XXVI Media maratón de Getafe

Se trataba de mi décima media de Getafe. Ha sido un participación algo intermitente teniendo en cuenta que la primera vez que vine fue en 2007 y de eso hace ya diecinueve. En los días de carrera tengo la costumbre de levantarme tres horas después para desayunar y tener hecha la digestión, así que me desperté a las siete y media, aunque ya me había despertado varias veces antes. Me levanté y desayuné como un día normal.

Esta vez me tocó ir solo a la carrera. Los otros compañeros y compañeras por unos motivos o por otros no pudieron venir. De todos modos, una amiga me acercó a la localidad de Getafe. Me dejó cerca del Carrefour y dese allí me fui andando tranquilamente hasta el polideportivo donde tenían montado todo el tinglado de la media de Getafe. Aunque había soltado lastre antes de salir de casa cuando entré en la pista del polideportivo noté que tenía que volver a soltar lastre de nuevo, así que me fui al servicio y tuve que esperar una buena cola estando allí más de veinte minutos. Ya eran pasadas las diez cuando dejé la mochila. Salí ya calentando del polideportivo y en un principio pensé seguir en la misma calle donde está situada la salida, pero opté por ir al parque de lado para seguir calentando porque había mucha gente por allí y muchas vallas. Calentando por el parque noté como si tuviera el calcetín arrugado. Me quité la zapatilla y vi que todo estaba bien, pero algo pasaba. Faltando cinco minutos me fui al cajón seis, que era donde se agolpaban todos aquellos que habían indicado que iban hacer una marca sobre 1h40.

Dieron la salida algo más tarde de las diez y media y pasó algo más de un minuto hasta que pasé por el arco de salida, donde puse el cronómetro en marcha. Había tanta gente por delante y algunos tan lentos que el primero kilómetro fue un horror, pero no se me fue mucho de los 4:35 que tenía pensado llevar durante toda la carrera. No sólo el primer kilómetro fue un horror, estos primeros kilómetros, hasta pasado el kilómetro cinco, en el avituallamiento, fueron un tanto desagradables por la cantidad de gente que había. En ese primer avituallamiento, en el que uno coge una botella y otro se pelea por cogerla, parece que se despejó un poco la carretera, pero no las tenía todas conmigo. Hasta ese momento iba detrás de la vela de 1h40 y se iba formando un enorme atasco con toda la gente que seguía al de la vela. Me costó lo suyo pasar a ese grupo de gente. Me di cuenta que lo que en el calentamiento parecía que llevaba el calcetín arrugado, era una ampolla que me estaba molestando por la zona del metatarso y que según avanzaban los kilómetros la notaba más.

Hacía mucho viento y en algunos tramos prefería ponerme detrás de alguien que me hiciera de parapeto aún a costa de perder algún segundo, pero pensaba que podía ahorrar algunas fuerzas que podrían venirme bien en los últimos kilómetros. Esa fue mi táctica durante todos los tramos ventosos aunque algunas veces tenía que ir saltando de parapeto en parapeto porque me parecía que iban demasiado despacio. En el kilómetro seis ya se podía correr mejor y en el siete ya casi con normalidad. Miré el tiempo realizado en ese primer tercio y el reloj marcaba treinta y dos minutos y veintitantos segundos. Si quería hacer 1h36 no podía dormirme. Me encontraba bastante bien en esos kilómetros, incluso me aceleraba más de la cuenta en algunos tramos y trataba de controlarme. Llegando al kilómetro diez, donde está situado el segundo avituallamiento, se pasa por debajo de un puente, dejando atrás el barrios de Los Molinos, que es el tramo que menos me gusta de la carrera. Como tengo memoria de pez, no recordaba que una vez llegados a la plaza de toros, hay que bajar para dar un pequeño rodeo y volver a salir a la glorieta de la plaza, por el contrario, pensaba que se cogía la Avenida de don Juan de Borbón, donde estaba situada la salida. Tampoco recordaba que una vez se comienza la subida a esa avenida hay que hacer un tramo de ida y vuelta por la Avenida de la Rabia. Allí te cruzas con los que van por delante y vi que la vela de 1h35 no me sacaba demasiado. Se vuelve de nuevo a la avenida del padre del emérito y se comienza a subir lo que se bajó en el primer kilómetro. En plena subida se puede ver al otro lado de la calle la entrada al polideportivo donde acaba la carrera. Ese tramo es cuesta arriba y encima el viento soplaba fuerte en contra. Se corona esa ligera subida ventosa poco después del kilómetro trece y pensé que se me había ido un poco el tiempo, pero en ese decimotercer kilómetro anduve incluso mejor de lo previsto porque lo hice en 4:32. Llegando al kilómetro catorce, segundo tercio, volví a mirar el reloj y vi que llevaba una hora y cuatro minutos y pocos segundos. La cosa marchaba, el objetivo de 1h36 parecía factible, aunque me daba un poco de miedo el viento que hacía.

