Gran Premio Canal de Castilla

Feliz, estoy enormemente feliz. He participado en el Gran Premio Canal de Castilla y me lo he pasado pipa. Por todo, por la compañía, por la prueba, por el sitio. He vuelto encantado.

Conocía esta prueba desde que Víctor fue desgranando hace unos años la idea. En enero asistí a su presentación en Madrid y lo apunté en mi calendario. En un principio el 5 y luego se retrasó al 19 de julio por aquello de la Operación Salida. Mejor para mí, así tenía más tiempo para entrenar… eso pensaba. Al final cuanto más se aleje en el tiempo, más tarde comienzas los entrenamientos. Así ha pasado, que he llegado algo corto, pero he podido completar los 163 km sin muchos problemas.

La cosa empezó en enero con la presentación como ya he comentado, siguió con la inscripción y el viernes salía para Medina de Rioseco a eso de las seis de la tarde. Craso error. Nos comimos un atasco brutal en la A6 debido a un camión averiado. Debido a esto tardamos tres horas y media cuando deberíamos haber tardado una hora menos. Aún así nos dio tiempo a pasarnos por la Oficina Permanente a recoger el dorsal.

Habíamos quedado con Juan y Rafa, del Club Ciclista Pueblo Nuevo, para cenar después de dejar los bártulos en el hostal y con ellos estuvimos departiendo agradablemente sobre múltiples temas, pero principalmente sobre sus aventuras ciclísticas, como sus largas tiradas de 600 ó 1000 km. A las once y media a la cama que hay que madrugar al día siguiente.

Había puesto el despertador a las seis y media, pero una hora antes ya estaba despierto. Ducha, desayuno y en marcha hacia la Oficina Permanente a recoger el “Pasaporte del Canal” que había que sellar en dos puntos intermedios: Dueñas y Ampudia y al llegar a la meta para “certificar” que habías realizado el recorrido.

Allí me encontré de nuevo con Juan y Rafa. Además por allí andaba Carmelo, fotógrafo implicado en la organización, que siempre es un placer encontrar. También saludé a Víctor, el alma máter de todo este tinglado que andaba nervioso y preocupado. Conocí a Frodo, que nos hizo bonitas fotos, como se podrá comprobar. Todo un placer, Frodo.

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Por delante

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Por detrás

A las ocho menos cuarto, hacia la salida, que se daba junto a la dársena del Canal de Castilla, donde horas después íbamos a finalizar. Toda una declaración de intenciones que la salida/meta se hiciese en un terreno arenoso.

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Hacia la salida

La salida se retrasó unos minutos porque Víctor estuvo dando las últimas indicaciones dado que la Guardia Civil había decidido que el pelotón debía ir junto durante bastantes kilómetros, muchos más de lo que se había hablado en un principio. No hay problemas, comentó, un par de corredores del club ciclista de Medina irían controlando el pelotón, pero como mucho a 35 km/h. ¿Cómo? ¿Qué? ¿A 35 km/h la neutralizada? Increíble, empiezo a plantearme donde me he metido.

Da Víctor la salida, recorremos las calles de Medina y salimos dirección Valladolid hasta el desvío que lleva a Valdenebro de los Valles. Aunque la marcha va “neutralizada” ya empiezan a formarse grupos de gente porque hay unos repechones que quitan el hipo. En este terreno Rafa demuestra que es un tío fuerte porque se va con facilidad. Juan me dice que tranquilo, que ya nos esperará más adelante.

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Bajando uno de los múltiples repechos

Sobre el kilómetro treinta o treinta y cinco la Guardia Civil ha parado a los primeros y nos reagrupamos todos. Es el tiempo de hacer la primera parada técnica. Son pocos kilómetros, pero hemos subido unos cuantos repechos no muy largos pero sí de buena pendiente. Llevo las piernas ya al rojo vivo y me queda mogollón. No sé si voy a poder aguantar a este ritmo. Dice Rafa que llevamos una media de 29 km/h hasta ese punto.

