XXVII Legua Popular Subida al Castillo de Fuentidueña

Hay un compañero del Club Atletismo Zofío que ha corrido bastantes pruebas por el sureste de Madrid y nos habló de esta carrera diciendo que era una de las más bonitas, así que nos animamos unos cuantos compañeros a participar. Me levanté a las siete y diez después de haber dormido regular, desayuné como un día normal y poco después de las diez salimos con el coche. Recogimos a un compañero y yendo por la M-45 llegamos a la A-2 y por esa carretera hasta Fuentidueña de Tajo, a unos sesenta kilómetros de Madrid. Aparcamos no muy lejos de la plaza donde está montado todo el tinglado y fuimos andando hasta allí donde ya estaban los restantes compañeros, los cuales ya habían recogido los dorsales. Enseguida nos hicimos con ellos y fuimos al coche a dejar la ropa y pincharnos el dorsal. Faltaba como media hora para comenzar la carrera y la aprovechamos para calentar un poco. Desde que llegamos no había parado de lloviznar, pero cuando dieron la salida había parado la lluvia. El calentamiento nos sirvió para conocer un poco la subida al castillo.

Los cinco componentes del Club Atletismo Zofío en Fuentidueña de Tajo

Me pilló un poco despistado cuando dieron la salida porque había visto a uno de los compañeros situado más allá de la última fila y le pregunté que qué hacía y me respondió que quería ir tranquilo. Dieron la salida cuando estaba atrás del pelotón, menos mal que no había mucha gente. Por mi despiste, cuando me puse en marcha ya mi compañera me sacaba unos cuantos metros y no conseguía recortárselos. Miraba el reloj y veía que marcaba 4:09, lo que me parecía algo rápido. La pude alcanzar ya subiendo hacia el castillo y ya desde entonces fuimos juntos hasta meta aunque pensaba que en la bajada no iba a poder seguir su ritmo. Hicimos ese primer kilómetro, ya con algún tramo cuesta arriba a 4:27, lo que no me pareció mal ya que la subida se las trae.

Subimos al castillo, lo rodeamos y bajamos por otra carretera, afortunadamente para mí con menos pendiente. En plena bajada se encuentra el segundo kilómetro, que completamos en 4:19 y que tampoco me pareció mal porque aunque parte era cuesta abajo, hubo un buen tramo cuesta arriba. La carretera seguía bajando hasta cruzar el río por un puente metálico y poco antes de llegar a ese puente pasamos por el punto kilométrico tres donde el cronómetro marcó 3:59 un ritmo que indicaba claramente que el terreno era favorable. Una vez pasado el puente sobre el rio Tajo, la carrera sigue por un camino paralelo al río, por terreno llano, aunque el recorrido era por tierra y de ida y vuelta. Allí nos cruzamos con los primeros donde vimos a uno del Running Villarejo que iba destacado en cabeza y me acordé de Pedro, el presidente del club, que me había dicho que seguramente iba a ganar porque era muy bueno el tío, con una marca de 3:50 en 1.500 metros. Un máquina. Vimos también a algunos participantes del canicross, que salieron un par de minutos antes, pero aún así iban deprisa. Poco antes de darse la vuelta en ese camino paralelo al río se cumplió el cuarto kilómetros que hicimos en 4:16. Vi que mi compañera iba la cuarta de las féminas y que iba a tener complicado adelantar a las otras chicas porque la que iba delante de nosotros nos sacaba bastante.

Se vuelve a cruzar el puente de hierro y allí comienza una subida por la que habíamos bajado antes, aunque no se sube hasta arriba. Antes de llegar a la altura de la plaza giramos a la derecha, justo cuando el cronómetro marcó el quinto kilómetro que hicimos en 4:31, se notaba que ya llevábamos un rato cuesta arriba. En vez de seguir rectos, como se hacía otros años, habían cambiado ese último tramo porque estaban en obras en una calle cerca de la plaza y en qué momento se les ocurrió esa variante porque nos encontramos con una rampa de aúpa, que nos cortó el ritmo por completo. Llegamos juntos a meta con un tiempo de 23:54 en una distancia de casi 5,5 kilómetros. Pasé la meta y fui a buscar a la otra compañera del club, pero cuando llegué a los corredores ya había pasado. Cogí la ropa del coche y volví a la zona de meta. Miré en el móvil y vi que la compañera con la que había compartido la legua había sido cuarta y segunda de su categoría y la otra compañera… ¡Primera de su categoría!

A punto de alcanzar la línea de meta

Tampoco lo hice tan mal, fui cuarto de mi categoría, estuve cerca del cajón, pero el tercero me sacó casi minuto y medio. Estuvimos esperando la entrega de premios y la compañera que fue primera de su categoría subió al cajón llevándose una medalla y una caja de Filipinos con 15 paquetes de 15 unidades. Mi compañera de desventuras subió como segunda y su regalo no fue tan interesante. Cuando ya se fue todo el mundo pusieron una mesa en medio de la plaza, trajeron los del club Villarejo Running un jamón y un par de lomos y botellas de líquido isotónico y luego compró un compañero unas barras de pan y unas cervezas. Mi trabajo consistió en ir cortando las barras de pan mientras uno de los miembros del equipo de Villarejo cortaba jamón. Pero no daba a basto, según iba cortando jamón y lomo iba siendo engullido por los que estábamos allí al acecho de tan ricos fiambres. ¡Muchas gracias a Pedro y al club Villarejo Running! Se portaron de diez.

Compartiendo mesa y mantel con los compañeros del club Villarejo Running

Nos pareció poco el jamón y cuando dimos buena cuenta de ello nos fuimos a un bar cercano donde nos había dicho un compañero que se comieron unas gachas muy ricas, pero fuimos allí y ya no quedaban. Fuimos a otro bar y tampoco tenían, pero nos quedamos allí tomando para pasar la mañana. Una bonita carrera a la que apunto en mi calendario para años venideros.