el parque de Pradolongo hasta el punto de partida.

En total han sido 65,5 km en un tiempo de 3h06 @ 21,1 km/h. Quizás un pelín más de lo oficial debido a que me perdí en Montecarmelo.

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Recorrido por el Anillo Verde Ciclista

Con dos monstruos muy en forma

Hoy hemos quedado pronto para salir a entrenar. Nos hemos dado cita en el punto de encuentra tres pradolongueros: Quique, mi tocayo y un servidor. Y durante el entreno he podido comprobar que son unos monstruos del correr. Se notan sus entrenamientos «secretos».

Quique nos contaba que lleva todo el verano en Parque Sur entrenando con otros corredores, entre los que se encuentra Antonio, ese magnífico speaker de la Carrera del Zofío. Están haciendo entrenamientos de fuerza y dice que se notan esos entrenamientos, que están más rápidos. Desde luego hoy iba como un tiro.

Y no sólo Quique. Miguel, que entrena cuando puede y por su cuenta y riesgo, también está como un tiro. Hemos empezado a ritmo tranquilo hasta que hemos llegado al Parque Lineal y allí ya hemos aumentado un poco el ritmo. Los he aguantado unos pocos kilómetros porque luego han empezado a correr de verdad y se han ido yendo poco a poco. A mitad de recorrido, al dar la vuelta al final del parque todavía no andaban muy lejos, pero iban muy rápido y he acabado perdiéndolos de vista. Luego me contaron que estuvieron unos cuantos kilómetros unos pocos segundos por encima de cuatro y algunos por debajo.

Eso sí, tuvieron el detalle de esperarme antes de salir del Parque Lineal, así que fui acompañado hasta el punto de encuentro habitual. De esta forma, he recorrido un total de 15,5 km en un tiempo de 1:14:37 @ 4:49 min/km. Y los nueve kilómetros que he tratado de hacer a ritmo de maratón los he hecho en 40:33 a una media de 4:30 min/km que era más o menos lo deseado.

Como suelo hacer todos los sábados antes de salir a correr, he subido a la báscula. Marcaba 70,2 kg más peso que la semana pasada y la verdad es que no lo entiendo porque he tratado de controlar bien la comida. Pero no hay que desesperar, hay que seguir insistiendo.