Después de unos minutos, nos ponemos de nuevo en movimiento. Ahora empieza una cuesta abajo y de nuevo Rafa se va con facilidad. Se nota que es corpulento y la gravedad le ayuda. Juan sigue charlando con unos y con otros, saludando a la gente con la que nos cruzamos, dando las gracias a voluntarios y guardias que hay en los cruces. Desde luego este hombre es todo un derroche de optimismo. Da gusto ir con él. A veces me recuerda al negrito de la película Intocable.

Llegamos al kilómetro 52 en Cabezón de Pisuerga donde está el primer avituallamiento líquido. Llevo todavía el bidón lleno así que no paramos. Dentro de tres kilómetros empieza “lo bueno”, la primera sirga. Una sirga no es más que un camino de tierra junto al canal donde las mulas tiraban de las embarcaciones. Esta sirga mide una longitud de casi siete kilómetros. No está mal para ser la primera.

La entrada está fatal, hay que entrar con mucha precaución, pero una vez dentro empiezo a dar a los pedales y me pongo a 30 km/h. Sonrío interiormente pensando que ese grupo que veo al fondo pronto va a ser alcanzado. Nada más lejos de la realidad. Si yo voy a 30 ellos debe ir a 35 porque se van alejando cada vez más. Juan que venía por detrás me pasa y le sigo a unos metros, porque ir a rueda en estos tramos es peor ya que no ves si hay una piedra, un agujero, un montículo, así que le sigo, pero sin acercarme en exceso. Hay unos cuantos pinchazos en esta zona.

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En la primera sirga

En el asfalto nos reagrupamos un pelotón de unos diez o doce. Tenemos la fortuna de que Dori Ruano, la invitada especial, está entre nosotros. Nos dice como deberíamos revelar y siguiendo su consejo vamos entrando por la derecha y nos dejamos caer por la izquierda. Vamos fenomenal hasta que llegamos a Quintanilla donde hay un tramo testimonial de 100 metros y tiene la desgracia de pinchar. A partir de ahí, Dori se queda y ya se rompe el orden en el pelotón que se había montado.

Después de unos cuantos repechos (alguno bastante duro) llegamos a Dueñas donde está el primer avituallamiento líquido y donde hay que sellar por primera vez el pasaporte. Allí paramos tranquilamente y nos ponemos ciegos a comer: sandwich de jamón y queso, tarta de manzana, melón, sandía, plátano. De todo. Una pasada la cantidad de comida que había. Estamos en el kilómetro 85, en la mitad del recorrido.

Con la tripa bien llena salimos de Dueñas, hay un repechón a la salida del pueblo para subirlo con el tercer plato… si lo tuviera. Me cuesta dios y ayuda no poner pie a tierra. El repechón se baja por una cuesta abajo de tierra con piedras que dificulta colocar la rueda de tal forma que no pise ningún pedrusco. El terreno es favorable hasta el inicio de la segunda sirga de la jornada. Conocida como La sirga de Albúrez, sus 14,5 km nos llevan hasta Palencia. Voy a buen ritmo, junto a un grupo de cuatro o cinco, pero al final me doy cuenta que voy un poco fuera de punto y levanto el pie. Se van yendo y poco después me pasan Juan y Rafa como cohetes y algunos más, pero trato de no cebarme. Se me está haciendo largo este camino y llego a Palencia reventáo.

En Palencia otra sorpresita. Acaba la sirga, se gira a la izquierda y comienza a subirse el Alto de Autilla, que no es muy duro, pero entre que ya voy con las piernas muy cansadas y que el aire en contra es brutal se me hace no duro, lo siguiente, ¡¡¡si parece el Tourmalet!!! Una chica bien maja me dice que me ponga a rueda, que me lleva hasta el que va delante de mí. Curiosamente es Arturo, no el rey, sino un conocido del ciberespacio y entre los dos nos vamos dando relevos para tratar de subir los dos juntos. Juan y Rafa van metidos en un pelotón un poco delante de mí, pero se van alejando cada vez más, hasta que veo que Rafa se para antes de la cima del puerto. Dice que para hacer sus necesidades.

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Subiendo…

En la cima de este alto hay un avituallamiento líquido. Juan nos está esperando. Aprovecho para avituallarme y comer un par de plátanos, que también había. Rafa llega algo después con calambres, se para a estirar y dice que lleva el pulso muy alto, que no le baja. Estamos un buen rato allí, hasta que Rafa se encuentra mejor. Nos advierten que tratemos de hacer grupeta porque aunque el terreno es favorable, hace muchísimo viento en contra. Estamos ya en el kilómetro 106.

