Un entrenamiento como dios manda

Últimamente andamos siempre a la gresca en los entrenamientos. Dando zapatilla casi desde el primer metro; sin embargo hoy ha sido como en los viejos tiempos. Un ritmo tranquilo en la primera vuelta y apretando un poco en la segunda, pero tranquilos, escuchando lo que nos contaba el chaval que vino el martes, que tiene una gran experiencia en este mundillo del atletismo.

Cuando faltaba una milla, es decir, cuando se cumple el kilómetro ocho, he apretado los dientes para ver si era capaz de llevar un ritmo por debajo de cuatro. Ha salido la milla en 6:31, a un ritmo de 4:04. No lo he conseguido, pero contento, son ritmos interesantes. Habrá que ir bajando esos tiempos según vayan avanzando los entrenamientos. De todas formas, redondeo a la milla, que son 1609 metros, pero el Garmin marcaba 1624 metros, aunque eso es peccata minuta.

Excepto esta última milla, donde nos hemos puesto violentos, hemos ido un grupo de cuatro compañeros, con buena camaradería. Ya lo echaba de menos.

En total, como viene siendo habitual, dos vueltas a Pradolongo totalizando 9,6 km en un tiempo de 48:45 @ 5:04 min/km. Un buen entrenamiento, me ha gustado.

Por fin vi la luz

Llevaba unos meses errático, apesadumbrado, perdido… sin embargo hoy, por fin, ¡¡¡he visto la luz!!! Sí, los días son ya tan cortos que antes de acabar el entrenamiento ya habían encendido las luces del parque. La luz de las farolas iluminaban mi camino… aunque sólo en algunos tramos, que había un montón de farolas apagadas. Me temo que vamos a empezar el entrenamiento con el cambio de hora con los mismos problemas que todos los años con la luz en el Pradolongo. Un sinvivir, ¡oiga!

Parece que el veranillo de San Miguel se ha alargaaaaaaaado y está haciendo unos días de mucho calor. A las siete de la tarde rondaba los 25 grados y debido a ello he sudado lo que no está en los escritos, ¡¡¡qué calor!!! Impresionante para estar casi a final de octubre.

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¡Una buena sudada! …aunque no lo parezca

Hoy ha aparecido en el punto de encuentro el chico del otro día. Ha comenzado a correr con nosotros y dado que es de fácil correr, enseguida se ha formado un terceto con Miguel, Quique y el nuevo a los que se veía como se iban alejando cada vez más.

Hemos apretado en la segunda vuelta, poniéndonos un poco por encima de 4:30 pero cada vez se iban alejando. Al final se ha quedado solo Miguel por delante (que dicho sea de paso está pletórico) y no sólo no se ha dejado llevar, sino que ha debido aumentar el ritmo porque en el tramo junto al campo de fútbol de La Mancha ya nos sacaba la ida y la vuelta. No está mal, no.

Ya, en plena, oscuridad hemos llegado al punto de partida totalizando 9,6 km en un tiempo de 47:22 @ 4:54 min/km, dando una primera vuelta tranquilos y apretando un poco en la segunda. No ha estado mal el entreno.

Se rompió la progresión

Después de las vacaciones veraniegas, donde había venido con un par de kilos de más, me había planteado hace un par de meses el objetivo 66. No iba mal lo cosa, poco a poco iba progresando, perdiendo peso, cumpliendo hitos para alcanzar el objetivo; sin embargo, esta semana se ha roto esa progresión.

Y la culpa la tiene la tarta de manzana…

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…y mi glotonería.

El caso es que esta mañana había subido cuatrocientos gramos con respecto a la semana pasado, alcanzado los 68,5 kg. Si ya se me están resistiendo los 67, va a ser difícil los 66. Pero hay que intentarlo.

No sé si espoleado por esa subida de peso o por lo mal que lo pasé el pasado domingo en Leganés, me he propuesto hacer cuestas de vez en cuando. Siempre había ido a Parque Sur a realizar este tipo de entrenamiento, pero hoy he ido a Pradolongo que también tiene alguna cuesta que otra y son algo más suaves. Hay que empezar por lo más sencillo y luego aumentar de dificultad.

Así que hice tres kilómetros de calentamiento y luego cuesta que subía deprisa, cuesta que bajaba trotando, buscando otra y repitiendo la misma jugada otra vez: subir fuerte, bajar trotando por la misma.

En cada tanda, siete cuestas distintas de inclinación y longitud, lo que hace un entrenamiento, aunque duro, entretenido. Después de la primera tanda, trotando con algo más de salero hacia donde había comenzado y vuelta otra vez a realizar las siete cuestas.

Después de las dos tandas, como parecía que no me había cansado lo suficiente (esto es irónico ¡eh!) un par de doscientos en terreno llano. Y se notaba el cansancio en las piernas, que cuando llevaba 150 metros ya no podía seguir el ritmo.

Al final fue un entrenamiento durillo, espero que sirva para que cuando me enfrente a una cuesta en carrera pueda hacerla con algo más de “alegría”. Además, este año hay que hacerlo bien en la carrera de mi pueblo, que ya está a dos meses vista.