Del catorce al quince fue el más lento el kilómetro más lento de la carrera ya que se me fue a 4:42. Quizás me confíe demasiado y pensaba que el terreno ascendente había acabado, pero no era así, seguía picando un poco para arriba. Luego vino el que para mí fue el tramo más complicado de la carrera, ya que fueron dos kilómetros con el viento de cara bastante fuerte. Ya iba notando que se me iba gastando la pila, pero mantuve la compostura. Había ido toda la carrera adelantando gente, pero en ese tramo, alguno que otro me sobrepasó. Pasado el kilómetro diecisiete se hace un giro de casi trescientos sesenta grados y el viento era ahora a favor, pero por un tramo adoquinado que hacía que la ampolla me molestase aún más. Siempre que paso por esa zona adoquinada pienso que podían llevar la carrera por otro lado, aunque es verdad que es el tramo que atraviesa el centro de Getafe. En el kilómetro dieciocho empecé a notar una molestia parecida al flato, pero más centrada, por lo que deseché que fuese eso, pero daba igual la causa de la molestia, aquello daba por c. de igual manera. Así que entre esta nueva molestia y la vieja de la ampolla iba ya u tanto perjudicado. Aún así conseguí mantener el ritmo tirando de agallas, total, ya estaba casi en meta. Fue por entonces cuando me adelantó una chica que debía llamarse Soaia porque era lo que podía leerse en su camiseta. Esta chica ya me había adelantado sobre el kilómetro diez y luego la dejé atrás, pero no debió quedarse muy lejos. Iba picada con otra chica que vestía de negro y esa pelea entre ellas hizo que se alejaran de mí, aunque trataba que no me sacaran mucho ya que eso me servía de acicate para mantener el ritmo. Mirando la pelea entre ambas llegó el kilómetro veinte y ya sabía que pronto el terreno se volvería favorable. Antes se bajaba un buen tramo por la Avenida de don Juan de Borbón y luego había que subir un poco, pero ahora se entra directamente al polideportivo y en pocos metros se pisa la pista de atletismo para hacer los últimos cien metros, que se hacen largos. Apreté lo que pude para hacer el mejor tiempo posible. Paré el reloj poco después de pasar la línea de meta y cuando guardé el tiempo vi que marcaba 1:36:34 que es exactamente el mismo tiempo que me dijo el crono el año pasado. Curiosa coincidencia. El tiempo oficial me da un segundo menos: 1:36:33. Debo sentirme satisfecho porque hice el mismo tiempo y soy un año más viejo. Y ya cuando llegas a una edad, se nota cada año que pasa.

Me dieron la medalla, una botella de agua, una botella de bebida isotónica y una manzana. Recogí la mochila y rápidamente me puse la chaqueta y el abrigo porque aunque el día era soleado, hacía fresquete y el viento seguía soplando sin piedad. Si el año que viene tengo entre mis planes hacer la maratón de Madrid, seguro que estoy en Getafe otra vez. Es una buena piedra de toque para saber mi estado de forma.

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