Efectivamente, el terreno es favorable, llano y con bajadas hasta Ampudia. Salimos los tres y Juan se pone a tirar con la idea de pillar a un grupo de cinco que van delante de nosotros. Vamos los dos a rebufo, pero cuando ya estamos muy cerca de llegar al grupo se descuelga Rafa y no nos damos cuenta que se ha quedado hasta que conseguimos entrar en el grupo. Rodamos unos kilómetros en ese grupo pero nos descolgamos para echarle una mano. Curiosamente, con lo mal que lo he pasado subiendo, ahora me encuentro muchísimo mejor. Me ha venido fenomenal esa paradita y ese plátano.

Pasamos por el Monasterio de Nuestra Señora de la Alconada, vamos animando a Rafa porque Ampudia está muy cerca. Vamos tan ensimismados que nos pasamos el desvío a la carretera blanca (léase camino) número cuatro que sale justo después del monasterio. Nos adelanta una ambulancia y nos dice que nos hemos pasado, así que vuelta hacia atrás hasta el monasterio. Allí ingresamos en el camino y nos cruzamos con uno que ha pinchado. Dice que no hay remedio que ha llamado para que vengan a recogerle. Seguimos y poco después noto que he pinchado. Me pongo a bocear y a silbar pero mis dos compañeros no se enteran, así que me bajo de la bici, desmonto la rueda y cambio la cámara. Empiezo a hinchar la rueda y noto que empiezan a caer gotas de lluvia. No pasa nada me digo. Cuando ya estoy a punto de montar la rueda veo que llega una furgoneta. ¡Qué sorpresa! Es Rosa, la mujer de otro participante. Mis compañeros le han dicho que si se puede acercar por si me ha pasado algo. Afortunadamente para mí lleva una bomba de aire de pie así que la rueda pasa de 4 kilos (lo poco que había podido inflar a mano) a ocho kilos. Menos mal, porque seguro que con cuatro kilos hubiese pinchado poco después.

Llego a Ampudia al avituallamiento (km 126) y allí están mis compañeros de aventuras comiendo y bebiendo. Empiezo a pensar que voy a acabar la prueba más gordo de lo que vine. Durante el rato que estamos allí observo que la lluvia empieza a ser constante, nos va a tocar mojarnos. Sello el pasaporte y como algo y de nuevo en marcha.

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Recuperando fuerzas en Ampudia

Salimos de Ampudia por delante del castillo…

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Castillo de Ampudia

…y salimos por otro camino, pero de sólo 800 metros. Al llegar a la carretera me paro a hacer mis necesidades y digo a mis compañeros que sigan ellos. Los cojo al rato, me encuentro fuerte, mucho mejor que en la primera parte de la prueba. Seguimos dando a los pedales, la lluvia ya es nuestra compañera de camino y llegamos a la carretera blanca número seis, de tres kilómetros de longitud. Me pongo a dar a los pedales sin mirar a atrás y noto que el barro se va pegando a los frenos. Acaba el camino y veo que no viene ninguno de los dos. Al poco llega Rafa y bastante después, Juan. Dice que el barro se le queda en el guardabarros y que no puede pedalear, así que tiene que parar cada poco tiempo a quitar el barro con un desmontable. En ese punto, en Meneses de Campos, en el kilómetro 140, Juan se plantea llegar a Medina de Rioseco por carretera. Yo digo que he venido aquí para hacer el recorrido, que yo sigo, así que seguimos los tres.

Quedan algo más de veinte kilómetros y ya es todo por caminos. Empezamos la carretera blanca número siete de 7,5 km de longitud y la cosa se va complicando. El primer tramo es llevadero yendo por el lateral, ya que la parte central está empedrada, similar a algún tramo de la Paris-Roubaix. La segunda parte es un terreno más ondulado con pequeñas subidas y bajadas y curvas a derecha a izquierda. Lo peor es que con la lluvia la tierra se ha convertido en un barrizal y resulta difícil avanzar en algunos tramos. Adelanto a uno que va andando y dice que no ha pinchado, que se ha caído dos veces. Adelanto a otro y me dice lo mismo. El terreno es complicado, la rueda trasera se va por donde quiere. Veo que Juan y Rafa se van quedando cada vez más atrás, pero sigo mi camino. ¡Ahora es cuando mejor voy! No siento el cansancio, mis piernas responden a cada pedalada aunque no se avanza mucho por este terreno.