En total fueron 10 km en un tiempo de 57:47 @ 5:43 min/km.

Querer y no poder

Descubrí el entrenamiento a ritmo umbral leyendo el libro Daniel’s Running Formula. Ya lo he comentado algunas veces, es un entrenamiento que me gusta porque aunque es duro, no llega a serlo excesivamente. Se supone que con este entrenamiento aumentas el nivel de cuando empieza a producirse el ácido láctico que envenena tus piernas cuando aprietas. Con este entrenamiento se puede conseguir que el ácido láctico empiece a generarse a ritmos más exigentes.

He tratado de hacer este entrenamiento hoy y no he sido capaz de seguir el ritmo de 4:20 que se supone es mi ritmo umbral. Después de calentar cuatro kilómetros, comencé el primer kilómetro a umbral y ya se me fue el tiempo (4:29) aunque eso estaba dentro de lo previsto. Aumenté el ritmo en el segundo kilómetro y conseguí hacer 4:19, perfecto. El tercer kilómetro se me fue a 4:26, algo lento. Ya vi que no iba fino del todo, que quería, pero no podía. El cuarto kilómetro me lo confirmó, porque volví a estar por encima: 4:23. Y en el quinto y último, aunque traté de echar toda la carne en el asador, también me fui de tiempo: 4:25. Estaba claro que hoy no era mi día. Otra vez será.

Es evidente que hay días en que el cuerpo está mejor y otros, al contrario, que cuesta hasta andar. Hoy ha sido uno de estos últimos.

He totalizado las dos vueltas, es decir, aproximadamente 9,7 km en un tiempo de 47:13 @ 4:52 min/km.

El cable del cargador de la batería del 405

Después de cuatro años y seis meses he tenido que cambiar el cable del cargador de la batería del 405. Cierto es que la pinza del cargador ya llevaba unos cuantos meses rota, pero hasta ahora no me había sacado de quicio, iba trampeando con una goma que le había puesto.

El cable del cargador acaba en una pinza tipo cocodrilo que “muerde” el reloj. Esa pinza es una pieza de plástico bastante débil y al final, lógicamente, acaba rompiéndose por el eje.

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Los dos trozos de la pinza, rotos por el eje

Después de unos cuantos meses de hacer apaños para poder seguir utilizando el cargador y de hartarme de buscar la posición en la cual hacía contacto, ya me he cansado y he comprado un cable nuevo. Amazon ha sido mi salvación. El otro día me llegó. Ya puedo cargar el chisme sin tener que cagarme en todo lo cagable.

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El nuevo

El domingo sufrí bastante en la carrera, sobre todo en la cuesta del cementerio (que no es la misma que la cuesta del cementerio de las dos leguas de la chopera, aunque se sube al mismo sitio). Así que hoy tocaba tomarse las cosas con tranquilidad. Sólo fueron 10 km en un tiempo de 53:44 @ 5:22 min/km. Sin forzar en absoluto, un buen regenerativo.

XXXVII Carrera popular de San Nicasio

Treinta y siete ediciones y todavía no había participado en esta carrera, donde nos dimos cita unos setecientos corredores y todavía se respira cierto ambiente popular.

Llevamos unos cuantos días con lluvias por Madrid y daban una previsiones casi apocalípticas para el domingo, pero hubo suerte y no cayó ni una gota durante la carrera, sólo una tenue llovizna al terminar. Eso sí, se notaba la humedad y los tramos de caminos estaban bastante embarrados y resbaladizos en ciertos sitios.

Habíamos quedado tres pradolongueros para participar en esta carrera. Puntualmente nos recogió Emilio II y nos acercó amablemente a la salida donde llegamos con tres cuartos de hora, más o menos, de anticipación. Recogimos el dorsal sin esperar (es lo que tiene tener enchufe en la organización) y dejamos la ropa en el ropero con más o menos rapidez. Nos dio tiempo a calentar un poco a estirar e incluso a hacernos una foto.

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Dos pradolongueros y medio junto a uno y medio forofo del running

No sé a qué se debió, pero la carrera comenzó diez minutos más tarde de la hora prevista. Menos mal que no hacía mucho frío y además metido en el medio del pelotón se estaba muy confortable.

Después de la carrera de Torrijos donde hice cuarenta y un minutos y medio, tenía pensado andar sobre los cuarenta y uno pelados aunque sabía que el recorrido era más duro, pero confiaba en que los últimos entrenamientos me hubiesen puesto a tono.

Dieron la salida y me puse en marcha sin querer ir al cien por cien. En este primer kilómetro se pasa por las calles del barrio de San Nicasio y las calles son algo estrechas. Menos mal que salí más o menos cerca de la cabeza (tardé ocho segundos en pasar la alfombra de salida) y no sufrí mucho agobio en ese primer kilómetro. En ese primer hito el cronómetro marcaba ¡¡¡3:15 minutos!!! Imposible, no iba tan deprisa, pero ¿cuál sería realmente el tiempo? ¿Cuánto de mal estaba situado esa seña? Ni idea.