Acaba la “carretera blanca” que estaba marrón de la lluvia y empieza el último tramo de la prueba. Se trata de la sirga número tres “Dársena de Medina” que lleva a la meta. Consta de 13,5 km de longitud y como buena sirga, transcurre paralela al canal y está preciosa a más no poder. El subidón que llevo es de órdago, voy como un loco por ese terreno. Ha llovido y está lloviendo bastante por lo que los surcos del camino son un charco continuo. Pero no importa, voy disfrutando como un enano. Recuerdo las palabras de Pedro Horrillo que decía que lo importante de este tramo es no desear llegar a meta, sino no desear que acabe para disfrutar. Y eso hacía disfrutar y disfrutar de este terreno.

Por ahí va uno de amarillo, le sobrepaso. Luego van un par de ellos, también los paso. Otro me dice que ya no puede más. En este último tramo adelante a seis o siete. De repente me parece ver a Carmelo con su cámara y con un paraguas, ¡no me lo puedo creer! Me hace una foto y le saludo. Es sorprendente Carmelo, inesperado.

Sigo y sigo disfrutando y empiezo a ver las casas de Medina. Sigo dando a los pedales y llego a la dársena donde está instalada la meta. Cruzo el arco con una sonrisa de satisfacción de oreja a oreja. Ha sido una verdadera pasada.

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Llegada a meta, súper contento

Me acerco a la mesa donde bebo un par de vasos de bebida energética. Me sellan el pasaporte y me acerco a la gasolinera a quitar el barro de la bici. Guardo la bici en el maletero del coche, me ducho en el polideportivo y disfruto de una deliciosa y abundante comida con la que nos agasaja la organización. Después de la comida partimos con cierta premura a casa. Ha sido una jornada genial, me lo he pasado de vicio. Muchas gracias Víctor por seguir adelante con tu idea. Espero que el año que viene se pueda celebrar de nuevo.

Moviendo el plato grande

El sábado voy a participar en el GPCC y seguro que voy a ir más deprisa de lo que voy habitualmente, así que hoy he salido con la idea de ir bastantes kilómetros con el plato grande. Sí, tengo claro que ir con plato grande y piñón grande es igual que ir con plato pequeño y piñones más pequeños, pero hay algo psicológico en llevar “la tortilla”. Podía ir con el 50×19 y sería prácticamente lo mismo que llevar 39×15, pero no es lo mismo.

Ayer hacía calor, pues hoy más. Mira que en la bici se nota menos, pero pegaba el sol de lo lindo. Además pocas sombras hay por el camino, sólo a la vuelta cuando se sube la Marañosa se va al abrigo de los pinos, que por cierto, olían que daba gusto.

Un entrenamiento sin mucha historia. Ida hasta San Martín, parada a que mi compañera se comiese una barrita y vuelta por el mismo sitio. En total algo más de de 54 km a un ritmo de 24 km/h que no está mal teniendo en cuenta las paradas en los semáforos. Y calor, mucho calor, unos 38º durante el entrenamiento.

Me siento preparado para el Gran Premio Canal de Castilla.

Se nota que es verano

Se nota que es verano porque hoy hacía un calor de mil diablos y además había pocos corredores en el punto de encuentro. Sólo éramos tres: los dos jotas y un servidor. Joaquín venía con ganas de dar a la zapatilla así que salimos lentos, pero fuimos progresando cada kilómetro.

Debido al calor, paramos a beber en la primera vuelta (cerca del primer kilómetro) y en la segunda, sobre el cinco y medio. Jesús aprovechó esa parada técnica para ir separándose de nosotros astutamente. Nos tocó apretar de lo lindo para ponernos a su altura y desde entonces, tratar de mantener un ritmo entre 4:20 y 4:25.

Aunque habíamos bebido hacía nada, antes de llegar al kilómetro siete ya estaba otra vez con la boca seca, pero parece que ahora el calor me afecta menos que antes, no iba demasiado mal para la chicharrera que hacía.

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Treinta y cinco grados para correr, ¡casi nada!

No estuvieron mal esos cuatro kilómetros, que hicimos a 4:24, 4:22, 4:24 y 4:20. Después, enfriar trotando hasta la fuente.

En total fueron 9,4 km en 47:21 @ 5:04 min/km.

Zapatitos nuevos

Estaba claro después del reventón del miércoles que tenía que cambiar las cubiertas de la bici, al menos la trasera. Lo cierto es que no hubiese hecho falta que reventase, porque ya me había dado cuenta que estaba mal. Así que me he hecho con un par de cubiertas de Kevlar que se suponen son el no va más para esto de los pinchazos. En concreto son unas cubiertas Continental Super Sport Plus que el vendedor me aseguró que van de cine. El precio es de 33 € cada una, pero si realmente son efectivas, bien pagadas están.

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Cubiertas Continental Super Sport Plus

Dice el fabricante que son prácticamente impenetrables gracias a su cinturón antipinchazos, pero la prueba de fuego será el GPCC porque los 120 km que he hecho hoy han sido todos por carreteras con buen firme.

La ruta de hoy ha sido con una grupeta reducida, sólo tres. Hemos salido de Madrid destino San Martín para antes de llegar a esta localidad tirar hacia la carretera que va del Puente de Arganda hacia Morata, para subir el Alto de la Radio (media de 3,5% y máxima de 7,5%) y desde allí bajar hacia Morata pero sin llegar a este pueblo. El siguiente paso ha sido llegar a Titulcia donde hemos parado a reponer fuerzas a base de un aceptable pincho de tortilla y bote de Aquarius. Hemos reiniciado la marcha hacia Ciempozuelos, San Martín y a casa… Bueno, cuando llevábamos 94 km la fémina componente de la grupeta se ha quedado en su casa y hemos seguido el resto. Poco después me he quedado solo y he continuado hasta Pozuelo y vuelta para totalizar los 120 km previstos. He tardado 4h42 en recorrer los 120 km a una media de 25,5 km.

He acabado bastante bien por lo que pienso no tendré muchos problemas en acabar el GPCC a no ser que el hecho de ir por caminos sea una experiencia realmente terrible.

Cuando he cambiado las cubiertas marcaba el ODO del cuentakilómetros 681 km.

XXXVII Carrera Popular Toledo-Polígono

Hoy he participado por primera vez en esta carrera que se celebra en Toledo. Parte de la Puerta de Bisagra, en el centro de Toledo y llega al Polígono, que es un barrio situado más allá del casco histórico, por lo que la llegada y la salida están a bastantes kilómetros de distancia y, por lo tanto, hace que la logística se complique un poco. Debido a eso, llegamos a Toledo con bastante tiempo de antelación. Tanto que debimos ser los primeros que retiramos el dorsal, ya que llegamos minutos antes de las siete de la tarde a recogerlo. Y la carrera comenzaba a las nueve.

En esta ocasión había la posibilidad de apuntarse por parejas. Existían tres tipos de parejas: chico-chico, chica-chica y mixtas. Nosotros nos apuntamos, obviamente, a la de parejas mixtas y nos dieron a los dos el mismo dorsal: el 1006. Para poder optar a la clasificación por parejas había que entrar en meta los dos juntos. No valía llegar cada uno por su lado y sumar los tiempos.

Nos dirigimos en coche hacia la meta, siguiendo a una de las furgonetas de la organización y cerca de la llegada aparcamos el coche y preguntamos a una pareja de toledanos paseantes si sabían donde se podía recoger el autobús para ir a la centro. Amablemente nos indicaron que frente a la residencia de ancianos se podía coger el 62 que te dejaba en la misma Puerta de Bisagra.

Estábamos esperando tranquilamente el autobús cuando recibimos la primera sorpresa del día. De repente encontré a una amiga, compañera del instituto, que llevaba casi treinta años sin verla. Fue una gran alegría encontrarla. Después en meta tuvimos tiempo de charlar un rato.