Lo cierto es que me despistó bastante y no tenía muy claro si apretar, si aflojar, todo un dilema. La cosa se complicó aún más al pasar por el segundo kilómetro porque el cronómetro también bajó de cuatro minutos. Eso me despistó todavía más, ¿cuál era mi ritmo de verdad? ¿Aflojo? ¿Aprieto? ¿Me mantengo? Estaba un tanto desconcertado. Es lo que tiene estar pendiente del reloj.

El primer kilómetro es más o menos llano, pero luego empieza una bajada con más o menos pendiente hasta el kilómetro cuatro y pico cuando se pasa por debajo de la R-5. Metros después de pasar por debajo hay que subir por una pasarela para atravesar la carretera que va al barrio de la Fortuna. La pasarela desemboca al lado del Estanque de Butarque donde estaba el avituallamiento líquido (espero que no rellenaran las botellas con el agua del estanque ;-) ). Ahí me hice con algo de líquido, eché un trago de agua y, sobre todo, me mojé la boca que estaba algo seca, aunque tampoco mucho, que como ya he comentado la humedad era abundante.

Desde ese punto hasta casi meta hay unas cuantas cuestas que se notan en las piernas, sobre todo una cuesta entre el kilómetro ocho y nueve que se hace dura, muy dura. Esta carrera coincide en algunos tramos con la de las dos leguas de la Chopera y allí se sube al cementerio por la famosa “cuesta del cementerio”. En esta carrera también se sube al cementerio, pero por otro lado y aunque la cuesta no es de tanta pendiente, es bastante más larga que en las dos leguas. No sé qué será mejor, desde luego ayer me pareció mejor la cuesta de mayor pendiente. Imagino que en pleno esfuerzo en las dos leguas me parecerá mejor la otra. Lo de siempre, se echa de menos lo que no tienes.

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Poco antes de comenzar la cuesta, foto cortesía de la organización

El caso es que esa cuesta te deja las piernas tocadas, según pude comprobarlo en las mías y en la de una chica de la A. A. Móstoles a la que adelanté al comienzo de la cuesta, luego me adelantó ella casi al final de la misma cuesta y al final se quedó clavada al coronar y llegar al cementerio. Después de la carrera, todo el mundo que el que hablé decía lindezas de la cuestecilla en cuestión.

Afortunadamente, después de subir al cementerio ya el último kilómetro es llano. Ahí pude correr como dios manda y me presenté en la línea de meta con un tiempo oficial bruto de 42:42, neto de 42:34. Un minuto más del último diez mil y bastante alejado de lo que tenía previsto hacer, pero la carrera era bastante más dura que la otra que era absolutamente llana. La verdad es que las cuestas no me gustan nada, pero nada de nada. Habrá que entrenar más sobre terreno accidentado para que no me cueste tanto subir.

Después de dejar el chip, bolsa del corredor consistente en una camiseta técnica y uno o varios refrescos, dependiendo de la cara de cada uno. Yo cogí dos Aquarius. Luego llegaron con un cargamento de fruta en bandejas. Cada bandeja con una pera, una manzana y una mandarina. Todo por 8 € más 60 céntimos por hacer la inscripción por internet.

Recogimos la ropa del guardarropa y nos fuimos con los forofos del running a tomar una cerveza. Nosotros sólo una, pero me comentaba Emilio que a alguno seguro que se le hacía de noche allí.

En resumen: cuando una carrera te regala segundos por ser cuesta abajo, luego te los cobra cuando se empina hacia arriba. Lo malo es que te lo cobra con intereses.

Están locos estos romanos

Reconozco que de jovencito me gustaban los tebeos de Asterix y Obélix. Probablemente, la frase más famosa de Obélix sea “Están locos estos romanos”. Que ahora, buscando en internet, acabo de descubrir que esta frase traducida al italiano se escribe: Sono Pazzi Questi Romani. Cogiendo la primera letra de cada palabra sale: SPQR, sigla que usaban las legiones romanas en sus estandartes.

Esto viene a cuento porque mis compañeros de entrenamientos están tan locos como aquellos romanos que asediaban la Galia y ponían en aprietos la pequeña aldea de estos irreductibles galos. Si el martes nos dimos un buen tute, hoy también se han puesto a tirar como locos. Más rápido incluso que el otro día. Yo no he entrado en esa guerra y me he puesto a ritmo de maratón, sobre 4:35, mientras veía como iban cada vez más rápido.

Me parece mucha tela entrenar dos días fuerte, obviando incluso que el domingo hay carrera. Así que he hecho bien en no picarme con los compañeros. Comentaban que habían hecho esa segunda vuelta por debajo de veinte minutos, lo cual es correr. Teniendo en cuenta además que había bastante barro, esos veinte minutos tienen un gran valor. Es indudable que están los tres como auténticas motos.

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Había barro hoy en Pradolongo

Completé los 10 km en 50:03 @ 5:00 min/km, haciendo los kilómetros a ritmo de maratón bastante constantes y llegando totalmente asombrado de la velocidad llevada por el trío.