Al poco llegó el autobús, nos montamos, pagamos 1,40 € per testa por el trayecto (más caro que en Madrid) y vimos que el autobús iba repleto de corredores que habían hecho lo mismo que nosotros. Sólo que ellos fueron más espabilados porque cogieron el autobús una parada antes y les salió gratis porque lo pagó la Asociación de Vecinos “El Tajo” que son los que organizaban la carrera.

En el autobús también nos encontramos con caras conocidas. Una de ellas era la de Ana, paisana de mi acompañante que nos hizo una bonita foto con la Puerta de Bisagra al fondo.

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Con la Puerta de Bisagra al fondo

Después de las fotos, estuvimos dando una vuelta por el mercadillo medieval que habían montado en la Vega. Sobre todo había tenderetes con comidas de todo tipo que invitaban a comer. No pude evitar comerme una chuche gigante.

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Energía para los últimos kilómetros

No llegábamos a quinientos atletas, por lo que había bastante sitio en la salida. Nos colocamos cerca de la línea de salida, pero sin pasarnos. Dieron la salida, atravesamos la Puerta de Bisagra y comienza la primera subida hacia Zocodover, menos mal que sólo un poco y enseguida comenzamos a bajar por una pendiente pronunciada, haciendo unas cuantas zetas hasta llegar a la zona llana, junto al río. Habíamos completado el primer kilómetro. De nuevo comienza una subida buscando el puente de Alcántara. Después del puente, una buena bajada para llegar al Paseo de la Rosa y ahí comienza un tramo llano hasta que acaba el paseo, donde se gira a la derecha hasta llegar a un polideportivo donde se abandona el asfalto y comienza una bonita subida, bastante larga, engañosa, que se hace dura. Menos mal que ya se iba notando que el sol se había ocultado y la temperatura había bajado.

Se corona el punto más alto poco antes del meridiano de la carrera, se pasa por un puente que atraviesa la A-42 (la misma que pasa al lado de mi casa) y comienza una pequeña subida preludio de otra bajada de pronunciada pendiente. Aún seguimos corriendo cerca de los pinos, pero el piso es de nuevo asfalto, se acabaron los caminos.

Siguiendo por ese camino asfaltado se acaba entrando al barrio del Polígono. Primero pasando por detrás del centro comercial y luego por delante del monstruoso hospital que están construyendo o al menos deberían de estar haciéndolo, porque no se ve actividad por allí.

Por ese punto, sobre el kilómetro 7,5 observé que íbamos acortando terreno a una pareja “de las nuestras”. Antes de comenzar la carrera nos habíamos cruzado con ellos, que llevaban el traje de Bicicletas Pina y nos parecieron muy profesionales, que íbamos a tener poco que hacer. Aún así, animé a mi compañera a que acelerase un poco porque veía que aunque íbamos recortando, no tenía muy claro si el ritmo que llevábamos iba a ser suficiente para alcanzarlos. Mi compañera no aumentó el ritmo, pero al menos no lo disminuyó y de este modo la distancia que nos separaba era cada vez menor.

El chico de la pareja se dio cuenta que íbamos cerca y empezó a animar a su compañera, pero debía ir con pocas fuerzas porque seguíamos acercándonos amenazadoramente. A falta de 500 metros ya íbamos prácticamente detrás. Ahí se gira a la izquierda y comienza una cuesta abajo. Acabando la cuesta abajo la chica se dio cuenta de nuestra presencia y aceleró. Ese fue su canto del cisne, porque ya en la recta de llegada, en los últimos cien metros, mi compañera sacó fuerzas no sé de donde y se puso a acelerar como una loca. Tanto que en esos últimos metros conseguimos distanciar a la otra pareja en diez segundos, llegando a meta con un tiempo oficial de 49:33.

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Tras pasar la línea de meta

Ese sprint brutal de mi compañera sirvió para que consiguiéramos llegar como la décimo sexta pareja clasificada, pero lo mejor es que fuimos ¡¡¡la tercera pareja mixta!!! Así que he conseguido subir al pódium por tercera vez en mi vida en una carrera pedestre. Aunque esta vez todo el mérito ha sido de mi compañera, todo hay que decirlo. Eso no quita que esté más contento que unas castañuelas.

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Recibiendo nuestro trofeo de tercer clasificados

Una bonita carrera a un precio razonable (5 €) aunque tenga el problema de tener la salida en distinto lugar de la llegada. Por ese precio al llegar nos dieron una camiseta de algodón, una botella de agua, refrescos, cerveza de barril y naranjas. Además hubo sorteos varios. Una carrera recomendable.

Las fotos de la llegada y del podio son de Aurelio Gómez Castro. Gracias.

Víspera de carrera

Mañana participo en una carrera. Sí, es algo extraño correr una prueba un viernes, pero está bien, es curioso. La carrera es en Toledo capital y comienza a las nueve así que da tiempo llegar sin problemas.

Debido a esto, hoy he salido a entrenar, pero con mucha calma, que desde hace ya meses estoy tratando de no correr dos días seguidos por el tema de la rodilla.

Igual que estos últimos días, aunque hace fresco por la mañana, por la tarde hace calor. Hoy también hemos salido con temperaturas rondando los 30º y lo peor es la sequedad del ambiente. Según parece la humedad es del 15% y eso provoca que la boca se quede más seca que la mojama, tanto que resulta casi difícil abrirla.

Hoy también nos hemos juntado poca gente en el punto de encuentro. Entre el calor, las vacaciones y alguna cosa más, resulta difícil “generar” un grupo grande. Sólo quedamos los “valientes”.

Hemos dado dos vueltas, aunque la última no ha sido completa, ya que hemos preferido terminar en la fuente en vez de ir hasta el final, así que han sido 8,6 km en un tiempo de 46:25 @ 5:23 min/km.

Al suelo y pinchazo. Mala suerte majete.

Dada la cercanía ya del Gran Premio Canal de Castilla, que incluye 51 km por caminos, se me ocurrió la idea de practicar un poco eso de ir por caminos con una flaca antes de que llegase el día. Fui con la bici por el Parque Lineal hasta casi el final. Allí sale un camino que te puede llevar hasta Rivas, que casualidades de la vida, transcurre paralelo al Real Canal del Manzanares, otra obra hidráulica similar al de Castilla.

Antes de llegar a ese punto, paré unos instantes a saludar a los dos burritos que había por allí y luego continué. Me arrepentí de no haberles llevado unas zanahorias, pero nunca sabes si están junto a la verja o no.

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Cuando abandoné el camino de cemento del Parque Lineal, tratando de subir por una cuesta pequeña y empinada, ocurrió lo inevitable: al suelo. Me levanté rápidamente, como si no hubiese pasado nada, y me di cuenta de que si hubiese subido esa rampa me hubiese encontrado con algo peor, ya que había una bonita zanja justo al pasar la rampa. Después de comprobar que no había daños, zumbado para el camino, el mismo que he que he recorrido unas cuantas veces a pie en mis entrenamientos maratonistas.

Fui bastante bien por el camino. Alguna piedrecilla, tierra, baches, pero ningún problema. Llegué a la Cañada Real y me dirigí hacia la carretera de San Martín para coger el carril bici. Ese tramo de la Cañada Real está fatal. Han echado las piedrecillas para asfaltar, pero se les ha olvidado el asfalto. Entre esto y lo otro, unos seis kilómetros por caminos sin asfaltar.

Como me parecía poco, me dispuse a dar otra vuelta. Cogí el carril bici hasta Villaverde y entré al Parque Lineal por un camino que pasa por debajo de la A4. Ya no estaban los burritos, estarían escondidos. Llegué al punto donde antes me había dado el galletazo y esta vez pie a tierra para subir la rampa y saltar la zanja. Comienzo el camino y no llevo cien metros cuando noto el golpe de una piedra con la rueda trasera y el inevitable reventón.

Parada al lado del camino a cambiar la cámara y vuelta por donde había venido con más miedo que vergüenza para no volver a pinchar, ya que la rueda no llevaba mucha presión y encima la cubierta tenía un bonito boquete. Obviamente, tengo que cambiar las cubiertas por unas de Kevlar si quiero participar en el GPCC.

A la vuelta paso por Sanferbike pero ya estaba cerrada la tienda, así que tendré que buscar las cubiertas por las N tiendas que hay en Madrid y cambiar las que tengo.

En total sólo han sido 35 km en hora y media. Nada que ver con los 163 km de los que consta el Gran Premio Canal de Castilla.